Dios habla Hoy (DHH)
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Dios interpela a Job

381Entonces el Señor le habló a Job de en medio de la tempestad.38.1 La respuesta de Dios a Job está articulada en dos discursos: el primero (38.1—40.2) habla de la grandeza de Dios creador y gobernador del mundo natural; acerca del segundo, véase Job 40.6 n.

El Señor

2¿Quién eres tú para dudar de mi providencia

y mostrar con tus palabras tu ignorancia?

3Muéstrame ahora tu valentía,

y respóndeme a estas preguntas:

4¿Dónde estabas cuando yo afirmé la tierra?

¡Dímelo, si de veras sabes tanto!

5¿Sabes quién decidió cuánto habría de medir,

y quién fue el arquitecto que la hizo?

6¿Sobre qué descansan sus cimientos?

¿Quién le puso la piedra principal de apoyo,38.6 Los antiguos hebreos concebían la tierra como una plataforma asentada sobre bases sólidas (cf. Sal 24.2; 104.5; Pr 8.29; Zac 12.1).

7mientras cantaban a coro las estrellas de la aurora

entre la alegría de mis servidores celestiales?

8Cuando el mar brotó del seno de la tierra,

¿quién le puso compuertas para contenerlo?

9Yo le di una nube por vestido

y la niebla por pañales.

10Yo le puse un límite al mar

y cerré con llave sus compuertas.

11Y le dije: «Llegarás hasta aquí,

y de aquí no pasarás;

aquí se romperán tus olas arrogantes.»

12¿Alguna vez en tu vida has dado órdenes

de que salga la aurora y amanezca el día?

13¿Y de que la luz se difunda por la tierra

y los malvados vayan a esconderse?

14Entonces aparecen los relieves de la tierra y se tiñen de color como un vestido;

15se les niega la luz a los malvados

y se pone fin a su amenaza.

16¿Has visitado el misterioso abismo

donde tiene sus fuentes el océano?

17¿Has visto dónde están las puertas

del tenebroso reino de la muerte?

18¿Tienes idea de la anchura de la tierra?

¡Dímelo, si en verdad lo sabes todo!

19¿En dónde están guardadas

la luz y las tinieblas?

20¿Sabes hacerlas llegar hasta el último rincón

y que luego regresen a su casa?

21¡Debes de saberlo, pues tienes tantos años

que para entonces ya habrías nacido!

22¿Has visitado los depósitos

donde guardo la nieve y el granizo

23para enviarlos en tiempos de desgracia,

en tiempos de batallas y de guerra?

24¿Qué caminos sigue la luz al repartirse?

¿Cómo se extiende el viento del este sobre el mundo?

25¿Quién abre una salida al aguacero

y señala el camino a la tormenta,

26para que llueva en el desierto,

en lugares donde nadie vive,

27para que riegue la tierra desolada

y haga brotar la hierba?

28¿Quién es el padre de la lluvia y del rocío?

29¿Quién es la madre del hielo y de la escarcha?

30¿Quién vuelve el agua dura como la piedra

y congela la superficie del océano?

31¿Eres tú quien mantiene juntas a las Pléyades

y separadas las estrellas de Orión?

32¿Eres tú quien saca a su hora al lucero de la mañana?

¿Eres tú quien guía a las estrellas

de la Osa Mayor y de la Osa Menor?

33¿Conoces tú las leyes que gobiernan el cielo?

¿Eres tú quien aplica esas leyes en la tierra?

34¿Puedes dar órdenes a las nubes

de que te inunden con agua?

35Si mandas al rayo que vaya a alguna parte,

¿acaso te responde: «Aquí estoy, a tus órdenes»?

36¿Quién dio instinto inteligente

a aves como el ibis38.36 Ibis: ave de Egipto que aparecía durante las inundaciones del Nilo. o el gallo?38.36 Gallo: Según los antiguos, el gallo anunciaba la lluvia.

37¿Quién es tan sabio que sepa cuántas nubes hay?

¿Quién puede vaciarlas para que den su lluvia,

38para que el polvo se convierta en barro

y se peguen los terrones entre sí?

39¿Eres tú quien busca presa para las leonas,

para que coman sus cachorros hasta llenarse,

40cuando se esconden en su guarida

o se ponen al acecho en la maleza?

41¿Quién da de comer a los cuervos,

cuando sus crías andan buscando comida

y con grandes chillidos me la piden?

39

391¿Sabes cuándo dan a luz las cabras monteses?

¿Has visto parir a las hembras del venado?

2¿Sabes cuántos meses necesitan

para que den a luz?

3Al dar a luz se encorvan,

y entonces nacen sus crías.

4Luego estas se hacen fuertes, crecen en el campo,

y al fin se van y no regresan.

5¿Quién dio libertad al asno salvaje?

¿Quién lo dejó andar suelto?

6Yo le señalé, como lugar donde vivir,

el desierto y las llanuras salitrosas.

7No le gusta el ruido de la ciudad,

ni obedece a los gritos del arriero.

8Recorre las lomas en busca de pasto,

buscando cualquier hierba verde para comer.

9¿Crees que el toro salvaje querrá servirte

y pasar la noche en tu establo?

10¿Podrás atarlo al yugo y obligarlo a arar,

o a ir detrás de ti rastrillando el campo?

11¿Podrás confiar en él porque es tan fuerte,

y dejar que te haga tus trabajos?

12¿Crees que te servirá para recoger tu cosecha

y para juntar el grano en tu era?

13Ahí tienes al avestruz: aletea alegremente,

como si tuviera alas de cigüeña,

14y abandona los huevos en la arena

para que se incuben al calor del sol.

15No piensa que alguien puede aplastarlos,

que algún animal puede pisotearlos.

16Es cruel con sus crías, como si no fueran suyas,

y no le importa que resulte inútil su trabajo.

17Es que yo no le di inteligencia;

le negué el buen sentido.

18Pero cuando se levanta y echa a correr,

se ríe de caballos y jinetes.

19¿Acaso fuiste tú quien dio fuerza al caballo,

quien adornó su cuello con la crin?

20¿Acaso tú lo haces saltar como langosta,

con ese soberbio resoplido que impone terror?

21Escarba arrogante en la llanura,

y sin temor se lanza a la batalla.

22Se ríe del terror y no se asusta,

ni se acobarda ante la espada,

23por más que resuene la aljaba del jinete

y lancen chispas las lanzas y las jabalinas.

24Con ímpetu incontenible devora las distancias;

suena la trompeta y ya no puede estarse quieto.

25Contesta con relinchos al toque de trompeta;

desde lejos siente el olor de la batalla

y oye las voces de mando y el griterío.

26¿Acaso eres tan sabio que enseñas a volar al halcón,

y a tender su vuelo hacia el sur?

27¿Eres tú quien ha ordenado al águila

que ponga su nido en las alturas?

28Ella vive día y noche en los peñascos,

levanta su fortaleza en un picacho.

29Desde allá arriba mira

y acecha a su presa.

30Sus crías se alimentan de sangre,

y donde hay cadáveres, allí se la encuentra.

40

401-240.1-2 La mayoría de los mss. colocan las palabras: El Señor respondió a Job: al principio de este v. Tú, que querías entablarme juicio

a mí, al Todopoderoso,

¿insistes todavía en responder?

Job

3-4¿Qué puedo responder yo, que soy tan poca cosa?

Prefiero guardar silencio.

5Ya he hablado una y otra vez,

y no tengo nada que añadir.

Dios vuelve a interpelar a Job

6Volvió el Señor a hablarle a Job de en medio de la tempestad.40.6 En la segunda parte de su respuesta, Dios insistirá en su grandeza ante Job; la inocencia del hombre, aun cuando tenga que sufrir, no significa que Dios es injusto (40.7—41.34).

El Señor

7Muéstrame ahora tu valentía,

y respóndeme a estas preguntas:

8¿Pretendes declararme injusto y culpable,

a fin de que tú aparezcas inocente?

9¿Acaso eres tan fuerte como yo?

¿Es tu voz de trueno, como la mía?

10Revístete entonces de grandeza y majestad,

cúbrete de gloria y esplendor.

11Mira a todos los orgullosos:

da rienda suelta a tu furor y humíllalos.

12Sí, derríbalos con tu mirada,

aplasta a los malvados donde se encuentren.

13Sepúltalos a todos en la tierra,

enciérralos en la prisión de los muertos.

14Entonces yo mismo reconoceré

que fue tu poder el que te dio la victoria.

15Fíjate en el monstruo Behemot,40.15 Behemot: monstruo legendario, descrito con los rasgos del hipopótamo.

criatura mía igual que tú:

come hierba, como los bueyes;

16mira qué fuertes son sus lomos,

y qué poderosos sus músculos.

17Su cola es dura como el cedro,

los tendones de sus patas forman nudos.

18Sus huesos son como tubos de bronce, como barras de hierro.

19Es mi obra maestra;

solo yo, su creador, puedo derrotarlo.

20De los montes, donde juegan las fieras,

le traen hierba para que coma.

21Se echa debajo de los lotos,

se esconde entre las cañas del pantano.

22Los lotos le dan sombra,

los álamos del arroyo lo rodean.

23Si el río crece, no se asusta;

aunque el agua40.23 El agua: lit. el Jordán le llegue al hocico, está tranquilo.

24¿Quién es capaz de agarrarlo y sacarle los ojos,

o de pasarle un lazo por la nariz?