Dios habla Hoy (DHH)
9

91 1 (8.23) ¡Ojalá fueran mis ojos como un manantial,

como un torrente de lágrimas,

para llorar día y noche

por los muertos de mi pueblo!

2 2 (1) ¡Ojalá tuviera yo en el desierto

un lugar donde vivir,

para irme lejos de mi pueblo!

Porque todos han sido infieles;

son una partida de traidores.

3 3 (2) Siempre están listos a decir mentiras

como si dispararan flechas con un arco.

En el país reina la mentira, no la verdad;

han ido de mal en peor,

y el Señor mismo afirma:

«No han querido reconocerme.»

4 4 (3) Hay que desconfiar hasta del amigo;

ni siquiera en el hermano se puede confiar,

pues los hermanos se engañan entre sí

y los amigos se calumnian unos a otros.

5 5 (4) Cada uno se burla del otro,

y no hay quien diga la verdad.

Se han acostumbrado a mentir;

son perversos, incapaces 6 6 (5) de cambiar.

El Señor afirma:

«¡Atropello tras atropello,

falsedad tras falsedad!

Mi pueblo no quiere reconocerme.

7 7 (6) Por eso yo, el Señor todopoderoso, digo:

¿Qué otra cosa puedo hacer con mi pueblo,

sino ponerlo al fuego para refinarlo?

8 8 (7) Sus lenguas son flechas mortales;

andan diciendo falsedades.

Saludan cordialmente a sus amigos,

pero en realidad les están poniendo trampas.

9 9 (8) ¿Y no los he de castigar por estas cosas?

¿No he de darle su merecido a un pueblo así?

Yo, el Señor, lo afirmo.

10 10 (9) »Lloren y giman por las montañas,

entonen un lamento por las praderas,

porque están quemadas y ya nadie pasa por ellas;

ya no se oye el mugir del ganado,

y hasta las aves y las fieras se fueron huyendo.

11 11 (10) »Voy a convertir a Jerusalén en un montón de piedras,

en una guarida de chacales;

convertiré en un desierto las ciudades de Judá,

y quedarán sin habitantes.»

12 12 (11) ¿Quién es lo bastante sabio para comprender esto? ¿A quién le ha dado a conocer el Señor estas cosas, para que él se las pueda explicar a los demás? ¿Por qué está el país en ruinas, seco como un desierto por donde nadie pasa?

13 13 (12) El Señor responde: «Todo esto sucedió porque los israelitas abandonaron las instrucciones que yo les di; no me obedecieron y no las pusieron en práctica. 14 14 (13) Siguieron tercamente las inclinaciones de su corazón y dieron culto a dioses falsos, como sus padres les enseñaron. 15 15 (14) Por eso yo, el Señor todopoderoso, el Dios de Israel, digo: Voy a darles de comer algo muy amargo, voy a darles de beber agua envenenada. 16 16 (15) Los voy a dispersar entre naciones que ni ellos ni sus padres conocieron; haré que los persigan espada en mano, hasta que no quede ni uno solo.»

Lamentaciones en Jerusalén

17 17 (16) El Señor todopoderoso dice:

«¡Atención! Manden llamar a las mujeres

que tienen por oficio hacer lamentación.»

18 18 (17) ¡Sí, que vengan pronto

y que hagan lamentación por nosotros;

que se nos llenen de lágrimas los ojos

y nuestros párpados se inunden de llanto!

19 19 (18) Desde Sión nos llegan ayes de dolor:

¡Ay, cómo hemos quedado en ruinas!,

¡qué deshonra hemos sufrido!

Tenemos que abandonar nuestra patria,

nuestros hogares están en ruinas.

20 20 (19) Mujeres, escuchen la palabra del Señor,

pongan atención a su mensaje.

Enseñen a sus hijas a llorar

y a sus amigas a lamentarse así:

21 21 (20) «La muerte entró en nuestros hogares,

llegó a nuestros palacios;

mata a los niños en las calles

y a los jóvenes en las plazas.

22 22 (21) Los cadáveres de los hombres quedaron tendidos

como estiércol en el campo,

como espiga que cae detrás del segador

y que nadie la recoge.»

El Señor lo afirma.

23 23 (22) El Señor dice:

«Que no se enorgullezca el sabio de ser sabio,

ni el poderoso de su poder,

ni el rico de su riqueza.

24 24 (23) Si alguien se quiere enorgullecer,

que se enorgullezca de conocerme,

de saber que yo soy el Señor,

que actúo en la tierra con amor, justicia y rectitud,

pues eso es lo que a mí me agrada.

Yo, el Señor, lo afirmo.»

25 25 (24) El Señor afirma: «Viene el día en que castigaré a todos los pueblos que se circuncidan físicamente: 26 26 (25) a Egipto, Judá, Edom, Amón y Moab, y a todos los que viven en el desierto y se afeitan las sienes.9.25-26 Y se afeitan las sienes: alusión a ciertos clanes del desierto de Arabia que se rapaban una parte del cabello. Porque todos esos pueblos, y aun todo el pueblo de Israel, son realmente paganos de corazón.»

10

Idolatría y culto verdadero a Dios

101Escucha, pueblo de Israel, este mensaje que el Señor te dirige. 2El Señor dice:

«No sigan el ejemplo de otras naciones

ni se dejen asustar por las señales del cielo,

como esas naciones lo hacen.

3La religión de esos pueblos no vale nada.

Cortan un tronco en el bosque,

un escultor lo labra con su cincel,

4luego lo adornan con plata y oro,

y lo aseguran con clavos y martillo

para que no se caiga.

5Los ídolos parecen espantapájaros

en un campo sembrado de melones;

no pueden hablar,

y hay que cargar con ellos, porque no caminan.

No tengan miedo de ellos,

que a nadie hacen mal ni bien.»

6Señor, no hay nadie como tú:

tú eres grande,

tu nombre es grande y poderoso.

7¿Quién no te teme, rey de las naciones?

Tú mereces ser temido.

Entre todos los sabios y reyes del mundo,

no hay nadie como tú.

8Todos ellos son necios,

no tienen ninguna inteligencia.

¡Nada puede enseñarles un pedazo de madera!

9Sus ídolos son tan solo plata traída de Tarsis

y oro traído de Ufaz;

objetos hechos por escultores y orfebres

y vestidos con telas moradas y rojas,

todos ellos fabricados por hábiles artistas.

10El Señor es el Dios verdadero,

el Dios viviente, el Rey eterno.

Cuando se enoja, tiembla la tierra;

las naciones no pueden resistir su ira.

11(Ustedes, israelitas, digan a los paganos: «Los dioses que no hicieron el cielo ni la tierra desaparecerán de la tierra; ni uno de ellos quedará debajo del cielo.»)10.11 Este v. del libro de Jeremías no está escrito en hebreo sino en arameo.

Himno de alabanza a Dios

(Jer 51.15-19)

12El Señor, con su poder, hizo la tierra;

con su sabiduría afirmó el mundo;

con su inteligencia extendió el cielo.

13Con voz de trueno hace rugir el agua en el cielo,

hace subir las nubes desde el extremo de la tierra,

hace brillar los relámpagos en medio de la lluvia

y saca el viento de donde lo tiene guardado.

14Necio e ignorante es todo hombre.

Los ídolos defraudan al que los fabrica:

son imágenes engañosas y sin vida;

15son objetos sin valor, ridículos,

que el Señor, en el juicio, destruirá.

16¡Qué diferente es el Dios de Jacob,

creador de todo lo que existe!

Él escogió a Israel como su propiedad.

El Señor todopoderoso: ese es su nombre.

Diálogo entre el profeta y la nación

17—Y tú, nación en estado de sitio,10.17 En estado de sitio: Posiblemente se trata del asedio que precedió a la caída de Jerusalén, en el año 586 a.C. Cf. 2~R 25.1.

recoge tus cosas.

18Porque el Señor dice:

“Esta vez voy a lanzar lejos

a los habitantes de este país.

Voy a ponerlos en aprietos,

a ver si así me encuentran.”

19—¡Ay de mí, que estoy en ruinas!

¡Mis heridas no tienen curación!

¡Y yo que pensé que podría

soportar este dolor!

20Mi campamento está destruido,

todas las cuerdas están rotas.

Mis hijos me han abandonado,

¡ya no existen!

Ya no hay quien vuelva a plantar mis tiendas,

quien vuelva a extender sus lonas.

21—Los jefes de este pueblo son necios;

no buscan al Señor.

Por eso han fracasado

y todo su rebaño está disperso.

22¡Atención! ¡Llega una noticia!

De un país del norte10.22 País del norte: Véase 1.14-15 n. viene un gran estruendo

que va a convertir las ciudades de Judá

en un desierto donde solo vivan los chacales.

23Señor, yo sé que el hombre no es dueño de su vida,

que no tiene dominio sobre su destino.

24Corrígenos conforme a tu justicia,

y no con ira, pues nos destruirías.

25Descarga tu ira sobre las naciones

que no te reconocen,

sobre los pueblos que no te invocan,

porque han devorado al pueblo de Jacob,

lo han destruido por completo

y han dejado en ruinas el país.

11

Violación de la alianza

111El Señor se dirigió a mí, Jeremías, y me dijo: 2«Que los israelitas pongan atención a los términos de esta alianza. Habla a la gente de Judá y a los habitantes de Jerusalén, 3y diles que yo, el Señor, el Dios de Israel, declaro maldito al que no obedezca los términos de esta alianza. 4Es la alianza que hice con sus antepasados cuando los saqué de Egipto, país que era para ellos como un horno de fundir hierro. Les dije: Obedézcanme, hagan todo lo que yo les ordene y ustedes serán mi pueblo y yo seré su Dios. 5Si ustedes me hacen caso, yo cumpliré el juramento que hice a sus antepasados, de darles una tierra, la tierra que ahora tienen, donde la leche y la miel corren como el agua.»

Y yo respondí: «Sí, Señor.»

6Entonces el Señor me dijo: «Proclama este mensaje en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén. Di a la gente: “Escuchen cuáles son los términos de esta alianza, y cúmplanlos. 7Cuando yo saqué de Egipto a los antepasados de ustedes, les advertí solemnemente que me hicieran caso, y desde entonces hasta ahora se lo he seguido advirtiendo. 8Pero no me hicieron caso ni me obedecieron, sino que tercamente se dejaron llevar por las malas inclinaciones de su corazón. No quisieron cumplir los términos que yo les había ordenado, y entonces hice que les vinieran los castigos anunciados en la alianza.”»

9El Señor siguió diciéndome: «La gente de Judá y los habitantes de Jerusalén conspiran contra mí. 10Han vuelto a los mismos pecados que antes cometieron sus antepasados, los cuales se negaron a obedecerme y se fueron tras otros dioses y los adoraron. Tanto Israel como Judá han violado la alianza que yo hice con sus antepasados. 11Por lo tanto, voy a enviarles una calamidad de la que no podrán escapar. Por más que griten pidiéndome auxilio, no los escucharé. Yo, el Señor, lo afirmo. 12Entonces la gente de Judá y los habitantes de Jerusalén irán a pedir ayuda a los dioses a los que ofrecen incienso, pero ellos no podrán salvarlos cuando llegue la calamidad. 13Judá tiene tantos dioses como ciudades, y los habitantes de Jerusalén han levantado tantos altares para ofrecer incienso a Baal como calles hay en la ciudad. 14Así que tú, Jeremías, no ores en favor de este pueblo; no me ofrezcas oraciones ni súplicas por ellos, porque no voy a escucharlos cuando me pidan ayuda en medio de la calamidad.

15»¿Qué busca Israel, mi amada, en mi templo,

después de haber hecho tantas cosas malas?

¿Acaso la grasa y la carne de los sacrificios

alejarán de ti la desgracia,

y podrás así escapar?»

16El Señor te había llamado «olivo frondoso,

cargado de hermosos frutos.»

Pero en medio de fuertes truenos

él prendió fuego a tus hojas

y arden tus ramas.

17El Señor todopoderoso, que te plantó, ha ordenado la calamidad contra ti por causa de las maldades que Israel y Judá han cometido, pues lo han ofendido ofreciendo incienso a Baal.

Los enemigos de Jeremías pretenden darle muerte

18El Señor me hizo saber que mis enemigos estaban tramando algo malo. Él me abrió los ojos, para que me diera cuenta. 19Yo estaba tranquilo, como un cordero que llevan al matadero, sin saber que estaban haciendo planes contra mí. Decían: «Cortemos el árbol ahora que está en todo su vigor; arranquémoslo de este mundo de los vivientes, para que nadie vuelva a acordarse de él.»

20Pero tú, Señor todopoderoso,

eres un juez justo;

tú conoces hasta lo más íntimo del hombre.

Hazme ver cómo castigas a esa gente,

pues he puesto mi causa en tus manos.

21Y a los hombres de Anatot, que buscaban mi muerte y que me ordenaban no hablar en nombre del Señor, si no quería que me mataran, 22el Señor todopoderoso les dice: «Voy a ajustar cuentas con ustedes: los jóvenes morirán en la guerra, y sus hijos y sus hijas morirán de hambre. 23No quedará ni uno solo de ellos, porque viene el día en que yo ajustaré cuentas con ustedes, hombres de Anatot, y traeré sobre ustedes la calamidad.»