Dios habla Hoy (DHH)
50

501El Señor dice:

«¡No crean que yo repudié a Israel, madre de ustedes,

como un hombre repudia a su mujer,

o que los vendí a ustedes como esclavos

porque tuviera deudas con alguno!

Ustedes fueron vendidos porque pecaron;

Israel, la madre de ustedes, fue repudiada

porque ustedes fueron rebeldes.

2¿Por qué, cuando yo vine, no encontré a nadie?

¿Por qué, cuando llamé, nadie me contestó?

¿Creyeron acaso que yo no era capaz de rescatarlos?

¿Creyeron acaso que no podía libertarlos?

Basta una orden mía para que se seque el mar

y los ríos se conviertan en desierto;

para que los peces se mueran de sed

y se pudran por falta de agua.

3Yo visto el cielo de luto

y lo cubro con vestido de tristeza.»

Confianza del siervo del Señor en medio del sufrimiento50.4-9 Este es el tercero de los Cánticos del Siervo sufriente (véase Is 42.1-9 n.). Aquí se acentúa el aspecto doloroso de la misión que se le ha confiado.

4El Señor me ha instruido

para que yo consuele a los cansados

con palabras de aliento.

Todas las mañanas me hace estar atento

para que escuche dócilmente.

5El Señor me ha dado entendimiento,

y yo no me he resistido

ni le he vuelto las espaldas.

6Ofrecí mis espaldas para que me azotaran

y dejé que me arrancaran la barba.

No retiré la cara

de los que me insultaban y escupían.

7El Señor es quien me ayuda:

por eso no me hieren los insultos;

por eso me mantengo firme como una roca,

pues sé que no quedaré en ridículo.

8A mi lado está mi defensor:

¿Alguien tiene algo en mi contra?

¡Vayamos juntos ante el juez!

¿Alguien se cree con derecho a acusarme?

¡Que venga y me lo diga!

9El Señor es quien me ayuda;

¿quién podrá condenarme?

Todos mis enemigos desaparecerán

como vestido comido por la polilla.

10Ustedes que honran al Señor

y escuchan la voz de su siervo:

si caminan en la oscuridad,

sin un rayo de luz,

pongan su confianza en el Señor;

apóyense en su Dios.

11Pero todos los que prenden fuego

y preparan flechas encendidas,

caerán en las llamas de su propio fuego,

bajo las flechas que ustedes mismos encendieron.

El Señor les enviará este castigo

y quedarán tendidos en medio de tormentos.

51

Palabras de consuelo a Jerusalén

511Óiganme todos los que quieren vivir con rectitud

y me buscan —dice el Señor.

Miren la roca de donde fueron cortados,

la cantera de donde fueron sacados;

2miren a Abraham, su padre,

y a Sara, la que les dio la vida.

Cuando yo lo llamé, era uno solo,

pero lo bendije y le di muchos descendientes.

3Yo seré bondadoso con Sión,

la ciudad que estaba toda en ruinas.

Convertiré las tierras secas del desierto en un jardín,

como el jardín que el Señor plantó en Edén.

Allí habrá felicidad y alegría,

cantos de alabanza y son de música.

4«Pueblos, préstenme atención,

escúchenme, naciones:

yo publicaré mi enseñanza

y mis mandamientos alumbrarán a los pueblos.

5Mi victoria está cercana,

mi acción salvadora está en camino;

con mi poder gobernaré a los pueblos.

Los países del mar esperarán en mí

y confiarán en mi poder.

6»Levanten los ojos al cielo,

y miren abajo, a la tierra:

el cielo se desvanecerá como el humo,

la tierra se gastará como un vestido

y sus habitantes morirán como mosquitos.

Pero mi salvación será eterna,

mi victoria no tendrá fin.

7»Escúchenme, ustedes que saben lo que es justo,

pueblo que toma en serio mi enseñanza.

No teman las injurias de los hombres,

no se dejen deprimir por sus insultos,

8porque perecerán como un vestido apolillado,

como lana roída por gusanos.

Pero mi victoria será eterna,

mi salvación durará por siempre.»

9Despierta, despierta, brazo del Señor,

ármate de fuerza;

despierta como lo hiciste en el pasado,

en tiempos muy lejanos.

Tú despedazaste a Rahab, el monstruo marino;

10secaste el mar,

el agua del profundo abismo,

y convertiste el fondo del mar en camino

para que pasaran los libertados.

11Así también regresarán los rescatados por el Señor,

y entrarán en Sión dando gritos de alegría;

sus rostros estarán siempre alegres;

encontrarán felicidad y dicha,

y el dolor y el llanto desaparecerán.

12«Yo, yo mismo, te doy ánimo.

¿A quién tienes miedo? ¿A los hombres?

¿A los hombres mortales, que no son más que hierba?

13¿Vas a olvidarte del Señor, tu creador,

que extendió el cielo y afirmó la tierra?

¿Vas a temblar continuamente, a todas horas,

por la furia de los opresores,

que están listos para destruirte?

Pero, ¿dónde está esa furia?

14El que sufría la opresión,

pronto quedará libre;

no morirá en el calabozo

ni le faltará su pan.

15»Yo soy el Señor tu Dios,

mi nombre es Señor todopoderoso;

yo agité el mar

y rugieron las olas,

16extendí el cielo

y afirmé la tierra.

Yo puse en tu boca mis palabras

y te protegí al amparo de mi mano.

Yo dije a Sión: “Tú eres mi pueblo.”»

17Despierta, despierta,

Jerusalén, levántate.

Tú sufriste la ira del Señor

como quien bebe una copa,51.17 La copa llena de vino embriagador, que deja postrado, física y mentalmente, al que lo bebe simboliza la ira de Dios y su juicio sobre los malvados. Este símbolo aparece con relativa frecuencia en los profetas y en los Salmos. Cf. Sal 60.3; 75.8; Jer 25.15; Ap 14.10; 16.19.

y la bebe hasta el fondo,

hasta quedar borracho.

18Entre todos los hijos que has tenido,

no hay ninguno que te guíe;

entre todos los hijos que criaste,

no hay ninguno que te lleve de la mano.

19Estas dos desgracias vinieron sobre ti:

tu país fue destruido y saqueado,

y tu gente murió por el hambre y la guerra.

¿Quién tendrá lástima de ti?

¿Quién te consolará?

20Como antílopes atrapados en la red,

tus hijos están sin fuerzas,

tendidos en la esquina de cualquier calle,

heridos por la ira del Señor,

por la corrección de tu Dios.

21Por eso, ciudad desdichada, escucha esto,

tú que estás borracha, pero no de vino;

22tu Señor y tu Dios,

el que defiende la causa de su pueblo, dice:

«Te voy a quitar de la mano

esa copa con que te has emborrachado;

ya no volverás a beber más la copa de mi ira.

23Yo se la daré

a los que te atormentaron,

a los que te decían:

“Échate al suelo, que vamos a pasar sobre ti”;

y tú te tendiste en el suelo

para que te pisotearan como al polvo.»

52

Anuncio de liberación a Jerusalén

521Despierta, Sión, despierta,

ármate de fuerza;

Jerusalén, ciudad santa,

vístete tu ropa más elegante,

porque los paganos, gente impura,

no volverán a entrar en ti.52.1 Los paganos… entrar en ti: alusión a la destrucción de Jerusalén, llevada a cabo por el ejército de Nabucodonosor, rey de Babilonia, en el 587 a.C. Cf. 2~R 25.1-21; Sal 74; 79.

2Levántate, Jerusalén,

sacúdete el polvo,

siéntate en el trono.

Sión, joven prisionera,

quítate ya el yugo del cuello.

3El Señor dice:

«Ni un centavo recibí

cuando ustedes fueron llevados como esclavos;

pues ni un centavo daré

ahora que yo los rescate.

4Al principio mi pueblo fue a Egipto

y vivió allí como extranjero;

después Asiria lo oprimió sin motivo.

5Y ahora, ¿qué es lo que veo?

Sin motivo se han llevado mi pueblo a Babilonia.

Quienes lo dominan, gritan orgullosos

y me ofenden sin cesar.

6Pero vendrá el día en que mi pueblo reconozca

y sepa que yo, que le he hablado, soy el Señor.»

7¡Qué hermoso es ver llegar por las colinas

al que trae buenas noticias,

al que trae noticias de paz,

al que anuncia la liberación

y dice a Sión: «Tu Dios es rey»!

8¡Escucha! Tus centinelas levantan la voz

y a una dan gritos de triunfo,

porque ven con sus propios ojos

cómo vuelve el Señor a Sión.

9¡Estallen en gritos de triunfo,

ruinas de Jerusalén,

porque el Señor ha tenido compasión de su pueblo,

ha liberado a Jerusalén!

10El Señor ha mostrado su poder

a la vista de todas las naciones.

Por toda la tierra se sabrá

que nuestro Dios nos ha salvado.

11¡Salgan, salgan ya de Babilonia,

no toquen nada impuro,

salgan ya de Babilonia!

¡Consérvense limpios

los que transportan los utensilios del Señor!

12Pero no tendrán que salir a toda prisa,

no tendrán que salir huyendo,

porque el Señor, el Dios de Israel,

los protegerá por todos lados.52.12 El éxodo de Egipto se había realizado a toda prisa y en medio del temor (cf. Ex 12.11,33-34; Dt 16.3). La salida de Babilonia, en cambio, no será una fuga precipitada sino un retorno triunfal a la Tierra prometida. Cf. Is 41.17-20.

Sufrimientos y triunfo del siervo del Señor52.13—53.12 En el cuarto Cántico del Siervo sufriente hay una notable contraposición entre los sufrimientos a que fue sometido injustamente y su victoria final.

13Mi siervo tendrá éxito,

será levantado y puesto muy alto.

14Así como muchos se asombraron de él,

al ver su semblante, tan desfigurado

que había perdido toda apariencia humana,

15así también muchas naciones se quedarán admiradas;

los reyes, al verlo, no podrán decir palabra,

porque verán y entenderán

algo que nunca habían oído.