Dios habla Hoy (DHH)
22

Conspiración para arrestar a Jesús

(Mt 26.1-5,14-16; Mc 14.1-2,10-11; Jn 11.45-53)

221Estaba ya cerca la fiesta en que se come el pan sin levadura, o sea la fiesta de la Pascua.22.1 Respecto a la fiesta de la Pascua. Cf. Jn 11.55. 2Los jefes de los sacerdotes y los maestros de la ley, que tenían miedo de la gente, buscaban la manera de matar a Jesús.

3Entonces Satanás entró en Judas,

22.3
Jn 13.2-4,27
uno de los doce discípulos, al que llamaban Iscariote. 4Este fue a ver a los jefes de los sacerdotes y a los oficiales del templo, y habló con ellos sobre cómo entregarles a Jesús. 5Ellos se alegraron y prometieron darle dinero a Judas. 6Y él aceptó y comenzó a buscar un momento oportuno, en que no hubiera gente, para entregarles a Jesús.

La Cena del Señor

(Mt 26.17-29; Mc 14.12-25; Jn 13.21-30; 1~Co 11.23-26)

7Llegó el día de la fiesta en que se comía el pan sin levadura, cuando se sacrificaba el cordero de Pascua. 8Jesús envió a Pedro y a Juan, diciendo:

—Vayan a prepararnos la cena de Pascua.

9Ellos le preguntaron:

—¿Dónde quieres que la preparemos?

10Jesús les contestó:

—Cuando entren ustedes en la ciudad, encontrarán a un hombre que lleva un cántaro de agua. Síganlo hasta la casa donde entre, 11y digan al dueño de la casa: “El Maestro pregunta: ¿Cuál es el cuarto donde voy a comer con mis discípulos la cena de Pascua?” 12Él les mostrará en el piso alto un cuarto grande y arreglado para la cena. Preparen allí lo necesario.

13Ellos fueron y lo encontraron todo como Jesús se lo había dicho, y prepararon la cena de Pascua.

22.13
Cf.

14Cuando llegó la hora, Jesús y los apóstoles se sentaron a la mesa. 15Jesús les dijo:

—¡Cuánto he querido celebrar con ustedes esta cena de Pascua antes de mi muerte! 16Porque les digo que no la celebraré de nuevo hasta que se cumpla en el reino de Dios.

17Entonces tomó en sus manos una copa y, habiendo dado gracias a Dios, dijo:

—Tomen esto y repártanlo entre ustedes; 18porque les digo que no volveré a beber del producto de la vid, hasta que venga el reino de Dios.

19Después tomó el pan en sus manos y, habiendo dado gracias a Dios, lo partió y se lo dio a ellos, diciendo:

—Esto es mi cuerpo,22.19-20 Cf. Jn 6.51-58. Algunos mss. omiten el resto del v. 19 (a partir de entregado a muerte) y todo el v. 20. entregado a muerte en favor de ustedes. Hagan esto en memoria de mí.

20Lo mismo hizo con la copa después de la cena, diciendo:

—Esta copa es la nueva alianza confirmada con mi sangre,22.20 La nueva alianza: Jer 31.31-34. Confirmada con mi sangre: Cf. Ex 24.6-8; Heb 9.18-22; 10.29; 13.20. la cual es derramada en favor de ustedes. 21Pero ahora la mano del que me va a traicionar está aquí, con la mía, sobre la mesa. 22Pues el Hijo del hombre ha de recorrer el camino que se le ha señalado, pero ¡ay de aquel que lo traiciona!

23Entonces comenzaron a preguntarse unos a otros quién sería el traidor.

¿Quién es el más importante?

24Los discípulos tuvieron una discusión sobre cuál de ellos debía ser considerado el más importante.

22.24
Mt 18.1
Mc 9.34
Lc 9.46
25Jesús les dijo: «Entre los paganos, los reyes gobiernan con tiranía a sus súbditos, y a los jefes se les da el título de benefactores. 26Pero ustedes no deben ser así. Al contrario, el más importante entre ustedes tiene que hacerse como el más joven, y el que manda tiene que hacerse como el que sirve.
22.25-26
Mt 20.25-27
23.11
Mc 9.35
10.42-44
27Pues ¿quién es más importante, el que se sienta a la mesa a comer o el que sirve? ¿Acaso no lo es el que se sienta a la mesa? En cambio yo estoy entre ustedes como el que sirve.
22.27
Mt 20.28
Mc 10.45
Jn 13.12-15

28»Ustedes han estado siempre conmigo en mis pruebas. 29Por eso, yo les doy un reino, como mi Padre me lo dio a mí, 30y ustedes comerán y beberán a mi mesa en mi reino, y se sentarán en tronos para juzgar a las doce tribus de Israel.»

22.30
Mt 19.28
Ap 3.21
20.4

Jesús anuncia que Pedro lo negará

(Mt 26.31-35; Mc 14.27-31; Jn 13.36-38)

31Dijo también el Señor:

—Simón, Simón, mira que Satanás los ha pedido a ustedes para sacudirlos como si fueran trigo; 32pero yo he rogado por ti, para que no te falte la fe. Y tú, cuando te hayas vuelto a mí, ayuda a tus hermanos a permanecer firmes.

33Simón le dijo:

—Señor, estoy dispuesto a ir contigo a la cárcel, y hasta a morir contigo.

34Jesús le contestó:

—Pedro, te digo que hoy mismo, antes que cante el gallo, tres veces negarás que me conoces.

Se acerca la hora de la prueba

35Luego Jesús les preguntó:

—Cuando los mandé sin dinero ni provisiones ni sandalias,

22.35
Lc 9.3
10.4
¿acaso les faltó algo?

Ellos contestaron:

—Nada.

36Entonces les dijo:

—Ahora, en cambio, el que tenga dinero, que lo traiga, y también provisiones; y el que no tenga espada, que venda su abrigo y se compre una. 37Porque les digo que tiene que cumplirse en mí esto que dicen las Escrituras: “Y fue contado entre los malvados.”

22.37
Is 53.12
Pues todo lo que está escrito de mí, tiene que cumplirse.

38Ellos dijeron:

—Señor, aquí hay dos espadas.

Y él contestó:

—Basta ya de hablar.

Jesús ora en Getsemaní

(Mt 26.36-46; Mc 14.32-42)

39Luego Jesús salió y, según su costumbre, se fue al Monte de los Olivos; y los discípulos lo siguieron. 40Al llegar al lugar, les dijo:

—Oren, para que no caigan en tentación.

41Se alejó de ellos como a la distancia de un tiro de piedra, y se puso de rodillas para orar. 42Dijo: «Padre, si quieres, líbrame de este trago amargo; pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya.»

[ 43En esto se le apareció un ángel del cielo, para darle fuerzas. 44En medio de su gran sufrimiento, Jesús oraba aún más intensamente, y el sudor le caía a tierra como grandes gotas de sangre.]22.43-44 Varios mss. importantes omiten los vv. 43-44, impresos aquí entre corchetes.

45Cuando se levantó de la oración, fue a donde estaban los discípulos, y los encontró dormidos, vencidos por la tristeza. 46Les dijo:

—¿Por qué están durmiendo? Levántense y oren, para que no caigan en tentación.

Arrestan a Jesús

(Mt 26.47-56; Mc 14.43-50; Jn 18.2-11)

47Todavía estaba hablando Jesús, cuando llegó mucha gente. El que se llamaba Judas, que era uno de los doce discípulos, iba a la cabeza. Este se acercó a besar a Jesús, 48pero Jesús le dijo:

—Judas, ¿con un beso traicionas al Hijo del hombre?

49Los que estaban con Jesús, al ver lo que pasaba, le preguntaron:

—Señor, ¿atacamos con espada?

50Y uno de ellos hirió al criado del sumo sacerdote, cortándole la oreja derecha. 51Jesús dijo:

—Déjenlos; ya basta.

Y le tocó la oreja al criado, y lo sanó. 52Luego dijo a los jefes de los sacerdotes, a los oficiales del templo y a los ancianos, que habían venido a llevárselo:

—¿Por qué han venido ustedes con espadas y con palos, como si yo fuera un bandido? 53Todos los días he estado con ustedes en el templo,

22.53
Lc 19.47
21.37
Jn 18.19-21
y no trataron de arrestarme. Pero esta es la hora de ustedes, la hora del poder de las tinieblas.22.53 La hora del poder de las tinieblas: alusión a Satanás y a las fuerzas del mal; cf. Col 1.13.

Pedro niega conocer a Jesús

(Mt 26.57-58,69-75; Mc 14.53-54,66-72; Jn 18.12-18,25-27)

54Arrestaron entonces a Jesús y lo llevaron a la casa del sumo sacerdote. Pedro lo seguía de lejos. 55Allí, en medio del patio, habían hecho fuego, y se sentaron alrededor; y Pedro se sentó también entre ellos. 56En esto, una sirvienta, al verlo sentado junto al fuego, se quedó mirándolo y dijo:

—También este estaba con él.

57Pero Pedro lo negó, diciendo:

—Mujer, yo no lo conozco.

58Poco después, otro lo vio y dijo:

—Tú también eres de ellos.

Pedro contestó:

—No, hombre, no lo soy.

59Como una hora después, otro insistió:

—Seguro que este estaba con él. Además es de Galilea.

60Pedro dijo:

—Hombre, no sé de qué hablas.

En ese mismo momento, mientras Pedro aún estaba hablando, cantó un gallo. 61Entonces el Señor se volvió y miró a Pedro, y Pedro se acordó de que el Señor le había dicho: «Hoy, antes que el gallo cante, me negarás tres veces.»

22.61
Cf. v. 34.
62Y salió Pedro de allí y lloró amargamente.

Se burlan de Jesús

(Mt 26.67-68; Mc 14.65)

63Los hombres que estaban vigilando a Jesús se burlaban de él y lo golpeaban.

22.63-65
Jn 18.22-23
64Le taparon los ojos, y le preguntaban:

—¡Adivina quién te pegó!

65Y lo insultaban diciéndole otras muchas cosas.

Jesús ante la Junta Suprema

(Mt 26.59-66; Mc 14.55-64; Jn 18.19-24)

66Cuando se hizo de día, se reunieron los ancianos de los judíos, los jefes de los sacerdotes y los maestros de la ley, y llevaron a Jesús ante la Junta Suprema. Allí le preguntaron:

67—Dinos, ¿eres tú el Mesías?

Él les contestó:

—Si les digo que sí, no me van a creer. 68Y si les hago preguntas, no me van a contestar. 69Pero desde ahora el Hijo del hombre estará sentado a la derecha del Dios todopoderoso.

22.69
Sal 110.1
Hch 7.56

70Luego todos le preguntaron:

—¿Así que tú eres el Hijo de Dios?

Jesús les contestó:

—Ustedes mismos han dicho que lo soy.

71Entonces ellos dijeron:

—¿Qué necesidad tenemos de más testigos? Nosotros mismos lo hemos oído de sus propios labios.

23

Jesús ante Pilato

(Mt 27.1-2,11-14; Mc 15.1-5; Jn 18.28-38)

231Todos se levantaron, y llevaron a Jesús ante Pilato. 2En su presencia comenzaron a acusarlo, diciendo:

—Hemos encontrado a este hombre alborotando a nuestra nación. Dice que no debemos pagar impuestos al emperador,

23.2
Lc 20.20-26
y además afirma que él es el Mesías, el Rey.

3Pilato le preguntó:

—¿Eres tú el Rey de los judíos?

—Tú lo has dicho —contestó Jesús.

4Entonces Pilato dijo a los jefes de los sacerdotes y a la gente:

—No encuentro en este hombre razón para condenarlo.

5Pero ellos insistieron con más fuerza:

—Con sus enseñanzas está alborotando a todo el pueblo. Comenzó en Galilea, y ahora sigue haciéndolo aquí, en Judea.

Jesús ante Herodes

6Al oír esto, Pilato preguntó si el hombre era de Galilea. 7Y al saber que Jesús era de la jurisdicción de Herodes, se lo envió, pues él también se encontraba aquellos días en Jerusalén. 8Al ver a Jesús, Herodes se puso muy contento, porque durante mucho tiempo había querido verlo, pues había oído hablar de él y esperaba verlo hacer algún milagro.

23.8
Lc 9.9
Hch 4.26-28
9Le hizo muchas preguntas, pero Jesús no le contestó nada.
23.8-9
Mt 26.63
27.12,14
Jn 19.8-9Is 53.7
10También estaban allí los jefes de los sacerdotes y los maestros de la ley, que lo acusaban con gran insistencia. 11Entonces Herodes y sus soldados lo trataron con desprecio, y para burlarse de él lo vistieron con ropas lujosas, como de rey. Luego Herodes lo envió nuevamente a Pilato. 12Aquel día se hicieron amigos Pilato y Herodes, que antes eran enemigos.

Jesús es sentenciado a muerte

(Mt 27.15-26; Mc 15.6-15; Jn 18.39—19.16)

13Pilato reunió a los jefes de los sacerdotes, a las autoridades y al pueblo, 14y les dijo:

—Ustedes me trajeron a este hombre, diciendo que alborota al pueblo; pero yo lo he interrogado delante de ustedes y no lo he encontrado culpable de ninguna de las faltas de que lo acusan. 15Ni tampoco Herodes, puesto que nos lo ha devuelto. Ya ven, no ha hecho nada que merezca la pena de muerte. 16Lo voy a castigar y después lo dejaré libre.23.16 Algunos mss. añaden el v. 17: Durante la fiesta, Pilato tenía que dar gusto a la gente dejando libre a un preso (cf. Mt 27.15; Mc 15.6).

18Pero todos juntos comenzaron a gritar:

—¡Fuera con ese! ¡Déjanos libre a Barrabás!

19A este Barrabás lo habían metido en la cárcel por una rebelión ocurrida en la ciudad, y por un asesinato. 20Pilato, que quería dejar libre a Jesús, les habló otra vez; 21pero ellos gritaron más alto:

—¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!

22Por tercera vez Pilato les dijo:

—Pues ¿qué mal ha hecho? Yo no encuentro en él nada que merezca la pena de muerte. Lo voy a castigar y después lo dejaré libre.

23Pero ellos insistían a gritos, pidiendo que lo crucificara; y tanto gritaron que consiguieron lo que querían. 24Pilato decidió hacer lo que le estaban pidiendo; 25así que dejó libre al hombre que habían escogido, el que estaba en la cárcel por rebelión y asesinato, y entregó a Jesús a la voluntad de ellos.

Jesús es crucificado

(Mt 27.32-44; Mc 15.21-32; Jn 19.17-27)

26Cuando llevaron a Jesús a crucificarlo, echaron mano de un hombre de Cirene llamado Simón, que venía del campo, y lo hicieron cargar con la cruz y llevarla detrás de Jesús.

27Mucha gente y muchas mujeres que lloraban y gritaban de tristeza por él, lo seguían. 28Pero Jesús las miró y les dijo:

—Mujeres de Jerusalén, no lloren por mí, sino por ustedes mismas y por sus hijos. 29Porque vendrán días en que se dirá: “Dichosas las que no pueden tener hijos, las mujeres que no dieron a luz ni tuvieron hijos que criar.”

23.29
Cf.
30Entonces comenzará la gente a decir a los montes: “¡Caigan sobre nosotros!”, y a las colinas: “¡Escóndannos!” 31Porque si con el árbol verde hacen todo esto, ¿qué no harán con el seco?

32También llevaban a dos criminales, para crucificarlos junto con Jesús. 33Cuando llegaron al sitio llamado La Calavera,23.33 La Calavera: Mt 27.33. Véase Gólgota en el Índice temático. crucificaron a Jesús y a los dos criminales, uno a su derecha y otro a su izquierda. [ 34Jesús dijo: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.»]23.34 Cf. Is 53.12; Hch 7.60. El texto entre corchetes falta en algunos mss. de reconocida autoridad.

Y los soldados echaron suertes para repartirse entre sí la ropa de Jesús.

23.34
Alusión al
35La gente estaba allí mirando; y hasta las autoridades se burlaban de él, diciendo:

—Salvó a otros; que se salve a sí mismo ahora, si de veras es el Mesías de Dios y su escogido.

36Los soldados también se burlaban de Jesús. Se acercaban y le daban a beber vino agrio,

23.36
Cf.
37diciéndole:

—¡Si tú eres el Rey de los judíos, sálvate a ti mismo!

38Y había un letrero sobre su cabeza, que decía: «Este es el Rey de los judíos.»

39Uno de los criminales que estaban colgados, lo insultaba:

—¡Si tú eres el Mesías, sálvate a ti mismo y sálvanos también a nosotros!

40Pero el otro reprendió a su compañero, diciéndole:

—¿No tienes temor de Dios, tú que estás bajo el mismo castigo? 41Nosotros estamos sufriendo con toda razón, porque estamos pagando el justo castigo de lo que hemos hecho; pero este hombre no hizo nada malo.

42Luego añadió:

—Jesús, acuérdate de mí cuando comiences a reinar.

43Jesús le contestó:

—Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso.

Muerte de Jesús

(Mt 27.45-56; Mc 15.33-41; Jn 19.28-30)

44Desde el mediodía y hasta las tres de la tarde, toda la tierra quedó en oscuridad. 45El sol dejó de brillar, y el velo23.45 El velo: Cf. Ex 26.31-33. del templo se rasgó por la mitad. 46Jesús gritó con fuerza y dijo:

—¡Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu!

23.46
Sal 31.5
Hch 7.59

Y al decir esto, murió.

47Cuando el capitán romano vio lo que había pasado, alabó a Dios, diciendo:

—De veras, este hombre era inocente.

48Toda la multitud que estaba presente y que vio lo que había pasado, se fue de allí golpeándose el pecho. 49Todos los conocidos de Jesús se mantenían a distancia;

23.49
Sal 38.11
también las mujeres que lo habían seguido desde Galilea23.49 Las mujeres: Lc 8.1-3. estaban allí mirando.

Jesús es sepultado

(Mt 27.57-61; Mc 15.42-47; Jn 19.38-42)

50-51Había un hombre bueno y justo llamado José, natural de Arimatea, un pueblo de Judea. Pertenecía a la Junta Suprema de los judíos. Este José, que esperaba el reino de Dios y que no estuvo de acuerdo con lo que la Junta había hecho, 52fue a ver a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús. 53Después de bajarlo de la cruz, lo envolvió en una sábana de lino y lo puso en un sepulcro excavado en una peña, donde todavía no habían sepultado a nadie. 54Era el día de la preparación23.54 Día de la preparación: Véase Mt 27.62 n. para el sábado, que ya estaba a punto de comenzar.

55Las mujeres que habían acompañado a Jesús desde Galilea, fueron y vieron el sepulcro, y se fijaron en cómo habían puesto el cuerpo. 56Cuando volvieron a casa, prepararon perfumes y ungüentos.

23.56
Cf.

Anuncio de la resurrección de Jesús

(Mt 28.1-10; Mc 16.1-8; Jn 20.1-10)

Las mujeres descansaron el sábado, conforme al mandamiento,

24

241pero el primer día de la semana regresaron al sepulcro muy temprano, llevando los perfumes que habían preparado. 2Al llegar, se encontraron con que la piedra que tapaba el sepulcro no estaba en su lugar; 3y entraron, pero no encontraron el cuerpo del Señor Jesús. 4No sabían qué pensar de esto, cuando de pronto vieron a dos hombres de pie junto a ellas, vestidos con ropas brillantes. 5Llenas de miedo, se inclinaron hasta el suelo; pero aquellos hombres les dijeron:

—¿Por qué buscan ustedes entre los muertos al que está vivo? 6No está aquí, sino que ha resucitado. Acuérdense de lo que les dijo cuando todavía estaba en Galilea: 7que el Hijo del hombre tenía que ser entregado en manos de pecadores, que lo crucificarían y que al tercer día resucitaría.

24.6-7
Lc 9.22
18.31-33

8Entonces ellas se acordaron de las palabras de Jesús, 9y al regresar del sepulcro contaron todo esto a los once apóstoles y a todos los demás. 10Las que llevaron la noticia a los apóstoles fueron María Magdalena, Juana, María madre de Santiago, y las otras mujeres.

24.10
Lc 8.2-3
11Pero a los apóstoles les pareció una locura lo que ellas decían, y no querían creerles.

12Sin embargo, Pedro se fue corriendo al sepulcro; y cuando miró dentro, no vio más que las sábanas. Entonces volvió a casa, admirado de lo que había sucedido.

En el camino a Emaús

(Mc 16.12-13)

13Aquel mismo día, dos de los discípulos se dirigían a un pueblo llamado Emaús, a unos once kilómetros de Jerusalén. 14Iban hablando de todo lo que había pasado. 15Mientras conversaban y discutían, Jesús mismo se acercó y comenzó a caminar con ellos. 16Pero aunque lo veían, algo les impedía darse cuenta de quién era. 17Jesús les preguntó:

—¿De qué van hablando ustedes por el camino?

Se detuvieron tristes, 18y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, contestó:

—¿Eres tú el único que ha estado alojado en Jerusalén y que no sabe lo que ha pasado allí en estos días?

19Él les preguntó:

—¿Qué ha pasado?

Le dijeron:

—Lo de Jesús de Nazaret, que era un profeta24.19 Profeta: Lc 7.16; 13.33; Hch 3.22. poderoso en hechos y en palabras delante de Dios y de todo el pueblo; 20y cómo los jefes de los sacerdotes y nuestras autoridades lo entregaron para que lo condenaran a muerte y lo crucificaran. 21Nosotros teníamos la esperanza de que él sería el que había de libertar a la nación de Israel. Pero ya hace tres días que pasó todo eso. 22Aunque algunas de las mujeres que están con nosotros nos han asustado, pues fueron de madrugada al sepulcro, 23y como no encontraron el cuerpo, volvieron a casa. Y cuentan que unos ángeles se les han aparecido y les han dicho que Jesús vive. 24Algunos de nuestros compañeros fueron después al sepulcro y lo encontraron tal como las mujeres habían dicho, pero a Jesús no lo vieron.

25Entonces Jesús les dijo:

—¡Qué faltos de comprensión son ustedes y qué lentos para creer todo lo que dijeron los profetas!

24.25
Cf.
26¿Acaso no tenía que sufrir el Mesías estas cosas antes de ser glorificado?
24.26
Cf.

27Luego se puso a explicarles todos los pasajes de las Escrituras que hablaban de él, comenzando por los libros de Moisés y siguiendo por todos los libros de los profetas.

28Al llegar al pueblo adonde se dirigían, Jesús hizo como que iba a seguir adelante. 29Pero ellos lo obligaron a quedarse, diciendo:

—Quédate con nosotros, porque ya es tarde. Se está haciendo de noche.

Jesús entró, pues, para quedarse con ellos. 30Cuando ya estaban sentados a la mesa, tomó en sus manos el pan, y habiendo dado gracias a Dios, lo partió y se lo dio. 31En ese momento se les abrieron los ojos y reconocieron a Jesús; pero él desapareció.

24.30-31
Cf.
32Y se dijeron el uno al otro:

—¿No es verdad que el corazón nos ardía en el pecho cuando nos venía hablando por el camino y nos explicaba las Escrituras?

33Sin esperar más, se pusieron en camino y volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los once apóstoles y a sus compañeros, 34que les dijeron:

—De veras ha resucitado el Señor, y se le ha aparecido a Simón.

24.34
Cf.

35Entonces ellos dos les contaron lo que les había pasado en el camino, y cómo reconocieron a Jesús cuando partió el pan.

Jesús se aparece a los discípulos

(Mt 28.16-20; Mc 16.14-18; Jn 20.19-23)

36Estaban todavía hablando de estas cosas, cuando Jesús se puso en medio de ellos y los saludó diciendo:

—Paz a ustedes.

37Ellos se asustaron mucho, pensando que estaban viendo un espíritu. 38Pero Jesús les dijo:

—¿Por qué están asustados? ¿Por qué tienen esas dudas en su corazón? 39Miren mis manos y mis pies. Soy yo mismo. Tóquenme y vean: un espíritu no tiene carne ni huesos, como ustedes ven que tengo yo.

40Al decirles esto, les enseñó las manos y los pies. 41Pero como ellos no acababan de creerlo, a causa de la alegría y el asombro que sentían, Jesús les preguntó:

—¿Tienen aquí algo que comer?

42Le dieron un pedazo de pescado asado,24.42 Algunos mss. añaden y un panal de miel. 43y él lo aceptó y lo comió en su presencia.

24.43
Hch 10.41
44Luego les dijo:

—Lo que me ha pasado es aquello que les anuncié cuando estaba todavía con ustedes: que había de cumplirse todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los libros de los profetas y en los salmos.

45Entonces hizo que entendieran las Escrituras, 46y les dijo:

—Está escrito que el Mesías tenía que morir, y resucitar al tercer día,

24.46
Cf.
47y que en su nombre se anunciará a todas las naciones que se vuelvan a Dios, para que él les perdone sus pecados. Comenzando desde Jerusalén, 48ustedes deben dar testimonio de estas cosas.
24.47-48
Hch 1.8
49Y yo enviaré sobre ustedes lo que mi Padre prometió.24.49 Lo que mi Padre prometió: es decir, el Espíritu Santo (Hch 1.4; 2.33). Pero ustedes quédense aquí, en la ciudad de Jerusalén, hasta que reciban el poder que viene del cielo.
24.47-49
Cf.

Jesús sube al cielo
24.50-53
Cf.

(Mc 16.19-20)

50Luego Jesús los llevó fuera de la ciudad, hasta Betania, y alzando las manos los bendijo. 51Y mientras los bendecía, se apartó de ellos y fue llevado al cielo. 52Ellos, después de adorarlo, volvieron a Jerusalén muy contentos. 53Y estaban siempre en el templo, alabando a Dios.