Dios habla Hoy (DHH)
7

Jesús sana al criado de un oficial romano7.1-10 El relato presenta muchas semejanzas con Jn 4.46-53.

(Mt 8.5-13; Jn 4.43-54)

71Cuando Jesús terminó de hablar a la gente, se fue a Cafarnaúm. 2Vivía allí un capitán romano que tenía un criado al que estimaba mucho, el cual estaba enfermo y a punto de morir. 3Cuando el capitán oyó hablar de Jesús, mandó a unos ancianos de los judíos a rogarle que fuera a sanar a su criado. 4Ellos se presentaron a Jesús y le rogaron mucho, diciendo:

—Este capitán merece que lo ayudes, 5porque ama a nuestra nación y él mismo hizo construir nuestra sinagoga.

6Jesús fue con ellos, pero cuando ya estaban cerca de la casa, el capitán mandó unos amigos a decirle: «Señor, no te molestes, porque yo no merezco que entres en mi casa; 7por eso, ni siquiera me atreví a ir en persona a buscarte. Solamente da la orden, para que sane mi criado. 8Porque yo mismo estoy bajo órdenes superiores, y a la vez tengo soldados bajo mi mando. Cuando le digo a uno de ellos que vaya, va; cuando le digo a otro que venga, viene; y cuando mando a mi criado que haga algo, lo hace.»

9Jesús se quedó admirado al oír esto, y mirando a la gente que lo seguía dijo:

—Les aseguro que ni siquiera en Israel he encontrado tanta fe como en este hombre.

10Al regresar a la casa, los enviados encontraron que el criado ya estaba sano.

Jesús resucita al hijo de una viuda

11Después de esto, Jesús se dirigió a un pueblo llamado Naín. Iba acompañado de sus discípulos y de mucha gente. 12Al llegar cerca del pueblo, vio que llevaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda. Mucha gente del pueblo la acompañaba. 13Al verla, el Señor tuvo compasión de ella y le dijo:

—No llores.

14En seguida se acercó y tocó la camilla, y los que la llevaban se detuvieron. Jesús le dijo al muerto:

—Joven, a ti te digo: ¡Levántate!

15Entonces el que había estado muerto se sentó y comenzó a hablar, y Jesús se lo entregó a la madre. 16Al ver esto, todos tuvieron miedo y comenzaron a alabar a Dios, diciendo:

—Un gran profeta ha aparecido entre nosotros.

También decían:

—Dios ha venido a ayudar a su pueblo.

17Y por toda Judea y sus alrededores se supo lo que había hecho Jesús.

Los enviados de Juan el Bautista

(Mt 11.2-19)

18Juan tuvo noticias de todas estas cosas, pues sus seguidores se las contaron. Llamó a dos de ellos 19y los envió al Señor, a preguntarle si él era de veras el que había de venir o si debían esperar a otro. 20Los enviados de Juan se acercaron, pues, a Jesús y le dijeron:

—Juan el Bautista nos ha mandado a preguntarte si tú eres el que ha de venir, o si debemos esperar a otro.

21En aquel mismo momento Jesús curó a muchas personas de sus enfermedades y sufrimientos, y de los espíritus malignos, y dio la vista a muchos ciegos. 22Luego les contestó:

—Vayan y díganle a Juan lo que han visto y oído. Cuéntenle que los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios de su enfermedad, los sordos oyen,

7.22
Cf.
los muertos vuelven a la vida y a los pobres se les anuncia la buena noticia.
7.22
Cf.
23¡Y dichoso aquel que no pierda su fe en mí!

24Cuando los enviados de Juan se fueron, Jesús comenzó a hablar a la gente acerca de Juan, diciendo: «¿Qué salieron ustedes a ver al desierto? ¿Una caña sacudida por el viento? 25Y si no, ¿qué salieron a ver? ¿Un hombre vestido con ropas lujosas? Ustedes saben que los que se visten lujosamente y viven en placeres, están en las casas de los reyes. 26En fin, ¿qué salieron a ver? ¿Un profeta? Sí, de veras, y uno que es mucho más que profeta. 27Juan es aquel de quien dice la Escritura:

“Yo envío mi mensajero delante de ti,

para que te prepare el camino.”

7.27
Mal 3.1Ex 23.20

28Les digo que, entre todos los hombres, ninguno ha sido más grande que Juan; y, sin embargo, el más pequeño en el reino de Dios es más grande que él.»

29Todos los que oyeron a Juan, incluso los que cobraban impuestos para Roma, se hicieron bautizar por él, cumpliendo así las justas exigencias de Dios; 30pero los fariseos y los maestros de la ley no se hicieron bautizar por Juan, despreciando de este modo lo que Dios había querido hacer en favor de ellos.

7.29-30
Mt 21.32
Lc 3.7,12

31«¿A qué compararé la gente de este tiempo? ¿A qué se parece? 32Se parece a los niños que se sientan a jugar en la plaza y gritan a sus compañeros: “Tocamos la flauta, pero ustedes no bailaron; cantamos canciones tristes, pero ustedes no lloraron.” 33Porque vino Juan el Bautista, que ni come pan ni bebe vino, y ustedes dicen que tiene un demonio. 34Luego ha venido el Hijo del hombre, que come y bebe, y ustedes dicen que es glotón y bebedor, amigo de gente de mala fama y de los que cobran impuestos para Roma.

7.34
Lc 15.2
35Pero la sabiduría de Dios se demuestra por todos sus resultados.»

Jesús en casa de Simón el fariseo
7.36-50
Cf.

36Un fariseo invitó a Jesús a comer, y Jesús fue a su casa. Estaba sentado a la mesa, 37cuando una mujer de mala vida, que vivía en el mismo pueblo y que supo que Jesús había ido a comer a casa del fariseo, llegó con un frasco de alabastro lleno de perfume. 38Llorando, se puso junto a los pies de Jesús y comenzó a bañarlos con lágrimas. Luego los secó con sus cabellos, los besó y derramó sobre ellos el perfume. 39El fariseo que había invitado a Jesús, al ver esto, pensó: «Si este hombre fuera de veras un profeta, se daría cuenta de qué clase de persona es esta que lo está tocando: una mujer de mala vida.» 40Entonces Jesús le dijo al fariseo:

—Simón, tengo algo que decirte.

El fariseo contestó:

—Dímelo, Maestro.

41Jesús siguió:

—Dos hombres le debían dinero a un prestamista. Uno le debía quinientos denarios, y el otro cincuenta; 42y como no le podían pagar, el prestamista les perdonó la deuda a los dos. Ahora dime, ¿cuál de ellos le amará más?7.42 Aquí y en el v. 47 el verbo amar tiene un matiz de agradecimiento.

43Simón le contestó:

—Me parece que el hombre a quien más le perdonó.

Jesús le dijo:

—Tienes razón.

44Entonces, mirando a la mujer, Jesús dijo a Simón:

—¿Ves esta mujer? Entré en tu casa, y no me diste agua para mis pies; en cambio, esta mujer me ha bañado los pies con sus lágrimas y los ha secado con sus cabellos. 45No me saludaste con un beso, pero ella, desde que entré, no ha dejado de besarme los pies. 46No me pusiste ungüento en la cabeza, pero ella ha derramado perfume sobre mis pies. 47Por esto te digo que sus muchos pecados son perdonados, porque amó mucho; pero la persona a quien poco se le perdona, poco amor muestra.

48Luego dijo a la mujer:

—Tus pecados te son perdonados.

49Los otros invitados que estaban allí, comenzaron a preguntarse:

—¿Quién es este, que hasta perdona pecados?

7.48-49
Lc 5.20-21

50Pero Jesús añadió, dirigiéndose a la mujer:

—Por tu fe has sido salvada; vete tranquila.

7.50
Lc 8.48
17.19
18.42

8

Mujeres que ayudaban a Jesús

81Después de esto, Jesús anduvo por muchos pueblos y aldeas, anunciando la buena noticia del reino de Dios. Los doce apóstoles lo acompañaban, 2como también algunas mujeres que él había curado de espíritus malignos y enfermedades.

8.2-3
Mt 27.55-56
Mc 15.40-41
Lc 23.49
Entre ellas iba María, la llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios; 3también Juana, esposa de Cuza, el que era administrador de Herodes; y Susana; y muchas otras que los ayudaban con lo que tenían.

La parábola del sembrador

(Mt 13.1-9; Mc 4.1-9)

4Muchos salieron de los pueblos para ver a Jesús, de manera que se reunió mucha gente. Entonces les contó esta parábola: 5«Un sembrador salió a sembrar su semilla. Y al sembrar, una parte de la semilla cayó en el camino, y fue pisoteada, y las aves se la comieron. 6Otra parte cayó entre las piedras; y cuando esa semilla brotó, se secó por falta de humedad. 7Otra parte de la semilla cayó entre espinos; y al nacer juntamente, los espinos la ahogaron. 8Pero otra parte cayó en buena tierra; y creció, y dio una buena cosecha, hasta de cien granos por semilla.»

Esto dijo Jesús, y añadió con voz muy fuerte: «¡Los que tienen oídos, oigan!»

El porqué de las parábolas

(Mt 13.10-17; Mc 4.10-12)

9Los discípulos le preguntaron a Jesús qué quería decir aquella parábola. 10Les dijo: «A ustedes Dios les da a conocer los secretos de su reino; pero a los otros les hablo por medio de parábolas, para que por más que miren no vean, y por más que oigan no entiendan.

8.10
Is 6.9-10

Jesús explica la parábola del sembrador

(Mt 13.18-23; Mc 4.13-20)

11»Esto es lo que quiere decir la parábola: La semilla representa el mensaje de Dios; 12y la parte que cayó por el camino representa a los que oyen el mensaje, pero viene el diablo y se lo quita del corazón, para que no crean y se salven. 13La semilla que cayó entre las piedras representa a los que oyen el mensaje y lo reciben con gusto, pero no tienen suficiente raíz; creen por algún tiempo, pero a la hora de la prueba fallan. 14La semilla que cayó entre espinos representa a los que escuchan, pero poco a poco se dejan ahogar por las preocupaciones, las riquezas y los placeres de la vida, de modo que no llegan a dar fruto. 15Pero la semilla que cayó en buena tierra, son las personas que con corazón bueno y dispuesto escuchan y hacen caso del mensaje y, permaneciendo firmes, dan una buena cosecha.

La parábola de la lámpara

(Mc 4.21-25)

16»Nadie enciende una lámpara para después taparla con algo o ponerla debajo de la cama, sino que la pone en alto, para que tengan luz los que entran.

8.16
Mt 5.15
Lc 11.33
17De la misma manera, no hay nada escondido que no llegue a descubrirse, ni nada secreto que no llegue a conocerse y ponerse en claro.

18»Así pues, oigan bien, pues al que tiene se le dará más; pero al que no tiene, hasta lo que cree tener se le quitará.»

8.18
Mt 13.12
25.29
Lc 19.26

La madre y los hermanos de Jesús

(Mt 12.46-50; Mc 3.31-35)

19La madre y los hermanos de Jesús se presentaron donde él estaba, pero no pudieron acercarse a él porque había mucha gente. 20Alguien avisó a Jesús:

—Tu madre y tus hermanos están ahí fuera, y quieren verte.

21Él contestó:

—Los que oyen el mensaje de Dios y lo ponen en práctica, esos son mi madre y mis hermanos.

Jesús calma la tormenta

(Mt 8.23-27; Mc 4.35-41)

22Un día, Jesús entró en una barca con sus discípulos, y les dijo:

—Vamos al otro lado del lago.

Partieron, pues, 23y mientras cruzaban el lago, Jesús se durmió. En esto se desató una fuerte tormenta sobre el lago, y la barca empezó a llenarse de agua y corrían peligro de hundirse. 24Entonces fueron a despertar a Jesús, diciéndole:

—¡Maestro! ¡Maestro! ¡Nos estamos hundiendo!

Jesús se levantó y dio una orden al viento y a las olas, y todo se calmó y quedó tranquilo. 25Después dijo a los discípulos:

—¿Qué pasó con su fe?

Pero ellos, asustados y admirados, se preguntaban unos a otros:

—¿Quién será este, que da órdenes al viento y al agua, y lo obedecen?

El endemoniado de Gerasa

(Mt 8.28-34; Mc 5.1-20)

26Por fin llegaron a la tierra de Gerasa, que está al otro lado del lago, frente a Galilea. 27Al bajar Jesús a tierra, salió del pueblo un hombre que estaba endemoniado, y se le acercó. Hacía mucho tiempo que no se ponía ropa ni vivía en una casa, sino entre las tumbas. 28Cuando vio a Jesús, cayó de rodillas delante de él, gritando:

—¡No te metas conmigo, Jesús, Hijo del Dios altísimo! ¡Te ruego que no me atormentes!

29Dijo esto porque Jesús había ordenado al espíritu impuro que saliera de él. Muchas veces el demonio se había apoderado de él; y aunque la gente le sujetaba las manos y los pies con cadenas para tenerlo seguro, él las rompía y el demonio lo hacía huir a lugares desiertos. 30Jesús le preguntó:

—¿Cómo te llamas?

Y él contestó:

—Me llamo Legión.

Dijo esto porque eran muchos los demonios que habían entrado en él, 31los cuales pidieron a Jesús que no los mandara al abismo. 32Como había muchos cerdos comiendo en el cerro, los espíritus le rogaron que los dejara entrar en ellos; y Jesús les dio permiso. 33Los demonios salieron entonces del hombre y entraron en los cerdos, y estos echaron a correr pendiente abajo hasta el lago, y allí se ahogaron.

34Los que cuidaban de los cerdos, cuando vieron lo sucedido, salieron huyendo y fueron a contarlo en el pueblo y por el campo. 35La gente salió a ver lo que había pasado. Y cuando llegaron a donde estaba Jesús, encontraron sentado a sus pies al hombre de quien habían salido los demonios, vestido y en su cabal juicio; y tuvieron miedo. 36Y los que habían visto lo sucedido, les contaron cómo había sido sanado aquel endemoniado. 37Toda la gente de la región de Gerasa comenzó entonces a rogar a Jesús que se fuera de allí, porque tenían mucho miedo. Así que Jesús entró en la barca y se fue. 38El hombre de quien habían salido los demonios le rogó que le permitiera ir con él, pero Jesús le ordenó que se quedara, y le dijo:

39—Vuelve a tu casa y cuenta todo lo que Dios ha hecho por ti.

El hombre se fue y contó por todo el pueblo lo que Jesús había hecho por él.

La mujer enferma y la hija de Jairo

(Mt 9.18-26; Mc 5.21-43)

40Cuando Jesús regresó al otro lado del lago, la gente lo recibió con alegría, porque todos lo estaban esperando. 41En esto llegó uno llamado Jairo, que era jefe de la sinagoga. Este hombre se postró a los pies de Jesús y le rogó que fuera a su casa, 42porque tenía una sola hija, de unos doce años, que estaba a punto de morir.

Mientras Jesús iba, se sentía apretujado por la multitud que lo seguía. 43Entre la gente había una mujer que desde hacía doce años estaba enferma, con derrames de sangre, y que había gastado en médicos todo lo que tenía, sin que ninguno la hubiera podido sanar. 44Esta mujer se acercó a Jesús por detrás y tocó el borde de su capa, y en el mismo momento el derrame de sangre se detuvo. 45Entonces Jesús preguntó:

—¿Quién me ha tocado?

Como todos negaban haberlo tocado, Pedro dijo:

—Maestro, la gente te oprime y empuja por todos lados.

46Pero Jesús insistió:

—Alguien me ha tocado, porque me he dado cuenta de que de mí ha salido poder.

47La mujer, al ver que no podía esconderse, fue temblando a arrodillarse a los pies de Jesús. Le confesó delante de todos por qué razón lo había tocado, y cómo había sido sanada en el acto. 48Jesús le dijo:

—Hija, por tu fe has sido sanada. Vete tranquila.

8.48
Cf.

49Todavía estaba hablando Jesús, cuando llegó un mensajero y le dijo al jefe de la sinagoga:

—Tu hija ha muerto; no molestes más al Maestro.

50Pero Jesús lo oyó y le dijo:

—No tengas miedo; solamente cree, y tu hija se salvará.

51Al llegar a la casa, no dejó entrar con él a nadie más que a Pedro, a Santiago y a Juan, junto con el padre y la madre de la niña. 52Todos estaban llorando y lamentándose por ella, pero Jesús les dijo:

—No lloren; la niña no está muerta, sino dormida.

53Todos se rieron de él, porque sabían que estaba muerta. 54Entonces Jesús la tomó de la mano y dijo con voz fuerte:

—¡Niña, levántate!

55Y ella volvió a la vida; al momento se levantó, y Jesús mandó que le dieran de comer. 56Sus padres estaban muy admirados; pero Jesús les ordenó que no contaran a nadie lo que había pasado.

9

Jesús envía a los discípulos a anunciar el reino de Dios

(Mt 10.5-15; Mc 6.7-13)

91Jesús reunió a sus doce discípulos, y les dio poder y autoridad para expulsar toda clase de demonios y para curar enfermedades. 2Los envió a anunciar el reino de Dios y a sanar a los enfermos.

9.1-2
Cf.
3Les dijo:

—No lleven nada para el camino: ni bastón, ni bolsa, ni pan, ni dinero, ni ropa de repuesto. 4En cualquier casa donde lleguen, quédense hasta que se vayan del lugar. 5Y si en algún pueblo no los quieren recibir, salgan de él y sacúdanse el polvo de los pies, para que les sirva a ellos de advertencia.

9.3-5
Cf.

6Salieron ellos, pues, y fueron por todas las aldeas, anunciando la buena noticia y sanando enfermos.

Incertidumbre de Herodes

(Mt 14.1-12; Mc 6.14-29)

7El rey Herodes oyó hablar de todo lo que sucedía; y no sabía qué pensar, porque unos decían que Juan había resucitado, 8otros decían que había aparecido el profeta Elías, y otros decían que era alguno de los antiguos profetas, que había resucitado.

9.7-8
Cf.
9Pero Herodes dijo:

—Yo mismo mandé que le cortaran la cabeza a Juan. ¿Quién será entonces este, de quien oigo contar tantas cosas?

Por eso Herodes procuraba ver a Jesús.

Jesús da de comer a una multitud
9.10-17
Cf. también

(Mt 14.13-21; Mc 6.30-44; Jn 6.1-14)

10Cuando los apóstoles regresaron, contaron a Jesús lo que habían hecho. Él, tomándolos aparte, los llevó a un pueblo llamado Betsaida. 11Pero cuando la gente lo supo, lo siguieron; y Jesús los recibió, les habló del reino de Dios y sanó a los enfermos.

12Cuando ya comenzaba a hacerse tarde, se acercaron a Jesús los doce discípulos y le dijeron:

—Despide a la gente, para que vayan a descansar y a buscar comida por las aldeas y los campos cercanos, porque en este lugar no hay nada.

13Jesús les dijo:

—Denles ustedes de comer.

Ellos contestaron:

—No tenemos más que cinco panes y dos pescados, a menos que vayamos a comprar comida para toda esta gente.

14Pues eran unos cinco mil hombres. Pero Jesús dijo a sus discípulos:

—Háganlos sentarse en grupos como de cincuenta.

15Ellos obedecieron e hicieron sentar a todos. 16Luego Jesús tomó en sus manos los cinco panes y los dos pescados y, mirando al cielo, pronunció sobre ellos la bendición, los partió y se los dio a sus discípulos para que los repartieran entre la gente. 17La gente comió hasta quedar satisfecha, y recogieron en doce canastos los pedazos sobrantes.

9.17
Cf.

Pedro declara que Jesús es el Mesías

(Mt 16.13-19; Mc 8.27-29)

18Un día en que Jesús estaba orando solo, y sus discípulos estaban con él, les preguntó:

—¿Quién dice la gente que soy yo?

19Ellos contestaron:

—Algunos dicen que eres Juan el Bautista, otros dicen que eres Elías, y otros dicen que eres uno de los antiguos profetas, que ha resucitado.

20—Y ustedes, ¿quién dicen que soy? —les preguntó.

Y Pedro le respondió:

—Eres el Mesías de Dios.

9.20
Jn 6.68-69

Jesús anuncia su muerte

(Mt 16.20-28; Mc 8.30—9.1)

21Pero Jesús les encargó mucho que no dijeran esto a nadie. 22Y les dijo:

—El Hijo del hombre tendrá que sufrir mucho, y será rechazado por los ancianos, por los jefes de los sacerdotes y por los maestros de la ley. Lo van a matar, pero al tercer día resucitará.

9.22
Lc 9.44
18.31-33

23Después les dijo a todos:

—Si alguno quiere ser discípulo mío, olvídese de sí mismo, cargue con su cruz cada día y sígame. 24Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda la vida por causa mía, la salvará.

9.23-24
Mt 10.38-39
Lc 14.27
17.33
Jn 12.24-25
25¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero, si se pierde o se destruye a sí mismo? 26Pues si alguno se avergüenza de mí y de mi mensaje, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga con su gloria y con la gloria de su Padre y de los santos ángeles.
9.26
Mt 10.33
Lc 12.9
2~Ti 2.12
27Les aseguro que algunos de los que están aquí presentes no morirán sin antes haber visto el reino de Dios.

La transfiguración de Jesús
9.28-36
Cf.

(Mt 17.1-8; Mc 9.2-8)

28Unos ocho días después de esta conversación, Jesús subió a un cerro a orar, acompañado de Pedro, Santiago y Juan. 29Mientras oraba, el aspecto de su cara cambió,9.29 El aspecto de su cara cambió: Cf. Ex 34.29-35. y su ropa se volvió muy blanca y brillante; 30y aparecieron dos hombres conversando con él. Eran Moisés y Elías, 31que estaban rodeados de un resplandor glorioso y hablaban de la partida de Jesús de este mundo, que iba a tener lugar en Jerusalén. 32Aunque Pedro y sus compañeros tenían mucho sueño, permanecieron despiertos, y vieron la gloria de Jesús y a los dos hombres que estaban con él. 33Cuando aquellos hombres se separaban ya de Jesús, Pedro le dijo:

—Maestro, ¡qué bien que estemos aquí! Vamos a hacer tres chozas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.

Pero Pedro no sabía lo que decía. 34Mientras hablaba, una nube se posó sobre ellos,9.34 Nube: cf. Ex 16.10; 33.9-10; 40.34-38; 1~R 8.10-11. y al verse dentro de la nube tuvieron miedo. 35Entonces de la nube salió una voz, que dijo: «Este es mi Hijo, mi elegido: escúchenlo.»

9.35
Gn 22.2
Sal 2.7
Is 42.1
Mt 3.17
12.18

36Cuando se escuchó esa voz, Jesús quedó solo. Pero ellos mantuvieron esto en secreto y en aquel tiempo a nadie dijeron nada de lo que habían visto.

Jesús sana a un muchacho que tenía un espíritu impuro

(Mt 17.14-20; Mc 9.14-29)

37Al día siguiente, cuando bajaron del cerro, una gran multitud salió al encuentro de Jesús. 38Y un hombre de entre la gente le dijo con voz fuerte:

—Maestro, por favor, mira a mi hijo, que es el único que tengo; 39un espíritu lo agarra, y hace que grite y que le den ataques y que eche espuma por la boca. Lo maltrata y no lo quiere soltar. 40He rogado a tus discípulos que le saquen ese espíritu, pero no han podido.

41Jesús contestó:

—¡Oh gente sin fe y perversa! ¿Hasta cuándo tendré que estar con ustedes y soportarlos? Trae acá a tu hijo.

42Cuando el muchacho se acercaba, el demonio lo tiró al suelo e hizo que le diera otro ataque; pero Jesús reprendió al espíritu impuro, sanó al muchacho y se lo devolvió a su padre. 43Y todos se quedaron admirados de la grandeza de Dios.

Jesús anuncia por segunda vez su muerte

(Mt 17.22-23; Mc 9.30-32)

Mientras todos se maravillaban de lo que Jesús hacía, él dijo a sus discípulos:

44—Oigan bien esto y no lo olviden: el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres.

9.44
Lc 9.22
18.31-33

45Pero ellos no entendían lo que les decía, pues todavía no se les había abierto el entendimiento para comprenderlo; además tenían miedo de pedirle a Jesús que se lo explicara.

¿Quién es el más importante?

(Mt 18.1-5; Mc 9.33-37)

46Por entonces los discípulos comenzaron a discutir quién de ellos sería el más importante.

9.46
Lc 22.24
47Jesús, al darse cuenta de lo que estaban pensando, tomó a un niño, lo puso junto a él 48y les dijo:

—El que recibe a este niño en mi nombre, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe también al que me envió.

9.48
Mt 10.40
Lc 10.16
Jn 13.20
Por eso, el más insignificante entre todos ustedes, ese es el más importante.

El que no está contra nosotros, está a nuestro favor

(Mc 9.38-40)

49Juan le dijo:

—Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre; y tratamos de impedírselo, porque no es de los nuestros.

50Jesús le contestó:

—No se lo prohíban, porque el que no está contra nosotros, está a nuestro favor.

9.50
Mt 12.30
Lc 11.23

Jesús reprende a Santiago y a Juan

51Cuando ya se acercaba el tiempo en que Jesús había de subir al cielo, emprendió con valor su viaje a Jerusalén. 52Envió por delante mensajeros, que fueron a una aldea de Samaria para conseguirle alojamiento; 53pero los samaritanos no quisieron recibirlo, porque se daban cuenta de que se dirigía a Jerusalén. 54Cuando sus discípulos Santiago y Juan vieron esto, le dijeron:

—Señor, ¿quieres que ordenemos que baje fuego del cielo, y que acabe con ellos?

55Pero Jesús se volvió y los reprendió.9.55 Algunos mss. añaden Y les dijo: «Ustedes no saben a qué espíritu pertenecen. 56 Pues el Hijo del hombre no ha venido a destruir la vida de los hombres, sino a salvarla.» (Cf. Lc 19.10.) 56Luego se fueron a otra aldea.

Para seguir a Jesús

(Mt 8.19-22)

57Mientras iban de camino, un hombre le dijo a Jesús:

—Señor, deseo seguirte a dondequiera que vayas.

58Jesús le contestó:

—Las zorras tienen cuevas y las aves tienen nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde recostar la cabeza.

59Jesús le dijo a otro:

—Sígueme.

Pero él respondió:

—Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre.

60Jesús le contestó:

—Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú ve y anuncia el reino de Dios.

61Otro le dijo:

—Señor, quiero seguirte, pero primero déjame ir a despedirme de los de mi casa.

62Jesús le contestó:

—El que pone la mano en el arado y sigue mirando atrás, no sirve para el reino de Dios.