Dios habla Hoy (DHH)
12

El profeta se dirige a Dios

121Señor, si me pongo a discutir contigo,

tú siempre tienes la razón;

y sin embargo quisiera preguntarte

el porqué de algunas cosas.

¿Por qué les va bien a los malvados?

¿Por qué viven tranquilos los traidores?

2Tú los plantas,

y ellos echan raíces, y crecen y dan fruto.

De labios para afuera, te tienen cerca,

pero en su interior están lejos de ti.

3Tú, en cambio, Señor, me conoces;

tú me ves y sabes

cuáles son mis sentimientos hacia ti.

¡Llévate a esa gente como ovejas al matadero;

márcalos para el día de la matanza!

4¿Hasta cuándo va a estar seca la tierra

y marchita la hierba de los campos?

Los animales y las aves se están muriendo

por la maldad de los habitantes del país,

que piensan que no ves lo que ellos hacen.

Respuesta de Dios

5«Si tanto te cansas corriendo contra gente de a pie,

¿cómo podrás competir con gente de a caballo?

En terreno seguro te sientes tranquilo,

¿pero qué harás en la espesura del Jordán?

6Aun tus hermanos, los de tu propia familia,

te han traicionado,

y a gritos te insultan a tus espaldas.

No confíes en ellos,

ni aunque te hablen con buenas palabras.

Tristeza del Señor por la suerte de su pueblo

7»He abandonado a mi pueblo,

he rechazado a la que fue mi posesión.

He puesto en manos de sus enemigos

a la nación que yo tanto amaba.

8Este pueblo, que fue mi posesión,

es ahora para mí como un león en la selva;

ruge contra mí, por eso lo aborrezco.

9Mi pueblo es como un ave de bello plumaje,

a la que otras aves atacan.

¡Vengan, todos los animales salvajes;

júntense a darse su banquete!

10Muchos jefes enemigos han destruido mi viñedo,

han pisoteado mi campo.

Han convertido en desolado desierto

el terreno que yo más quiero.

11Lo dejaron desierto y desolado,

y yo lo veo lamentarse.

Todo el país está desierto,

pero a nadie le preocupa.

12Por todas las lomas del desierto

vinieron hombres violentos,

porque yo, el Señor, tengo una espada

que destruirá el país de extremo a extremo,

y no habrá paz para ninguno.

13Sembraron trigo y cosecharon espinos;

todos sus trabajos fueron vanos.

La cosecha fue un fracaso

por causa de mi ardiente ira.»

Promesas del Señor a los pueblos vecinos de Israel

14Así dice el Señor acerca de los pueblos malvados, vecinos de Israel, que han destruido la tierra que él dio como herencia a su pueblo Israel: «Yo los arrancaré de sus tierras, y sacaré a Judá de en medio de ellos. 15Pero después de arrancarlos volveré a tener compasión de ellos, y los haré regresar a su propia tierra y a su propio país. 16Ciertamente ellos enseñaron a mi pueblo a jurar por Baal, pero ahora podrán establecerse en medio de mi pueblo, si de veras aceptan la religión de mi pueblo y juran por mi nombre diciendo: “Por la vida del Señor.” 17Pero a la nación que no me obedezca, la arrancaré de raíz y la destruiré. Yo, el Señor, lo afirmo.»

13

Acción simbólica sobre la infidelidad de Israel13.1-11 Estas acciones simbólicas eran algo más que meras ilustraciones visuales del mensaje anunciado, ya que de alguna manera llevaban a la realidad aquello que anunciaban (cf. Jer 25.15-19; 27.1-3,12; 32.1-15; 43.8-13; 51.59-64).

131El Señor me dijo: «Ve y cómprate un cinturón de lino y póntelo en la cintura, pero no lo mojes con agua.» 2Yo compré el cinturón, como el Señor me lo había ordenado, y me lo puse en la cintura. 3Entonces me habló de nuevo el Señor y me dijo: 4«Toma el cinturón que compraste y que tienes puesto, vete al río Éufrates y escóndelo allí, en la grieta de una roca.» 5Fui entonces al río Éufrates y lo escondí, como el Señor me lo había ordenado.

6Al cabo de mucho tiempo, el Señor me dijo: «Ve al río Éufrates y trae el cinturón que te ordené que escondieras allá.» 7Fui al río Éufrates, busqué en la tierra y saqué el cinturón del sitio en que lo había escondido, pero ya estaba podrido y no servía para nada.

8Entonces el Señor se dirigió a mí una vez más, 9y me dijo: «De esta misma manera destruiré el orgullo de Judá y Jerusalén. 10Este pueblo malvado se niega a obedecer mis órdenes y sigue tercamente las inclinaciones de su corazón. Se ha ido tras otros dioses, para servirlos y adorarlos. Es como ese cinturón, que no sirve para nada. 11Así como uno se aprieta el cinturón alrededor de la cintura, así tuve a todo el pueblo de Israel y a todo el pueblo de Judá muy unidos a mí, para que fueran mi pueblo y dieran a conocer mi nombre, y fueran mi honor y mi gloria. Pero no me obedecieron. Yo, el Señor, lo afirmo.

Otra acción simbólica sobre el futuro castigo

12»Diles también: “El Señor, el Dios de Israel, dice: Cualquier vasija puede llenarse de vino.” Los israelitas te van a contestar: “¿Acaso no sabemos de sobra que cualquier vasija puede llenarse de vino?” 13Y tú les responderás: “El Señor dice: Voy a emborrachar13.13 Voy a emborrachar: alusión al juicio de Dios (Is 51.17; Jer 25.15-29; 49.12; Ez 23.32-34; Ap 16). a todos los que viven en este país; a los reyes que se sientan en el trono de David, a los sacerdotes, a los profetas y a todos los que viven en Jerusalén. 14Luego los romperé como vasijas, unos contra otros, padres e hijos por igual. No les tendré compasión; los destruiré sin misericordia y sin piedad. Yo, el Señor, lo afirmo.”»

Advertencia a Israel

15¡Israelitas, el Señor ha hablado!

No sean orgullosos, escúchenlo con atención.

16Honren al Señor su Dios,

antes que él haga llegar la oscuridad

y tropiecen ustedes en los montes tenebrosos;

antes que él convierta en tinieblas,

en pesada sombra,

la luz que ustedes esperaban.

17Si ustedes no hacen caso,

lloraré en secreto a causa de su orgullo;

de mis ojos correrán las lágrimas,

porque se llevan preso el rebaño del Señor.

Mensaje de parte de Dios para el rey

18«Di al rey y a la reina madre:

“Bajen del trono, siéntense en el suelo,

pues de su cabeza ha caído

la corona que los adornaba.”

19Las ciudades del Négueb están sitiadas;

nadie puede pasar.

Todos los de Judá fueron llevados al destierro,

a un destierro total.

20Alcen la vista y miren

cómo viene del norte el enemigo.

¿Dónde está el rebaño que yo te había confiado,

ese rebaño que era tu orgullo?

Anuncio del destierro de Israel

21»¿Y qué vas a decir, Jerusalén,

cuando tengas que ser gobernada

por gente que tú misma instruiste?

Te vendrán dolores

como a mujer de parto.

22Y si preguntas por qué te pasa esto,

debes saber que es por tus graves pecados;

¡por eso te han desnudado

y han abusado de ti!

23¿Puede un negro cambiar de color?

¿Puede un leopardo quitarse sus manchas?

Pues tampoco ustedes, acostumbrados al mal,

pueden hacer lo bueno.

24Por eso voy a dispersarlos a ustedes

como a paja que arrastra el viento del desierto.

25Ese es tu destino, Israel,

eso has merecido que yo te haga.

Yo, el Señor, lo afirmo.

Pues te olvidaste de mí

y pusiste tu confianza en falsos ídolos.

26Yo también te voy a desnudar del todo

y a exponerte a la vergüenza.

27He visto tu pasión, tus adulterios,

tu vergonzosa conducta de prostituta,

tus repugnantes acciones

en las colinas13.27 En las colinas: Véase 2.20 n. y en los campos.

¡Ay de ti, Jerusalén!,

¿cuánto tiempo seguirás estando impura?»

14

La gran sequía

141Por causa de la sequía, el Señor se dirigió a Jeremías, y le dijo:

2«Judá llora de tristeza,

sus ciudades están afligidas,

la gente está tendida por el suelo.

Jerusalén lanza gritos de dolor.

3Los ricos mandan a sus criados por agua;

estos van a las cisternas, pero no la encuentran,

y vuelven con sus cántaros vacíos;

defraudados y llenos de vergüenza,

se cubren la cabeza.

4Los campesinos se sienten defraudados

y se cubren la cabeza,

porque falta la lluvia

y la tierra está reseca.

5Aun las ciervas, en el campo,

abandonan sus crías recién nacidas,

porque no hay hierba que comer.

6Los asnos salvajes,

parados en las lomas desiertas,

toman aire como los chacales;

y la vista se les nubla

porque no hay pasto que comer.»

El profeta invoca al Señor en nombre del pueblo

7¡Señor, aunque nuestros pecados nos acusan,

actúa por el honor de tu nombre!

Muchas veces te hemos sido infieles,

hemos pecado contra ti.

8Esperanza de Israel,

salvador nuestro en tiempos difíciles,

¿por qué te portas como un extraño en el país,

como un viajero que solo se queda a pasar la noche?

9¿Por qué estás como un hombre aturdido,

como un guerrero que no puede ayudar?

Pero, Señor, tú estás en medio de nosotros,

todos saben que somos tu pueblo;

¡no nos abandones!

10El Señor dice esto acerca del pueblo de Israel: «A este pueblo le encanta andar siempre de un lado para otro. Por eso no lo miro con agrado. Ahora voy a acordarme de sus pecados y a pedirle cuenta de ellos.»

11El Señor me dijo: «No me ruegues por el bienestar de este pueblo. 12Por mucho que ayune, no escucharé sus súplicas; por muchos holocaustos y ofrendas de cereales que me traiga, no lo miraré con agrado. Voy a destruirlo con guerra, hambre y peste.»

13Y yo le contesté: «Pero, Señor; los profetas le están diciendo al pueblo que no va a haber guerra ni hambre, y que tú le vas a conceder una paz duradera en este lugar.»

14Entonces el Señor me respondió: «Si eso dicen en mi nombre los profetas, es que están mintiendo. Yo no los he enviado, ni les he dado ninguna orden, y ni siquiera les he hablado. Son revelaciones falsas, visiones engañosas, inventos de su propia fantasía. Esto es lo que les anuncian esos profetas. 15Pues yo, el Señor, digo de esos profetas que pretenden hablar en mi nombre sin que yo los haya enviado, y que dicen que no va a haber guerra ni hambre en este país: esos profetas morirán por la guerra y el hambre. 16Y el pueblo al que ellos se dirigen, morirá también por la guerra y el hambre, con sus mujeres, sus hijos y sus hijas. Los cadáveres serán arrojados a las calles de Jerusalén, y no habrá quien los entierre. Así les haré pagar su maldad. 17Di al pueblo lo siguiente:

“Que broten lágrimas de mis ojos

día y noche, sin cesar,

por la terrible desgracia de mi pueblo,

por la gravedad de su herida.

18Salgo al campo, y veo los cadáveres

de los muertos en batalla;

entro en la ciudad, y veo gente

que se está muriendo de hambre,

Aun los profetas y los sacerdotes

se van a un país desconocido.”»

El profeta se dirige al Señor

19Señor, ¿has rechazado del todo a Judá?

¿Te has cansado de la ciudad de Sión?

¿Por qué nos heriste irremediablemente?

Esperábamos prosperidad,

pero nada bueno nos ha llegado.

Esperábamos salud,

pero solo hay espanto.

20Reconocemos, Señor, nuestra maldad

y la culpa de nuestros antepasados;

hemos pecado contra ti.

21¡Por el honor de tu nombre, no nos rechaces;

no trates con desprecio a la ciudad

donde está tu glorioso trono!

¡Recuerda la alianza que hiciste con nosotros,

no faltes a ella!

22¿Hay acaso entre los ídolos paganos

alguno que pueda hacer llover?

¿Acaso el cielo envía los aguaceros por sí mismo?

¡No, Señor y Dios nuestro!

Tú eres quien los envía,

tú eres quien hace todas estas cosas;

¡por eso esperamos en ti!