Dios habla Hoy (DHH)
2

Infidelidad de Israel

21El Señor se dirigió a mí, y me dijo:

2«Ve y habla a la ciudad de Jerusalén;

grita para que lo oiga bien:

“¡Así dice el Señor!

Recuerdo que cuando eras joven, me eras fiel,

que cuando te hice mi esposa, me amabas

y me seguiste a través del desierto,

tierra en que nada se cultiva.”2.2 Esta visión idealizada de la época del desierto contrasta con la que presentan el Pentateuco (Ex 17.1-7; 32; Nm 20.1-13) y el profeta Ezequiel (Ez 16; 20.13).

3Israel estaba consagrada a mí,

era lo mejor de mi cosecha.

Si alguien le hacía daño, yo lo castigaba

enviándole calamidades.

Yo, el Señor, lo afirmo.»

4Descendientes de Jacob, familias todas de Israel, escuchen la palabra del Señor. 5El Señor les dice:

«¿Qué de malo encontraron en mí sus antepasados,

que se alejaron de mí?

Se fueron tras dioses que no son nada,

y en nada se convirtieron ellos mismos.

6No se preocuparon por buscarme a mí,

que los saqué de Egipto,

que los guié por el desierto,

tierra seca y llena de barrancos,

tierra sin agua, llena de peligros,

tierra donde nadie vive, por donde nadie pasa.

7Yo los traje a esta tierra fértil,

para que comieran de sus frutos

y de sus mejores productos.

Pero ustedes vinieron y profanaron mi tierra,

me hicieron sentir asco de este país,

de mi propiedad.

8Los sacerdotes no me buscaron,

los instructores de mi pueblo no me reconocieron,

los jefes se rebelaron contra mí,

y los profetas hablaron en nombre de Baal

y se fueron tras ídolos que no sirven para nada.

Proceso contra Israel

9»Por eso, yo, el Señor, afirmo:

Voy a entablar un proceso contra ustedes y sus nietos.

10Vayan a las islas de occidente y observen;

envíen a alguien a Quedar para que se fije bien,

a ver si se ha dado el caso

11de que una nación pagana haya cambiado a sus dioses.

¡Y eso que son dioses falsos!

Pero mi pueblo me ha dejado a mí, que soy su gloria,2.11 En el lenguaje bíblico, la gloria del Señor suele describirse como una manifestación luminosa que hace percibir de manera sensible la presencia divina en la creación (cf. Sal 19.1; Is 6.3), en el templo (Is 6.3-4; Ez 10.4) o en medio de su pueblo (Ex 40.34-38; Ez 1.27-28; Jn 1.14).

por ídolos que no sirven para nada.

12¡Espántate, cielo, ante esto!

¡Ponte a temblar de horror!

Yo, el Señor, lo afirmo.

13»Mi pueblo ha cometido un doble pecado:

me abandonaron a mí,

fuente de agua viva,

y se hicieron sus propias cisternas,

pozos rotos que no conservan el agua.

Consecuencias de la infidelidad de Israel

14»Israel no es un esclavo;

él no nació en la esclavitud.

¿Por qué, pues, lo saquean?

15¿Por qué lo atacan como leones,

lanzando fuertes rugidos?

Han dejado en ruinas su país;

sus ciudades fueron incendiadas

y nadie quedó en ellas.

16La gente de Menfis y de Tafnes

te rompió la cabeza.

17Esto te ha pasado por haberme abandonado

a mí, que soy el Señor tu Dios

y que te guiaba por el camino.

18Y ahora, ¿qué ganas con ir a Egipto

a beber agua del Nilo?

¿Qué ganas con ir a Asiria

a beber agua del Éufrates?

19Tu propia maldad te castigará,

tu infidelidad te condenará.

Piensa y verás lo malo y amargo

que ha sido que me abandones

y que no me hayas honrado,

a mí, que soy el Señor tu Dios.

Yo, el Señor todopoderoso, lo afirmo.

Rebeldía de Israel

20»Desde hace mucho te rebelaste contra mí,

te negaste a obedecerme.

Dijiste: “No quiero servir.”

Sobre toda loma alta2.20 Loma alta: alusión a los lugares altos, donde se rendía culto a Baal y a los dioses cananeos de la fertilidad (cf. 1~R 3.2).

y bajo todo árbol frondoso

te dedicaste a la prostitución.

21Yo te planté como vid de la mejor calidad,

como vid de la semilla más fina.

¡Pero te has degenerado tanto,

que ya ni te reconozco!

22Por más que te laves con lejía

y uses todo el jabón que quieras,

ante mí sigue presente la mancha de tu pecado.

Yo, el Señor, lo afirmo.

23¿Cómo puedes decir: “No me he manchado

ni he dado culto a dioses falsos”?

Mira cuál fue tu conducta en el valle,2.23 En el valle: probable alusión al valle de Ben-hinom, en las afueras de Jerusalén, donde se practicaban ritos paganos, incluido el sacrificio de niños. Cf. 7.31-32; 19.5-6.

fíjate en todo lo que has hecho

tú, camella ligera de cascos

que corre en todas direcciones;

24asna salvaje que tira al monte

y resopla jadeante de deseos.

Cuando está en celo, nadie puede controlarla.

Si un macho la busca, no tiene que cansarse:

siempre la encuentra en época de celo.

25»¡Israel, no lastimes tus pies corriendo descalza,

no dejes que se te seque la garganta!

Pero tú dijiste: “No, imposible;

amo a los extraños y me voy con ellos.”

Israel merece castigo

26»Como el ladrón se avergüenza cuando lo descubren,

así quedará avergonzado Israel,

el pueblo, los reyes, los jefes,

los sacerdotes y los profetas;

27pues a un árbol le dicen: “Tú eres mi padre”,

y a una piedra: “Tú eres mi madre.”2.27 Un árbol: quizá se trata de los postes sagrados que simbolizaban a la diosa Aserá, madre de Baal (Jue 3.7); la piedra parece referirse a los pilares que representaban al dios cananeo de la fertilidad.

A mí, en cambio, me dan la espalda y no la cara.

Sin embargo, apenas se ven en peligro, me dicen:

“¡Ven a salvarnos!”

28Judá, ¿dónde están los dioses que te hiciste?

¡Tienes tantos dioses como ciudades!

¡Pues que vengan ellos, a ver si pueden salvarte

cuando te llegue la desgracia!

29¿Qué alegan ustedes en mi contra,

si todos ustedes me han sido rebeldes?

Yo, el Señor, lo afirmo.

30En vano castigué a los hijos de ustedes,

pues no quisieron aprender la lección.

Ustedes mismos, como leones feroces,

asesinaron a sus profetas.

31(También ustedes, los de la generación actual,

presten atención al mensaje del Señor.)

Israel, ¿acaso he sido un desierto para ti?,

¿una tierra llena de sombras?

Pueblo mío, ¿por qué dices:

“Somos libres; nunca más volveremos a ti”?

32¿Puede olvidarse una mujer

de sus joyas y adornos de novia?

Mi pueblo, sin embargo,

hace mucho que se olvidó de mí.

33»¡Qué bien conoces el camino

cuando de buscar amantes se trata!

¡Eres maestra en la escuela del mal!

34Tienes la ropa toda manchada

de sangre de pobres e inocentes,

de gente que no sorprendiste en ningún delito.

35Pero a pesar de todo dices:

“Soy inocente. Dios ya no está enojado conmigo.”

Pues bien, ya que dices que no has pecado,

te voy a entablar un juicio.

36¿Por qué tienes tanta prisa por cambiar de aliados?

También Egipto te va a fallar,

como ya te ha fallado Asiria.

37Y tendrás que regresar de Egipto

llena de vergüenza,

porque yo he rechazado a los que te inspiran confianza,

y nada vas a ganar con su amistad.»

3

Israel ha sido infiel al Señor

31El Señor dice:

«Si un hombre se divorcia de su mujer

y ella, al separarse de él,

se casa con otro hombre,

el primero no volverá a unirse con ella.

¡Eso sería una grave ofensa al país!

3.1
Cf.

Sin embargo, tú, Israel,

te has prostituido con muchos amantes,

¡y ahora quieres volver a mí!

Yo, el Señor, lo afirmo.

2»Mira las lomas peladas,3.2 Lomas peladas: Véase 2.20 n. fíjate bien:

¿dónde no te has dejado deshonrar?

Sentada como árabe del desierto,

a la orilla del camino esperabas a tus amantes.

Has manchado el país con tu prostitución y tu maldad.

3Por eso han faltado las lluvias

en invierno y primavera.

Tienes el descaro de una prostituta;

¡debería darte vergüenza!

4Hace poco me decías:

“Padre mío, amigo de mi juventud,

5¿vas a estar siempre enojado?,

¿te va a durar la ira para siempre?”

Y mientras decías esto,

hacías todo el mal que podías.»

El Señor exhorta a Israel y a Judá al arrepentimiento

6En tiempos del rey Josías me dijo el Señor: «¿Has visto lo que hizo la rebelde Israel? Fue y se dedicó a la prostitución sobre toda loma alta y bajo todo árbol frondoso. 7Yo pensé que, aun después de todo lo que ella había hecho, volvería a mí; pero no volvió. Su hermana, la infiel Judá, vio esto; 8y vio también que yo repudié a la rebelde Israel y que me divorcié de ella precisamente por el adulterio cometido. Pero Judá, la infiel hermana de Israel, no tuvo temor, sino que también ella fue y se dedicó a la prostitución. 9Y lo hizo con tanta facilidad, que profanó el país. Me fue infiel adorando a las piedras y a los árboles. 10Y después de todo esto, la infiel Judá tampoco volvió a mí de todo corazón, sino que me engañó. Yo, el Señor, lo afirmo.»

11El Señor me dijo: «La rebelde Israel es menos culpable que la infiel Judá. 12Ve y anuncia este mensaje mirando hacia el norte:

»“El Señor afirma:

¡Vuelve a mí, rebelde Israel!

No te recibiré de mal modo

ni mantendré mi enojo por siempre,

porque soy bondadoso.

Yo, el Señor, doy mi palabra.

13Reconoce tan solo tu maldad,

y que fuiste rebelde contra el Señor tu Dios;

que corriste en busca de amores extraños

debajo de todo árbol frondoso,

y que no obedeciste mis órdenes.

Yo, el Señor, lo afirmo.”»

14El Señor afirma: «Regresen, hijos rebeldes, pues yo soy su dueño.3.14 En el texto hebreo hay un juego de palabras entre el vocablo dueño y el nombre del dios cananeo Baal, que significa dueño, esposo o señor. Tomaré uno de cada ciudad y dos de cada clan, y los haré volver a Sión. 15Les daré los gobernantes que a mí me agradan, y ellos los gobernarán a ustedes con sabiduría y entendimiento. 16Y cuando ustedes hayan aumentado en el país y tengan ya muchos hijos, nadie volverá a hablar más del arca de la alianza del Señor; nadie pensará en ella ni se acordará más de ella; ya no hará falta ni se hará una nueva. Yo, el Señor, doy mi palabra.3.16 Se desconoce la fecha exacta en que desapareció el arca de la alianza, ya que el templo de Jerusalén fue saqueado más de una vez (cf. 1~R 14.25-26; 2~R 14.12-14). Su desaparición no pudo ser posterior a la destrucción de Jerusalén por Nabucodonosor, rey de Babilonia (cf. 2~R 25.9,13-17; Jer 52.13,17-23). Cf. Ap 21.3; 22.5. 17Jerusalén será llamada entonces el trono del Señor; todas las naciones se reunirán allí para honrarme, y no volverán a seguir tercamente las malas inclinaciones de su corazón.

18»Cuando llegue ese día, Judá se unirá a Israel, y juntos regresarán del país del norte a la tierra que di como herencia a los antepasados de ustedes.

La idolatría de Israel

19»Israel, yo decidí aceptarte como hijo

y darte una tierra envidiable,

el país más bello de todo el mundo.

Yo pensé que me llamarías padre

y que nunca te alejarías de mí.

20Pero como una mujer que es infiel a su esposo,

así ustedes me fueron infieles.

Yo, el Señor, lo afirmo.

21»Se oyen voces en las lomas desiertas:

¡son los israelitas, que lloran y piden compasión!

Se desviaron del camino recto

y se olvidaron de mí, el Señor su Dios.

22Vuélvanse a mí, hijos rebeldes,

y yo los curaré de su rebeldía.»

Respuesta de los israelitas al Señor

«Aquí estamos, acudimos a ti,

porque tú eres el Señor nuestro Dios.

23De nada nos sirve ir a las colinas

o gritar sobre los montes;

3.23
Véase

solo en el Señor nuestro Dios

encuentra Israel su salvación.

24La vergonzosa idolatría nos ha hecho perder

lo que nuestros padres consiguieron

desde que éramos niños:

ovejas y ganado, hijos e hijas.

25Humillémonos, pues, avergonzados,

cubiertos de deshonra,

pues desde niños y hasta ahora,

nosotros y nuestros antepasados

hemos pecado contra el Señor nuestro Dios

y no le hemos obedecido.»

4

Exhortación al arrepentimiento

41El Señor afirma:

«Si te quieres volver, Israel,

es a mí a quien debes volverte.

Si alejas tus ídolos odiosos

y no te apartas de mí,

2entonces podrás jurar por mi nombre

con verdad, justicia y rectitud.

Mi nombre será para las naciones

motivo de bendición y alabanza.»

3El Señor dice a la gente de Judá y Jerusalén:

«Cultiven terrenos no cultivados;

ya no siembren entre los espinos.

4Gente de Judá y de Jerusalén,

circuncídense y reconózcanme como Señor,

pongan en su corazón la marca de la alianza;4.4 Pongan en su corazón la marca de la alianza: lit. circunciden el prepucio de su corazón: Dt 10.16; 30.6; Ro 2.25-29.

no sea que, por sus malas acciones,

mi enojo se encienda como un fuego

y arda sin que nadie pueda apagarlo.

La invasión amenaza a Judá

5»Anuncien esto en Jerusalén y en Judá,

proclámenlo a son de trompeta por todo el país,

grítenlo bien fuerte:

“¡Vamos! ¡A reunirse!

¡A las ciudades fortificadas!”

6Levanten la bandera apuntando a Sión;

¡busquen refugio, no se detengan!

Porque voy a traer del norte4.6 Voy a traer del norte: Véase 1.14-15 n.

gran calamidad y destrucción.

7El león ya ha salido de su guarida,

el que destruye las naciones está en marcha;

ha salido de su patria para destruir tu país,

para dejar desiertas y en ruinas tus ciudades.

8Por eso, vístanse con ropas ásperas,

lloren y giman de dolor,

pues la ardiente ira del Señor

no se ha apartado de nosotros.»

9El Señor afirma:

«Cuando llegue ese día,

el rey y los jefes temblarán de miedo,

los sacerdotes sentirán terror

y los profetas quedarán espantados.»

10Yo dije: «¡Ay, Señor,

cómo has engañado a la gente de Jerusalén!

Les prometiste paz,

y lo que tienen es un cuchillo en el cuello.»

11Cuando llegue ese momento,

se dirá al pueblo de Jerusalén:

«Un viento caliente del desierto

sopla en dirección de mi pueblo.

No es la brisa que sirve

para limpiar de paja el trigo;

12el viento que yo haré venir

será demasiado fuerte para eso,

pues ahora voy a dictar sentencia contra ellos.»

Los enemigos rodean a Israel

13Miren, el enemigo avanza como una nube,

sus carros de guerra parecen un huracán,

sus caballos son más ligeros que las águilas.

¡Ay de nosotros, estamos perdidos!

14Jerusalén, limpia del mal tu corazón

y así te salvarás.

¿Hasta cuándo darás vueltas en tu cabeza

a pensamientos perversos?

15Desde Dan y las colinas de Efraín4.15 Dan, en las vertientes del río Jordán, marcaba el límite norte de Palestina; las colinas de Efraín son las montañas situadas a unos pocos km. al norte de Jerusalén.

llegan malas noticias:

16«Adviertan a las naciones y a Jerusalén

que de un país lejano vienen enemigos

lanzando gritos de guerra

contra las ciudades de Judá.

17Rodearán a Judá, como los que cuidan los campos,

porque se rebeló contra el Señor.

Yo, el Señor, lo afirmo.

18»Tu conducta y tus acciones

son la causa de lo que te ha sucedido;

tu maldad te ha dado este amargo fruto

y te hiere el corazón.»

Dolor de Jeremías por su pueblo

19¡Me retuerzo de dolor!

¡El corazón me palpita con violencia!

¡Estoy inquieto, no puedo callarme!

He escuchado un toque de trompeta,

un griterío de guerra.

20Llegan noticias de continuos desastres;

todo el país está en ruinas.

De repente han sido destruidos mis campamentos,

han quedado deshechas mis tiendas de campaña.

21¿Cuánto tiempo aún veré en lo alto la bandera

y escucharé el toque de la trompeta?

22«Mi pueblo es estúpido, no me conoce

—dice el Señor.

Son hijos sin juicio, que no reflexionan.

Les sobra talento para hacer el mal,

pero no saben hacer el bien.»

Jeremías ve la destrucción futura

23Miré a la tierra, y era un desierto sin forma;

miré al cielo, y no había luz.

24Miré a los montes, y estaban temblando;

todas las colinas se estremecían.

25Miré y ya no había ningún hombre,

y todas las aves se habían escapado.

26Miré y vi los jardines convertidos en desierto,

y todas las ciudades estaban en ruinas.

La ira terrible del Señor

había causado todo esto.

27El Señor dice:

«Toda la tierra será arrasada,

pero no la destruiré totalmente.

28La tierra se llenará de tristeza

y el cielo se pondrá de luto.

He hablado, y no me arrepentiré;

lo he resuelto, y no me volveré atrás.

29Ante los gritos de los jinetes y de los arqueros,

toda la gente sale corriendo;

se esconden en los matorrales

o trepan a los peñascos.

Todas las ciudades quedan abandonadas;

ya no hay nadie que viva en ellas.

30Y tú, ciudad en ruinas,

¿para qué te vistes de púrpura?,

¿para qué te cubres con joyas de oro?,

¿para qué te pintas de negro los ojos?

De nada sirve que te embellezcas,

pues tus amantes te han rechazado

y lo que buscan es tu muerte.

31Oigo gritos de dolor, como de una mujer

que da a luz a su primer hijo;

son los gritos de Sión,

que gime, extiende los brazos y dice:

“¡Ay de mí! ¡Me van a matar los asesinos!”»