Dios habla Hoy (DHH)
16

161«¡Entonen a mi Dios un canto al son de panderetas,

canten al Señor con acompañamiento de platillos,

ofrézcanle un canto de alabanza,

honren e invoquen su nombre!

16.1
Ex 15.1-2
Jue 5.2-3

2El Señor es un Dios que pone fin a las guerras;

él me libró de mis perseguidores

y me trajo al campamento de su pueblo.

3»Vinieron los asirios de las montañas del norte,

vinieron con miles de soldados,

tantos que con ellos los valles se inundaban

y con sus caballos se cubrían las colinas.

4Amenazaron con quemar mi territorio,

con matar a espada a mis muchachos,

con estrellar contra el suelo a mis niños de pecho,

con llevarse presos a mis pequeños

y cautivas a mis jovencitas.

5»Pero el Señor todopoderoso los hizo fracasar

por medio de una mujer.

6Su campeón no cayó a manos de jóvenes,

ni fueron colosos los que lo vencieron,

ni le cayeron encima gigantes enormes;

¡Judit, la hija de Merarí,

lo venció con su belleza!

7Se quitó su ropa de luto,

se untó el rostro con perfumes,

para salvar a los oprimidos de Israel.

8Se adornó la cabeza con una diadema

y se puso ropa fina para engañarlo.

9Sus sandalias le deslumbraron los ojos,

su belleza le cautivó el alma,

y la espada le atravesó el cuello.

10»Los persas se espantaron al ver su atrevimiento,

los medos temblaron al ver su audacia.

11Entonces mi pueblo oprimido alzó el grito,

y los enemigos se asustaron;

gritó mi pueblo débil, y ellos se aterraron;

alzó la voz, y ellos huyeron.

12Los traspasaron como a débiles muchachos,

los hirieron como a esclavos desertores;

¡el ejército de mi Señor los destruyó!

13»Voy a cantar a Dios una canción nueva:

¡Señor, tú eres grande y glorioso,

admirable por tu poder invencible!

14Que te sirvan todos los seres que creaste;

tú hablaste, y comenzaron a existir,

enviaste tu soplo, y se formaron;

nadie puede resistir a tu voz de mando.

15Las montañas se estremecen desde sus cimientos

y se confunden con los mares,

las rocas se derriten como cera delante de ti;

pero a aquellos que te reverencian

les muestras tu bondad.

16»Poca cosa son los sacrificios de olor agradable,

muy poco es toda la grasa que se quema en holocausto;

pero el que reverencia al Señor siempre será grande.

17¡Ay de las naciones que amenazan a mi pueblo:

el Señor todopoderoso las castigará en el día del juicio;

las entregará al fuego y los gusanos,

y llorarán de dolor eternamente!»

Término del relato

18Al llegar a Jerusalén, adoraron a Dios, y una vez que el pueblo se purificó, ofrecieron holocaustos, dones voluntarios y ofrendas. 19Judit consagró a Dios toda la vajilla de Holofernes, que el pueblo le había regalado, lo mismo que el pabellón que ella había quitado de la tienda en que él dormía. 20Durante tres meses, el pueblo estuvo celebrando fiestas en Jerusalén, frente al templo, y Judit se quedó con ellos.

21Al cabo de ese tiempo, cada uno volvió a su tierra, y Judit regresó a Betulia para seguir al frente de sus posesiones. Mientras vivió, fue famosa en todo el país. 22Tuvo muchos pretendientes, pero después que su esposo Manasés murió y fue a reunirse con sus antepasados, ella nunca volvió a tener relaciones con ningún hombre. 23Su fama fue creciendo más y más; vivió en la casa de su esposo hasta llegar a la avanzada edad de ciento cinco años. Dio la libertad a su esclava. Murió en Betulia, y fue sepultada en la tumba de su esposo Manasés, excavada en la roca. 24El pueblo de Israel lloró su muerte durante siete días. Antes de morir, ella había repartido sus posesiones entre todos los parientes más cercanos de su esposo Manasés y entre los suyos propios. 25Durante el tiempo que vivió Judit, y por mucho tiempo después de su muerte, nadie volvió a amenazar a los israelitas.

1

Saludo

11Esta es la revelación que Dios hizo a Jesucristo, para que él mostrara a sus siervos lo que pronto ha de suceder. Jesucristo lo ha dado a conocer enviando su ángel a su siervo Juan, 2el cual ha dicho la verdad de todo lo que vio, y es testigo del mensaje de Dios confirmado por Jesucristo.

3Dichoso el que lee y dichosos los que escuchan la lectura de este mensaje profético, y hacen caso de lo que aquí está escrito, porque ya se acerca el tiempo.

4Juan saluda a las siete1.4 Siete: El número siete es símbolo de totalidad y perfección; las siete iglesias representan a todas las iglesias. iglesias de la provincia de Asia. Reciban ustedes gracia y paz de parte del que es y era y ha de venir,1.4 El que es y era y ha de venir: alusión al nombre divino revelado en Ex 3.14-15. y de parte de los siete espíritus1.4 Los siete espíritus: Cf. Ap 3.1; 4.5; 5.6. La mención de los siete espíritus junto con el Padre y con Jesucristo sugiere que estos espíritus simbolizan al Espíritu de Dios en sus múltiples manifestaciones (cf. Is 11.2). que están delante de su trono, 5y también de parte de Jesucristo, testigo fiel, que fue el primero en resucitar y tiene autoridad sobre los reyes de la tierra. Cristo nos ama, y nos ha librado de nuestros pecados derramando su sangre, 6y ha hecho de nosotros un reino; nos ha hecho sacerdotes al servicio de su Dios y Padre. ¡Que la gloria y el poder sean suyos para siempre! Amén.

7¡Cristo viene en las nubes!

Todos lo verán,

incluso los que lo traspasaron;

y todos los pueblos del mundo

harán duelo por él.

1.7
Cf.

Sí, amén.

8«Yo soy el alfa y la omega,»1.8 Alfa y la omega son, respectivamente, la primera y la última letra del alfabeto griego, y la frase equivale a decir el principio y el fin (cf. Ap 21.6; 22.13). dice el Señor, el Dios todopoderoso, el que es y era y ha de venir.

Visión preparatoria

9Yo, Juan, soy hermano de ustedes, y por mi unión con Jesús tengo parte con ustedes en el reino de Dios, en los sufrimientos y en la fortaleza para soportarlos. Por haber anunciado el mensaje de Dios confirmado por Jesús, me encontraba yo en la isla llamada Patmos. 10Y sucedió que en el día del Señor1.10 Día del Señor: el primer día de la semana, es decir, el domingo; cf. Jn 20.19; Hch 20.7. quedé bajo el poder del Espíritu, y oí detrás de mí una fuerte voz, como un toque de trompeta, 11que me decía: «Escribe en un libro lo que ves, y mándalo a las siete iglesias de la provincia de Asia: a Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardes, Filadelfia y Laodicea.»

12Me volví para ver de quién era la voz que me hablaba; y al hacerlo vi siete candelabros de oro, 13y en medio de los siete candelabros vi a alguien que parecía ser un hijo de hombre,1.13 Un hijo de hombre: Ap 14.14; cf. Dn 7.13. Véase Hijo del hombre en el Índice temático. vestido con una ropa que le llegaba hasta los pies y con un cinturón de oro a la altura del pecho. 14Sus cabellos eran blancos como la lana,1.14 Sus cabellos eran blancos como la lana: Cf. Dn 7.9. o como la nieve, y sus ojos parecían llamas de fuego. 15Sus pies brillaban como bronce pulido, fundido en un horno; y su voz era tan fuerte como el ruido de una cascada.

1.13-15
Cf.
16En su mano derecha tenía siete estrellas, y de su boca salía una aguda espada de dos filos. Su cara era como el sol cuando brilla en todo su esplendor.

17Al verlo, caí a sus pies como muerto. Pero él, poniendo su mano derecha sobre mí, me dijo: «No tengas miedo; yo soy el primero y el último,

1.17
Cf.
18y el que vive. Estuve muerto, pero ahora vivo para siempre. Yo tengo las llaves del reino de la muerte. 19Escribe lo que has visto: lo que ahora hay y lo que va a haber después. 20Este es el secreto de las siete estrellas que has visto en mi mano derecha, y de los siete candelabros de oro: las siete estrellas representan a los ángeles de las siete iglesias, y los siete candelabros representan a las siete iglesias.