Dios habla Hoy (DHH)
7

71La vida del hombre aquí en la tierra

es la de un soldado que cumple su servicio,

2la de un esclavo que suspira por la sombra,

la de un peón que espera con ansias su salario.

3Me ha tocado vivir meses enteros de desengaño,

noche tras noche de sufrimiento.

4Me acuesto y la noche se me hace interminable;

me canso de dar vueltas hasta el alba,

y pienso: ¿Cuándo me levantaré?

5Tengo el cuerpo lleno de gusanos y de costras,

y me supuran las heridas de la piel.

6Mis días se acercan a su fin, sin esperanza,

con la rapidez de una lanzadera de telar.

7Recuerda, oh Dios, que mi vida es como un suspiro,

y que nunca más tendré felicidad.

8Nadie podrá volver a verme;

pondrás en mí tus ojos, y dejaré de existir.

9-10Como nube que pasa y se deshace,

así es el que baja al sepulcro:

jamás regresa de allí,

sus familiares no vuelven a verlo.

11Por eso no puedo quedarme callado.

En mi dolor y mi amargura

voy a dar rienda suelta a mis quejas.

12¿Soy acaso un monstruo del mar7.12 Monstruo del mar: Este monstruo es la personificación del caos originario, dominado por Dios en la creación (véase Job 3.8 n.).

para que así me vigiles?

13Cuando pienso que en la cama encontraré descanso

y que el sueño aliviará mi pena,

14me llenas de terror en mis sueños;

¡me espantas con pesadillas!

15Sería mejor que me estrangularas;

prefiero la muerte a esta vida.

16No puedo más. No quiero seguir viviendo.

Déjame en paz, que mi vida es como un suspiro.

17¿Qué es el hombre, que le das tanta importancia?

¿Por qué te preocupas por él?

18¿Por qué lo vigilas día tras día,

y lo pones a prueba a cada instante?

19¿Por qué no apartas tu vista de mí,

y me dejas siquiera tragar saliva?

20Si peco, ¿qué perjuicio te causo,

vigilante de los hombres?

¿Por qué me tomas por blanco de tus flechas?

¿Acaso soy una carga para ti?

21¿No puedes perdonarme mi pecado?

¿No puedes perdonar el mal que he cometido?

Pronto estaré tendido en el polvo:

me buscarás, y ya no existiré.

8
Bildad

81-2¿Hasta cuándo vas a seguir hablando así,

hablando como un viento huracanado?

3Dios, el Todopoderoso,

nunca tuerce la justicia ni el derecho.

4Seguramente tus hijos pecaron contra Dios,

y él les dio el castigo merecido.

5Busca a Dios, al Todopoderoso,

y pídele que tenga compasión de ti.

6Si tú actúas con pureza y rectitud,

él velará por ti, y te dará

el hogar que justamente mereces.

7La riqueza que tenías no será nada

comparada con lo que tendrás después.

8Consulta a las generaciones pasadas,

aprende de la experiencia de los antiguos.

9Nosotros somos apenas de ayer, y nada sabemos;

nuestros días en esta tierra pasan como una sombra.

10Pero los antiguos podrán hablarte

y enseñarte muchas cosas.

11El junco y el papiro

crecen solo donde abunda el agua;

12sin embargo, estando aún verdes y sin cortar,

se secan antes que otras hierbas.

13Lo mismo pasa con los malvados,

con los que se olvidan de Dios:

sus esperanzas quedan frustradas.

14Su confianza y su seguridad

son como el hilo de una telaraña.

15Querrán agarrarse al hilo, y no resistirá;

o apoyarse en la telaraña, y no los soportará.

16Los malvados son como verdes hierbas al sol,

que se extienden por todo el jardín;

17enredan sus raíces entre las rocas

y se adhieren a las piedras,

18pero si alguien las arranca de su sitio

nadie podrá saber que estuvieron allí.

19Así termina su prosperidad,

y en su lugar brotan otras hierbas.

20Dios no abandona al hombre intachable,

ni brinda su apoyo a los malvados.

21Él hará que vuelvas a reír

y que grites de alegría;

22en cambio, tus enemigos se cubrirán de vergüenza

y la casa de los malvados será destruida.

9
Job

91-2Yo sé muy bien que esto es así,

y que ante Dios el hombre no puede alegar inocencia.

3Si alguno quisiera discutir con él,

de mil argumentos no podría rebatirle uno solo.

4Dios es grande en poder y sabiduría,

¿quién podrá hacerle frente y salir bien librado?

5Dios, en su furor, remueve las montañas;

las derrumba, y nadie se da cuenta.

6Él hace que la tierra se sacuda

y que sus bases se estremezcan.

7Él ordena al sol que no salga,

y a las estrellas, que no brillen.

8Sin ayuda de nadie extendió el cielo

y aplastó al monstruo del mar.

9Él creó las constelaciones:

la Osa Mayor, el Orión y las Pléyades,

y el grupo de estrellas del sur.

10¡Él hace tantas y tan grandes maravillas,

cosas que nadie es capaz de comprender!

11Si Dios pasa junto a mí, no lo podré ver;

pasará y no me daré cuenta.

12Si de algo se adueña, ¿quién podrá reclamárselo?

¿Quién podrá pedirle cuentas de lo que hace?

13Si Dios se enoja, no se calma fácilmente;

a sus pies quedan humillados los aliados de Rahab.9.13 Rahab: monstruo mitológico que para los antiguos simbolizaba los poderes enemigos de Dios. Cf. Sal 87.4; Job 26.12; Is 51.9.

14¿Cómo, pues, encontraré palabras

para contradecir a Dios?

15Por muy inocente que yo sea, no puedo responderle;

él es mi juez, y solo puedo pedirle compasión.

16Si yo lo llamara a juicio, y él se presentara,

no creo que hiciera caso a mis palabras.

17Haría que me azotara una tempestad,

y aumentaría mis heridas sin motivo;

18me llenaría de amargura

y no me dejaría tomar aliento.

19¿Acudir a la fuerza? Él es más poderoso.

¿Citarlo a juicio? ¿Y quién lo hará presentarse?

20Por más recto e intachable que yo fuera,

él me declararía culpable y malo.

21Yo soy inocente, pero poco importa;

ya estoy cansado de vivir.

22Todo es lo mismo. Y esto es lo que pienso:

que él destruye lo mismo a culpables que a inocentes.

23Si en un desastre muere gente inocente,

Dios se ríe de su desesperación.

24Deja el mundo en manos de los malvados

y a los jueces les venda los ojos.

Y si no ha sido Dios, ¿quién, entonces?

25Mis días huyen en veloz carrera,

sin haber visto la felicidad.

26Se van como barcos ligeros,

como águila que se lanza tras la presa.

27Si trato de olvidar mis penas

y de parecer alegre,

28todo mi dolor vuelve a asustarme,

pues sé que Dios no me cree inocente.

29Y si él me tiene por culpable,

de nada sirve que yo me esfuerce.

30Aunque me lave las manos con jabón

y me las frote con lejía,

31Dios me hundirá en el fango,

y hasta mi ropa sentirá asco de mí.

32Yo no puedo encararme con Dios como con otro hombre,

ni decirle que vayamos los dos a un tribunal.

33¡Ojalá entre nosotros hubiera un juez

que tuviera autoridad sobre los dos,

34que impidiera que Dios me siga castigando

y me siga llenando de terror!

35Entonces yo hablaría sin tenerle miedo,

pues no creo haberle faltado.