Dios habla Hoy (DHH)
8
Bildad

81-2¿Hasta cuándo vas a seguir hablando así,

hablando como un viento huracanado?

3Dios, el Todopoderoso,

nunca tuerce la justicia ni el derecho.

4Seguramente tus hijos pecaron contra Dios,

y él les dio el castigo merecido.

5Busca a Dios, al Todopoderoso,

y pídele que tenga compasión de ti.

6Si tú actúas con pureza y rectitud,

él velará por ti, y te dará

el hogar que justamente mereces.

7La riqueza que tenías no será nada

comparada con lo que tendrás después.

8Consulta a las generaciones pasadas,

aprende de la experiencia de los antiguos.

9Nosotros somos apenas de ayer, y nada sabemos;

nuestros días en esta tierra pasan como una sombra.

10Pero los antiguos podrán hablarte

y enseñarte muchas cosas.

11El junco y el papiro

crecen solo donde abunda el agua;

12sin embargo, estando aún verdes y sin cortar,

se secan antes que otras hierbas.

13Lo mismo pasa con los malvados,

con los que se olvidan de Dios:

sus esperanzas quedan frustradas.

14Su confianza y su seguridad

son como el hilo de una telaraña.

15Querrán agarrarse al hilo, y no resistirá;

o apoyarse en la telaraña, y no los soportará.

16Los malvados son como verdes hierbas al sol,

que se extienden por todo el jardín;

17enredan sus raíces entre las rocas

y se adhieren a las piedras,

18pero si alguien las arranca de su sitio

nadie podrá saber que estuvieron allí.

19Así termina su prosperidad,

y en su lugar brotan otras hierbas.

20Dios no abandona al hombre intachable,

ni brinda su apoyo a los malvados.

21Él hará que vuelvas a reír

y que grites de alegría;

22en cambio, tus enemigos se cubrirán de vergüenza

y la casa de los malvados será destruida.

9
Job

91-2Yo sé muy bien que esto es así,

y que ante Dios el hombre no puede alegar inocencia.

3Si alguno quisiera discutir con él,

de mil argumentos no podría rebatirle uno solo.

4Dios es grande en poder y sabiduría,

¿quién podrá hacerle frente y salir bien librado?

5Dios, en su furor, remueve las montañas;

las derrumba, y nadie se da cuenta.

6Él hace que la tierra se sacuda

y que sus bases se estremezcan.

7Él ordena al sol que no salga,

y a las estrellas, que no brillen.

8Sin ayuda de nadie extendió el cielo

y aplastó al monstruo del mar.

9Él creó las constelaciones:

la Osa Mayor, el Orión y las Pléyades,

y el grupo de estrellas del sur.

10¡Él hace tantas y tan grandes maravillas,

cosas que nadie es capaz de comprender!

11Si Dios pasa junto a mí, no lo podré ver;

pasará y no me daré cuenta.

12Si de algo se adueña, ¿quién podrá reclamárselo?

¿Quién podrá pedirle cuentas de lo que hace?

13Si Dios se enoja, no se calma fácilmente;

a sus pies quedan humillados los aliados de Rahab.9.13 Rahab: monstruo mitológico que para los antiguos simbolizaba los poderes enemigos de Dios. Cf. Sal 87.4; Job 26.12; Is 51.9.

14¿Cómo, pues, encontraré palabras

para contradecir a Dios?

15Por muy inocente que yo sea, no puedo responderle;

él es mi juez, y solo puedo pedirle compasión.

16Si yo lo llamara a juicio, y él se presentara,

no creo que hiciera caso a mis palabras.

17Haría que me azotara una tempestad,

y aumentaría mis heridas sin motivo;

18me llenaría de amargura

y no me dejaría tomar aliento.

19¿Acudir a la fuerza? Él es más poderoso.

¿Citarlo a juicio? ¿Y quién lo hará presentarse?

20Por más recto e intachable que yo fuera,

él me declararía culpable y malo.

21Yo soy inocente, pero poco importa;

ya estoy cansado de vivir.

22Todo es lo mismo. Y esto es lo que pienso:

que él destruye lo mismo a culpables que a inocentes.

23Si en un desastre muere gente inocente,

Dios se ríe de su desesperación.

24Deja el mundo en manos de los malvados

y a los jueces les venda los ojos.

Y si no ha sido Dios, ¿quién, entonces?

25Mis días huyen en veloz carrera,

sin haber visto la felicidad.

26Se van como barcos ligeros,

como águila que se lanza tras la presa.

27Si trato de olvidar mis penas

y de parecer alegre,

28todo mi dolor vuelve a asustarme,

pues sé que Dios no me cree inocente.

29Y si él me tiene por culpable,

de nada sirve que yo me esfuerce.

30Aunque me lave las manos con jabón

y me las frote con lejía,

31Dios me hundirá en el fango,

y hasta mi ropa sentirá asco de mí.

32Yo no puedo encararme con Dios como con otro hombre,

ni decirle que vayamos los dos a un tribunal.

33¡Ojalá entre nosotros hubiera un juez

que tuviera autoridad sobre los dos,

34que impidiera que Dios me siga castigando

y me siga llenando de terror!

35Entonces yo hablaría sin tenerle miedo,

pues no creo haberle faltado.

10

101¡Ya estoy cansado de vivir!

Voy a desahogarme con mis quejas,

voy a dar rienda suelta a mi amargura.

2¡Oh Dios, no me declares culpable!

¡Dime de qué me acusas!

3Siendo así que tú mismo me creaste,

¿te parece bien maltratarme y despreciarme,

y mostrarte favorable a los planes de los malos?

4¿Acaso ves las cosas como las ven los hombres?

5¿Acaso es tu vida tan corta como la de un mortal?

6Entonces, ¿por qué andas

buscándome faltas y pecados,

7aun cuando sabes que yo no soy culpable

y que nadie me puede salvar de tu poder?

8Tú me formaste con tus propias manos,

¡y ahora me quieres destruir!

9Recuerda que me hiciste de barro:

¿vas ahora a convertirme otra vez en polvo?

10Hiciste que mi cuerpo se formara

como se forma el queso al cuajarse la leche;

11me revestiste de carne y de piel,

entrelazaste mis huesos y tendones;

12me diste vida, me brindaste amor,

y con tus cuidados me has mantenido con vida.

13Pero ahora veo que allá en tu corazón

tenías una intención secreta:

14me estabas observando para ver si yo pecaba,

y así poder condenarme por mi falta.

15Si soy culpable, estoy perdido;

si soy inocente, de poco puedo alegrarme,

pues me tienes humillado y afligido.

16Si me muestro arrogante, tú, como un león, me persigues

y hasta haces milagros para destruirme.

17Nunca te faltan testigos contra mí;

tu ira contra mí va en aumento;

¡como un ejército, me atacas sin cesar!

18¿Por qué me dejaste nacer?

Debí morir antes que nadie pudiera verme.

19Habría pasado del seno de mi madre a la tumba;

sería como si nunca hubiera existido.

20Ya que mi vida es corta, ¡déjame en paz!

Déjame tener un poco de alegría

21antes de irme al viaje sin regreso,

al país de la oscuridad y las tinieblas,

22al país de las sombras y la confusión,

donde la luz misma es igual a las tinieblas.