Dios habla Hoy (DHH)
63

Dios castiga a sus enemigos

631—¿Quién es ese que viene de Bosrá, capital de Edom,

con su ropa teñida de rojo,

que viene vestido espléndidamente

y camina con fuerza terrible?

—Soy yo, que anuncio la victoria

y soy poderoso para salvar.

2—¿Y por qué tienes rojo el vestido,

como si hubieras pisado uvas con los pies?

3—Sí, estuve pisando las uvas yo solo,

nadie me ayudó;

lleno de ira pisoteé a mis enemigos,

los aplasté con furor,

y su sangre me salpicó los vestidos

y me manchó toda la ropa.

4Yo decidí que un día tendría que hacer justicia;

había llegado el tiempo de libertar a mi pueblo.

5Miré, y no había quien me ayudara;

quedé admirado de que nadie me apoyara.

Mi brazo me dio la victoria

y mi ira me sostuvo.

6Lleno de ira aplasté a las naciones,

las destruí con furor

e hice correr su sangre por el suelo.

Bondad de Dios para Israel

7Yo quiero hablar del amor del Señor,

cantar sus alabanzas

por todo lo que él ha hecho por nosotros,

por su inmensa bondad con la familia de Israel,

por lo que ha hecho en su bondad

y en su gran amor.

8Él dijo: «Ellos son mi pueblo,

hijos que no habrán de traicionarme.»

Y él los salvó

9de todas sus aflicciones.

No fue un enviado suyo quien los salvó;

fue el Señor en persona.

Él los libertó por su amor y su misericordia,

los levantó, los tomó en brazos.

Así lo ha hecho siempre.

10Pero ellos se rebelaron contra el Señor

y ofendieron su santidad;

por eso se volvió

enemigo de ellos

y les hizo la guerra.

11Ellos se acordaron de los tiempos antiguos,

de Moisés que libertó a su pueblo,

y se preguntaban:

«¿Dónde está Dios, que salvó del Nilo

a Moisés, pastor de su rebaño?

¿Dónde está el que puso en Moisés su santo espíritu,

12el que hizo que su glorioso poder

acompañara a Moisés,

el que dividió el mar delante de su pueblo

para alcanzar fama eterna,

13el que los hizo pasar por el fondo del mar sin resbalar,

como caballos por el desierto,

14como ganado que baja a la llanura?»

El espíritu del Señor los guiaba.

Así condujo a su pueblo

y alcanzó fama y gloria.

Oración a Dios para implorar su ayuda

15Mira, Señor, desde el cielo,

desde el lugar santo y glorioso en que vives.

¿Dónde están tu ardiente amor y tu fuerza?

¿Dónde están tus sentimientos?

¿Se agotó tu misericordia con nosotros?

16¡Tú eres nuestro padre!

Aunque Abraham no nos reconozca,

ni Israel se acuerde de nosotros,

tú, Señor, eres nuestro padre;

desde siempre eres nuestro redentor.

17¿Por qué, Señor, haces que nos desviemos de tus caminos,

y endureces nuestros corazones para que no te respetemos?

Cambia ya, por amor a tus siervos

y a las tribus que te pertenecen.

18¡Qué poco tiempo tu pueblo santo fue dueño del país!

Nuestros enemigos han pisoteado tu templo.

19Estamos como si tú nunca nos hubieras gobernado,

como si nunca hubiéramos llevado tu nombre.

64

641 1 (63.19b) Ojalá rasgaras el cielo y bajaras

haciendo temblar con tu presencia las montañas,

2 2 (1) como cuando el fuego quema las zarzas

o hace hervir el agua.

Entonces tus enemigos conocerían tu nombre

y las naciones temblarían ante ti.

3 3 (2) Cuando hiciste cosas terribles que no esperábamos,

cuando bajaste, las montañas temblaron ante ti.

4 4 (3) Jamás se ha escuchado ni se ha visto

que haya otro dios fuera de ti

que haga tales cosas

en favor de los que en él confían.

5 5 (4) Tú aceptas a quien hace el bien con alegría

y se acuerda de hacer lo que tú quieres.

Tú estás enojado porque hemos pecado;

desde hace mucho te hemos ofendido.

6 6 (5) Todos nosotros somos como un hombre impuro;

todas nuestras buenas obras son como un trapo sucio;

todos hemos caído como hojas marchitas,

y nuestros crímenes nos arrastran como el viento.

7 7 (6) No hay nadie que te invoque

ni se esfuerce por apoyarse en ti;

por eso te ocultaste de nosotros

y nos has abandonado por causa de nuestra maldad.

8 8 (7) Sin embargo, Señor, tú eres nuestro padre;

nosotros somos el barro, tú nuestro alfarero;

¡todos fuimos hechos por ti mismo!

9 9 (8) Señor, no te enojes demasiado

ni te acuerdes siempre de nuestros crímenes.

¡Mira que somos tu pueblo!

10 10 (9) Tus santas ciudades están convertidas en desierto,

Jerusalén está en ruinas, destruida.

11 11 (10) Nuestro santuario glorioso,

donde nuestros padres te alababan,

quedó destruido por el fuego.

¡Todo lo que más queríamos está en ruinas!

12 12 (11) Y ante todo esto, Señor, ¿no vas a hacer nada?

¿Te vas a quedar callado

y vas a humillarnos hasta el extremo?

65

Acusación contra los rebeldes

651El Señor dice:

«Los que no me habían pedido nada

fueron los que acudieron a mí;

los que no me habían buscado

fueron los que me encontraron.

A un pueblo que no me había invocado

fue al que le dije: “Aquí estoy.”

2Todo el día extendí mis manos

para atraer a un pueblo rebelde

que iba por caminos perversos

siguiendo sus propios caprichos;

3un pueblo que en mi propia cara

me ofendía continuamente;

que ofrecía sacrificios a los dioses en los jardines65.3 En los jardines: Esta expresión alude a los bosques sagrados donde se rendía culto a los dioses de la fertilidad. Cf. Is 66.17-18; Ez 6.13.

y quemaba incienso en altares de ladrillo;

4que se sentaba entre los sepulcros

y pasaba las noches en sitios escondidos;

que comía carne de cerdo

65.4
Cf.

y llenaba sus ollas de caldos impuros.

5Dicen: “Quédate ahí, no me toques;

soy demasiado sagrado para que me toques.”

Esa gente es como fuego que arde todo el día;

me molestan como el humo en las narices.

6Pero todo esto está escrito delante de mí,

y no voy a quedarme cruzado de brazos;

voy a darles su merecido,

7tanto por los crímenes de ellos

como por los de sus padres.

Ellos quemaban incienso sobre los montes

y me ofendían en las colinas.

Haré primero la cuenta

y les daré su merecido.»

El Señor lo ha dicho.

El Señor promete sus bendiciones

8El Señor dice:

«Cuando las uvas tienen mucho jugo

la gente no las echa a perder,

porque pueden sacar mucho vino.

Así haré yo también por amor a mis siervos:

no destruiré a toda la nación.

9Haré que Jacob tenga descendientes

y que haya gente en Judá que viva en mis montañas.

Mis elegidos poseerán la tierra,

mis servidores vivirán allí.

10El valle de Sarón se llenará de rebaños

y en el valle de Acor65.10 El valle de Acor se encuentra entre Jerusalén y Jericó (cf. Jos 7.24; 15.7). Acor, en hebreo, significa desgracia; pero el profeta Oseas había anunciado que el valle de ese nombre se convertiría en puerta de esperanza. Cf. Os 2.15. pastará el ganado

que tendrá el pueblo que me busca.

11Pero a ustedes que se apartan del Señor

y se olvidan de mi monte santo,

que ofrecen comida y vino

a Gad y Mení, dioses de la fortuna,65.11 Gad y Mení eran dioses venerados por los cananeos. El nombre del primero significa suerte y el del segundo, repartición, términos que corresponden aprox. a los conceptos de destino y fortuna.

12mala fortuna les espera:

los haré morir a filo de espada.

Porque yo los llamé y ustedes no respondieron;

les hablé y no me escucharon;

hicieron lo que yo no apruebo,

escogieron lo que a mí me disgusta.»

13Por eso, el Señor dice:

«Mis servidores tendrán de comer,

pero ustedes sufrirán hambre;

ellos tendrán de beber,

pero ustedes sufrirán sed;

ellos se alegrarán,

pero ustedes quedarán en ridículo;

14ellos cantarán de alegría

por el gozo de su corazón,

pero ustedes gritarán y llorarán

por la tristeza y la aflicción.

15Mis elegidos usarán el nombre de ustedes

para maldecir y desear la muerte a otros,

pero a mis siervos les cambiaré de nombre.

16Cualquiera que en el país pida una bendición,

la pedirá al Dios fiel;

y cualquiera que en el país haga un juramento,

jurará por el Dios fiel.

Las aflicciones anteriores han quedado olvidadas,

han desaparecido de mi vista.

17»Miren, yo voy a crear

un cielo nuevo y una tierra nueva.

Lo pasado quedará olvidado,

nadie se volverá a acordar de ello.

18Llénense de gozo y alegría para siempre

por lo que voy a crear,

porque voy a crear una Jerusalén feliz

y un pueblo contento que viva en ella.

19Yo mismo me alegraré por Jerusalén

y sentiré gozo por mi pueblo.

En ella no se volverá a oír llanto

ni gritos de angustia.

20Allí no habrá niños que mueran a los pocos días,

ni ancianos que no completen su vida.

Morir a los cien años será morir joven,

y no llegar a los cien años será una maldición.

21La gente construirá casas y vivirá en ellas,

sembrará viñedos y comerá sus uvas.

22No sucederá que uno construya y otro viva allí,

o que uno siembre y otro se aproveche.

Mi pueblo tendrá una vida larga, como la de un árbol;

mis elegidos disfrutarán del trabajo de sus manos.

23No trabajarán en vano

ni tendrán hijos que mueran antes de tiempo,

porque ellos son descendientes

de los que el Señor ha bendecido,

y lo mismo serán sus descendientes.

24Antes que ellos me llamen,

yo les responderé;

antes que terminen de hablar,

yo los escucharé.

25El lobo y el cordero comerán juntos,

el león comerá pasto, como el buey,

y la serpiente se alimentará de tierra.

En todo mi monte santo

no habrá quien haga ningún daño.»

El Señor lo ha dicho.