Dios habla Hoy (DHH)
28

28128.1-28 Este himno a la sabiduría es una especie de intervalo entre la discusión de Job con sus amigos y su defensa final (caps. 29—31). Al poner tan de relieve el carácter inaccesible de la sabiduría (vv. 20-28), el poema prepara la revelación de Dios en la última parte del libro (38.1—42.6).Hay minas de donde se saca la plata

y lugares donde se refina el oro.

2El hierro se saca de la tierra,

y las piedras, al fundirse, producen el cobre.

3El hombre ha puesto fin a las tinieblas:

baja a los lugares más profundos

y allí, en la oscuridad, busca piedras.

4Balanceándose suspendidos de una soga,

abren minas en lugares solitarios,

en lugares por donde nadie pasa,

lejos de las ciudades.

5La tierra, por encima, produce trigo,

y por debajo está revuelta como por fuego.

6Allí se encuentran zafiros,

y oro mezclado con tierra.

7Ni los halcones ni otras aves de rapiña

han visto jamás esos senderos.

8Las fieras no pasan por ellos

ni los frecuentan los leones.

9El hombre pone la mano en el pedernal

y arranca de raíz las montañas.

10Abre túneles en los peñascos

y descubre toda clase de tesoros.

11Explora los nacimientos de los ríos

y saca a la luz cosas escondidas.

12¿Pero de dónde viene la sabiduría?

¿En qué lugar está la inteligencia?

13El hombre no sabe lo que ella vale,

ni la encuentra en este mundo.

14El océano dice: «Aquí no está»,

y el mar: «Yo no la tengo.»

15No se puede conseguir con oro,

ni se puede comprar con plata.

16No se puede pagar con el oro más precioso,

ni con joyas de cornalina o de zafiro.

17Vale más que el oro y el cristal;

no se puede cambiar por objetos de oro puro.

18La sabiduría es más preciosa que el coral,

y que el cristal de roca y las perlas.

19El crisólito de Etiopía no la iguala,

ni se puede pagar con el oro más fino.

20¿De dónde, pues, viene la sabiduría?

¿En qué lugar está la inteligencia?

21Está escondida a la vista de las fieras,

oculta a las aves del cielo.

22Aun la destrucción y la muerte dicen:

«Solo de oídas hemos sabido de ella.»

23Pero Dios conoce el camino de la sabiduría;

solo él sabe dónde encontrarla,

24pues él ve hasta el último rincón de la tierra

y todo lo que hay debajo del cielo.

25Cuando Dios le fijó la fuerza al viento

y puso un límite al agua,

26cuando estableció las leyes de la lluvia

y señaló el camino a la tormenta,

27también vio a la sabiduría, vio su justo valor,

la examinó y le dio su aprobación.

28Y dijo Dios a los hombres:

«Servir fielmente al Señor: eso es sabiduría;

apartarse del mal: eso es inteligencia.»28.28 Este v. es la culminación del poema: la sabiduría de Dios supera toda capacidad humana; pero hay una sabiduría más humilde, que Dios ha querido revelar y poner al alcance de todos. Esta sabiduría consiste en servir fielmente al Señor (lit. temer al Señor). Cf. Job 1.1; Sal 111.10; Pr 1.7; Eclo 1.14.

29

Defensa final de Job

Job

291-2¡Ojalá pudiera yo volver a aquellos tiempos

en que Dios me protegía!

3Cuando él me iluminaba con su luz

y yo podía andar en la oscuridad;

4cuando yo estaba en plena madurez

y Dios cuidaba de mi hogar;

5cuando el Todopoderoso estaba a mi lado

y mis hijos me hacían compañía;

6cuando la leche corría por el suelo

y el aceite brotaba de las rocas;

7cuando yo tomaba asiento

en el lugar de reunión de la ciudad.

8Los jóvenes, al verme, se hacían a un lado

y los ancianos se ponían de pie.

9Aun los hombres importantes dejaban de hablar

y hacían señas de guardar silencio.

10Los gobernantes bajaban la voz;

se les pegaba la lengua al paladar.

11La gente, al verme o escucharme,

me felicitaba y hablaba bien de mí,

12pues yo socorría al huérfano y al pobre,

gente a la que nadie ayudaba.

13El que estaba en la ruina me daba las gracias;

mi ayuda era a las viudas motivo de alegría.

14La justicia y la honradez eran parte de mí mismo:

eran mi ropa de todos los días.

15¡Yo era ojos para el ciego

y pies para el lisiado,

16padre de los necesitados

y defensor de los extranjeros!

17Yo les rompía la quijada a los malvados

y les quitaba la presa de los dientes.

18Yo pensaba: «Mis días serán tantos como la arena;

moriré anciano y en mi propio hogar.

19Soy como un árbol plantado junto al agua,

cuyas ramas baña el rocío de la noche.

20Mi esplendor se renovará conmigo,

y no me faltarán las fuerzas.»

21Todos me escuchaban

y esperaban en silencio mis consejos.

22Después de hablar yo, ninguno replicaba.

Mis palabras caían gota a gota sobre ellos,

23y ellos las esperaban ansiosos,

como se espera la lluvia en tiempo de calor.

24Cuando yo les sonreía, apenas lo creían,

y no dejaban de mirar mi rostro alegre.

25Yo establecía mi autoridad sobre ellos

y decidía lo que ellos debían hacer,

como un rey al frente de sus tropas.

Cuando estaban tristes, yo los consolaba.

30

301Pero ahora se ríen de mí

muchachos más jóvenes que yo,

cuyos padres no hubiera yo aceptado

para estar con los perros que cuidaban mis rebaños.

2¿De qué me hubiera servido la fuerza de sus brazos?

Ellos eran gente desgastada

3por el hambre terrible y la necesidad.

De noche, en el desierto solitario,

tenían que roer raíces secas;

4arrancaban hierbas amargas de los matorrales,

y hasta raíces de retama comían.

5Eran gente rechazada por la sociedad,

perseguida a gritos como los ladrones;

6tenían que vivir en cuevas,

en los barrancos y entre los peñascos;

7aullaban en la maleza,

amontonados bajo los matorrales.

8Gente inútil, hijos de nadie,

indignos de vivir en el país.

9Pero ahora ellos se burlan

y hacen chistes a costa mía.

10Con repugnancia se alejan de mí,

y hasta me escupen en la cara.

11Ahora que estoy desarmado y humillado,

no me tienen ningún respeto.

12A mi lado se presentan en montón,

me hacen caer, me atacan

y procuran darme muerte.

13Me cierran el camino, para destruirme,

y nadie los detiene.

14Como por un boquete abierto en la muralla,

se lanzan sobre mí con gran estruendo.

15El terror cayó sobre mí;

mi dignidad huyó como el viento;

mi prosperidad, como una nube.

16Ya no tengo ganas de vivir;

la aflicción se ha apoderado de mí.

17El dolor me penetra hasta los huesos;

sin cesar me atormenta por las noches.

18Dios me ha agarrado por el cuello,

y con fuerza me sacude la ropa.

19Me ha arrojado en el lodo,

como si yo fuera polvo y ceniza.

20Te pido ayuda, oh Dios, y no respondes,

te suplico y no me haces caso.

21Te has vuelto cruel conmigo,

me persigues con rigor.

22Haces que el viento me arrebate,

que la tempestad me sacuda.

23Ya sé que tú quieres llevarme a la muerte,

al destino reservado a todo ser viviente.

24¿Acaso no he ayudado al pobre

y lo he salvado de su miseria?

25¿Acaso no he llorado por el que sufre,

ni tenido compasión del necesitado?

26Yo esperaba la felicidad, y vino la desdicha;

aguardaba la luz, y llegó la oscuridad.

27Mi corazón se agita sin descanso;

solo me esperan días de aflicción.

28Llevo una vida triste, sin luz de sol;

delante de todos pido ayuda.

29Parezco hermano de los chacales,

amigo de los avestruces.

30Mi piel se ha vuelto negra,

mi cuerpo arde a causa de la fiebre.

31La música de las arpas y las flautas

se convirtió para mí en llanto de dolor.