Dios habla Hoy (DHH)
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21Toquen la trompeta en el monte Sión;

den el toque de alarma en el santo monte del Señor.

Tiemblen todos los que viven en Judá,

porque ya está cerca el día del Señor:

2día de oscuridad y tinieblas,

día de nubes y sombras.

El ataque de las langostas

Un ejército fuerte y numeroso

se ha desplegado sobre los montes

como la luz del amanecer.

Nunca antes se vio, ni se verá jamás,

nada que se le parezca.

3Son como el fuego, que todo lo devora;

que ya quema antes de pasar,

y aun después que ha pasado.

La tierra, que antes de su llegada era un paraíso,

cuando se van parece un desierto.

¡No hay nada que se les escape!

4Su aspecto es como de caballos, corren como jinetes

5y su estruendo al saltar sobre los montes

es como el estruendo de los carros de guerra,

como el crujir de las hojas secas que arden en el fuego.

Son como un ejército poderoso

en formación de batalla.

6La gente tiembla al verlas,

y todas las caras palidecen.

7Como valientes hombres de guerra,

corren, trepan por los muros

y avanzan de frente,

sin torcer ninguna su camino.

8No se atropellan unas a otras;

cada una sigue su camino,

y se lanzan entre las flechas

sin romper la formación.

9Asaltan la ciudad,

corren sobre los muros,

trepan por las casas

y como ladrones se cuelan por las ventanas.

10La tierra tiembla ante ellas,

el cielo se estremece,

el sol y la luna se oscurecen

y las estrellas pierden su brillo.

11El Señor, al frente de su ejército,

hace oír su voz de trueno.

Muy numeroso es su ejército;

incontables los que cumplen sus órdenes.

¡Qué grande y terrible es el día del Señor!

No hay quien pueda resistirlo.

La misericordia del Señor

12«Pero ahora —lo afirma el Señor—,

vuélvanse a mí de todo corazón.

¡Ayunen, griten y lloren!»

13¡Vuélvanse ustedes al Señor su Dios,

y desgárrense el corazón

en vez de desgarrarse la ropa!

Porque el Señor es tierno y compasivo,

paciente y todo amor,

dispuesto siempre a levantar el castigo.

14Tal vez decida no castigarlos a ustedes,

y les envíe bendición:

cereales y vino

para las ofrendas del Señor su Dios.

15¡Toquen la trompeta en el monte Sión!

Convoquen al pueblo y proclamen ayuno;

16reúnan al pueblo de Dios, y purifíquenlo;

reúnan a los ancianos, a los niños

y aun a los niños de pecho.

¡Que hasta los recién casados

salgan de la habitación nupcial!

17Lloren los sacerdotes, los ministros del Señor,

y digan entre el vestíbulo y el altar:2.17 Entre el vestíbulo y el altar: es decir, entre la parte delantera del edificio mismo del templo (cf. 1~R 6.3) y el altar de bronce ubicado en el atrio, donde se ofrecían los sacrificios (2~Cr 4.1,9). Cf. Ez 8.16; 1~Mac 7.36-37; Mt 23.35; Lc 11.51.

«Perdona, Señor, a tu pueblo;

no dejes que nadie se burle de los tuyos;

no dejes que otras naciones los dominen

y que los paganos digan:

“¿Dónde está su Dios?”»

18Entonces el Señor mostró su amor por su país; compadecido de su pueblo, 19dijo:

«Voy a enviarles trigo, vino y aceite,

hasta que queden satisfechos;

y no volveré a permitir

que los paganos se burlen de ustedes.

20Alejaré de ustedes las langostas que vienen del norte,2.20 Que vienen del norte: Muchas invasiones llegaron a Palestina desde el norte. Por eso, esta expresión sugería la idea de calamidad y destrucción (cf. Jer 1.14-15; 4.6; 6.1; Ez 38.6; 39.2).

y las echaré al desierto.

Ahogaré su vanguardia en el Mar Muerto

y su retaguardia en el Mediterráneo,

y sus cuerpos se pudrirán y apestarán.

¡Voy a hacer grandes cosas!»

21Alégrate mucho, tierra, y no tengas miedo,

porque el Señor va a hacer grandes cosas.

22No tengan miedo, animales salvajes,

pues los pastizales reverdecerán,

los árboles darán su fruto,

y habrá higos y uvas en abundancia.

23¡Alégrense ustedes, habitantes de Sión,

alégrense en el Señor su Dios!

Él les ha dado las lluvias en el momento oportuno,

las lluvias de invierno y de primavera,2.23 Las lluvias de invierno comenzaban en octubre-noviembre, poco antes de la siembra; las lluvias de primavera, en marzo-abril, cuando ya estaban madurando las cosechas.

tal como antes lo hacía.

24Habrá una buena cosecha de trigo

y gran abundancia de vino y aceite.

25«Yo les compensaré a ustedes

los años que perdieron

a causa de la plaga de langostas,

de ese ejército destructor

que envié contra ustedes.

26Ustedes comerán hasta quedar satisfechos,

y alabarán al Señor su Dios,

pues yo hice por ustedes grandes maravillas.

Nunca más quedará mi pueblo cubierto de vergüenza,

27y ustedes, israelitas, habrán de reconocer

que yo, el Señor, estoy con ustedes,

que yo soy su Dios, y nadie más.

¡Nunca más quedará mi pueblo cubierto de vergüenza!

Viene el espíritu de Dios

28 28 (3.1) »Después de estas cosas

derramaré mi espíritu sobre toda la humanidad:

los hijos e hijas de ustedes

profetizarán,

los viejos tendrán sueños

y los jóvenes visiones.

29 29 (3.2) También sobre siervos y siervas

derramaré mi espíritu en aquellos días;

30 30 (3.3) mostraré en el cielo grandes maravillas,

y sangre, fuego y nubes de humo en la tierra.

31 31 (3.4) El sol se volverá oscuridad,

y la luna como sangre,

antes que llegue el día del Señor,

día grande y terrible.»

32 32 (3.5) Pero todos los que invoquen el nombre del Señor

lograrán salvarse

2.28-32a
Hch 2.17-21
de la muerte,

pues en el monte Sión, en Jerusalén,

estará la salvación,

tal como el Señor lo ha prometido.

Los que él ha escogido quedarán con vida.2.32 Este anuncio de salvación se refiere probablemente a los habitantes de Judá y quizá también a los israelitas de la diáspora; las naciones, en cambio, estarán sometidas al juicio de Dios (cf. Jl 3.2,9-13). En Ro 10.12-13, Pablo cita este v. dándole un alcance universal: la salvación llega por igual a judíos y a no judíos.

3

31 1 (4.1) «Cuando llegue ese momento —dice el Señor—,

haré que cambie la suerte de Judá y Jerusalén.

2 2 (4.2) Reuniré a todas las naciones,

las llevaré al valle de Josafat3.2 En hebreo, Josafat significa El Señor juzga. En el v. 14, este valle recibe el nombre de valle de la Decisión. Se ha identificado tradicionalmente con el valle de Cedrón aunque es más probable que el profeta haya querido usar un nombre simbólico, sin referirse a un lugar determinado.

y allí las juzgaré por lo que hicieron con mi pueblo Israel.

Pues dispersaron a los israelitas por todo el mundo,

y se repartieron mi país.3.2 Acerca del juicio general a las naciones, cf. Is 66.16; Jer 25.31; Sof 3.8; Mt 25.31-46.

3 3 (4.3) Se repartieron mi pueblo echándolo a suertes,

vendieron a los niños y a las niñas,

y luego se gastaron el dinero

en vino y prostitutas.

Juicio del Señor contra las naciones

4 4 (4.4) »¿Qué quieren ustedes de mí, Tiro, Sidón y Filistea? ¿Quieren vengarse de mí? ¿Quieren cobrarse algo? ¡Pues muy pronto les daré su merecido! 5 5 (4.5) Ustedes robaron mi plata y mi oro, y se llevaron mis tesoros a sus templos. 6 6 (4.6) Se llevaron lejos a la gente de Judá, a los habitantes de Jerusalén, y los vendieron como esclavos a los griegos. 7 7 (4.7) Pero yo voy a sacarlos del lugar donde los vendieron, y voy a hacer que ustedes sufran la misma suerte. 8 8 (4.8) Venderé sus hijos e hijas a los judíos, para que ellos los vendan a los sabeos, gente de tierras lejanas. Yo, el Señor, lo he dicho.»

9 9 (4.9) Anuncien esto a las naciones:3.9 El fin de los tiempos se describe a veces como una gran batalla, en la que el Señor triunfará sobre las fuerzas del mal y hará prevalecer la justicia (cf. Ez 39.1-10).

¡Declaren la guerra santa!

¡Llamen a los valientes!

¡Que vengan y avancen los guerreros!

10 10 (4.10) Que hagan espadas de sus azadones

y lanzas de sus hoces,

y que el débil diga: «¡Yo soy fuerte!»

11 11 (4.11) Todas ustedes, naciones vecinas,

¡dense prisa, vengan a reunirse!

¡Que aun el pacífico se convierta en un guerrero!

12 12 (4.12) Prepárense las naciones

y acudan al valle de Josafat,

pues allí juzgará el Señor

a todas las naciones vecinas.

13 13 (4.13) Porque ellos son tan malvados,

córtenlos como a trigo maduro,

pues ya es el tiempo de la cosecha;

aplástenlos como a uvas,

pues ya está todo listo para hacer el vino.

14 14 (4.14) Hay grandes multitudes en el valle de la Decisión,

porque ya está cerca el día del Señor.

15 15 (4.15) El sol y la luna se oscurecen

y las estrellas pierden su brillo.

16 16 (4.16) Cuando el Señor hace oír su voz de trueno

desde el monte Sión, en Jerusalén,

el cielo y la tierra se ponen a temblar.

Pero el Señor es un refugio protector

para los israelitas, que son su pueblo.

Futuro glorioso de Judá

17 17 (4.17) «Ustedes reconocerán que yo, el Señor su Dios,

vivo en Sión, mi santo monte.

Jerusalén será una ciudad santa:

jamás volverán a conquistarla los extranjeros.

18 18 (4.18) En aquel día, el vino y la leche

correrán como agua por montes y colinas,

y los arroyos de Judá llevarán agua en abundancia.

De mi templo brotará un manantial

que regará el valle de Sitim.3.18 El valle de Sitim: según algunos intérpretes, es la continuación del valle de Cedrón, regado abundantemente por el manantial que brotará del templo; otros lo sitúan en el país de Moab (cf. Nm 25.1; Jos 2.1). También podría tratarse de un símbolo de prosperidad y felicidad, ya que Sitim, en hebreo, puede significar acacias. El día del Señor no culminará con destrucción, sino con el triunfo de la justicia.

19 19 (4.19) Egipto quedará en ruinas,

y Edom será convertido en un desierto,

porque atacaron a los habitantes de Judá

y en su país derramaron sangre inocente.

20-21 20-21 (4.20-21) Yo vengaré su muerte; no perdonaré al culpable.

Pero Judá y Jerusalén estarán siempre habitadas,

y yo, el Señor, viviré en el monte Sión.»