Dios habla Hoy (DHH)
4

Jesús y la mujer de Samaria

41Los fariseos se enteraron de que Jesús hacía más discípulos y bautizaba más que Juan 2(aunque en realidad no era Jesús el que bautizaba, sino sus discípulos). 3Cuando Jesús lo supo, salió de Judea para volver a Galilea.

4En su viaje, tenía que pasar por la región de Samaria. 5De modo que llegó a un pueblo de Samaria que se llamaba Sicar, cerca del terreno que Jacob había dado en herencia a su hijo José.

4.5
Gn 33.18-19
48.22
Jos 24.32
6Allí estaba el pozo de Jacob. Jesús, cansado del camino, se sentó junto al pozo. Era cerca del mediodía. 7-8Los discípulos habían ido al pueblo a comprar algo de comer. En eso, una mujer de Samaria llegó al pozo a sacar agua, y Jesús le dijo:

—Dame un poco de agua.

9Pero como los judíos no tienen trato con los samaritanos, la mujer le respondió:

—¿Cómo es que tú, siendo judío, me pides agua a mí, que soy samaritana?

10Jesús le contestó:

—Si supieras lo que Dios da y quién es el que te está pidiendo agua, tú le pedirías a él, y él te daría agua viva.

4.10
Cf.

11La mujer le dijo:

—Señor, ni siquiera tienes con qué sacar agua, y el pozo es muy hondo: ¿de dónde vas a darme agua viva? 12Nuestro antepasado Jacob nos dejó este pozo, del que él mismo bebía y del que bebían también sus hijos y sus animales. ¿Acaso eres tú más que él?

13Jesús le contestó:

—Todos los que beben de esta agua, volverán a tener sed; 14pero el que beba del agua que yo le daré, nunca volverá a tener sed. Porque el agua que yo le daré se convertirá en él en manantial de agua que brotará dándole vida eterna.

15La mujer le dijo:

—Señor, dame de esa agua, para que no vuelva yo a tener sed ni tenga que venir aquí a sacar agua.

16Jesús le dijo:

—Ve a llamar a tu marido y vuelve acá.

17La mujer le contestó:

—No tengo marido.

Jesús le dijo:

—Bien dices que no tienes marido; 18porque has tenido cinco maridos, y el que ahora tienes no es tu marido. Es cierto lo que has dicho.

19Al oír esto, la mujer le dijo:

—Señor, ya veo que eres un profeta. 20Nuestros antepasados, los samaritanos, adoraron a Dios aquí, en este monte;4.20 Este monte: Guerizim. Cf. Dt 11.29; Jos 8.33. pero ustedes los judíos dicen que Jerusalén es el lugar donde debemos adorarlo.

21Jesús le contestó:

—Créeme, mujer, que llega la hora en que ustedes adorarán al Padre sin tener que venir a este monte ni ir a Jerusalén. 22Ustedes no saben a quién adoran; pero nosotros sabemos a quién adoramos, pues la salvación viene de los judíos.

4.22
Ro 9.4-5
23Pero llega la hora, y es ahora mismo, cuando los que de veras adoran al Padre lo harán de un modo verdadero, conforme al Espíritu de Dios. Pues el Padre quiere que así lo hagan los que lo adoran. 24Dios es Espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo de un modo verdadero, conforme al Espíritu de Dios.

25La mujer le dijo:

—Yo sé que va a venir el Mesías (es decir, el Cristo); y cuando él venga, nos lo explicará todo.

26Jesús le dijo:

—Ese soy yo, el mismo que habla contigo.

27En esto llegaron sus discípulos, y se quedaron extrañados de que Jesús estuviera hablando con una mujer. Pero ninguno se atrevió a preguntarle qué quería, o de qué estaba conversando con ella. 28La mujer dejó su cántaro y se fue al pueblo, donde dijo a la gente:

29—Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿No será este el Mesías?

30Entonces salieron del pueblo y fueron a donde estaba Jesús. 31Mientras tanto, los discípulos le rogaban:

—Maestro, come algo.

32Pero él les dijo:

—Yo tengo una comida, que ustedes no conocen.

33Los discípulos comenzaron a preguntarse unos a otros:

—¿Será que le habrán traído algo de comer?

34Pero Jesús les dijo:

—Mi comida es hacer la voluntad del que me envió y terminar su trabajo. 35Ustedes dicen: “Todavía faltan cuatro meses para la cosecha”; pero yo les digo que se fijen en los sembrados, pues ya están maduros para la cosecha.

4.35
Cf.
36El que trabaja en la cosecha recibe su paga, y la cosecha que recoge es para vida eterna, para que tanto el que siembra como el que cosecha se alegren juntamente. 37Pues bien dice el dicho, que “Unos siembran y otros cosechan.” 38Y yo los envié a ustedes a cosechar lo que no les costó ningún trabajo; otros fueron los que trabajaron, y ustedes son los que se han beneficiado del trabajo de ellos.

39Muchos de los habitantes de aquel pueblo de Samaria creyeron en Jesús por lo que les había asegurado la mujer: «Me ha dicho todo lo que he hecho.» 40Así que, cuando los samaritanos llegaron, rogaron a Jesús que se quedara con ellos. Él se quedó allí dos días, 41y muchos más creyeron al oír lo que él mismo decía. 42Y dijeron a la mujer: «Ahora creemos, no solamente por lo que tú nos dijiste, sino también porque nosotros mismos le hemos oído y sabemos que de veras es el Salvador del mundo.»

Jesús sana al hijo de un oficial del rey

(Mt 8.5-13; Lc 7.1-10)

43Pasados esos dos días, Jesús salió de Samaria y siguió su viaje a Galilea. 44Porque, como él mismo dijo, a un profeta no lo honran en su propia tierra.

4.44
Mt 13.57
Mc 6.4
Lc 4.24
45Cuando llegó a Galilea, los de aquella región lo recibieron bien, porque también habían ido a la fiesta de la Pascua a Jerusalén y habían visto todo lo que él hizo entonces.
4.45
Jn 2.23

46Jesús regresó a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Y había un alto oficial del rey, que tenía un hijo enfermo en Cafarnaúm.

4.46
Jn 2.1-11
47Cuando el oficial supo que Jesús había llegado de Judea a Galilea, fue a verlo y le rogó que fuera a su casa y sanara a su hijo, que estaba a punto de morir. 48Jesús le contestó:

—Ustedes no creen, si no ven señales y milagros.

49Pero el oficial le dijo:

—Señor, ven pronto, antes que mi hijo se muera.

50Jesús le dijo entonces:

—Vuelve a casa; tu hijo vive.

El hombre creyó lo que Jesús le dijo, y se fue. 51Mientras regresaba a su casa, sus criados salieron a su encuentro y le dijeron:

—¡Su hijo vive!

52Él les preguntó a qué hora había comenzado a sentirse mejor su hijo, y le contestaron:

—Ayer a la una de la tarde se le quitó la fiebre.

53El padre cayó entonces en la cuenta de que era la misma hora en que Jesús le dijo: «Tu hijo vive»; y él y toda su familia creyeron en Jesús.

54Esta fue la segunda señal milagrosa que hizo Jesús, cuando volvió de Judea a Galilea.

5

Jesús sana al paralítico de Betzatá

51Algún tiempo después, los judíos celebraban una fiesta, y Jesús volvió a Jerusalén. 2En Jerusalén, cerca de la puerta llamada de las Ovejas, hay un estanque que en hebreo se llama Betzatá.5.2 Betzatá: Se trata del área al nordeste del templo. Algunos mss. dicen Betesda o Betsaida. El estanque era doble. En los cuatro lados y en la división central tenía pórticos (galerías con columnas). Tiene cinco pórticos, 3en los cuales se encontraban muchos enfermos, ciegos, cojos y tullidos echados en el suelo.5.3 Algunos mss. añaden que esperaban el movimiento del agua. 4 Porque de cuando en cuando un ángel bajaba al estanque y removía el agua, y el primero que se metía en ella, después de haber sido removida, quedaba sano de cualquier enfermedad que tuviera. 5Había entre ellos un hombre que estaba enfermo desde hacía treinta y ocho años. 6Cuando Jesús lo vio allí acostado y se enteró del mucho tiempo que llevaba así, le preguntó:

—¿Quieres recobrar la salud?

7El enfermo le contestó:

—Señor, no tengo a nadie que me meta en el estanque cuando se remueve el agua. Cada vez que quiero meterme, otro lo hace primero.

8Jesús le dijo:

—Levántate, alza tu camilla y anda.

9En aquel momento el hombre recobró la salud, alzó su camilla y comenzó a andar. Pero como era sábado, 10los judíos5.10 Judíos: Véase 1.19 n. dijeron al que había sido sanado:

—Hoy es sábado; no te está permitido llevar tu camilla.

11Aquel hombre les contestó:

—El que me devolvió la salud, me dijo: “Alza tu camilla y anda.”

12Ellos le preguntaron:

—¿Quién es el que te dijo: “Alza tu camilla y anda”?

13Pero el hombre no sabía quién lo había sanado, porque Jesús había desaparecido entre la mucha gente que había allí. 14Después Jesús lo encontró en el templo, y le dijo:

—Mira, ahora que ya estás sano, no vuelvas a pecar, para que no te pase algo peor.

15El hombre se fue y comunicó a los judíos que Jesús era quien le había devuelto la salud. 16Por eso los judíos perseguían a Jesús, pues hacía estas cosas en sábado. 17Pero Jesús les dijo:

—Mi Padre siempre ha trabajado, y yo también trabajo.

18Por esto, los judíos tenían aún más deseos de matarlo, porque no solamente no observaba el mandato sobre el sábado, sino que además se hacía igual a Dios al decir que Dios era su propio Padre.

La autoridad del Hijo de Dios

19Jesús les dijo: «Les aseguro que el Hijo de Dios no puede hacer nada por su propia cuenta; solamente hace lo que ve hacer al Padre. Todo lo que hace el Padre, también lo hace el Hijo. 20Pues el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que hace; y le mostrará cosas todavía más grandes, que los dejarán a ustedes asombrados. 21Porque así como el Padre resucita a los muertos y les da vida, también el Hijo da vida a quienes quiere dársela. 22Y el Padre no juzga a nadie, sino que le ha dado a su Hijo todo el poder de juzgar, 23para que todos den al Hijo la misma honra que dan al Padre. El que no honra al Hijo, tampoco honra al Padre, que lo ha enviado.

24»Les aseguro que quien presta atención a lo que yo digo y cree en el que me envió, tiene vida eterna; y no será condenado, pues ya ha pasado de la muerte a la vida. 25Les aseguro que viene la hora, y es ahora mismo, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oigan, vivirán. 26Porque así como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha hecho que el Hijo tenga vida en sí mismo, 27y le ha dado autoridad para juzgar, por cuanto que es el Hijo del hombre. 28No se admiren de esto, porque va a llegar la hora en que todos los muertos oirán su voz 29y saldrán de las tumbas. Los que hicieron el bien, resucitarán para tener vida; pero los que hicieron el mal, resucitarán para ser condenados.

5.29
Cf.

Pruebas de la autoridad de Jesús

30»Yo no puedo hacer nada por mi propia cuenta. Juzgo según el Padre me ordena, y mi juicio es justo, pues no trato de hacer mi voluntad sino la voluntad del Padre, que me ha enviado. 31Si yo diera testimonio en favor mío, mi testimonio no valdría como prueba. 32Pero hay otro5.32 Otro: esto es, el Padre (5.37-38; 8.18). que da testimonio en favor mío, y me consta que su testimonio sí vale como prueba. 33Ustedes enviaron a preguntarle a Juan, y él dio testimonio a favor de la verdad.

5.33
Jn 1.19-34
3.27-30
34Pero yo no dependo del testimonio de ningún hombre. Solo digo esto para que ustedes alcancen la salvación. 35Juan era como una lámpara que ardía y alumbraba, y ustedes quisieron gozar de su luz por un corto tiempo. 36Pero tengo a mi favor un testimonio más valioso que el de Juan. Lo que yo hago, que es lo que el Padre me encargó que hiciera, comprueba que de veras el Padre me ha enviado. 37Y también el Padre, que me ha enviado, da testimonio a mi favor, a pesar de que ustedes nunca han oído su voz ni lo han visto, 38ni dejan que su palabra permanezca en ustedes, porque no creen en aquel que el Padre envió. 39Ustedes estudian las Escrituras con mucho cuidado, porque esperan encontrar en ellas la vida eterna;
5.39
Dt 4.1
8.1
30.15-20
sin embargo, aunque las Escrituras dan testimonio de mí, 40ustedes no quieren venir a mí para tener esa vida.

41»Yo no acepto gloria que venga de los hombres. 42Además, los conozco a ustedes y sé que no tienen el amor de Dios. 43Yo he venido en nombre de mi Padre, y ustedes no me aceptan; en cambio, si viniera otro en nombre propio, a ese lo aceptarían. 44¿Cómo pueden creer ustedes, si reciben gloria los unos de los otros y no buscan la gloria que viene del Dios único? 45No crean que yo los voy a acusar delante de mi Padre; el que los acusa es Moisés mismo, en quien ustedes han puesto su confianza.

5.45
Dt 31.26-27
46Porque si ustedes le creyeran a Moisés, también me creerían a mí, porque Moisés escribió acerca de mí.5.46 Posible alusión a Dt 18.15,18 o a los cinco primeros libros del AT en general. Cf. Lc 24.27; Hch 3.22; 7.37. 47Pero si no creen lo que él escribió, ¿cómo van a creer lo que yo les digo?»

6

Jesús da de comer a una multitud

(Mt 14.13-21; Mc 6.30-44; Lc 9.10-17)

61Después de esto, Jesús se fue al otro lado del Lago de Galilea, que es el mismo Lago de Tiberias. 2Mucha gente lo seguía, porque habían visto las señales milagrosas que hacía sanando a los enfermos. 3Entonces Jesús subió a un monte, y se sentó con sus discípulos. 4Ya estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos. 5Cuando Jesús miró y vio la mucha gente que lo seguía, le dijo a Felipe:

—¿Dónde vamos a comprar pan para toda esta gente?

6Pero lo dijo por ver qué contestaría Felipe, porque Jesús mismo sabía bien lo que había de hacer. 7Felipe le respondió:

—Ni siquiera el salario de doscientos días bastaría para comprar el pan suficiente para que cada uno recibiera un poco.

8Entonces Andrés, que era otro de sus discípulos y hermano de Simón Pedro, le dijo:

9—Aquí hay un niño que tiene cinco panes de cebada6.9 Panes de cebada: cf. 2~R 4.42-44. y dos pescados; pero, ¿qué es esto para tanta gente?

10Jesús respondió:

—Díganles a todos que se sienten.

Había mucha hierba en aquel lugar, y se sentaron. Eran unos cinco mil hombres. 11Jesús tomó en sus manos los panes y, después de dar gracias a Dios, los repartió entre los que estaban sentados. Hizo lo mismo con los pescados, dándoles todo lo que querían. 12Cuando ya estuvieron satisfechos, Jesús dijo a sus discípulos:

—Recojan los pedazos sobrantes, para que no se desperdicie nada.

13Ellos los recogieron, y llenaron doce canastas con los pedazos que sobraron de los cinco panes de cebada. 14La gente, al ver esta señal milagrosa hecha por Jesús, decía:

—De veras este es el profeta que había de venir al mundo.

6.14
Cf.

15Pero como Jesús se dio cuenta de que querían llevárselo a la fuerza para hacerlo rey, se retiró otra vez a lo alto del cerro, para estar solo.

Jesús camina sobre el agua

(Mt 14.22-27; Mc 6.45-52)

16Al llegar la noche, los discípulos de Jesús bajaron al lago, 17subieron a una barca y comenzaron a cruzar el lago para llegar a Cafarnaúm. Ya estaba completamente oscuro, y Jesús no había regresado todavía. 18En esto, el lago se alborotó a causa de un fuerte viento que se había levantado. 19Cuando ya habían avanzado unos cinco o seis kilómetros, vieron a Jesús, que se acercaba a la barca caminando sobre el agua, y tuvieron miedo. 20Él les dijo:

—¡Soy yo, no tengan miedo!

21Con gusto lo recibieron en la barca, y en un momento llegaron a la tierra adonde iban.

La gente busca a Jesús

22Al día siguiente, la gente que estaba al otro lado del lago se dio cuenta de que los discípulos se habían ido en la única barca que allí había, y que Jesús no iba con ellos. 23Mientras tanto, otras barcas llegaron de la ciudad de Tiberias a un lugar cerca de donde habían comido el pan después que el Señor dio gracias. 24Así que, al ver que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, la gente subió también a las barcas y se dirigió a Cafarnaúm, a buscarlo.

Jesús, el pan de la vida

25Al llegar ellos al otro lado del lago, encontraron a Jesús y le preguntaron:

—Maestro, ¿cuándo viniste acá?

26Jesús les dijo:

—Les aseguro que ustedes me buscan porque comieron hasta llenarse, y no porque hayan entendido las señales milagrosas. 27No trabajen por la comida que se acaba, sino por la comida que permanece y que les da vida eterna. Esta es la comida que les dará el Hijo del hombre, porque Dios, el Padre, ha puesto su sello en él.

28Le preguntaron:

—¿Qué debemos hacer para realizar las obras que Dios quiere que hagamos?

29Jesús les contestó:

—La única obra que Dios quiere es que crean en aquel que él ha enviado.

30Le preguntaron entonces:

—¿Qué señal puedes darnos, para que al verla te creamos? ¿Cuáles son tus obras? 31Nuestros antepasados comieron el maná en el desierto, como dice la Escritura: “Les dio a comer pan del cielo.”

6.31
Sal 78.24Ex 16.4,15
Neh 9.15

32Jesús les contestó:

—Les aseguro que no fue Moisés quien les dio a ustedes el pan del cielo, sino que mi Padre es quien les da el verdadero pan del cielo. 33Porque el pan que Dios da es el que ha bajado del cielo y da vida al mundo.

34Ellos le pidieron:

—Señor, danos siempre ese pan.

35Y Jesús les dijo:

—Yo soy el pan que da vida. El que viene a mí, nunca tendrá hambre; y el que cree en mí, nunca tendrá sed. 36Pero como ya les dije, ustedes no creen aunque me han visto. 37Todos los que el Padre me da, vienen a mí; y a los que vienen a mí, no los echaré fuera. 38Porque yo no he bajado del cielo para hacer mi propia voluntad, sino para hacer la voluntad de mi Padre, que me ha enviado. 39Y la voluntad del que me ha enviado es que yo no pierda a ninguno de los que me ha dado, sino que los resucite en el día último. 40Porque la voluntad de mi Padre es que todos los que miran al Hijo de Dios y creen en él, tengan vida eterna; y yo los resucitaré en el día último.

41Por esto los judíos comenzaron a murmurar de Jesús, porque afirmó: «Yo soy el pan que ha bajado del cielo.» 42Y dijeron:

—¿No es este Jesús, el hijo de José? Nosotros conocemos a su padre y a su madre. ¿Cómo dice ahora que ha bajado del cielo?

43Jesús les dijo entonces:

—Dejen de murmurar. 44Nadie puede venir a mí, si no lo trae el Padre, que me ha enviado; y yo lo resucitaré en el día último. 45En los libros de los profetas se dice: “Dios instruirá a todos.”

6.45
Is 54.13Jer 31.33-34
Así que todos los que escuchan al Padre y aprenden de él, vienen a mí.

46«No es que alguno haya visto al Padre; el único que lo ha visto es el que procede de Dios.

6.46
Jn 1.18
47Les aseguro que quien cree, tiene vida eterna. 48Yo soy el pan que da vida. 49Los antepasados de ustedes comieron el maná en el desierto, y a pesar de ello murieron; 50pero yo hablo del pan que baja del cielo; quien come de él, no muere. 51Yo soy ese pan vivo que ha bajado del cielo; el que come de este pan, vivirá para siempre. El pan que yo daré es mi propia carne. Lo daré por la vida del mundo.»
6.51
Cf.

52Los judíos se pusieron a discutir unos con otros:

—¿Cómo puede este darnos a comer su propia carne?

53Jesús les dijo:

—Les aseguro que si ustedes no comen la carne del Hijo del hombre y beben su sangre, no tendrán vida. 54El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo lo resucitaré en el día último. 55Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. 56El que come mi carne y bebe mi sangre, vive unido a mí, y yo vivo unido a él. 57El Padre, que me ha enviado, tiene vida, y yo vivo por él; de la misma manera, el que se alimenta de mí, vivirá por mí. 58Hablo del pan que ha bajado del cielo. Este pan no es como el maná que comieron los antepasados de ustedes, que a pesar de haberlo comido murieron; el que come de este pan, vivirá para siempre.

59Jesús enseñó estas cosas en la sinagoga en Cafarnaúm.

Palabras de vida eterna

60Al oír estas enseñanzas, muchos de los que seguían a Jesús dijeron:

—Esto que dice es muy difícil de aceptar; ¿quién puede hacerle caso?

61Jesús, dándose cuenta de lo que estaban murmurando, les preguntó:

—¿Esto les ofende? 62¿Qué pasaría entonces, si vieran al Hijo del hombre subir a donde antes estaba? 63El espíritu es el que da vida; lo carnal no sirve para nada. Y las cosas que yo les he dicho son espíritu y vida. 64Pero todavía hay algunos de ustedes que no creen.

Es que Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían, y quién era el que lo iba a traicionar. 65Y añadió:

—Por esto les he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede.

66Desde entonces, muchos de los que habían seguido a Jesús lo dejaron, y ya no andaban con él. 67Jesús les preguntó a los doce discípulos:

—¿También ustedes quieren irse?

68Simón Pedro le contestó:

—Señor, ¿a quién podemos ir? Tus palabras son palabras de vida eterna. 69Nosotros ya hemos creído, y sabemos que tú eres el Santo de Dios.

6.68-69
Mt 16.16
Mc 8.29
Lc 9.20

70Jesús les contestó:

—¿No los he escogido yo a ustedes doce?6.70 Doce: Cf. Mt 10.1-4 y paralelos. Sin embargo, uno de ustedes es un diablo.

71Al decir esto, Jesús hablaba de Judas, hijo de Simón Iscariote, porque Judas iba a traicionarlo, aunque era uno de los doce discípulos.

6.71
Jn 13.2-4,21-30
18.2-3