Dios habla Hoy (DHH)
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Pecado y castigo de Judá

171»Judá, tu pecado está escrito con cincel de hierro,

está grabado con punta de diamante

en la piedra de tu corazón,

en los cuernos de tus altares.17.1 En los cuernos de tus altares: Cf. Ex 27.2. Cuando se ofrecían sacrificios de expiación por el pecado, se rociaban los cuernos del altar con la sangre de la víctima (cf. Lv 4.25). Pero el pecado de Judá se había adherido de tal manera que ya no podía ser purificado con ese rito expiatorio.

2Tus hijos se acuerdan de los altares

y de los troncos sagrados17.2 Los troncos sagrados eran objetos erigidos en honor de la diosa Aserá o Astarté (cf. Jue 2.13). Árboles frondosos: Los sitios poblados de árboles y con vegetación exuberante eran particularmente apropiados para rendir culto a los dioses de la fertilidad (Is 65.3).

que había junto a los árboles frondosos

y sobre las colinas elevadas

3y sobre los montes del campo.

Por causa de tus pecados,

haré que te roben tus riquezas y tesoros,

y que saqueen tus colinas sagradas

en todo tu territorio.

4Tendrás que abandonar la tierra

que yo te di como herencia,

y te haré esclava de tus enemigos

en una tierra que no conoces,

porque mi ira se ha encendido

como un fuego que te consumirá.»

Mensajes varios

5El Señor dice:

«Maldito aquel que aparta de mí su corazón,

que pone su confianza en los hombres

y en ellos busca apoyo.

6Será como la zarza del desierto,

que nunca recibe cuidados:

que crece entre las piedras,

en tierras de sal, donde nadie vive.

7»Pero bendito el hombre que confía en mí,

que pone en mí su esperanza.

8Será como un árbol plantado a la orilla de un río,

que extiende sus raíces hacia la corriente

y no teme cuando llegan los calores,

pues su follaje está siempre frondoso.

En tiempo de sequía no se inquieta,

y nunca deja de dar fruto.

9»Nada hay tan engañoso y perverso

como el corazón humano.

¿Quién es capaz de comprenderlo?

10Yo, el Señor, que investigo el corazón

y conozco a fondo los sentimientos;

que doy a cada cual lo que se merece,

de acuerdo con sus acciones.»

11El que se hace rico injustamente

es como la perdiz que empolla huevos ajenos.

En pleno vigor tendrá que abandonar su riqueza,

y al fin solo será un tonto más.

12Nuestro templo es un trono glorioso,

puesto en alto desde el principio.

13Señor, tú eres la esperanza de Israel.

Todo el que te abandona quedará avergonzado.

Todo el que se aleja de ti

desaparecerá como un nombre escrito en el polvo,17.13 El nombre escrito en el polvo contrasta manifiestamente con el nombre escrito en el libro de la vida (Ex 32.31-32). Algunos, sin embargo, piensan que esta frase debe traducirse: Todos los que en esta tierra te abandonan deben ser humillados.

por abandonarte a ti, manantial de frescas aguas.

Jeremías invoca al Señor

14Sáname tú, Señor, y seré sanado;

sálvame tú, y seré salvado,

pues solo a ti te alabo.

15La gente me dice:

«¿Qué pasó con las palabras del Señor?

¡Que se cumplan ahora mismo!»

16Y, sin embargo, yo no he insistido

en que tú les envíes un desastre,

ni he deseado calamidades para ellos.

Tú bien sabes lo que he dicho,

pues lo dije en tu presencia.

17No te conviertas para mí en terror,

pues eres mi refugio en momentos de angustia.

18Deja en ridículo a mis perseguidores, y no a mí;

que ellos queden espantados, y no yo.

Haz venir sobre ellos momentos de angustia,

destrózalos por completo una y otra vez.

Sobre la observancia del sábado

19El Señor me dijo: «Ve y párate en la Puerta del Pueblo,17.19 La Puerta del Pueblo: Algunos identifican esta puerta con la Puerta de las Ovejas (Neh 3.1,32) o con la Puerta de la Inspección (Neh 3.31), localizadas al norte y nordeste en el muro de Jerusalén, respectivamente. por donde entran y salen los reyes de Judá, y luego haz lo mismo en las demás puertas de Jerusalén. 20Di a la gente: “Reyes y pueblo todo de Judá, habitantes todos de Jerusalén que entran por estas puertas, escuchen la palabra del Señor. 21El Señor dice: En el sábado y por consideración a sus propias vidas, no lleven cargas ni las metan por las puertas de Jerusalén. 22No saquen tampoco ninguna carga de sus casas en el sábado, ni hagan en él ningún trabajo. Conságrenme el sábado, tal como se lo ordené a sus antepasados. 23Pero ellos no me hicieron caso ni me obedecieron, sino que fueron tercos y no quisieron obedecer ni escarmentar.

24»”Yo, el Señor, afirmo: Obedézcanme de veras, no lleven ninguna carga por las puertas de la ciudad en el sábado; conságrenme este día y no hagan en él ningún trabajo. 25Si lo hacen así, siempre habrá reyes que ocupen el trono de David y que entren por las puertas de esta ciudad en carrozas y caballos, acompañados de los jefes y de la gente de Judá y de Jerusalén. Y Jerusalén siempre tendrá habitantes. 26Y vendrá gente de las ciudades de Judá que están en los alrededores de Jerusalén, y del territorio de Benjamín, de la llanura, de la región montañosa y del Négueb. Traerán al templo animales para el holocausto y para los demás sacrificios, ofrendas de cereales e incienso, y ofrendas de acción de gracias. 27Pero si ustedes no obedecen mi mandato de consagrarme el sábado y de no meter cargas en ese día por las puertas de Jerusalén, entonces pondré fuego a las puertas de la ciudad, un fuego que destruirá los palacios de Jerusalén y que nadie podrá apagar.”»