Dios habla Hoy (DHH)
6

El enemigo rodea a Jerusalén

61¡Gentes de la región de Benjamín,

¡busquen refugio, huyan de Jerusalén!

Toquen la trompeta en Tecoa,

levanten una señal en Bet-haquérem,

porque una desgracia, una gran calamidad,

amenaza desde el norte.6.1 Desde el norte: Véase 1.14-15 n.

2La hija de Sión es como una bella pradera que será destruida,

3a donde van los pastores con sus rebaños;

acampan a su alrededor

y cada rebaño pasta por su lado.

4Sus enemigos dicen:

«¡Prepárense a pelear contra ella!

¡Vengan, ataquémosla a mediodía!

Pero, ¡qué lástima!,

ya es tarde, y las sombras se alargan.

5¡Entonces ataquémosla de noche

y destruyamos sus torres!»

6El Señor todopoderoso ha dado esta orden:

«¡Corten árboles y construyan una rampa

para atacar a Jerusalén!

La ciudad está condenada al castigo,

porque está llena de opresión.

7De Jerusalén brota la maldad

como de un pozo brota el agua.

No se oye en ella más que violencia y atropellos;

no veo en ella más que heridas y dolor.

8Escarmienta, Jerusalén,

porque si no, me apartaré de ti disgustado,

te convertiré en un desierto,

te dejaré sin habitantes.»

Anuncio del castigo

9El Señor todopoderoso dice:

«A los israelitas que queden

los van a buscar y rebuscar,

como se rebusca entre las ramas de un viñedo

hasta que no queda ninguna uva.»

10Yo respondí: «¿Quién me va a oír,

si les hablo y les doy este aviso?

Tienen tapados los oídos, Señor,

y no pueden escuchar;

se burlan de tu palabra,

no les agrada.

11Estoy lleno de tu ira, Señor;

ya no puedo contenerla.»

El Señor me dijo:

«Derrámala sobre los muchachos en la calle,

sobre las pandillas de jóvenes.

Se llevarán presos a los maridos con sus esposas

y a los ancianos cargados de años.

12Sus casas, sus campos y sus esposas

pasarán a ser de otros.

Porque voy a levantar mi mano

para castigar a los que viven en este país.

Yo, el Señor, lo afirmo.

13»Todos, grandes y pequeños,

solo piensan en las ganancias mal habidas;

profetas y sacerdotes,

todos cometen fraudes.

14Tratan por encima las heridas de mi pueblo;

dicen que todo está bien,

cuando todo está tan mal.

15¡Debería darles vergüenza

de hacer esas cosas que no soporto!

Pero no, no sienten vergüenza,

¡ya ni saben lo que es avergonzarse!

Por eso, cuando yo los castigue,

tropezarán y caerán como los otros.

Yo, el Señor, lo digo.»

Rebeldía de Israel

16El Señor dice a su pueblo:

«Párense en los caminos y miren,

pregunten por los senderos antiguos,

dónde está el mejor camino;

síganlo y encontrarán descanso.»

Pero ellos dicen: «No, no queremos seguirlo.»

17El Señor puso centinelas, y dijo al pueblo:

«Pongan atención a la señal de alarma.»

Pero el pueblo dijo: «No queremos hacer caso.»

18Por eso dice el Señor:

«Escuchen, naciones,

sepan lo que va a pasarle a mi pueblo.

19Escucha, tierra:

Voy a traer a este pueblo una desgracia

que es consecuencia de sus planes malvados;

porque no hicieron caso de mis palabras,

sino que despreciaron mi ley.

20¿Para qué me traen ustedes incienso de Sabá

y plantas olorosas de países lejanos?

A mí no me agradan sus holocaustos

ni sus otros sacrificios.»

21Por eso, el Señor dice:

«Voy a hacer que este pueblo tropiece y caiga.

Padres e hijos, vecinos y amigos,

morirán por igual.»

Invasión desde el norte

22El Señor dice:

«Desde lejanas tierras del norte

se prepara a venir una nación poderosa.

23Están armados de arcos y espadas;

son crueles, no tienen compasión;

sus gritos son como el estruendo del mar,

y van montados a caballo.

Están listos para la batalla contra Sión.»

24En Jerusalén la gente dice:

«Hemos oído la noticia,

y el miedo nos ha dejado sin fuerzas;

sentimos angustia y dolor,

como una mujer de parto.

25¡No salgan al campo,

no vayan por los caminos!

¡El enemigo está armado;

hay terror por todas partes!»

26¡Hija de mi pueblo, ponte ropas ásperas

en señal de dolor;

revuélcate en la ceniza,

ponte de luto y llora amargamente,

como cuando se muere un hijo único;

porque el que nos va a destruir

vendrá muy pronto contra nosotros!

27El Señor me dijo: «Te encargo que pongas a prueba a mi pueblo. Examínalo, para ver cuál es su conducta.»

28Todos ellos, Señor, son muy rebeldes;

son gente chismosa y pervertida;

no son más que bronce y hierro.

29Cuando el fuelle sopla con fuerza,

hace que el fuego derrita el plomo.

De nada sirve que a ellos se les refine,

pues los malvados no desaparecen.

30Habrá que llamarlos «plata de desecho»,

porque tú, Señor, los has desechado.

7

Jeremías predica en el templo

71El Señor se dirigió a Jeremías, y le dijo: 2«Ponte a la entrada del templo del Señor7.2 En Jer 26 se indican las circunstancias en que se pronunció este discurso. y da a conocer allí este mensaje: Habitantes todos de Judá, que entran por estas puertas a adorar al Señor, escuchen este mensaje 3del Señor todopoderoso, el Dios de Israel: “Mejoren su vida y sus obras, y yo los dejaré seguir viviendo en esta tierra. 4No confíen en esos que los engañan diciendo: ¡Aquí está el templo del Señor, aquí está el templo del Señor!

5»”Si mejoran su vida y sus obras y son justos los unos con los otros; 6si no explotan a los extranjeros, a los huérfanos y a las viudas, ni matan a gente inocente en este lugar, ni dan culto a otros dioses, con lo que ustedes mismos se perjudicarían, 7yo los dejaré seguir viviendo aquí, en la tierra que di para siempre a sus antepasados.

8»”Ustedes confían en palabras engañosas que no les sirven de nada. 9Roban, matan, cometen adulterio, juran en falso, ofrecen incienso a Baal, dan culto a dioses con los que ustedes nada tienen que ver, 10y después vienen a este templo que me está dedicado, a presentarse ante mí. Se creen que aquí están seguros; creen que pueden seguir haciendo esas cosas que yo no soporto. 11¿Acaso piensan que este templo que me está dedicado es una cueva de ladrones? Yo he visto todo eso. Yo, el Señor, lo afirmo. 12Vayan a mi santuario en Siló,7.12 El santuario en Siló (1~S 1.3) fue destruido por los filisteos hacia el 1050 a.C. (1~S 4; Sal 78.60; Jer 26.6). el primer lugar que escogí para residir, y vean lo que hice con él por la maldad de mi pueblo Israel. 13Y aunque una y otra vez les he advertido acerca de su conducta, ustedes no han querido obedecerme, y ni siquiera me han respondido. Yo, el Señor, lo afirmo. 14Por eso, lo mismo que hice con el santuario de Siló, lo voy a hacer con este templo dedicado a mí, el cual les di a ustedes y a sus antepasados y en el que ustedes confían. 15Los arrojaré a ustedes de mi presencia como antes arrojé a sus hermanos, los descendientes de Efraín.”

Infidelidad de Israel

16»Tú, Jeremías, no ores por este pueblo, no me ruegues ni me supliques por ellos. No me insistas, porque no te escucharé. 17¿No ves lo que ellos hacen en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén? 18Los hijos recogen la leña, los padres encienden el fuego y las mujeres preparan la masa para hacer tortas y ofrecerlas a la diosa que llaman Reina del Cielo.7.18 Reina del Cielo era el título que se daba a la «diosa madre», muy venerada en el mundo antiguo por su vinculación con la sexualidad y con las fuentes de la vida. En Mesopotamia recibía el nombre de Istar y era identificada con el planeta Venus; en Canaán la llamaban Astarté (Jue 2.13). Cf. Jer 44.17-19. Me ofenden, además, ofreciendo vino a dioses extraños. 19Pero más que ofenderme a mí, se ofenden a sí mismos, para su propia vergüenza. Yo, el Señor, lo afirmo. 20Por eso yo, el Señor, les aseguro que voy a descargar toda mi ira contra este lugar y contra la gente, y aun contra los animales, los árboles del campo y las cosechas. Será como un incendio que no se apagará.»

21El Señor todopoderoso, el Dios de Israel, dice a su pueblo: «Ofrezcan todos los holocaustos y sacrificios que quieran, y coman de esa carne. 22Pero cuando yo saqué a sus antepasados de Egipto, nada les dije ni ordené acerca de holocaustos y sacrificios. 23Lo que sí les ordené fue que me obedecieran; pues así yo sería su Dios y ellos serían mi pueblo. Y les dije que se portaran como yo les había ordenado, para que les fuera bien.

7.23
Ex 19.5
Lv 26.3-12
Jer 11.4
30.21-22
31.33
24Pero no me obedecieron ni me hicieron caso, sino que tercamente se dejaron llevar por las malas inclinaciones de su corazón. En vez de volverse a mí, me volvieron la espalda. 25Desde que sus antepasados salieron de Egipto hasta ahora, yo les he enviado a ustedes, uno tras otro, a todos mis siervos los profetas. 26Pero ustedes no me obedecieron ni me hicieron caso, sino que se portaron aún más tercamente que sus antepasados.

27»Tú, Jeremías, diles todas estas cosas, aunque no te hagan caso; grítales, aunque no te respondan. 28Diles: “Esta es la nación que no obedece al Señor su Dios ni quiere ser corregida. La sinceridad ha desaparecido por completo de sus labios.”»

Culto pagano en Jerusalén

29¡Jerusalén, córtate la cabellera7.29 Córtate la cabellera: El término hebreo se refiere a los cabellos que el nazareo se dejaba crecer para expresar su consagración a Dios (cf. Nm 6.5). La orden de cortarse los cabellos da a entender que Judá ha dejado de ser un pueblo consagrado al Señor. y tírala!

¡Entona un canto triste en las lomas desiertas!

Porque el Señor está enojado con tu gente,

la ha abandonado y rechazado.

30El Señor afirma: «La gente de Judá ha hecho algo que me disgusta: pusieron sus despreciables ídolos en el templo dedicado a mí, y lo profanaron. 31En el valle de Ben-hinom7.31 Ben-hinom: Véase 2.23 n. construyeron el altar de Tófet7.31 Tófet significa probablemente hoguera y designaba el lugar donde en algunas circunstancias se ofrecían sacrificios humanos. Cf. 2~R 23.10; Jer 32.35. para quemar a sus hijos y a sus hijas, cosa que yo no les había ordenado y que ni siquiera me pasó por la mente. 32Por eso yo, el Señor, afirmo que vendrá el día en que a ese lugar ya no lo llamarán Tófet ni Valle de Ben-hinom, sino Valle de la Matanza. Y en Tófet enterrarán a los muertos, por no haber más lugar. 33Los cadáveres de esta gente servirán de comida a las aves de rapiña y a las fieras, y no habrá quien las espante.7.33 Para los antiguos israelitas, no ser sepultado después de muerto era una de las cosas más horribles que podían ocurrirle a una persona. Cf. Dt 28.26; Jer 8.1-2; 9.22; 16.4; 19.7; 34.20. 34Haré desaparecer de las ciudades de Judá y de las calles de Jerusalén los cantos de fiesta y alegría, y los cantos de bodas; todo el país quedará convertido en un desierto.»

8

81El Señor afirma: «En aquel tiempo sacarán de sus tumbas los huesos de los reyes y de los jefes de Judá, de los sacerdotes, de los profetas y de los que vivieron en Jerusalén, 2y los dejarán tendidos al sol, a la luna y a todas las estrellas a las que habían amado, servido, seguido, consultado y adorado. Nadie los recogerá para enterrarlos. Quedarán en el suelo, como estiércol. 3Los que queden con vida de esta gente tan mala, en cualquier lugar en que se encuentren después que yo los disperse, preferirán la muerte a la vida. Yo, el Señor todopoderoso, lo afirmo.

Traición y castigo de Israel

4»Tú, Jeremías, comunícale al pueblo este mensaje de mi parte:

»“Cuando uno se cae, se levanta;

cuando pierde el camino, vuelve a él.

5Entonces, Israel, ¿por qué me traicionaste?

¿Por qué, Jerusalén, renegaste de mí para siempre?

¿Por qué te empeñas en ser rebelde

y no quieres volver?

6He estado escuchando con atención,

pero no he oído a nadie

que se arrepienta de su maldad

y tenga la franqueza de decir:

¿Qué es lo que he hecho?

Todos siguen veloces su camino,

como caballos desbocados en la batalla.

7Aun la cigüeña en el cielo

sabe cuándo debe volver.

La tórtola, la golondrina y la grulla

saben cuándo deben ir a otro lugar.

En cambio tú, pueblo mío,

no conoces mis leyes.

8¿Cómo pueden ustedes decir que son sabios

y que tienen la ley del Señor?

¡Si los cronistas, con pluma mentirosa,

la han falsificado!

9Pero esos sabios quedarán humillados,

acobardados, como animales caídos en la trampa.

¿Dónde está su sabiduría,

si han rechazado mi palabra?

10Por eso, voy a entregar sus mujeres a otros hombres,

y sus tierras a otros dueños.

Porque todos, grandes y pequeños,

solo piensan en las ganancias mal habidas;

profetas y sacerdotes,

todos cometen fraudes.

11Tratan por encima las heridas de mi pueblo;

dicen que todo está bien,

cuando todo está tan mal.

12¡Debería darles vergüenza

de hacer esas cosas que no soporto!

Pero no, no sienten vergüenza,

¡ya ni saben lo que es avergonzarse!

Por eso, cuando yo los castigue,

tropezarán y caerán como los otros.

Yo, el Señor, lo digo.”»

13El Señor afirma:

«Voy a cortar a mi pueblo como si fuera trigo.

No quedará ni una uva en el viñedo,

ni un higo en la higuera.

Solo quedarán hojas marchitas.»

14Y el pueblo dirá:

«¿Para qué nos quedamos aquí?

¡Vámonos todos a las ciudades fortificadas,

a que nos maten de una vez!

El Señor, nuestro Dios, va a hacernos morir;

nos da a beber agua envenenada,

porque pecamos contra él.

15Esperábamos prosperidad,

pero nada bueno nos ha llegado.

Esperábamos salud,

pero solo hay espanto.

16¡Ya viene el enemigo!

¡Ya se oye desde Dan el resoplar de sus caballos!

Cuando relinchan, tiembla toda la tierra.

Vienen a destruir el país y todos sus bienes,

las ciudades y a los que en ellas viven.»

17El Señor afirma:

«Voy a enviar contra ustedes serpientes venenosas,

que los van a morder;

contra ellas no hay magia que valga.»

Dolor de Jeremías por su pueblo

18Mi dolor no tiene remedio,

mi corazón desfallece.

19Los ayes de mi pueblo

se oyen por todo el país:

«¿Ya no está el Señor en Sión?

¿Ya no está allí su rey?»

Y el Señor responde:

«¿Por qué me ofendieron adorando a los ídolos,

a dioses inútiles y extraños?»

20Pasó el verano, se acabó la cosecha

y no ha habido salvación para nosotros.

21Sufro con el sufrimiento de mi pueblo;

la tristeza y el terror se han apoderado de mí.

22¿No habrá algún remedio en Galaad?

¿No habrá allí nadie que lo cure?

¿Por qué no puede sanar mi pueblo?