Dios habla Hoy (DHH)
6
Job

61-2Si todas mis penas y desgracias

pudieran pesarse en una balanza,

3pesarían más que la arena del mar.

Por eso he hablado con pasión.

4El Todopoderoso ha clavado en mí sus flechas,

y el veneno de ellas me corre por el cuerpo.

Dios me ha llenado de terror con sus ataques.

5¿Acaso rebuzna el asno, si tiene hierba?

¿O brama el toro, si tiene pasto?

6¿Quién come sin sal una cosa desabrida?

¿Qué gusto tiene una cosa sin sabor?

7Pues lo que jamás quise comer

es ahora mi alimento.

8¡Ojalá Dios me conceda lo que le pido;

ojalá me cumpla lo que deseo!

9¡Ojalá Dios se decida por fin

a aplastarme y acabar con mi vida!

10A pesar de la violencia del dolor,

eso sería un gran consuelo para mí,

pues siempre he respetado las leyes del Dios santo.

11Ya no me quedan fuerzas para resistir,

ni razón alguna para seguir viviendo.

12No tengo la dureza de la roca,

ni la consistencia del bronce.

13No puedo valerme por mí mismo,

ni cuento con ningún apoyo.

14Al amigo que sufre se le ama,

aun cuando no haya sido fiel al Todopoderoso.

15Pero ustedes, mis amigos, me han fallado,

como arroyos que se quedan secos.

16El agua baja turbia,

revuelta con el hielo y la nieve;

17pero pasa el deshielo y se secan los arroyos,

viene el calor y se acaba el agua.

18Hacen que las caravanas se desvíen de su camino,

y que avancen por el desierto y mueran.

19Las caravanas de Temá y de Sabá

buscan llenas de esperanza esos arroyos,

20pero al llegar se ven decepcionadas,

queda frustrada su esperanza.

21Así son ustedes para mí:

ven mi horrible situación, y sienten miedo.

22Pero yo no les he pedido nada,

ni que den dinero por salvarme,

23ni que me libren de un enemigo,

ni que me rescaten de las manos de los bandidos.

24Denme lecciones, y guardaré silencio:

muéstrenme el error que he cometido.

25Nadie puede rechazar un argumento correcto;

pero ustedes me acusaron sin razón.

26Ustedes me critican por mis palabras,

palabras locas que se lleva el viento.

27¡Capaces son de jugarse la vida de un huérfano

y de vender aun a su propio amigo!

28Mírenme ahora cara a cara;

díganme si miento.

29Retiren lo dicho, no sean injustos;

reconozcan que tengo razón.

30¿Acaso creen que soy un mentiroso

que no se da cuenta de lo que dice?

7

71La vida del hombre aquí en la tierra

es la de un soldado que cumple su servicio,

2la de un esclavo que suspira por la sombra,

la de un peón que espera con ansias su salario.

3Me ha tocado vivir meses enteros de desengaño,

noche tras noche de sufrimiento.

4Me acuesto y la noche se me hace interminable;

me canso de dar vueltas hasta el alba,

y pienso: ¿Cuándo me levantaré?

5Tengo el cuerpo lleno de gusanos y de costras,

y me supuran las heridas de la piel.

6Mis días se acercan a su fin, sin esperanza,

con la rapidez de una lanzadera de telar.

7Recuerda, oh Dios, que mi vida es como un suspiro,

y que nunca más tendré felicidad.

8Nadie podrá volver a verme;

pondrás en mí tus ojos, y dejaré de existir.

9-10Como nube que pasa y se deshace,

así es el que baja al sepulcro:

jamás regresa de allí,

sus familiares no vuelven a verlo.

11Por eso no puedo quedarme callado.

En mi dolor y mi amargura

voy a dar rienda suelta a mis quejas.

12¿Soy acaso un monstruo del mar7.12 Monstruo del mar: Este monstruo es la personificación del caos originario, dominado por Dios en la creación (véase Job 3.8 n.).

para que así me vigiles?

13Cuando pienso que en la cama encontraré descanso

y que el sueño aliviará mi pena,

14me llenas de terror en mis sueños;

¡me espantas con pesadillas!

15Sería mejor que me estrangularas;

prefiero la muerte a esta vida.

16No puedo más. No quiero seguir viviendo.

Déjame en paz, que mi vida es como un suspiro.

17¿Qué es el hombre, que le das tanta importancia?

¿Por qué te preocupas por él?

18¿Por qué lo vigilas día tras día,

y lo pones a prueba a cada instante?

19¿Por qué no apartas tu vista de mí,

y me dejas siquiera tragar saliva?

20Si peco, ¿qué perjuicio te causo,

vigilante de los hombres?

¿Por qué me tomas por blanco de tus flechas?

¿Acaso soy una carga para ti?

21¿No puedes perdonarme mi pecado?

¿No puedes perdonar el mal que he cometido?

Pronto estaré tendido en el polvo:

me buscarás, y ya no existiré.

8
Bildad

81-2¿Hasta cuándo vas a seguir hablando así,

hablando como un viento huracanado?

3Dios, el Todopoderoso,

nunca tuerce la justicia ni el derecho.

4Seguramente tus hijos pecaron contra Dios,

y él les dio el castigo merecido.

5Busca a Dios, al Todopoderoso,

y pídele que tenga compasión de ti.

6Si tú actúas con pureza y rectitud,

él velará por ti, y te dará

el hogar que justamente mereces.

7La riqueza que tenías no será nada

comparada con lo que tendrás después.

8Consulta a las generaciones pasadas,

aprende de la experiencia de los antiguos.

9Nosotros somos apenas de ayer, y nada sabemos;

nuestros días en esta tierra pasan como una sombra.

10Pero los antiguos podrán hablarte

y enseñarte muchas cosas.

11El junco y el papiro

crecen solo donde abunda el agua;

12sin embargo, estando aún verdes y sin cortar,

se secan antes que otras hierbas.

13Lo mismo pasa con los malvados,

con los que se olvidan de Dios:

sus esperanzas quedan frustradas.

14Su confianza y su seguridad

son como el hilo de una telaraña.

15Querrán agarrarse al hilo, y no resistirá;

o apoyarse en la telaraña, y no los soportará.

16Los malvados son como verdes hierbas al sol,

que se extienden por todo el jardín;

17enredan sus raíces entre las rocas

y se adhieren a las piedras,

18pero si alguien las arranca de su sitio

nadie podrá saber que estuvieron allí.

19Así termina su prosperidad,

y en su lugar brotan otras hierbas.

20Dios no abandona al hombre intachable,

ni brinda su apoyo a los malvados.

21Él hará que vuelvas a reír

y que grites de alegría;

22en cambio, tus enemigos se cubrirán de vergüenza

y la casa de los malvados será destruida.