Dios habla Hoy (DHH)
1

Juicio de Dios sobre Samaria

11Este es el mensaje que el Señor dirigió a Miqueas de Moréset y lo que por revelación le comunicó acerca de Samaria y Jerusalén, en el tiempo en que Jotam, Ahaz y Ezequías reinaban en Judá.1.1 Jotam (2~R 15.32-38; 2~Cr 27.1-7); Ahaz (2~R 16.1-20; 2~Cr 28.1-27); Ezequías (2 R 18.1—20.21; 2 Cr 29.1—32.33). Cf. Is 1.1; Os 1.1.

2Pueblos todos, escuchen esto;

habitantes de todo el país, pongan atención:

El Señor, desde su santo templo,

va a ser testigo contra ustedes.

3El Señor saldrá del lugar donde habita

y vendrá caminando sobre las cumbres de los montes.

4Debajo de sus pies se fundirán los montes

como cera puesta al fuego,

y los valles se abrirán en dos

como cortados por las aguas de un torrente.

5Todo esto por la rebeldía del pueblo de Jacob,

por los pecados del reino de Israel.

¿Dónde está la rebeldía de Jacob?

¡En el pueblo de Samaria!

¿Y dónde los santuarios paganos de Judá?

¡En la misma Jerusalén!

6Por eso dice el Señor:

«Haré de la ciudad de Samaria un montón de ruinas,

1.6
Miq 3.12

un campo abierto donde plantar viñedos.

Esparciré por el valle las piedras de la ciudad

y pondré al descubierto sus cimientos.

7Todos sus ídolos quedarán hechos pedazos,

y quemados todos sus troncos sagrados.

Puesto que fueron hechos con dinero de prostitutas,

en dinero de prostitutas los convertiré otra vez.»1.7 El profeta emplea un lenguaje semejante al de Oseas, al presentar la infidelidad al Señor y, sobre todo, el pecado de idolatría, con las imágenes de la prostitución y el adulterio (Os 1.2). En los lugares de culto idolátrico se practicaba la prostitución sagrada.

Lamento de Miqueas

8Por eso lloraré con profunda tristeza;

por eso andaré descalzo y desnudo,

aullando como un chacal

y gritando como un pollo de avestruz.

9Porque la herida de Samaria es incurable:

ha alcanzado a Judá

y ha llegado hasta Jerusalén,

la ciudad donde vive mi pueblo.

10No digan esto a los habitantes de Gat;

no se echen a llorar.

Revuélquense de dolor

entre el polvo de Bet-le-afrá.

11¡Habitantes de Safir, vayan al destierro,

desnudos y llenos de vergüenza!

¡No saldrán los que viven en Zaanán!

¡Hay llanto en Bet-ésel,

y ustedes van a quedar sin su apoyo!

12Los que viven en Marot se retuercen de dolor ansiando sentirse bien,

porque el Señor ha hecho que el mal llegue

a las puertas mismas de Jerusalén.

13Ustedes, habitantes de Laquis,

que fueron rebeldes como Israel,

que fueron la causa del pecado de Sión,

enganchen caballos a sus carros.

14Despídanse para siempre de Moréset-gat.

La ciudad de Aczib servirá de trampa

a los reyes de Israel.

15El Señor dice:

«Contra ustedes, los que viven en Maresá,

enviaré de nuevo un conquistador,

y lo más escogido de Israel

irá a meterse en la cueva de Adulam.

16Y tú, ciudad de Sión,

rápate la cabeza en señal de dolor,

1.16
Cf.

a causa de los hijos que tanto amas.

Rápate hasta quedar calva como un buitre,

porque tus hijos van a ser llevados al destierro.»1.8-16 Los verbos hebreos empleados en esta lamentación suelen tener un sonido semejante a los nombres de las ciudades. Así el texto adquiere una sonoridad muy característica, que no puede reproducirse en otras lenguas. Este procedimiento poético se encuentra también en Is 10.28-30.

2

El poder de los opresores

21¡Ay de aquellos que aun en sus sueños

siguen planeando maldades,

y que al llegar el día las llevan a cabo

porque tienen el poder en sus manos!

2Codician terrenos, y se apoderan de ellos;

codician casas, y las roban.

Oprimen al hombre y a su familia,

al propietario y a su herencia.

3Por eso dice el Señor:

«Yo también tengo planes contra ustedes.

Voy a enviarles una desgracia

de la que no podrán librar su cuello,

y ya no podrán caminar orgullosamente

porque serán tiempos de desastre.

4En aquel día les cantarán a ustedes

canciones en son de lamento. Les dirán:

“Hemos sido completamente destruidos;

nuestro pueblo, propiedad del Señor,

ha cambiado de dueño sin que nadie lo impida;

nuestros campos han sido repartidos

entre nuestros conquistadores.”»

5Por eso ustedes no tendrán parte

en el pueblo del Señor.

Los malos profetas

6«¡Que no nos vengan con profecías! —dicen ellos.

¡La desgracia no podrá alcanzarnos!»

7¿Acaso está maldito el pueblo de Jacob?

¿Es que Dios ha perdido la paciencia?

¿Es así como Dios actúa?

¿Acaso no beneficia su palabra

al que se porta rectamente?

8Ustedes se han alzado en contra de mi pueblo.

Les arrebatan las ropas de valor

a los que vuelven de la guerra

pensando que ya están a salvo.

9De sus amados hogares

arrojan a las mujeres,

y a sus niños los privan para siempre

del honor que les he dado.

10¡Levántense! ¡Caminen!

Este no es lugar de descanso;

a causa de la corrupción que hay en él,

será destruido completamente.

11Si alguien inventa mentiras, y dice:

«Yo anuncio vino y licor»,

ese es el profeta ideal para este pueblo.

Dios promete liberar a su pueblo

12Voy a reunir a todo el pueblo de Jacob;

voy a recoger al pequeño resto de Israel.2.12 Pequeño resto de Israel: La idea del resto es muy importante, tanto en el libro de Miqueas (cf. 4.6-7; 5.7; 7.18) como, en general, en la literatura profética (véase Is 4.2-6; 10.20; 11.11,16; 28.5; 46.3; Jer 6.9; 31.7; Ez 6.8; Zac 14.2). La expresión se refiere al pueblo que se salvó de una gran catástrofe y es como el germen de una futura renovación.

Los juntaré como ovejas en el redil,

como rebaño en el pastizal,

y harán el ruido de una multitud.

13Dios irá abriéndoles camino,

y ellos le seguirán

y saldrán por la puerta de la ciudad.

Su rey, el Señor,

marchará al frente de todos.