Dios habla Hoy (DHH)
8

81El Señor afirma: «En aquel tiempo sacarán de sus tumbas los huesos de los reyes y de los jefes de Judá, de los sacerdotes, de los profetas y de los que vivieron en Jerusalén, 2y los dejarán tendidos al sol, a la luna y a todas las estrellas a las que habían amado, servido, seguido, consultado y adorado. Nadie los recogerá para enterrarlos. Quedarán en el suelo, como estiércol. 3Los que queden con vida de esta gente tan mala, en cualquier lugar en que se encuentren después que yo los disperse, preferirán la muerte a la vida. Yo, el Señor todopoderoso, lo afirmo.

Traición y castigo de Israel

4»Tú, Jeremías, comunícale al pueblo este mensaje de mi parte:

»“Cuando uno se cae, se levanta;

cuando pierde el camino, vuelve a él.

5Entonces, Israel, ¿por qué me traicionaste?

¿Por qué, Jerusalén, renegaste de mí para siempre?

¿Por qué te empeñas en ser rebelde

y no quieres volver?

6He estado escuchando con atención,

pero no he oído a nadie

que se arrepienta de su maldad

y tenga la franqueza de decir:

¿Qué es lo que he hecho?

Todos siguen veloces su camino,

como caballos desbocados en la batalla.

7Aun la cigüeña en el cielo

sabe cuándo debe volver.

La tórtola, la golondrina y la grulla

saben cuándo deben ir a otro lugar.

En cambio tú, pueblo mío,

no conoces mis leyes.

8¿Cómo pueden ustedes decir que son sabios

y que tienen la ley del Señor?

¡Si los cronistas, con pluma mentirosa,

la han falsificado!

9Pero esos sabios quedarán humillados,

acobardados, como animales caídos en la trampa.

¿Dónde está su sabiduría,

si han rechazado mi palabra?

10Por eso, voy a entregar sus mujeres a otros hombres,

y sus tierras a otros dueños.

Porque todos, grandes y pequeños,

solo piensan en las ganancias mal habidas;

profetas y sacerdotes,

todos cometen fraudes.

11Tratan por encima las heridas de mi pueblo;

dicen que todo está bien,

cuando todo está tan mal.

12¡Debería darles vergüenza

de hacer esas cosas que no soporto!

Pero no, no sienten vergüenza,

¡ya ni saben lo que es avergonzarse!

Por eso, cuando yo los castigue,

tropezarán y caerán como los otros.

Yo, el Señor, lo digo.”»

13El Señor afirma:

«Voy a cortar a mi pueblo como si fuera trigo.

No quedará ni una uva en el viñedo,

ni un higo en la higuera.

Solo quedarán hojas marchitas.»

14Y el pueblo dirá:

«¿Para qué nos quedamos aquí?

¡Vámonos todos a las ciudades fortificadas,

a que nos maten de una vez!

El Señor, nuestro Dios, va a hacernos morir;

nos da a beber agua envenenada,

porque pecamos contra él.

15Esperábamos prosperidad,

pero nada bueno nos ha llegado.

Esperábamos salud,

pero solo hay espanto.

16¡Ya viene el enemigo!

¡Ya se oye desde Dan el resoplar de sus caballos!

Cuando relinchan, tiembla toda la tierra.

Vienen a destruir el país y todos sus bienes,

las ciudades y a los que en ellas viven.»

17El Señor afirma:

«Voy a enviar contra ustedes serpientes venenosas,

que los van a morder;

contra ellas no hay magia que valga.»

Dolor de Jeremías por su pueblo

18Mi dolor no tiene remedio,

mi corazón desfallece.

19Los ayes de mi pueblo

se oyen por todo el país:

«¿Ya no está el Señor en Sión?

¿Ya no está allí su rey?»

Y el Señor responde:

«¿Por qué me ofendieron adorando a los ídolos,

a dioses inútiles y extraños?»

20Pasó el verano, se acabó la cosecha

y no ha habido salvación para nosotros.

21Sufro con el sufrimiento de mi pueblo;

la tristeza y el terror se han apoderado de mí.

22¿No habrá algún remedio en Galaad?

¿No habrá allí nadie que lo cure?

¿Por qué no puede sanar mi pueblo?

9

91 1 (8.23) ¡Ojalá fueran mis ojos como un manantial,

como un torrente de lágrimas,

para llorar día y noche

por los muertos de mi pueblo!

2 2 (1) ¡Ojalá tuviera yo en el desierto

un lugar donde vivir,

para irme lejos de mi pueblo!

Porque todos han sido infieles;

son una partida de traidores.

3 3 (2) Siempre están listos a decir mentiras

como si dispararan flechas con un arco.

En el país reina la mentira, no la verdad;

han ido de mal en peor,

y el Señor mismo afirma:

«No han querido reconocerme.»

4 4 (3) Hay que desconfiar hasta del amigo;

ni siquiera en el hermano se puede confiar,

pues los hermanos se engañan entre sí

y los amigos se calumnian unos a otros.

5 5 (4) Cada uno se burla del otro,

y no hay quien diga la verdad.

Se han acostumbrado a mentir;

son perversos, incapaces 6 6 (5) de cambiar.

El Señor afirma:

«¡Atropello tras atropello,

falsedad tras falsedad!

Mi pueblo no quiere reconocerme.

7 7 (6) Por eso yo, el Señor todopoderoso, digo:

¿Qué otra cosa puedo hacer con mi pueblo,

sino ponerlo al fuego para refinarlo?

8 8 (7) Sus lenguas son flechas mortales;

andan diciendo falsedades.

Saludan cordialmente a sus amigos,

pero en realidad les están poniendo trampas.

9 9 (8) ¿Y no los he de castigar por estas cosas?

¿No he de darle su merecido a un pueblo así?

Yo, el Señor, lo afirmo.

10 10 (9) »Lloren y giman por las montañas,

entonen un lamento por las praderas,

porque están quemadas y ya nadie pasa por ellas;

ya no se oye el mugir del ganado,

y hasta las aves y las fieras se fueron huyendo.

11 11 (10) »Voy a convertir a Jerusalén en un montón de piedras,

en una guarida de chacales;

convertiré en un desierto las ciudades de Judá,

y quedarán sin habitantes.»

12 12 (11) ¿Quién es lo bastante sabio para comprender esto? ¿A quién le ha dado a conocer el Señor estas cosas, para que él se las pueda explicar a los demás? ¿Por qué está el país en ruinas, seco como un desierto por donde nadie pasa?

13 13 (12) El Señor responde: «Todo esto sucedió porque los israelitas abandonaron las instrucciones que yo les di; no me obedecieron y no las pusieron en práctica. 14 14 (13) Siguieron tercamente las inclinaciones de su corazón y dieron culto a dioses falsos, como sus padres les enseñaron. 15 15 (14) Por eso yo, el Señor todopoderoso, el Dios de Israel, digo: Voy a darles de comer algo muy amargo, voy a darles de beber agua envenenada. 16 16 (15) Los voy a dispersar entre naciones que ni ellos ni sus padres conocieron; haré que los persigan espada en mano, hasta que no quede ni uno solo.»

Lamentaciones en Jerusalén

17 17 (16) El Señor todopoderoso dice:

«¡Atención! Manden llamar a las mujeres

que tienen por oficio hacer lamentación.»

18 18 (17) ¡Sí, que vengan pronto

y que hagan lamentación por nosotros;

que se nos llenen de lágrimas los ojos

y nuestros párpados se inunden de llanto!

19 19 (18) Desde Sión nos llegan ayes de dolor:

¡Ay, cómo hemos quedado en ruinas!,

¡qué deshonra hemos sufrido!

Tenemos que abandonar nuestra patria,

nuestros hogares están en ruinas.

20 20 (19) Mujeres, escuchen la palabra del Señor,

pongan atención a su mensaje.

Enseñen a sus hijas a llorar

y a sus amigas a lamentarse así:

21 21 (20) «La muerte entró en nuestros hogares,

llegó a nuestros palacios;

mata a los niños en las calles

y a los jóvenes en las plazas.

22 22 (21) Los cadáveres de los hombres quedaron tendidos

como estiércol en el campo,

como espiga que cae detrás del segador

y que nadie la recoge.»

El Señor lo afirma.

23 23 (22) El Señor dice:

«Que no se enorgullezca el sabio de ser sabio,

ni el poderoso de su poder,

ni el rico de su riqueza.

24 24 (23) Si alguien se quiere enorgullecer,

que se enorgullezca de conocerme,

de saber que yo soy el Señor,

que actúo en la tierra con amor, justicia y rectitud,

pues eso es lo que a mí me agrada.

Yo, el Señor, lo afirmo.»

25 25 (24) El Señor afirma: «Viene el día en que castigaré a todos los pueblos que se circuncidan físicamente: 26 26 (25) a Egipto, Judá, Edom, Amón y Moab, y a todos los que viven en el desierto y se afeitan las sienes.9.25-26 Y se afeitan las sienes: alusión a ciertos clanes del desierto de Arabia que se rapaban una parte del cabello. Porque todos esos pueblos, y aun todo el pueblo de Israel, son realmente paganos de corazón.»

10

Idolatría y culto verdadero a Dios

101Escucha, pueblo de Israel, este mensaje que el Señor te dirige. 2El Señor dice:

«No sigan el ejemplo de otras naciones

ni se dejen asustar por las señales del cielo,

como esas naciones lo hacen.

3La religión de esos pueblos no vale nada.

Cortan un tronco en el bosque,

un escultor lo labra con su cincel,

4luego lo adornan con plata y oro,

y lo aseguran con clavos y martillo

para que no se caiga.

5Los ídolos parecen espantapájaros

en un campo sembrado de melones;

no pueden hablar,

y hay que cargar con ellos, porque no caminan.

No tengan miedo de ellos,

que a nadie hacen mal ni bien.»

6Señor, no hay nadie como tú:

tú eres grande,

tu nombre es grande y poderoso.

7¿Quién no te teme, rey de las naciones?

Tú mereces ser temido.

Entre todos los sabios y reyes del mundo,

no hay nadie como tú.

8Todos ellos son necios,

no tienen ninguna inteligencia.

¡Nada puede enseñarles un pedazo de madera!

9Sus ídolos son tan solo plata traída de Tarsis

y oro traído de Ufaz;

objetos hechos por escultores y orfebres

y vestidos con telas moradas y rojas,

todos ellos fabricados por hábiles artistas.

10El Señor es el Dios verdadero,

el Dios viviente, el Rey eterno.

Cuando se enoja, tiembla la tierra;

las naciones no pueden resistir su ira.

11(Ustedes, israelitas, digan a los paganos: «Los dioses que no hicieron el cielo ni la tierra desaparecerán de la tierra; ni uno de ellos quedará debajo del cielo.»)10.11 Este v. del libro de Jeremías no está escrito en hebreo sino en arameo.

Himno de alabanza a Dios

(Jer 51.15-19)

12El Señor, con su poder, hizo la tierra;

con su sabiduría afirmó el mundo;

con su inteligencia extendió el cielo.

13Con voz de trueno hace rugir el agua en el cielo,

hace subir las nubes desde el extremo de la tierra,

hace brillar los relámpagos en medio de la lluvia

y saca el viento de donde lo tiene guardado.

14Necio e ignorante es todo hombre.

Los ídolos defraudan al que los fabrica:

son imágenes engañosas y sin vida;

15son objetos sin valor, ridículos,

que el Señor, en el juicio, destruirá.

16¡Qué diferente es el Dios de Jacob,

creador de todo lo que existe!

Él escogió a Israel como su propiedad.

El Señor todopoderoso: ese es su nombre.

Diálogo entre el profeta y la nación

17—Y tú, nación en estado de sitio,10.17 En estado de sitio: Posiblemente se trata del asedio que precedió a la caída de Jerusalén, en el año 586 a.C. Cf. 2~R 25.1.

recoge tus cosas.

18Porque el Señor dice:

“Esta vez voy a lanzar lejos

a los habitantes de este país.

Voy a ponerlos en aprietos,

a ver si así me encuentran.”

19—¡Ay de mí, que estoy en ruinas!

¡Mis heridas no tienen curación!

¡Y yo que pensé que podría

soportar este dolor!

20Mi campamento está destruido,

todas las cuerdas están rotas.

Mis hijos me han abandonado,

¡ya no existen!

Ya no hay quien vuelva a plantar mis tiendas,

quien vuelva a extender sus lonas.

21—Los jefes de este pueblo son necios;

no buscan al Señor.

Por eso han fracasado

y todo su rebaño está disperso.

22¡Atención! ¡Llega una noticia!

De un país del norte10.22 País del norte: Véase 1.14-15 n. viene un gran estruendo

que va a convertir las ciudades de Judá

en un desierto donde solo vivan los chacales.

23Señor, yo sé que el hombre no es dueño de su vida,

que no tiene dominio sobre su destino.

24Corrígenos conforme a tu justicia,

y no con ira, pues nos destruirías.

25Descarga tu ira sobre las naciones

que no te reconocen,

sobre los pueblos que no te invocan,

porque han devorado al pueblo de Jacob,

lo han destruido por completo

y han dejado en ruinas el país.