Dios habla Hoy (DHH)
1

Las langostas arruinan las cosechas

11Este es el mensaje que el Señor dirigió a Joel, hijo de Petuel.

2Oigan bien esto, ancianos,

y todos ustedes, habitantes del país.

¿Han visto ustedes nunca cosa semejante?

¿Se vio nunca cosa igual en tiempos de sus padres?

3Cuéntenlo a sus hijos,

y que ellos lo cuenten a los suyos,

y estos a los que nazcan después.

4Todo se lo comieron las langostas:1.4 El texto hebreo se refiere a las langostas con cuatro términos diferentes, cuyo significado exacto es objeto de discusión. Según algunos intérpretes, se trataría de cuatro variedades o especies distintas; según otros, esos términos designan cuatro etapas en el desarrollo biológico de tales insectos. También se ha sugerido que la mención de cuatro clases de langostas significa la destrucción total.

lo que unas dejaron, otras vinieron y lo devoraron.

5¡Ustedes, borrachos, despierten!

¡Échense a llorar, bebedores de vino,

porque aun el jugo de la uva les van a quitar!

6Pues la langosta, como un ejército fuerte y numeroso,

de dientes de león y colmillos de leona,

ha invadido mi país.

7Ha destruido nuestros viñedos,

ha destrozado nuestras higueras;

las ha pelado por completo,

hasta dejar blancas sus ramas.

8Como novia que llora y se viste de luto

por la muerte de su prometido,

9así lloran los sacerdotes

porque en el templo ya no hay cereales ni vino

para las ofrendas del Señor.

10Los campos están desolados;

las tierras están de luto.

El trigo se ha perdido,

los viñedos se han secado

y los olivos están marchitos.

11Ustedes, los que trabajan en campos y viñedos,

lloren entristecidos,

pues se echaron a perder las siembras

y las cosechas de trigo y de cebada.

12Se han secado los viñedos

y se han perdido las higueras.

Secos quedaron también

los granados, las palmeras, los manzanos

y todos los árboles del campo.

¡Así se ha perdido la alegría de toda la gente!

13Ustedes, sacerdotes, ministros del altar,

vístanse de ropas ásperas y lloren de dolor,

porque en el templo de su Dios

ya no hay cereales ni vino para las ofrendas.

14Convoquen al pueblo y proclamen ayuno;

junten en el templo del Señor su Dios

a los ancianos y a todos los habitantes del país,

e invoquen al Señor.

15¡Ay, se acerca el día del Señor!1.15 La catástrofe natural es una señal que preanuncia la llegada del día del Señor, tema central de este libro (Jl 2.1-2; 2.31; 3.14). Cf. Am 5.18-20; Sof 1.14-18.

¡Día terrible, que nos trae destrucción

de parte del Todopoderoso!

16Ante nuestros ojos nos quitaron la comida,

y se acabó la alegría en el templo de nuestro Dios.

17La semilla murió en el surco,

el trigo se ha perdido

y los graneros están en ruinas.

18¡Cómo muge el ganado!

En vano buscan pasto las vacas;

los rebaños de ovejas se están muriendo.

19¡A ti clamo, Señor,

pues el fuego ha quemado

la hierba del desierto y los árboles del campo!

20¡Aun los animales salvajes claman a ti,

porque se han secado los arroyos

y el fuego quema los pastizales!

2

21Toquen la trompeta en el monte Sión;

den el toque de alarma en el santo monte del Señor.

Tiemblen todos los que viven en Judá,

porque ya está cerca el día del Señor:

2día de oscuridad y tinieblas,

día de nubes y sombras.

El ataque de las langostas

Un ejército fuerte y numeroso

se ha desplegado sobre los montes

como la luz del amanecer.

Nunca antes se vio, ni se verá jamás,

nada que se le parezca.

3Son como el fuego, que todo lo devora;

que ya quema antes de pasar,

y aun después que ha pasado.

La tierra, que antes de su llegada era un paraíso,

cuando se van parece un desierto.

¡No hay nada que se les escape!

4Su aspecto es como de caballos, corren como jinetes

5y su estruendo al saltar sobre los montes

es como el estruendo de los carros de guerra,

como el crujir de las hojas secas que arden en el fuego.

Son como un ejército poderoso

en formación de batalla.

6La gente tiembla al verlas,

y todas las caras palidecen.

7Como valientes hombres de guerra,

corren, trepan por los muros

y avanzan de frente,

sin torcer ninguna su camino.

8No se atropellan unas a otras;

cada una sigue su camino,

y se lanzan entre las flechas

sin romper la formación.

9Asaltan la ciudad,

corren sobre los muros,

trepan por las casas

y como ladrones se cuelan por las ventanas.

10La tierra tiembla ante ellas,

el cielo se estremece,

el sol y la luna se oscurecen

y las estrellas pierden su brillo.

11El Señor, al frente de su ejército,

hace oír su voz de trueno.

Muy numeroso es su ejército;

incontables los que cumplen sus órdenes.

¡Qué grande y terrible es el día del Señor!

No hay quien pueda resistirlo.

La misericordia del Señor

12«Pero ahora —lo afirma el Señor—,

vuélvanse a mí de todo corazón.

¡Ayunen, griten y lloren!»

13¡Vuélvanse ustedes al Señor su Dios,

y desgárrense el corazón

en vez de desgarrarse la ropa!

Porque el Señor es tierno y compasivo,

paciente y todo amor,

dispuesto siempre a levantar el castigo.

14Tal vez decida no castigarlos a ustedes,

y les envíe bendición:

cereales y vino

para las ofrendas del Señor su Dios.

15¡Toquen la trompeta en el monte Sión!

Convoquen al pueblo y proclamen ayuno;

16reúnan al pueblo de Dios, y purifíquenlo;

reúnan a los ancianos, a los niños

y aun a los niños de pecho.

¡Que hasta los recién casados

salgan de la habitación nupcial!

17Lloren los sacerdotes, los ministros del Señor,

y digan entre el vestíbulo y el altar:2.17 Entre el vestíbulo y el altar: es decir, entre la parte delantera del edificio mismo del templo (cf. 1~R 6.3) y el altar de bronce ubicado en el atrio, donde se ofrecían los sacrificios (2~Cr 4.1,9). Cf. Ez 8.16; 1~Mac 7.36-37; Mt 23.35; Lc 11.51.

«Perdona, Señor, a tu pueblo;

no dejes que nadie se burle de los tuyos;

no dejes que otras naciones los dominen

y que los paganos digan:

“¿Dónde está su Dios?”»

18Entonces el Señor mostró su amor por su país; compadecido de su pueblo, 19dijo:

«Voy a enviarles trigo, vino y aceite,

hasta que queden satisfechos;

y no volveré a permitir

que los paganos se burlen de ustedes.

20Alejaré de ustedes las langostas que vienen del norte,2.20 Que vienen del norte: Muchas invasiones llegaron a Palestina desde el norte. Por eso, esta expresión sugería la idea de calamidad y destrucción (cf. Jer 1.14-15; 4.6; 6.1; Ez 38.6; 39.2).

y las echaré al desierto.

Ahogaré su vanguardia en el Mar Muerto

y su retaguardia en el Mediterráneo,

y sus cuerpos se pudrirán y apestarán.

¡Voy a hacer grandes cosas!»

21Alégrate mucho, tierra, y no tengas miedo,

porque el Señor va a hacer grandes cosas.

22No tengan miedo, animales salvajes,

pues los pastizales reverdecerán,

los árboles darán su fruto,

y habrá higos y uvas en abundancia.

23¡Alégrense ustedes, habitantes de Sión,

alégrense en el Señor su Dios!

Él les ha dado las lluvias en el momento oportuno,

las lluvias de invierno y de primavera,2.23 Las lluvias de invierno comenzaban en octubre-noviembre, poco antes de la siembra; las lluvias de primavera, en marzo-abril, cuando ya estaban madurando las cosechas.

tal como antes lo hacía.

24Habrá una buena cosecha de trigo

y gran abundancia de vino y aceite.

25«Yo les compensaré a ustedes

los años que perdieron

a causa de la plaga de langostas,

de ese ejército destructor

que envié contra ustedes.

26Ustedes comerán hasta quedar satisfechos,

y alabarán al Señor su Dios,

pues yo hice por ustedes grandes maravillas.

Nunca más quedará mi pueblo cubierto de vergüenza,

27y ustedes, israelitas, habrán de reconocer

que yo, el Señor, estoy con ustedes,

que yo soy su Dios, y nadie más.

¡Nunca más quedará mi pueblo cubierto de vergüenza!

Viene el espíritu de Dios

28 28 (3.1) »Después de estas cosas

derramaré mi espíritu sobre toda la humanidad:

los hijos e hijas de ustedes

profetizarán,

los viejos tendrán sueños

y los jóvenes visiones.

29 29 (3.2) También sobre siervos y siervas

derramaré mi espíritu en aquellos días;

30 30 (3.3) mostraré en el cielo grandes maravillas,

y sangre, fuego y nubes de humo en la tierra.

31 31 (3.4) El sol se volverá oscuridad,

y la luna como sangre,

antes que llegue el día del Señor,

día grande y terrible.»

32 32 (3.5) Pero todos los que invoquen el nombre del Señor

lograrán salvarse

2.28-32a
Hch 2.17-21
de la muerte,

pues en el monte Sión, en Jerusalén,

estará la salvación,

tal como el Señor lo ha prometido.

Los que él ha escogido quedarán con vida.2.32 Este anuncio de salvación se refiere probablemente a los habitantes de Judá y quizá también a los israelitas de la diáspora; las naciones, en cambio, estarán sometidas al juicio de Dios (cf. Jl 3.2,9-13). En Ro 10.12-13, Pablo cita este v. dándole un alcance universal: la salvación llega por igual a judíos y a no judíos.