Dios habla Hoy (DHH)
8

Mujeres que ayudaban a Jesús

81Después de esto, Jesús anduvo por muchos pueblos y aldeas, anunciando la buena noticia del reino de Dios. Los doce apóstoles lo acompañaban, 2como también algunas mujeres que él había curado de espíritus malignos y enfermedades.

8.2-3
Mt 27.55-56
Mc 15.40-41
Lc 23.49
Entre ellas iba María, la llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios; 3también Juana, esposa de Cuza, el que era administrador de Herodes; y Susana; y muchas otras que los ayudaban con lo que tenían.

La parábola del sembrador

(Mt 13.1-9; Mc 4.1-9)

4Muchos salieron de los pueblos para ver a Jesús, de manera que se reunió mucha gente. Entonces les contó esta parábola: 5«Un sembrador salió a sembrar su semilla. Y al sembrar, una parte de la semilla cayó en el camino, y fue pisoteada, y las aves se la comieron. 6Otra parte cayó entre las piedras; y cuando esa semilla brotó, se secó por falta de humedad. 7Otra parte de la semilla cayó entre espinos; y al nacer juntamente, los espinos la ahogaron. 8Pero otra parte cayó en buena tierra; y creció, y dio una buena cosecha, hasta de cien granos por semilla.»

Esto dijo Jesús, y añadió con voz muy fuerte: «¡Los que tienen oídos, oigan!»

El porqué de las parábolas

(Mt 13.10-17; Mc 4.10-12)

9Los discípulos le preguntaron a Jesús qué quería decir aquella parábola. 10Les dijo: «A ustedes Dios les da a conocer los secretos de su reino; pero a los otros les hablo por medio de parábolas, para que por más que miren no vean, y por más que oigan no entiendan.

8.10
Is 6.9-10

Jesús explica la parábola del sembrador

(Mt 13.18-23; Mc 4.13-20)

11»Esto es lo que quiere decir la parábola: La semilla representa el mensaje de Dios; 12y la parte que cayó por el camino representa a los que oyen el mensaje, pero viene el diablo y se lo quita del corazón, para que no crean y se salven. 13La semilla que cayó entre las piedras representa a los que oyen el mensaje y lo reciben con gusto, pero no tienen suficiente raíz; creen por algún tiempo, pero a la hora de la prueba fallan. 14La semilla que cayó entre espinos representa a los que escuchan, pero poco a poco se dejan ahogar por las preocupaciones, las riquezas y los placeres de la vida, de modo que no llegan a dar fruto. 15Pero la semilla que cayó en buena tierra, son las personas que con corazón bueno y dispuesto escuchan y hacen caso del mensaje y, permaneciendo firmes, dan una buena cosecha.

La parábola de la lámpara

(Mc 4.21-25)

16»Nadie enciende una lámpara para después taparla con algo o ponerla debajo de la cama, sino que la pone en alto, para que tengan luz los que entran.

8.16
Mt 5.15
Lc 11.33
17De la misma manera, no hay nada escondido que no llegue a descubrirse, ni nada secreto que no llegue a conocerse y ponerse en claro.

18»Así pues, oigan bien, pues al que tiene se le dará más; pero al que no tiene, hasta lo que cree tener se le quitará.»

8.18
Mt 13.12
25.29
Lc 19.26

La madre y los hermanos de Jesús

(Mt 12.46-50; Mc 3.31-35)

19La madre y los hermanos de Jesús se presentaron donde él estaba, pero no pudieron acercarse a él porque había mucha gente. 20Alguien avisó a Jesús:

—Tu madre y tus hermanos están ahí fuera, y quieren verte.

21Él contestó:

—Los que oyen el mensaje de Dios y lo ponen en práctica, esos son mi madre y mis hermanos.

Jesús calma la tormenta

(Mt 8.23-27; Mc 4.35-41)

22Un día, Jesús entró en una barca con sus discípulos, y les dijo:

—Vamos al otro lado del lago.

Partieron, pues, 23y mientras cruzaban el lago, Jesús se durmió. En esto se desató una fuerte tormenta sobre el lago, y la barca empezó a llenarse de agua y corrían peligro de hundirse. 24Entonces fueron a despertar a Jesús, diciéndole:

—¡Maestro! ¡Maestro! ¡Nos estamos hundiendo!

Jesús se levantó y dio una orden al viento y a las olas, y todo se calmó y quedó tranquilo. 25Después dijo a los discípulos:

—¿Qué pasó con su fe?

Pero ellos, asustados y admirados, se preguntaban unos a otros:

—¿Quién será este, que da órdenes al viento y al agua, y lo obedecen?

El endemoniado de Gerasa

(Mt 8.28-34; Mc 5.1-20)

26Por fin llegaron a la tierra de Gerasa, que está al otro lado del lago, frente a Galilea. 27Al bajar Jesús a tierra, salió del pueblo un hombre que estaba endemoniado, y se le acercó. Hacía mucho tiempo que no se ponía ropa ni vivía en una casa, sino entre las tumbas. 28Cuando vio a Jesús, cayó de rodillas delante de él, gritando:

—¡No te metas conmigo, Jesús, Hijo del Dios altísimo! ¡Te ruego que no me atormentes!

29Dijo esto porque Jesús había ordenado al espíritu impuro que saliera de él. Muchas veces el demonio se había apoderado de él; y aunque la gente le sujetaba las manos y los pies con cadenas para tenerlo seguro, él las rompía y el demonio lo hacía huir a lugares desiertos. 30Jesús le preguntó:

—¿Cómo te llamas?

Y él contestó:

—Me llamo Legión.

Dijo esto porque eran muchos los demonios que habían entrado en él, 31los cuales pidieron a Jesús que no los mandara al abismo. 32Como había muchos cerdos comiendo en el cerro, los espíritus le rogaron que los dejara entrar en ellos; y Jesús les dio permiso. 33Los demonios salieron entonces del hombre y entraron en los cerdos, y estos echaron a correr pendiente abajo hasta el lago, y allí se ahogaron.

34Los que cuidaban de los cerdos, cuando vieron lo sucedido, salieron huyendo y fueron a contarlo en el pueblo y por el campo. 35La gente salió a ver lo que había pasado. Y cuando llegaron a donde estaba Jesús, encontraron sentado a sus pies al hombre de quien habían salido los demonios, vestido y en su cabal juicio; y tuvieron miedo. 36Y los que habían visto lo sucedido, les contaron cómo había sido sanado aquel endemoniado. 37Toda la gente de la región de Gerasa comenzó entonces a rogar a Jesús que se fuera de allí, porque tenían mucho miedo. Así que Jesús entró en la barca y se fue. 38El hombre de quien habían salido los demonios le rogó que le permitiera ir con él, pero Jesús le ordenó que se quedara, y le dijo:

39—Vuelve a tu casa y cuenta todo lo que Dios ha hecho por ti.

El hombre se fue y contó por todo el pueblo lo que Jesús había hecho por él.

La mujer enferma y la hija de Jairo

(Mt 9.18-26; Mc 5.21-43)

40Cuando Jesús regresó al otro lado del lago, la gente lo recibió con alegría, porque todos lo estaban esperando. 41En esto llegó uno llamado Jairo, que era jefe de la sinagoga. Este hombre se postró a los pies de Jesús y le rogó que fuera a su casa, 42porque tenía una sola hija, de unos doce años, que estaba a punto de morir.

Mientras Jesús iba, se sentía apretujado por la multitud que lo seguía. 43Entre la gente había una mujer que desde hacía doce años estaba enferma, con derrames de sangre, y que había gastado en médicos todo lo que tenía, sin que ninguno la hubiera podido sanar. 44Esta mujer se acercó a Jesús por detrás y tocó el borde de su capa, y en el mismo momento el derrame de sangre se detuvo. 45Entonces Jesús preguntó:

—¿Quién me ha tocado?

Como todos negaban haberlo tocado, Pedro dijo:

—Maestro, la gente te oprime y empuja por todos lados.

46Pero Jesús insistió:

—Alguien me ha tocado, porque me he dado cuenta de que de mí ha salido poder.

47La mujer, al ver que no podía esconderse, fue temblando a arrodillarse a los pies de Jesús. Le confesó delante de todos por qué razón lo había tocado, y cómo había sido sanada en el acto. 48Jesús le dijo:

—Hija, por tu fe has sido sanada. Vete tranquila.

8.48
Cf.

49Todavía estaba hablando Jesús, cuando llegó un mensajero y le dijo al jefe de la sinagoga:

—Tu hija ha muerto; no molestes más al Maestro.

50Pero Jesús lo oyó y le dijo:

—No tengas miedo; solamente cree, y tu hija se salvará.

51Al llegar a la casa, no dejó entrar con él a nadie más que a Pedro, a Santiago y a Juan, junto con el padre y la madre de la niña. 52Todos estaban llorando y lamentándose por ella, pero Jesús les dijo:

—No lloren; la niña no está muerta, sino dormida.

53Todos se rieron de él, porque sabían que estaba muerta. 54Entonces Jesús la tomó de la mano y dijo con voz fuerte:

—¡Niña, levántate!

55Y ella volvió a la vida; al momento se levantó, y Jesús mandó que le dieran de comer. 56Sus padres estaban muy admirados; pero Jesús les ordenó que no contaran a nadie lo que había pasado.

9

Jesús envía a los discípulos a anunciar el reino de Dios

(Mt 10.5-15; Mc 6.7-13)

91Jesús reunió a sus doce discípulos, y les dio poder y autoridad para expulsar toda clase de demonios y para curar enfermedades. 2Los envió a anunciar el reino de Dios y a sanar a los enfermos.

9.1-2
Cf.
3Les dijo:

—No lleven nada para el camino: ni bastón, ni bolsa, ni pan, ni dinero, ni ropa de repuesto. 4En cualquier casa donde lleguen, quédense hasta que se vayan del lugar. 5Y si en algún pueblo no los quieren recibir, salgan de él y sacúdanse el polvo de los pies, para que les sirva a ellos de advertencia.

9.3-5
Cf.

6Salieron ellos, pues, y fueron por todas las aldeas, anunciando la buena noticia y sanando enfermos.

Incertidumbre de Herodes

(Mt 14.1-12; Mc 6.14-29)

7El rey Herodes oyó hablar de todo lo que sucedía; y no sabía qué pensar, porque unos decían que Juan había resucitado, 8otros decían que había aparecido el profeta Elías, y otros decían que era alguno de los antiguos profetas, que había resucitado.

9.7-8
Cf.
9Pero Herodes dijo:

—Yo mismo mandé que le cortaran la cabeza a Juan. ¿Quién será entonces este, de quien oigo contar tantas cosas?

Por eso Herodes procuraba ver a Jesús.

Jesús da de comer a una multitud
9.10-17
Cf. también

(Mt 14.13-21; Mc 6.30-44; Jn 6.1-14)

10Cuando los apóstoles regresaron, contaron a Jesús lo que habían hecho. Él, tomándolos aparte, los llevó a un pueblo llamado Betsaida. 11Pero cuando la gente lo supo, lo siguieron; y Jesús los recibió, les habló del reino de Dios y sanó a los enfermos.

12Cuando ya comenzaba a hacerse tarde, se acercaron a Jesús los doce discípulos y le dijeron:

—Despide a la gente, para que vayan a descansar y a buscar comida por las aldeas y los campos cercanos, porque en este lugar no hay nada.

13Jesús les dijo:

—Denles ustedes de comer.

Ellos contestaron:

—No tenemos más que cinco panes y dos pescados, a menos que vayamos a comprar comida para toda esta gente.

14Pues eran unos cinco mil hombres. Pero Jesús dijo a sus discípulos:

—Háganlos sentarse en grupos como de cincuenta.

15Ellos obedecieron e hicieron sentar a todos. 16Luego Jesús tomó en sus manos los cinco panes y los dos pescados y, mirando al cielo, pronunció sobre ellos la bendición, los partió y se los dio a sus discípulos para que los repartieran entre la gente. 17La gente comió hasta quedar satisfecha, y recogieron en doce canastos los pedazos sobrantes.

9.17
Cf.

Pedro declara que Jesús es el Mesías

(Mt 16.13-19; Mc 8.27-29)

18Un día en que Jesús estaba orando solo, y sus discípulos estaban con él, les preguntó:

—¿Quién dice la gente que soy yo?

19Ellos contestaron:

—Algunos dicen que eres Juan el Bautista, otros dicen que eres Elías, y otros dicen que eres uno de los antiguos profetas, que ha resucitado.

20—Y ustedes, ¿quién dicen que soy? —les preguntó.

Y Pedro le respondió:

—Eres el Mesías de Dios.

9.20
Jn 6.68-69

Jesús anuncia su muerte

(Mt 16.20-28; Mc 8.30—9.1)

21Pero Jesús les encargó mucho que no dijeran esto a nadie. 22Y les dijo:

—El Hijo del hombre tendrá que sufrir mucho, y será rechazado por los ancianos, por los jefes de los sacerdotes y por los maestros de la ley. Lo van a matar, pero al tercer día resucitará.

9.22
Lc 9.44
18.31-33

23Después les dijo a todos:

—Si alguno quiere ser discípulo mío, olvídese de sí mismo, cargue con su cruz cada día y sígame. 24Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda la vida por causa mía, la salvará.

9.23-24
Mt 10.38-39
Lc 14.27
17.33
Jn 12.24-25
25¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero, si se pierde o se destruye a sí mismo? 26Pues si alguno se avergüenza de mí y de mi mensaje, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga con su gloria y con la gloria de su Padre y de los santos ángeles.
9.26
Mt 10.33
Lc 12.9
2~Ti 2.12
27Les aseguro que algunos de los que están aquí presentes no morirán sin antes haber visto el reino de Dios.

La transfiguración de Jesús
9.28-36
Cf.

(Mt 17.1-8; Mc 9.2-8)

28Unos ocho días después de esta conversación, Jesús subió a un cerro a orar, acompañado de Pedro, Santiago y Juan. 29Mientras oraba, el aspecto de su cara cambió,9.29 El aspecto de su cara cambió: Cf. Ex 34.29-35. y su ropa se volvió muy blanca y brillante; 30y aparecieron dos hombres conversando con él. Eran Moisés y Elías, 31que estaban rodeados de un resplandor glorioso y hablaban de la partida de Jesús de este mundo, que iba a tener lugar en Jerusalén. 32Aunque Pedro y sus compañeros tenían mucho sueño, permanecieron despiertos, y vieron la gloria de Jesús y a los dos hombres que estaban con él. 33Cuando aquellos hombres se separaban ya de Jesús, Pedro le dijo:

—Maestro, ¡qué bien que estemos aquí! Vamos a hacer tres chozas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.

Pero Pedro no sabía lo que decía. 34Mientras hablaba, una nube se posó sobre ellos,9.34 Nube: cf. Ex 16.10; 33.9-10; 40.34-38; 1~R 8.10-11. y al verse dentro de la nube tuvieron miedo. 35Entonces de la nube salió una voz, que dijo: «Este es mi Hijo, mi elegido: escúchenlo.»

9.35
Gn 22.2
Sal 2.7
Is 42.1
Mt 3.17
12.18

36Cuando se escuchó esa voz, Jesús quedó solo. Pero ellos mantuvieron esto en secreto y en aquel tiempo a nadie dijeron nada de lo que habían visto.

Jesús sana a un muchacho que tenía un espíritu impuro

(Mt 17.14-20; Mc 9.14-29)

37Al día siguiente, cuando bajaron del cerro, una gran multitud salió al encuentro de Jesús. 38Y un hombre de entre la gente le dijo con voz fuerte:

—Maestro, por favor, mira a mi hijo, que es el único que tengo; 39un espíritu lo agarra, y hace que grite y que le den ataques y que eche espuma por la boca. Lo maltrata y no lo quiere soltar. 40He rogado a tus discípulos que le saquen ese espíritu, pero no han podido.

41Jesús contestó:

—¡Oh gente sin fe y perversa! ¿Hasta cuándo tendré que estar con ustedes y soportarlos? Trae acá a tu hijo.

42Cuando el muchacho se acercaba, el demonio lo tiró al suelo e hizo que le diera otro ataque; pero Jesús reprendió al espíritu impuro, sanó al muchacho y se lo devolvió a su padre. 43Y todos se quedaron admirados de la grandeza de Dios.

Jesús anuncia por segunda vez su muerte

(Mt 17.22-23; Mc 9.30-32)

Mientras todos se maravillaban de lo que Jesús hacía, él dijo a sus discípulos:

44—Oigan bien esto y no lo olviden: el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres.

9.44
Lc 9.22
18.31-33

45Pero ellos no entendían lo que les decía, pues todavía no se les había abierto el entendimiento para comprenderlo; además tenían miedo de pedirle a Jesús que se lo explicara.

¿Quién es el más importante?

(Mt 18.1-5; Mc 9.33-37)

46Por entonces los discípulos comenzaron a discutir quién de ellos sería el más importante.

9.46
Lc 22.24
47Jesús, al darse cuenta de lo que estaban pensando, tomó a un niño, lo puso junto a él 48y les dijo:

—El que recibe a este niño en mi nombre, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe también al que me envió.

9.48
Mt 10.40
Lc 10.16
Jn 13.20
Por eso, el más insignificante entre todos ustedes, ese es el más importante.

El que no está contra nosotros, está a nuestro favor

(Mc 9.38-40)

49Juan le dijo:

—Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre; y tratamos de impedírselo, porque no es de los nuestros.

50Jesús le contestó:

—No se lo prohíban, porque el que no está contra nosotros, está a nuestro favor.

9.50
Mt 12.30
Lc 11.23

Jesús reprende a Santiago y a Juan

51Cuando ya se acercaba el tiempo en que Jesús había de subir al cielo, emprendió con valor su viaje a Jerusalén. 52Envió por delante mensajeros, que fueron a una aldea de Samaria para conseguirle alojamiento; 53pero los samaritanos no quisieron recibirlo, porque se daban cuenta de que se dirigía a Jerusalén. 54Cuando sus discípulos Santiago y Juan vieron esto, le dijeron:

—Señor, ¿quieres que ordenemos que baje fuego del cielo, y que acabe con ellos?

55Pero Jesús se volvió y los reprendió.9.55 Algunos mss. añaden Y les dijo: «Ustedes no saben a qué espíritu pertenecen. 56 Pues el Hijo del hombre no ha venido a destruir la vida de los hombres, sino a salvarla.» (Cf. Lc 19.10.) 56Luego se fueron a otra aldea.

Para seguir a Jesús

(Mt 8.19-22)

57Mientras iban de camino, un hombre le dijo a Jesús:

—Señor, deseo seguirte a dondequiera que vayas.

58Jesús le contestó:

—Las zorras tienen cuevas y las aves tienen nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde recostar la cabeza.

59Jesús le dijo a otro:

—Sígueme.

Pero él respondió:

—Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre.

60Jesús le contestó:

—Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú ve y anuncia el reino de Dios.

61Otro le dijo:

—Señor, quiero seguirte, pero primero déjame ir a despedirme de los de mi casa.

62Jesús le contestó:

—El que pone la mano en el arado y sigue mirando atrás, no sirve para el reino de Dios.

10

Jesús envía a los setenta y dos

101Después de esto, el Señor escogió también a otros setenta y dos,10.1 Setenta y dos: Algunos mss. dicen setenta, aquí y en el v. 17. y los mandó de dos en dos delante de él, a todos los pueblos y lugares a donde tenía que ir.

2Les dijo: «Ciertamente la cosecha es mucha, pero los trabajadores son pocos. Por eso, pidan ustedes al Dueño de la cosecha que mande trabajadores a recogerla.

10.2
Mt 9.37-38
Jn 4.35
3Vayan ustedes; miren que los envío como corderos en medio de lobos.
10.3
Mt 10.16
4No lleven dinero ni provisiones ni sandalias; y no se detengan a saludar a nadie en el camino. 5Cuando entren en una casa, saluden primero, diciendo: “Paz a esta casa.” 6Y si allí hay gente de paz, su deseo de paz se cumplirá; pero si no, ustedes nada perderán. 7Quédense en la misma casa, y coman y beban de lo que ellos tengan, pues el trabajador tiene derecho a su paga.
10.7
Mt 10.101~Co 9.14
1~Ti 5.18
No anden de casa en casa. 8Al llegar a un pueblo donde los reciban, coman lo que les sirvan; 9sanen a los enfermos que haya allí, y díganles: “El reino de Dios ya está cerca de ustedes.” 10Pero si llegan a un pueblo y no los reciben, salgan a las calles diciendo: 11“¡Hasta el polvo de su pueblo, que se ha pegado a nuestros pies, lo sacudimos como protesta contra ustedes!
10.4-11
Cf.
Pero sepan esto, que el reino de Dios ya está cerca de ustedes.” 12Les digo que en aquel día el castigo para ese pueblo será peor que para la gente de Sodoma.

Reproches contra las ciudades incrédulas

(Mt 11.20-24)

13»¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y Sidón se hubieran hecho los milagros que se han hecho entre ustedes, ya hace tiempo que se habrían vuelto a Dios, cubiertos de ropas ásperas y sentados en ceniza. 14Pero en el día del juicio el castigo para ustedes será peor que para la gente de Tiro y Sidón. 15Y tú, Cafarnaúm, ¿crees que serás levantado hasta el cielo? ¡Bajarás hasta lo más hondo del abismo!

10.15
Is 14.13-15

16»El que los escucha a ustedes, me escucha a mí;

10.16
Mt 10.40
Mc 9.37
Lc 9.48
Jn 5.23
13.20
y el que los rechaza a ustedes, me rechaza a mí; y el que me rechaza a mí, rechaza al que me envió.»

Regreso de los setenta y dos

17Los setenta y dos regresaron muy contentos, diciendo:

—¡Señor, hasta los demonios nos obedecen en tu nombre!

18Jesús les dijo:

—Sí, pues yo vi que Satanás caía del cielo como un rayo. 19Yo les he dado poder a ustedes para caminar sobre serpientes y alacranes,

10.19
Sal 91.13
Mc 16.18
Hch 28.3-6
y para vencer toda la fuerza del enemigo, sin sufrir ningún daño. 20Pero no se alegren de que los espíritus los obedezcan, sino de que sus nombres ya están escritos en el cielo.
10.20
Cf.

Solo el Hijo sabe quién es el Padre

(Mt 11.25-27; 13.16-17)

21En aquel momento, Jesús, lleno de alegría por el Espíritu Santo, dijo: «Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has mostrado a los sencillos las cosas que escondiste de los sabios y entendidos. Sí, Padre, porque así lo has querido.

22»Mi Padre me ha entregado todas las cosas.

10.22
Jn 3.35
Nadie sabe quién es el Hijo, sino el Padre; y nadie sabe quién es el Padre, sino el Hijo y aquellos a quienes el Hijo quiera darlo a conocer.»
10.22
Jn 1.18
10.14-15

23Volviéndose a los discípulos, les dijo a ellos solos: «Dichosos quienes vean lo que ustedes están viendo; 24porque les digo que muchos profetas y reyes quisieron ver esto que ustedes ven, y no lo vieron; quisieron oír esto que ustedes oyen, y no lo oyeron.»

Parábola del buen samaritano

25Un maestro de la ley fue a hablar con Jesús, y para ponerlo a prueba le preguntó:

—Maestro, ¿qué debo hacer para alcanzar la vida eterna?

10.25-28
Cf.

26Jesús le contestó:

—¿Qué está escrito en la ley? ¿Qué es lo que lees?

27El maestro de la ley contestó:

—“Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente”;

10.27
Dt 6.5
y, “ama a tu prójimo como a ti mismo.”
10.27
Lv 19.18

28Jesús le dijo:

—Has contestado bien. Si haces eso, tendrás la vida.

10.28
Lv 18.5

29Pero el maestro de la ley, queriendo justificar su pregunta, dijo a Jesús:

—¿Y quién es mi prójimo?10.29 Según Lv 19.18,33-34, el deber de amar al prójimo se limitaba a los israelitas y a los extranjeros establecidos en Israel.

30Jesús entonces le contestó:

—Un hombre iba por el camino de Jerusalén a Jericó, y unos bandidos lo asaltaron y le quitaron hasta la ropa; lo golpearon y se fueron, dejándolo medio muerto. 31Por casualidad, un sacerdote pasaba por el mismo camino; pero al verlo, dio un rodeo y siguió adelante. 32También un levita llegó a aquel lugar, y cuando lo vio, dio un rodeo y siguió adelante. 33Pero un hombre de Samaria que viajaba por el mismo camino, al verlo, sintió compasión. 34Se acercó a él, le curó las heridas con aceite y vino, y le puso vendas. Luego lo subió en su propia cabalgadura, lo llevó a un alojamiento y lo cuidó. 35Al día siguiente, el samaritano sacó el equivalente al salario de dos días, se lo dio al dueño del alojamiento y le dijo: “Cuide a este hombre, y si gasta usted algo más, yo se lo pagaré cuando vuelva.” 36Pues bien, ¿cuál de esos tres te parece que se hizo prójimo del hombre asaltado por los bandidos?

37El maestro de la ley contestó:

—El que tuvo compasión de él.

Jesús le dijo:

—Pues ve y haz tú lo mismo.

Jesús en casa de Marta y María

38Jesús siguió su camino y llegó a una aldea, donde una mujer llamada Marta lo hospedó. 39Marta tenía una hermana llamada María,

10.38-39
Jn 11.1
12.2-3
la cual se sentó a los pies de Jesús para escuchar lo que él decía. 40Pero Marta, que estaba atareada con sus muchos quehaceres, se acercó a Jesús y le dijo:

—Señor, ¿no te preocupa nada que mi hermana me deje sola con todo el trabajo? Dile que me ayude.

41Pero Jesús le contestó:

—Marta, Marta, estás preocupada y te inquietas por demasiadas cosas, 42pero solo una cosa es necesaria.10.42 Solo una cosa es necesaria: Algunos mss. dicen pocas cosas son necesarias, o más bien, una sola. María ha escogido la mejor parte, y nadie se la va a quitar.