Dios habla Hoy (DHH)
6

Jesús enseña sobre tres prácticas de piedad

61»No hagan sus buenas obras delante de la gente solo para que los demás los vean. Si lo hacen así, su Padre que está en el cielo no les dará ningún premio.

2»Por eso, cuando ayudes a los necesitados, no lo publiques a los cuatro vientos, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles para que la gente hable bien de ellos. Les aseguro que con eso ya tienen su premio. 3Cuando tú ayudes a los necesitados, no se lo cuentes ni siquiera a tu amigo más íntimo;6.3 No se lo cuentes ni siquiera a tu amigo más íntimo: lit. que tu mano izquierda no sepa lo que hace la derecha. 4hazlo en secreto. Y tu Padre, que ve lo que haces en secreto, te dará tu premio.

Jesús enseña a orar

(Lc 11.2-4)

5»Cuando ustedes oren, no sean como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas para que la gente los vea. Les aseguro que con eso ya tienen su premio.

6.5
Mt 23.5
Lc 18.10-14
6Pero tú, cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre en secreto. Y tu Padre, que ve lo que haces en secreto, te dará tu premio.

7»Y al orar no repitan ustedes palabras inútiles, como hacen los paganos, que se imaginan que cuanto más hablen más caso les hará Dios. 8No sean como ellos, porque su Padre ya sabe lo que ustedes necesitan, antes que se lo pidan. 9Ustedes deben orar así:

6.9-13
Cf.

»“Padre nuestro6.9 Padre nuestro: Cf. Is 63.16; 64.8. Véase abbá en el Índice temático. que estás en el cielo,

santificado sea tu nombre.

10Venga tu reino.

Hágase tu voluntad en la tierra,

así como se hace en el cielo.

11Danos hoy el pan que necesitamos.6.11 Que necesitamos: traducción de una palabra poco común que puede significar de cada día, o para el día de hoy, o para el día de mañana. Cf. Ex 16.4.

12Perdónanos el mal que hemos hecho,6.12 El mal que hemos hecho: lit. nuestras deudas. Cf. Mt 18.23-25.

así como nosotros hemos perdonado

a los que nos han hecho mal.

13No nos expongas a la tentación,

6.13
Cf.

sino líbranos del maligno.”6.13 Del maligno: esto es, del diablo; otra posible traducción: del mal (cf. Mt 5.37). Algunos mss. añaden Porque tuyo es el reino y el poder y la gloria para siempre. Amén.

14»Porque si ustedes perdonan a otros el mal que les han hecho, su Padre que está en el cielo los perdonará también a ustedes; 15pero si no perdonan a otros, tampoco su Padre les perdonará a ustedes sus pecados.

6.14-15
Mt 18.35
Mc 11.25
Ef 4.32

Jesús enseña sobre el ayuno

16»Cuando ustedes ayunen,

6.16
Cf.
no pongan cara triste, como los hipócritas, que aparentan tristeza para que la gente vea que están ayunando. Les aseguro que con eso ya tienen su premio. 17Tú, cuando ayunes, lávate la cara y arréglate bien, 18para que la gente no note que estás ayunando. Solamente lo notará tu Padre, que está en lo oculto, y tu Padre que ve en lo oculto te dará tu recompensa.

Riquezas en el cielo

(Lc 12.33-34)

19»No amontonen riquezas aquí en la tierra, donde la polilla destruye y las cosas se echan a perder, y donde los ladrones entran a robar. 20Más bien amontonen riquezas en el cielo, donde la polilla no destruye ni las cosas se echan a perder ni los ladrones entran a robar. 21Pues donde esté tu riqueza, allí estará también tu corazón.

La lámpara del cuerpo

(Lc 11.34-36)

22»Los ojos son la lámpara del cuerpo; así que, si tus ojos son buenos, todo tu cuerpo tendrá luz; 23pero si tus ojos son malos, todo tu cuerpo estará en oscuridad. Y si la luz que hay en ti resulta ser oscuridad, ¡qué negra será la oscuridad misma!

Dios y las riquezas

(Lc 16.13)

24»Nadie puede servir a dos amos, porque odiará a uno y querrá al otro, o será fiel a uno y despreciará al otro. No se puede servir a Dios y a las riquezas.6.24 Riquezas: gr. mamonas, palabra tomada del arameo.

Dios cuida de sus hijos

(Lc 12.22-31)

25»Por lo tanto, yo les digo: No se preocupen por lo que han de comer o beber para vivir, ni por la ropa que necesitan para el cuerpo. ¿No vale la vida más que la comida y el cuerpo más que la ropa? 26Miren las aves que vuelan por el aire: no siembran ni cosechan ni guardan la cosecha en graneros; sin embargo, el Padre de ustedes que está en el cielo les da de comer. ¡Y ustedes valen más que las aves! 27En todo caso, por mucho que uno se preocupe, ¿cómo podrá prolongar su vida ni siquiera una hora?6.27 ¿Cómo… hora?: otra posible traducción: ¿cómo puede añadir medio metro a su estatura?

28»¿Y por qué se preocupan ustedes por la ropa? Fíjense cómo crecen los lirios del campo: no trabajan ni hilan. 29Sin embargo, les digo que ni siquiera el rey Salomón, con todo su lujo,

6.29
1~R 10.4-7,23
se vestía como uno de ellos. 30Pues si Dios viste así a la hierba, que hoy está en el campo y mañana se quema en el horno, ¡con mayor razón los vestirá a ustedes, gente falta de fe! 31Así que no se preocupen, preguntándose: “¿Qué vamos a comer?” o “¿Qué vamos a beber?” o “¿Con qué vamos a vestirnos?” 32Todas estas cosas son las que preocupan a los paganos, pero ustedes tienen un Padre celestial que ya sabe que las necesitan. 33Por lo tanto, pongan toda su atención en el reino de los cielos y en hacer lo que es justo ante Dios, y recibirán también todas estas cosas. 34No se preocupen por el día de mañana, porque mañana habrá tiempo para preocuparse. Cada día tiene bastante con sus propios problemas.

7

No juzgar a otros

(Lc 6.37-38,41-42)

71»No juzguen a otros, para que Dios no los juzgue a ustedes. 2Pues Dios los juzgará a ustedes de la misma manera que ustedes juzguen a otros; y con la misma medida con que ustedes den a otros, Dios les dará a ustedes.

7.2
Mc 4.24
3¿Por qué te pones a mirar la astilla que tiene tu hermano en el ojo, y no te fijas en el tronco que tú tienes en el tuyo? 4Y si tú tienes un tronco en tu propio ojo, ¿cómo puedes decirle a tu hermano: “Déjame sacarte la astilla que tienes en el ojo”? 5¡Hipócrita!, saca primero el tronco de tu propio ojo, y así podrás ver bien para sacar la astilla que tiene tu hermano en el suyo.

6»No den las cosas sagradas a los perros, no sea que se vuelvan contra ustedes y los hagan pedazos. Y no echen sus perlas a los cerdos, no sea que las pisoteen.

Pedir, buscar y llamar a la puerta

(Lc 11.9-13; 6.31)

7»Pidan, y Dios les dará; busquen, y encontrarán; llamen a la puerta, y se les abrirá. 8Porque el que pide, recibe; y el que busca, encuentra; y al que llama a la puerta, se le abre.

9»¿Acaso alguno de ustedes sería capaz de darle a su hijo una piedra cuando le pide pan? 10¿O de darle una culebra cuando le pide un pescado? 11Pues si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más su Padre que está en el cielo dará cosas buenas a quienes se las pidan!

12»Así pues, hagan ustedes con los demás como quieran que los demás hagan con ustedes; porque en eso se resumen la ley y los profetas.

7.12
Lc 6.31

La puerta angosta

(Lc 13.24)

13»Entren por la puerta angosta. Porque la puerta y el camino que llevan a la perdición son anchos y espaciosos, y muchos entran por ellos; 14pero la puerta y el camino que llevan a la vida son angostos y difíciles, y pocos los encuentran.

Los reconocerán por sus acciones

(Lc 6.43-44)

15»Cuídense de esos mentirosos que pretenden hablar de parte de Dios. Vienen a ustedes disfrazados de ovejas, pero por dentro son lobos feroces. 16Ustedes los pueden reconocer por sus acciones, pues no se cosechan uvas de los espinos ni higos de los cardos. 17Así, todo árbol bueno da fruto bueno, pero el árbol malo da fruto malo. 18El árbol bueno no puede dar fruto malo, ni el árbol malo dar fruto bueno. 19Todo árbol que no da buen fruto, se corta y se echa al fuego. 20De modo que ustedes los reconocerán por sus acciones.

7.20
Mt 12.33,35

Para entrar en el reino de los cielos

(Lc 13.25-27)

21»No todos los que me dicen: “Señor, Señor”, entrarán en el reino de los cielos, sino solamente los que hacen la voluntad de mi Padre celestial.

7.21
Lc 6.46
22Aquel día muchos me dirán: “Señor, Señor, nosotros comunicamos mensajes en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros.” 23Pero entonces les contestaré: “Nunca los conocí; ¡aléjense de mí, malhechores!”

La casa bien o mal fundada

(Mc 1.22; Lc 6.47-49)

24»Por tanto, el que me oye y hace lo que yo digo, es como un hombre prudente que construyó su casa sobre la roca. 25Vino la lluvia, crecieron los ríos y soplaron los vientos contra la casa; pero no cayó, porque tenía su base sobre la roca. 26Pero el que me oye y no hace lo que yo digo, es como un tonto que construyó su casa sobre la arena. 27Vino la lluvia, crecieron los ríos, soplaron los vientos y la casa se vino abajo. ¡Fue un gran desastre!»

28Cuando Jesús terminó de hablar, toda la gente estaba admirada de cómo les enseñaba, 29porque lo hacía con plena autoridad, y no como sus maestros de la ley.

7.28-29
Lc 4.32Mt 28.18

8

Jesús sana a un leproso

(Mc 1.40-45; Lc 5.12-16)

81Cuando Jesús bajó del monte, mucha gente lo siguió. 2En esto se le acercó un hombre enfermo de lepra, el cual se puso de rodillas delante de él y le dijo:

—Señor, si quieres, puedes limpiarme de mi enfermedad.

3Jesús lo tocó con la mano, y dijo:

—Quiero. ¡Queda limpio!

Al momento, el leproso quedó limpio de su enfermedad. 4Jesús añadió:

—Mira, no se lo digas a nadie;

8.4
Cf.
solamente ve y preséntate al sacerdote, y lleva la ofrenda que ordenó Moisés,8.4 La ofrenda que ordenó Moisés: para la purificación ritual (Lv 14.1-32). para que conste ante los sacerdotes.

Jesús sana al criado de un capitán romano8.5-13 El relato presenta muchas semejanzas con Jn 4.46-53.

(Lc 7.1-10; Jn 4.43-54)

5Al entrar Jesús en Cafarnaúm, un capitán romano se le acercó para hacerle un ruego. 6Le dijo:

—Señor, mi criado está en casa enfermo, paralizado y sufriendo terribles dolores.

7Jesús le respondió:

—Iré a sanarlo.

8El capitán contestó:

—Señor, yo no merezco que entres en mi casa; solamente da la orden, y mi criado quedará sano. 9Porque yo mismo estoy bajo órdenes superiores, y a la vez tengo soldados bajo mi mando. Cuando le digo a uno de ellos que vaya, va; cuando le digo a otro que venga, viene; y cuando mando a mi criado que haga algo, lo hace.

10Jesús se quedó admirado al oír esto, y dijo a los que le seguían:

—Les aseguro que no he encontrado a nadie en Israel con tanta fe como este hombre. 11Y les digo que muchos vendrán de oriente y de occidente, y se sentarán a comer con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los cielos,

8.11
Lc 13.29Is 25.6
Lc 14.15
Ap 19.9
12pero los que deberían estar en el reino, serán echados a la oscuridad de afuera. Entonces vendrán el llanto y la desesperación.

13Luego Jesús dijo al capitán:

—Vete a tu casa, y que se haga tal como has creído.

En ese mismo momento el criado quedó sano.

Jesús sana a la suegra de Pedro

(Mc 1.29-31; Lc 4.38-39)

14Jesús fue a casa de Pedro, donde encontró a la suegra de este en cama y con fiebre. 15Jesús tocó entonces la mano de ella, y la fiebre se le quitó, así que ella se levantó y comenzó a atenderlo.

Jesús sana a muchos enfermos

(Mc 1.32-34; Lc 4.40-41)

16Al anochecer llevaron a Jesús muchas personas endemoniadas; y con una orden expulsó a los espíritus malos, y también sanó a todos los enfermos. 17Esto sucedió para que se cumpliera lo que anunció el profeta Isaías, cuando dijo: «Él tomó nuestras debilidades y cargó con nuestras enfermedades.»

8.17
Is 53.4

Para seguir a Jesús

(Lc 9.57-62)

18Jesús, al verse rodeado por la multitud, dio orden de pasar al otro lado del lago. 19Entonces se le acercó un maestro de la ley, y le dijo:

—Maestro, deseo seguirte a dondequiera que vayas.

20Jesús le contestó:

—Las zorras tienen cuevas y las aves tienen nidos, pero el Hijo del hombre no tiene donde recostar la cabeza.

21Otro, que era uno de sus discípulos, le dijo:

—Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre.

22Jesús le contestó:

—Sígueme, y deja que los muertos entierren a sus muertos.

Jesús calma la tormenta

(Mc 4.35-41; Lc 8.22-25)

23Jesús subió a la barca, y sus discípulos lo acompañaron. 24En esto se desató sobre el lago una tormenta tan fuerte que las olas cubrían la barca. Pero Jesús se había dormido. 25Entonces sus discípulos fueron a despertarlo, diciéndole:

—¡Señor, sálvanos! ¡Nos estamos hundiendo!

26Él les contestó:

—¿Por qué tanto miedo? ¡Qué poca fe tienen ustedes!

Dicho esto, se levantó y dio una orden al viento y al mar, y todo quedó completamente tranquilo. 27Ellos, admirados, se preguntaban:

—¿Pues quién será este, que hasta los vientos y el mar lo obedecen?

Los endemoniados de Gadara

(Mc 5.1-20; Lc 8.26-39)

28Cuando Jesús llegó al otro lado del lago, a la tierra de Gadara, dos endemoniados salieron de entre las tumbas y se acercaron a él. Eran tan feroces que nadie podía pasar por aquel camino; 29y se pusieron a gritar:

—¡No te metas con nosotros, Hijo de Dios! ¿Viniste acá para atormentarnos antes de tiempo?

30A cierta distancia de allí había muchos cerdos comiendo, 31y los demonios le rogaron a Jesús:

—Si nos expulsas, déjanos entrar en esos cerdos.

32Jesús les dijo:

—Vayan.

Los demonios salieron de los hombres y entraron en los cerdos; y al momento todos los cerdos echaron a correr pendiente abajo hasta el lago, y allí se ahogaron.

33Los que cuidaban de los cerdos salieron huyendo, y al llegar al pueblo comenzaron a contar lo sucedido, todo lo que había pasado con los endemoniados. 34Entonces todos los del pueblo salieron a donde estaba Jesús, y al verlo le rogaron que se fuera de aquellos lugares.