Dios habla Hoy (DHH)
64

641 1 (63.19b) Ojalá rasgaras el cielo y bajaras

haciendo temblar con tu presencia las montañas,

2 2 (1) como cuando el fuego quema las zarzas

o hace hervir el agua.

Entonces tus enemigos conocerían tu nombre

y las naciones temblarían ante ti.

3 3 (2) Cuando hiciste cosas terribles que no esperábamos,

cuando bajaste, las montañas temblaron ante ti.

4 4 (3) Jamás se ha escuchado ni se ha visto

que haya otro dios fuera de ti

que haga tales cosas

en favor de los que en él confían.

5 5 (4) Tú aceptas a quien hace el bien con alegría

y se acuerda de hacer lo que tú quieres.

Tú estás enojado porque hemos pecado;

desde hace mucho te hemos ofendido.

6 6 (5) Todos nosotros somos como un hombre impuro;

todas nuestras buenas obras son como un trapo sucio;

todos hemos caído como hojas marchitas,

y nuestros crímenes nos arrastran como el viento.

7 7 (6) No hay nadie que te invoque

ni se esfuerce por apoyarse en ti;

por eso te ocultaste de nosotros

y nos has abandonado por causa de nuestra maldad.

8 8 (7) Sin embargo, Señor, tú eres nuestro padre;

nosotros somos el barro, tú nuestro alfarero;

¡todos fuimos hechos por ti mismo!

9 9 (8) Señor, no te enojes demasiado

ni te acuerdes siempre de nuestros crímenes.

¡Mira que somos tu pueblo!

10 10 (9) Tus santas ciudades están convertidas en desierto,

Jerusalén está en ruinas, destruida.

11 11 (10) Nuestro santuario glorioso,

donde nuestros padres te alababan,

quedó destruido por el fuego.

¡Todo lo que más queríamos está en ruinas!

12 12 (11) Y ante todo esto, Señor, ¿no vas a hacer nada?

¿Te vas a quedar callado

y vas a humillarnos hasta el extremo?

65

Acusación contra los rebeldes

651El Señor dice:

«Los que no me habían pedido nada

fueron los que acudieron a mí;

los que no me habían buscado

fueron los que me encontraron.

A un pueblo que no me había invocado

fue al que le dije: “Aquí estoy.”

2Todo el día extendí mis manos

para atraer a un pueblo rebelde

que iba por caminos perversos

siguiendo sus propios caprichos;

3un pueblo que en mi propia cara

me ofendía continuamente;

que ofrecía sacrificios a los dioses en los jardines65.3 En los jardines: Esta expresión alude a los bosques sagrados donde se rendía culto a los dioses de la fertilidad. Cf. Is 66.17-18; Ez 6.13.

y quemaba incienso en altares de ladrillo;

4que se sentaba entre los sepulcros

y pasaba las noches en sitios escondidos;

que comía carne de cerdo

65.4
Cf.

y llenaba sus ollas de caldos impuros.

5Dicen: “Quédate ahí, no me toques;

soy demasiado sagrado para que me toques.”

Esa gente es como fuego que arde todo el día;

me molestan como el humo en las narices.

6Pero todo esto está escrito delante de mí,

y no voy a quedarme cruzado de brazos;

voy a darles su merecido,

7tanto por los crímenes de ellos

como por los de sus padres.

Ellos quemaban incienso sobre los montes

y me ofendían en las colinas.

Haré primero la cuenta

y les daré su merecido.»

El Señor lo ha dicho.

El Señor promete sus bendiciones

8El Señor dice:

«Cuando las uvas tienen mucho jugo

la gente no las echa a perder,

porque pueden sacar mucho vino.

Así haré yo también por amor a mis siervos:

no destruiré a toda la nación.

9Haré que Jacob tenga descendientes

y que haya gente en Judá que viva en mis montañas.

Mis elegidos poseerán la tierra,

mis servidores vivirán allí.

10El valle de Sarón se llenará de rebaños

y en el valle de Acor65.10 El valle de Acor se encuentra entre Jerusalén y Jericó (cf. Jos 7.24; 15.7). Acor, en hebreo, significa desgracia; pero el profeta Oseas había anunciado que el valle de ese nombre se convertiría en puerta de esperanza. Cf. Os 2.15. pastará el ganado

que tendrá el pueblo que me busca.

11Pero a ustedes que se apartan del Señor

y se olvidan de mi monte santo,

que ofrecen comida y vino

a Gad y Mení, dioses de la fortuna,65.11 Gad y Mení eran dioses venerados por los cananeos. El nombre del primero significa suerte y el del segundo, repartición, términos que corresponden aprox. a los conceptos de destino y fortuna.

12mala fortuna les espera:

los haré morir a filo de espada.

Porque yo los llamé y ustedes no respondieron;

les hablé y no me escucharon;

hicieron lo que yo no apruebo,

escogieron lo que a mí me disgusta.»

13Por eso, el Señor dice:

«Mis servidores tendrán de comer,

pero ustedes sufrirán hambre;

ellos tendrán de beber,

pero ustedes sufrirán sed;

ellos se alegrarán,

pero ustedes quedarán en ridículo;

14ellos cantarán de alegría

por el gozo de su corazón,

pero ustedes gritarán y llorarán

por la tristeza y la aflicción.

15Mis elegidos usarán el nombre de ustedes

para maldecir y desear la muerte a otros,

pero a mis siervos les cambiaré de nombre.

16Cualquiera que en el país pida una bendición,

la pedirá al Dios fiel;

y cualquiera que en el país haga un juramento,

jurará por el Dios fiel.

Las aflicciones anteriores han quedado olvidadas,

han desaparecido de mi vista.

17»Miren, yo voy a crear

un cielo nuevo y una tierra nueva.

Lo pasado quedará olvidado,

nadie se volverá a acordar de ello.

18Llénense de gozo y alegría para siempre

por lo que voy a crear,

porque voy a crear una Jerusalén feliz

y un pueblo contento que viva en ella.

19Yo mismo me alegraré por Jerusalén

y sentiré gozo por mi pueblo.

En ella no se volverá a oír llanto

ni gritos de angustia.

20Allí no habrá niños que mueran a los pocos días,

ni ancianos que no completen su vida.

Morir a los cien años será morir joven,

y no llegar a los cien años será una maldición.

21La gente construirá casas y vivirá en ellas,

sembrará viñedos y comerá sus uvas.

22No sucederá que uno construya y otro viva allí,

o que uno siembre y otro se aproveche.

Mi pueblo tendrá una vida larga, como la de un árbol;

mis elegidos disfrutarán del trabajo de sus manos.

23No trabajarán en vano

ni tendrán hijos que mueran antes de tiempo,

porque ellos son descendientes

de los que el Señor ha bendecido,

y lo mismo serán sus descendientes.

24Antes que ellos me llamen,

yo les responderé;

antes que terminen de hablar,

yo los escucharé.

25El lobo y el cordero comerán juntos,

el león comerá pasto, como el buey,

y la serpiente se alimentará de tierra.

En todo mi monte santo

no habrá quien haga ningún daño.»

El Señor lo ha dicho.

66

Contra el culto falso

661El Señor dice:

«El cielo es mi trono

y la tierra es el estrado de mis pies.

¿Dónde podrán construirme una casa?

¿Dónde podrán hacerme un lugar de descanso?

2¡Yo mismo hice todas estas cosas,

y así empezaron a existir!

Yo, el Señor, lo afirmo.

»El hombre en quien yo me fijo

es el pobre y afligido

que respeta mi palabra.

3Pero hay quienes sacrifican un toro,

y también matan a un hombre;

degüellan una oveja, y también desnucan un perro;

ofrecen cereales, y también la sangre de un cerdo;

queman incienso, y también adoran a un ídolo.

A los que escogieron esos ritos detestables,

les encanta hacer todo esto.

4Yo también escogeré el sufrimiento para ellos,

y les traeré lo que ellos tanto temen.

Porque llamé y nadie me respondió,

hablé y nadie me escuchó;

hicieron lo que yo no apruebo,

escogieron lo que a mí me disgusta.»

Juicio y liberación

5Escuchen la palabra del Señor,

ustedes que respetan su palabra:

«Algunos compatriotas de ustedes, que los odian,

que los persiguen porque invocan mi nombre, dicen:

“Que el Señor muestre su gloria;

queremos verlos alegres.”

Pero ellos quedarán en ridículo.

6Ese estruendo que viene de la ciudad,

ese ruido que viene del templo,

es el ruido que hace el Señor

al dar su merecido a sus enemigos.

7»Sión dio a luz en un momento,

antes de sentir los dolores del parto.

8¿Quién ha oído decir algo parecido?

¿Quién ha visto algo semejante?

¿Nace una nación en un solo día?

¿Nace un pueblo en un momento?

Pero cuando Sión comenzó a sentir los dolores,

en seguida dio a luz a sus hijos.

9¿Cómo iba yo a impedir el nacimiento,

si yo soy quien hace dar a luz?»

El Señor tu Dios lo ha dicho.

10«Alégrense con Jerusalén,

llénense de gozo con ella todos los que la aman;

únanse a su alegría

todos los que han llorado por ella;

11y ella, como una madre,

los alimentará de sus consuelos

hasta que queden satisfechos.

12Porque yo, el Señor, digo:

Yo haré que la paz venga sobre ella

como un río,

y las riquezas de las naciones

como un torrente desbordado.

Ella los alimentará a ustedes,

los llevará en sus brazos

y los acariciará sobre sus rodillas.

13Como una madre consuela a su hijo,

así los consolaré yo a ustedes,

y encontrarán el consuelo en Jerusalén.»

14Cuando ustedes vean esto, su corazón se alegrará;

su cuerpo se renovará como la hierba.

El Señor dará a conocer su poder entre sus siervos,

y su ira entre sus enemigos.

15Porque el Señor llega en medio de fuego,

sus carros parecen un torbellino;

va a descargar el ardor de su ira

y las llamas ardientes de su castigo.

16Sí, el Señor va a hacer el juicio con fuego,

va a juzgar a todo el mundo con su espada

y hará morir a muchos.

17-18El Señor afirma:

«Los que se consagran y purifican

para el culto pagano en los jardines66.17-18 En los jardines: Cf. Is 65.3 n.

siguiendo a uno que va en medio,

los que comen carne de cerdo, de rata

o de otros animales impuros,

serán exterminados de una sola vez,

porque yo conozco sus acciones y sus pensamientos.

»Entonces vendré yo mismo

a reunir a todos los pueblos y naciones,

y vendrán y verán mi gloria.

19Yo les daré una señal:

dejaré que escapen algunos

y los enviaré a las naciones:

a Tarsis, a Libia,

a Lidia, país donde saben manejar el arco,

a Tubal, a Grecia

y a los lejanos países del mar,

que nunca han oído hablar de mí

ni han visto mi gloria;

ellos anunciarán mi gloria entre las naciones.

20Harán venir de todas las naciones

a todos los compatriotas de ustedes,

a caballo, en carros, en literas,

en mulas y en camellos.

Serán una ofrenda para mí

en Jerusalén, mi monte santo,

como las ofrendas que traen los israelitas

en vasos limpios a mi templo.

Yo, el Señor, lo he dicho.

21»A algunos de ellos los elegiré

para que sean sacerdotes y levitas.

Yo, el Señor, lo he dicho.»

22También afirma el Señor:

«Así como el nuevo cielo y la nueva tierra

que yo voy a crear

durarán para siempre,

así también durarán tus descendientes y tu nombre.

23Y cada mes, en el día de la luna nueva,

y cada semana, en el sábado,

todos los hombres vendrán a postrarse delante de mí.

Yo, el Señor, lo he dicho.

24»Vendrán y verán los cadáveres de los hombres

que se rebelaron contra mí.

Los gusanos que se los comen no morirán,

y el fuego que los devora no se apagará.

¡Serán algo repugnante para toda la humanidad!»