Dios habla Hoy (DHH)
25

La parábola de las diez muchachas

251»Sucederá entonces con el reino de los cielos como lo que sucedió en una boda: diez muchachas tomaron sus lámparas de aceite y salieron a recibir al novio. 2Cinco de ellas eran despreocupadas y cinco previsoras. 3Las despreocupadas llevaron sus lámparas, pero no llevaron aceite para llenarlas de nuevo; 4en cambio, las previsoras llevaron sus botellas de aceite, además de sus lámparas. 5Como el novio tardaba en llegar, les dio sueño a todas, y por fin se durmieron. 6Cerca de la medianoche, se oyó gritar: “¡Ya viene el novio! ¡Salgan a recibirlo!” 7Todas las muchachas se levantaron y comenzaron a preparar sus lámparas. 8Entonces las cinco despreocupadas dijeron a las cinco previsoras: “Dennos un poco de su aceite, porque nuestras lámparas se están apagando.” 9Pero las muchachas previsoras contestaron: “No, porque así no alcanzará ni para nosotras ni para ustedes. Más vale que vayan a donde lo venden, y compren para ustedes mismas.” 10Pero mientras aquellas cinco muchachas fueron a comprar aceite, llegó el novio, y las que habían sido previsoras entraron con él en la boda, y se cerró la puerta. 11Después llegaron las otras muchachas, diciendo: “¡Señor, señor, ábrenos!” 12Pero él les contestó: “Les aseguro que no las conozco.”

13»Manténganse ustedes despiertos —añadió Jesús—, porque no saben ni el día ni la hora.

25.13
Mt 24.42
Mc 13.33,35
Lc 12.40

La parábola del dinero

(Lc 19.11-27)

14»Sucederá también con el reino de los cielos como con un hombre que, estando a punto de irse a otro país, llamó a sus empleados y les encargó que le cuidaran su dinero. 15A uno de ellos le entregó cinco mil monedas,25.15 Cinco mil monedas: lit. cinco talentos. Esta suma equivaldría al salario de casi cien años de trabajo de un obrero. a otro dos mil y a otro mil: a cada uno según su capacidad. Entonces se fue de viaje. 16El empleado que recibió las cinco mil monedas hizo negocio con el dinero y ganó otras cinco mil monedas. 17Del mismo modo, el que recibió dos mil ganó otras dos mil. 18Pero el que recibió mil fue y escondió el dinero de su jefe en un hoyo que hizo en la tierra.

19»Mucho tiempo después volvió el jefe de aquellos empleados, y se puso a hacer cuentas con ellos. 20Primero llegó el que había recibido las cinco mil monedas, y entregó a su jefe otras cinco mil, diciéndole: “Señor, usted me dio cinco mil, y aquí tiene otras cinco mil que gané.” 21El jefe le dijo: “Muy bien, eres un empleado bueno y fiel; ya que fuiste fiel en lo poco, te pondré a cargo de mucho más. Entra y alégrate conmigo.” 22Después llegó el empleado que había recibido las dos mil monedas, y dijo: “Señor, usted me dio dos mil, y aquí tiene otras dos mil que gané.” 23El jefe le dijo: “Muy bien, eres un empleado bueno y fiel; ya que fuiste fiel en lo poco, te pondré a cargo de mucho más. Entra y alégrate conmigo.”

24»Pero cuando llegó el empleado que había recibido las mil monedas, le dijo a su jefe: “Señor, yo sabía que usted es un hombre duro, que cosecha donde no sembró y recoge donde no esparció. 25Por eso tuve miedo, y fui y escondí su dinero en la tierra. Pero aquí tiene lo que es suyo.” 26El jefe le contestó: “Tú eres un empleado malo y perezoso, pues si sabías que yo cosecho donde no sembré y que recojo donde no esparcí, 27deberías haber llevado mi dinero al banco, y yo, al volver, habría recibido mi dinero más los intereses.” 28Y dijo a los que estaban allí: “Quítenle las mil monedas, y dénselas al que tiene diez mil. 29Porque al que tiene, se le dará más, y tendrá de sobra; pero al que no tiene, hasta lo poco que tiene se le quitará.

25.29
Mt 13.12
Mc 4.25
Lc 8.18
30Y a este empleado inútil, échenlo fuera, a la oscuridad. Entonces vendrán el llanto y la desesperación.”

El juicio de las naciones

31»Cuando el Hijo del hombre venga, rodeado de esplendor y de todos sus ángeles,

25.31
Mt 16.27
se sentará en su trono glorioso.
25.31
Mt 19.28
32La gente de todas las naciones se reunirá delante de él, y él separará unos de otros, como el pastor separa las ovejas de las cabras. 33Pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda. 34Y dirá el Rey a los que estén a su derecha: “Vengan ustedes, los que han sido bendecidos por mi Padre; reciban el reino que está preparado para ustedes desde que Dios hizo el mundo. 35Pues tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; anduve como forastero, y me dieron alojamiento. 36Estuve sin ropa, y ustedes me la dieron; estuve enfermo, y me visitaron; estuve en la cárcel, y vinieron a verme.” 37Entonces los justos preguntarán: “Señor, ¿cuándo te vimos con hambre, y te dimos de comer? ¿O cuándo te vimos con sed, y te dimos de beber? 38¿O cuándo te vimos como forastero, y te dimos alojamiento, o sin ropa, y te la dimos? 39¿O cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte?” 40El Rey les contestará: “Les aseguro que todo lo que hicieron por uno de estos hermanos míos más humildes, por mí mismo lo hicieron.”

41»Luego el Rey dirá a los que estén a su izquierda: “Apártense de mí, los que merecieron la condenación; váyanse al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles.

25.41
Ap 20.10,15
42Pues tuve hambre, y ustedes no me dieron de comer; tuve sed, y no me dieron de beber; 43anduve como forastero, y no me dieron alojamiento; sin ropa, y no me la dieron; estuve enfermo, y en la cárcel, y no vinieron a visitarme.” 44Entonces ellos le preguntarán: “Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o como forastero, o falto de ropa, o enfermo, o en la cárcel, y no te ayudamos?” 45El Rey les contestará: “Les aseguro que todo lo que no hicieron por una de estas personas más humildes, tampoco por mí lo hicieron.” 46Esos irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.»
25.46
Dn 12.2
Jn 5.29

26

Conspiración para arrestar a Jesús

(Mc 14.1-2; Lc 22.1-2; Jn 11.45-53)

261Cuando Jesús terminó toda su enseñanza, dijo a sus discípulos:

2—Como ustedes saben, dentro de dos días es la fiesta de la Pascua, y el Hijo del hombre será entregado para que lo crucifiquen.

3Por aquel tiempo, los jefes de los sacerdotes y los ancianos de los judíos se reunieron en el palacio de Caifás, el sumo sacerdote, 4e hicieron planes para arrestar a Jesús mediante algún engaño, y matarlo. 5Pero decían:

—No durante la fiesta, para que no se alborote la gente.

Una mujer derrama perfume sobre Jesús
26.6-13
Cf.

(Mc 14.3-9; Jn 12.1-8)

6Jesús estaba en Betania, en casa de Simón, al que llamaban el leproso; 7en esto se le acercó una mujer que llevaba un frasco de alabastro lleno de un perfume muy caro. Mientras Jesús estaba a la mesa, ella le derramó el perfume sobre la cabeza. 8Los discípulos, al verlo, se enojaron y comenzaron a decir:

—¿Por qué se desperdicia esto? 9Pudo haberse vendido por mucho dinero, para ayudar a los pobres.

10Jesús lo oyó, y les dijo:

—¿Por qué molestan a esta mujer? Ha hecho una obra buena conmigo. 11Pues a los pobres los tendrán siempre entre ustedes, pero a mí no siempre me van a tener. 12Lo que ha hecho esta mujer, al derramar el perfume sobre mi cuerpo, es prepararme para mi entierro. 13Les aseguro que en cualquier lugar del mundo donde se anuncie esta buena noticia, se hablará también de lo que hizo esta mujer, y así será recordada.

Judas traiciona a Jesús

(Mc 14.10-11; Lc 22.3-6)

14Uno de los doce discípulos, el que se llamaba Judas Iscariote, fue a ver a los jefes de los sacerdotes 15y les dijo:

—¿Cuánto me quieren dar, y yo les entrego a Jesús?

Ellos le pagaron treinta monedas de plata.26.15 Precio tradicional de un esclavo (Ex 21.32; cf. también Zac 11.12). 16Y desde entonces Judas anduvo buscando el momento más oportuno para entregarles a Jesús.

La Cena del Señor

(Mc 14.12-25; Lc 22.7-23; Jn 13.21-30; 1~Co 11.23-26)

17El primer día de la fiesta en que se comía el pan sin levadura, los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron:

—¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?

18Él les contestó:

—Vayan a la ciudad, a casa de Fulano, y díganle: “El Maestro dice: Mi hora está cerca, y voy a tu casa a celebrar la Pascua con mis discípulos.”

19Los discípulos hicieron como Jesús les había mandado, y prepararon la cena de Pascua.

26.19
Dt 16.5-8

20Cuando llegó la noche, Jesús estaba a la mesa con los doce discípulos; 21y mientras comían, les dijo:

—Les aseguro que uno de ustedes me va a traicionar.

22Ellos se pusieron muy tristes, y comenzaron a preguntarle uno tras otro:

—Señor, ¿acaso seré yo?

23Jesús les contestó:

—Uno que moja el pan en el mismo plato que yo, va a traicionarme.

26.23
Jn 13.18Sal 41.9
24El Hijo del hombre ha de recorrer el camino que dicen las Escrituras; pero ¡ay de aquel que lo traiciona! Hubiera sido mejor para él no haber nacido.

25Entonces Judas, el que lo estaba traicionando, le preguntó:

—Maestro, ¿acaso seré yo?

—Tú lo has dicho —contestó Jesús.

26Mientras comían, Jesús tomó en sus manos el pan y, habiendo dado gracias a Dios, lo partió y se lo dio a los discípulos, diciendo:

—Tomen y coman, esto es mi cuerpo.

26.26-28
Cf. también

27Luego tomó en sus manos una copa y, habiendo dado gracias a Dios, se la pasó a ellos, diciendo:

—Beban todos ustedes de esta copa, 28porque esto es mi sangre, con la que se confirma la alianza,26.28 Mi sangre, con la que se confirma la alianza: Cf. Ex 24.6-8; Jer 31.31-34; Heb 10.29; 13.20. sangre que es derramada en favor de muchos para perdón de sus pecados.

26.28
Cf.
29Pero les digo que no volveré a beber de este producto de la vid, hasta el día en que beba con ustedes el vino nuevo en el reino de mi Padre.

Jesús anuncia que Pedro lo negará

(Mc 14.26-31; Lc 22.31-34; Jn 13.36-38)

30Después de cantar los salmos,26.30 De ordinario, la cena de la Pascua comenzaba con el canto de los Salmos 113—114, y terminaba con los Salmos 115—118. se fueron al Monte de los Olivos. 31Y Jesús les dijo:

—Todos ustedes van a perder su fe en mí esta noche. Así lo dicen las Escrituras: “Mataré al pastor, y las ovejas se dispersarán.”

26.31
Zac 13.7
32Pero cuando yo resucite, los volveré a reunir en Galilea.
26.32
Mt 28.7,10,16Jn 21.1

33Pedro le contestó:

—Aunque todos pierdan su fe en ti, yo no la perderé.

34Jesús le dijo:

—Te aseguro que esta misma noche, antes que cante el gallo, me negarás tres veces.

35Pedro afirmó:

—Aunque tenga que morir contigo, no te negaré.

Y todos los discípulos decían lo mismo.

Jesús ora en Getsemaní

(Mc 14.32-42; Lc 22.39-46)

36Luego fue Jesús con sus discípulos a un lugar llamado Getsemaní, y les dijo:

—Siéntense aquí, mientras yo voy allí a orar.

37Y se llevó a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo,26.37 Los dos hijos de Zebedeo: Santiago y Juan. y comenzó a sentirse muy triste y angustiado. 38Les dijo:

—Siento en mi alma una tristeza de muerte. Quédense ustedes aquí, y permanezcan despiertos conmigo.

39En seguida Jesús se fue un poco más adelante, se inclinó hasta tocar el suelo con la frente, y oró diciendo: «Padre mío, si es posible, líbrame de este trago amargo; pero que no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres tú.»26.39 Trago amargo: lit. copa. Cf. Heb 5.7-8.

40Luego volvió a donde estaban los discípulos, y los encontró dormidos. Le dijo a Pedro:

—¿Ni siquiera una hora pudieron ustedes mantenerse despiertos conmigo? 41Manténganse despiertos y oren, para que no caigan en tentación. Ustedes tienen buena voluntad, pero son débiles.

42Por segunda vez se fue, y oró así: «Padre mío, si no es posible evitar que yo sufra esta prueba, hágase tu voluntad.»

43Cuando volvió, encontró otra vez dormidos a los discípulos, porque sus ojos se les cerraban de sueño. 44Los dejó y se fue a orar por tercera vez, repitiendo las mismas palabras. 45Entonces regresó a donde estaban los discípulos, y les dijo:

—¿Siguen ustedes durmiendo y descansando? Ha llegado la hora en que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. 46Levántense, vámonos; ya se acerca el que me traiciona.

Arrestan a Jesús

(Mc 14.43-50; Lc 22.47-53; Jn 18.2-11)

47Todavía estaba hablando Jesús, cuando Judas, uno de los doce discípulos, llegó acompañado de mucha gente armada con espadas y con palos. Iban de parte de los jefes de los sacerdotes y de los ancianos del pueblo. 48Judas, el traidor, les había dado una contraseña, diciéndoles: «Al que yo bese, ese es; arréstenlo.» 49Así que, acercándose a Jesús, dijo:

—¡Buenas noches, Maestro!

Y lo besó. 50Jesús le contestó:

—Amigo, adelante con tus planes.26.50 Adelante con tus planes:otra posible traducción: Amigo, ¿a qué vienes?

Entonces los otros se acercaron, echaron mano a Jesús y lo arrestaron.

51En eso, uno de los que estaban con Jesús sacó su espada y le cortó una oreja al criado del sumo sacerdote. 52Jesús le dijo:

—Guarda tu espada en su lugar. Porque todos los que pelean con la espada, también a espada morirán. 53¿No sabes que yo podría rogarle a mi Padre, y él me mandaría ahora mismo más de doce ejércitos de ángeles? 54Pero en ese caso, ¿cómo se cumplirían las Escrituras, que dicen que debe suceder así?

55En seguida Jesús preguntó a la gente:

—¿Por qué han venido ustedes con espadas y con palos a arrestarme, como si yo fuera un bandido? Todos los días he estado enseñando en el templo,

26.55
Lc 19.47
21.37
Jn 18.19-21
y nunca me arrestaron. 56Pero todo esto sucede para que se cumpla lo que dijeron los profetas en las Escrituras.

En aquel momento, todos los discípulos dejaron solo a Jesús y huyeron.

Jesús ante la Junta Suprema

(Mc 14.53-65; Lc 22.54-55,63-71; Jn 18.12-14,19-24)

57Los que habían arrestado a Jesús lo llevaron a la casa de Caifás, el sumo sacerdote, donde los maestros de la ley y los ancianos estaban reunidos. 58Pedro lo siguió de lejos hasta el patio de la casa del sumo sacerdote. Entró, y se quedó sentado con los guardianes del templo, para ver en qué terminaría todo aquello.

59Los jefes de los sacerdotes y toda la Junta Suprema buscaban alguna prueba falsa para condenar a muerte a Jesús, 60pero no la encontraron, a pesar de que muchas personas se presentaron y lo acusaron falsamente. Por fin se presentaron dos más, 61que afirmaron:

—Este hombre dijo: “Yo puedo destruir el templo de Dios y volver a levantarlo en tres días.”

26.61
Cf.

62Entonces el sumo sacerdote se levantó y preguntó a Jesús:

—¿No contestas nada? ¿Qué es esto que están diciendo contra ti?

63Pero Jesús se quedó callado.

26.63
Cf.
El sumo sacerdote le dijo:

—En el nombre del Dios viviente te ordeno que digas la verdad. Dinos si tú eres el Mesías, el Hijo de Dios.

64Jesús le contestó:

—Tú lo has dicho.26.64 Tú lo has dicho: respuesta enigmática, que puede entenderse como Eres tú quien lo dices, o bien como Así es, como tú lo has dicho. Y yo les digo también que ustedes van a ver al Hijo del hombre sentado a la derecha del Todopoderoso, y viniendo en las nubes del cielo.

26.64
Sal 110.1
Dn 7.13

65Entonces el sumo sacerdote se rasgó las ropas en señal de indignación, y dijo:

—¡Las palabras de este hombre son una ofensa contra Dios! ¿Qué necesidad tenemos de más testigos? Ustedes han oído sus palabras ofensivas; 66¿qué les parece?

Ellos contestaron:

—Es culpable, y debe morir.

26.65-66
Jn 19.7Lv 24.15-16

67Entonces le escupieron en la cara y lo golpearon. Otros le pegaron en la cara,

26.67
Is 50.6
53.5
68diciéndole:

—Tú que eres el Mesías, ¡adivina quién te pegó!

Pedro niega conocer a Jesús

(Mc 14.66-72; Lc 22.56-62; Jn 18.15-18,25-27)

69Pedro, entre tanto, estaba sentado afuera, en el patio. En esto, una sirvienta se le acercó y le dijo:

—Tú también andabas con Jesús, el de Galilea.

70Pero Pedro lo negó delante de todos, diciendo:

—No sé de qué estás hablando.

71Luego se fue a la puerta, donde otra lo vio y dijo a los demás:

—Ese andaba con Jesús, el de Nazaret.

72De nuevo Pedro lo negó, jurando:

—¡No conozco a ese hombre!

73Poco después, los que estaban allí se acercaron a Pedro y le dijeron:

—Seguro que tú también eres uno de ellos. Hasta en tu manera de hablar se te nota.

74Entonces él comenzó a jurar y perjurar, diciendo:

—¡No conozco a ese hombre!

En aquel mismo momento cantó un gallo, 75y Pedro se acordó de que Jesús le había dicho: «Antes que cante el gallo, me negarás tres veces.» Y salió Pedro de allí, y lloró amargamente.

27

Jesús es entregado a Pilato

(Mc 15.1; Lc 23.1-2; Jn 18.28-32)

271Cuando amaneció, todos los jefes de los sacerdotes y los ancianos de los judíos se pusieron de acuerdo en un plan para matar a Jesús. 2Lo llevaron atado y se lo entregaron a Pilato, el gobernador romano.

La muerte de Judas

3Judas, el que había traicionado a Jesús, al ver que lo habían condenado, tuvo remordimientos y devolvió las treinta monedas de plata a los jefes de los sacerdotes y a los ancianos, 4diciéndoles:

—He pecado entregando a la muerte a un hombre inocente.

Pero ellos le contestaron:

—¿Y eso qué nos importa a nosotros? ¡Eso es cosa tuya!

5Entonces Judas arrojó las monedas en el templo, y fue y se ahorcó.

6Los jefes de los sacerdotes recogieron aquel dinero, y dijeron:

—Este dinero está manchado de sangre; no podemos ponerlo en el cofre de las ofrendas.

7Así que tomaron el acuerdo de comprar con él un terreno llamado el Campo del Alfarero, para tener un lugar donde enterrar a los extranjeros. 8Por eso, aquel terreno se llama hasta el día de hoy Campo de Sangre.

27.3-8
Hch 1.18-19
9Así se cumplió lo que había dicho el profeta Jeremías: «Tomaron las treinta monedas de plata, el precio que los israelitas le habían puesto, 10y con ellas compraron el campo del alfarero, tal como me lo ordenó el Señor.»
27.9-10
Zac 11.12-13Jer 18.1-7
Jer 32.6-15

Jesús ante Pilato

(Mc 15.2-5; Lc 23.3-5; Jn 18.33-38)

11Jesús fue llevado ante el gobernador, que le preguntó:

—¿Eres tú el Rey de los judíos?

—Tú lo has dicho —contestó Jesús.

12Mientras los jefes de los sacerdotes y los ancianos lo acusaban, Jesús no respondía nada. 13Por eso Pilato le preguntó:

—¿No oyes todo lo que están diciendo contra ti?

14Pero Jesús no le contestó ni una sola palabra;

27.12-14
Is 53.7
Mt 26.63
Lc 23.9
Jn 19.9
de manera que el gobernador se quedó muy extrañado.

Jesús es sentenciado a muerte

(Mc 15.6-20; Lc 23.13-25; Jn 18.38—19.16)

15Durante la fiesta, el gobernador acostumbraba dejar libre un preso, el que la gente escogiera. 16Había entonces un preso famoso llamado Jesús Barrabás;27.16-17 Jesús Barrabás: En ambos vv., algunos mss. dicen solo Barrabás. 17y estando ellos reunidos, Pilato les preguntó:

—¿A quién quieren ustedes que les ponga en libertad: a Jesús Barrabás, o a Jesús, el que llaman el Mesías?

18Porque se había dado cuenta de que lo habían entregado por envidia.

19Mientras Pilato estaba sentado en el tribunal, su esposa mandó a decirle: «No te metas con ese hombre justo, porque anoche tuve un sueño horrible por causa suya.»

20Pero los jefes de los sacerdotes y los ancianos convencieron a la multitud de que pidiera la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús. 21El gobernador les preguntó otra vez:

—¿A cuál de los dos quieren ustedes que les ponga en libertad?

Ellos dijeron:

—¡A Barrabás!

22Pilato les preguntó:

—¿Y qué voy a hacer con Jesús, el que llaman el Mesías?

Todos contestaron:

—¡Crucifícalo!

23Pilato les dijo:

—Pues ¿qué mal ha hecho?

Pero ellos volvieron a gritar:

—¡Crucifícalo!

24Cuando Pilato vio que no conseguía nada, sino que el alboroto era cada vez mayor, mandó traer agua y se lavó las manos delante de todos, diciendo:

—Yo no soy responsable de la muerte de este hombre; es cosa de ustedes.

25Toda la gente contestó:

—¡Nosotros y nuestros hijos nos hacemos responsables de su muerte!

26Entonces Pilato dejó libre a Barrabás; luego mandó azotar a Jesús y lo entregó para que lo crucificaran.

27Los soldados del gobernador llevaron a Jesús al palacio y reunieron toda la tropa alrededor de él. 28Le quitaron su ropa, lo vistieron con una capa roja 29y le pusieron en la cabeza una corona tejida de espinas y una vara en la mano derecha. Luego se arrodillaron delante de él, y burlándose le decían:

—¡Viva el Rey de los judíos!

30También lo escupían, y con la misma vara le golpeaban la cabeza.

27.30
Cf.
31Después de burlarse así de él, le quitaron la capa roja, le pusieron su propia ropa y se lo llevaron para crucificarlo.

Jesús es crucificado

(Mc 15.21-32; Lc 23.26-43; Jn 19.17-27)

32Al salir de allí, encontraron a un hombre llamado Simón, natural de Cirene, a quien obligaron a cargar con la cruz de Jesús.

33Cuando llegaron a un sitio llamado Gólgota, (es decir, «Lugar de la Calavera»), 34le dieron a beber vino mezclado con hiel;

27.34
Sal 69.21
pero Jesús, después de probarlo, no lo quiso beber.

35Cuando ya lo habían crucificado, los soldados echaron suertes para repartirse entre sí la ropa de Jesús.

27.35
Cf.
36Luego se sentaron allí para vigilarlo. 37Y por encima de su cabeza pusieron un letrero, donde estaba escrita la causa de su condena. El letrero decía: «Este es Jesús, el Rey de los judíos.»

38También fueron crucificados con él dos bandidos, uno a su derecha y otro a su izquierda. 39Los que pasaban lo insultaban, meneando la cabeza

27.39
Cf.
40y diciendo:

—¡Tú ibas a derribar el templo y a reconstruirlo en tres días!

27.40
Mt 26.61
Jn 2.19
Hch 6.14
¡Si eres Hijo de Dios, sálvate a ti mismo y bájate de la cruz!

41De la misma manera se burlaban de él los jefes de los sacerdotes y los maestros de la ley, junto con los ancianos. Decían:

42—Salvó a otros, pero a sí mismo no puede salvarse. Es el Rey de Israel: ¡pues que baje de la cruz, y creeremos en él! 43Ha puesto su confianza en Dios: ¡pues que Dios lo salve ahora, si de veras lo quiere!

27.43
Sal 22.8
¿No nos ha dicho que es Hijo de Dios?
27.43
Mt 26.63

44Y hasta los bandidos que estaban crucificados con él, lo insultaban.

Muerte de Jesús

(Mc 15.33-41; Lc 23.44-49; Jn 19.28-30)

45Desde el mediodía y hasta las tres de la tarde, toda la tierra quedó en oscuridad.

27.45
Cf.
46A esa misma hora, Jesús gritó con fuerza: «Elí, Elí, ¿lemá sabactani?» (es decir: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»)
27.46
Sal 22.1

47Algunos de los que estaban allí, lo oyeron y dijeron:

—Este está llamando al profeta Elías.

27.47
Mal 4.5-6

48Al momento, uno de ellos fue corriendo en busca de una esponja, la empapó en vino agrio, la ató a una caña y se la acercó para que bebiera.

27.48
Sal 69.21
49Pero los otros dijeron:

—Déjalo, a ver si Elías viene a salvarlo.

50Jesús dio otra vez un fuerte grito, y murió. 51En aquel momento el velo27.51 Velo: Ex 26.31-33; 2~Cr 3.14; cf. Heb 6.19; 9.3-12; 10.19-20. del templo se rasgó en dos, de arriba abajo. La tierra tembló, las rocas se partieron 52y los sepulcros se abrieron; y hasta muchas personas santas, que habían muerto, volvieron a la vida. 53Entonces salieron de sus tumbas, después de la resurrección de Jesús, y entraron en la santa ciudad de Jerusalén, donde mucha gente los vio.

54Cuando el capitán y los que estaban con él vigilando a Jesús vieron el terremoto y todo lo que estaba pasando, se llenaron de miedo y dijeron:

—¡De veras este hombre era Hijo de Dios!

55Estaban allí, mirando de lejos, muchas mujeres que habían seguido a Jesús desde Galilea y que lo habían ayudado.

27.55-56
Lc 8.2-3
56Entre ellas se encontraban María Magdalena, María la madre de Santiago y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo.27.56 La madre de los hijos de Zebedeo: Cf. Mt 4.21; 20.20.

Jesús es sepultado

(Mc 15.42-47; Lc 23.50-56; Jn 19.38-42)

57Cuando ya anochecía,27.57 Cuando ya anochecía: es decir, antes de la puesta del sol, hora en que empezaba el sábado. llegó un hombre rico llamado José, natural de Arimatea, que también se había hecho seguidor de Jesús. 58José fue a ver a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús. Pilato ordenó que se lo dieran, 59y José tomó el cuerpo, lo envolvió en una sábana de lino limpia 60y lo puso en un sepulcro nuevo, de su propiedad, que había hecho cavar en la roca. Después de tapar la entrada del sepulcro con una gran piedra, se fue. 61Pero María Magdalena y la otra María

27.61
Cf. v. 56.
se quedaron sentadas frente al sepulcro.

La guardia ante el sepulcro de Jesús

62Al día siguiente, es decir, el sábado,27.62 El sábado: lit. después de la preparación. El viernes recibía el nombre de día de la preparación porque en él se hacían los preparativos para la celebración del sábado. los jefes de los sacerdotes y los fariseos fueron juntos a ver a Pilato, 63y le dijeron:

—Señor, recordamos que aquel mentiroso, cuando aún vivía, dijo que después de tres días iba a resucitar.

27.63
Mt 16.21
17.23
20.19
64Por eso, mande usted asegurar el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vengan sus discípulos y roben el cuerpo, y después digan a la gente que ha resucitado. En tal caso, la última mentira sería peor que la primera.

65Pilato les dijo:

—Ahí tienen ustedes soldados de guardia. Vayan y aseguren el sepulcro lo mejor que puedan.

66Fueron, pues, y aseguraron el sepulcro poniendo un sello sobre la piedra que lo tapaba; y dejaron allí los soldados de guardia.