Dios habla Hoy (DHH)
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El siervo del Señor, luz de las naciones49.1-6 Este es el segundo de los «Cantos del Siervo sufriente» (véase Is 42.1-9 n.).

491Óiganme, países del mar,

préstenme atención, naciones lejanas:

El Señor me llamó desde antes de que yo naciera;

pronunció mi nombre

cuando aún estaba yo en el seno de mi madre.

2Convirtió mi lengua en espada afilada,

me escondió bajo el amparo de su mano,

me convirtió en una flecha aguda

y me guardó en su aljaba.

3Me dijo: «Israel, tú eres mi siervo,

en ti me mostraré glorioso.»

4Y yo que había pensado: «He pasado trabajos en vano,

he gastado mis fuerzas sin objeto, para nada.»

En realidad mi causa está en manos del Señor,

mi recompensa está en poder de mi Dios.

5He recibido honor delante del Señor mi Dios,

pues él ha sido mi fuerza.

El Señor, que me formó desde el seno de mi madre

para que fuera su siervo,

para hacer que Israel, el pueblo de Jacob,

se vuelva y se una a él,

6dice así:

«No basta que seas mi siervo

solo para restablecer las tribus de Jacob

y hacer volver a los sobrevivientes de Israel;

yo haré que seas la luz de las naciones,

para que lleves mi salvación

hasta las partes más lejanas de la tierra.»

7El Señor, el redentor,

el Dios Santo de Israel,

dice al pueblo que ha sido totalmente despreciado,

al que los otros pueblos aborrecen,

al que ha sido esclavo de los tiranos:

«Cuando los reyes y los príncipes te vean,

se levantarán y se inclinarán delante de ti

porque yo, el Señor, el Dios Santo de Israel,

te elegí y cumplo mis promesas.»

Anuncio de la reconstrucción de Jerusalén

8El Señor dice:

«Vino el momento de mostrar mi bondad, y te respondí;

llegó el día de la salvación, y te ayudé.

Yo te protegí

para establecer por ti mi alianza con el pueblo,

para reconstruir el país,

para hacer que tomen posesión de las tierras arrasadas,

9para decir a los presos: “Queden libres”,

y a los que están en la oscuridad: “Déjense ver.”

Junto a todos los caminos encontrarán pastos,

y en cualquier monte desierto

tendrán alimento para su ganado.

10«No tendrán hambre ni sed,

ni los molestará el sol ni el calor,

porque yo los amo y los guío,

y los llevaré a manantiales de agua.

11Abriré un camino a través de las montañas

y haré que se allanen los senderos.»

12¡Miren! Vienen de muy lejos:

unos del norte, otros de occidente,

otros de la región de Asuán.

13¡Cielo, grita de alegría!

¡Tierra, llénate de gozo!

¡Montañas, lancen gritos de felicidad!

Porque el Señor ha consolado a su pueblo,

ha tenido compasión de él en su aflicción.

14«Sión decía:

“El Señor me abandonó,

mi Dios se olvidó de mí.”

15Pero ¿acaso una madre olvida

o deja de amar a su propio hijo?

Pues aunque ella lo olvide,

yo no te olvidaré.

16Yo te llevo grabada en mis manos,

siempre tengo presentes tus murallas.

17Los que te reconstruyen van más de prisa

que los que te destruyeron;

ya se han ido los que te arrasaron.

18Levanta los ojos y mira alrededor,

mira cómo se reúnen todos

y vuelven hacia ti.

«Yo, el Señor, juro por mi vida

que todos ellos serán como joyas que te pondrás,

como los adornos de una novia.

19Tu país estaba en ruinas,

destruido, arrasado;

pero ahora tu territorio

será pequeño para tus habitantes.

Los que te destruyeron están lejos.

20Los hijos que dabas por perdidos

te dirán al oído:

“Este país es demasiado pequeño para nosotros;

haznos lugar para vivir.”

21Y tú dirás en tu interior:

“¿Quién me ha dado estos hijos?

Yo no tenía hijos, ni podía tenerlos;

estaba desterrada y apartada,

¿quién los crió?

Me habían dejado sola,

¿de dónde vinieron?”»

22El Señor dice:

«Voy a dar órdenes a las naciones;

voy a dar una señal a los pueblos

para que traigan en brazos a tus hijos,

y a tus hijas las traigan sobre los hombros.

23Los reyes serán tus padres adoptivos,

y las princesas tus niñeras.

Se inclinarán hasta el suelo delante de ti,

y lamerán el polvo de tus pies.

Y reconocerás que yo soy el Señor,

y que los que en mí confían no quedan defraudados.»

24¿Se le puede arrebatar a un hombre fuerte

lo que ha ganado en la batalla?

¿O puede un preso escapar de un tirano?

25El Señor afirma que sí:

«Al hombre fuerte le arrebatarán lo conquistado,

y al tirano le quitarán lo ganado.

Yo me enfrentaré con los que te buscan pleito;

yo mismo salvaré a tus hijos.

26Obligaré a tus opresores a comer su propia carne

y a emborracharse con su sangre, como si fuera vino.

Así toda la humanidad sabrá

que yo, el Señor, soy tu salvador;

que yo, el Poderoso de Jacob, soy tu redentor.»

50

501El Señor dice:

«¡No crean que yo repudié a Israel, madre de ustedes,

como un hombre repudia a su mujer,

o que los vendí a ustedes como esclavos

porque tuviera deudas con alguno!

Ustedes fueron vendidos porque pecaron;

Israel, la madre de ustedes, fue repudiada

porque ustedes fueron rebeldes.

2¿Por qué, cuando yo vine, no encontré a nadie?

¿Por qué, cuando llamé, nadie me contestó?

¿Creyeron acaso que yo no era capaz de rescatarlos?

¿Creyeron acaso que no podía libertarlos?

Basta una orden mía para que se seque el mar

y los ríos se conviertan en desierto;

para que los peces se mueran de sed

y se pudran por falta de agua.

3Yo visto el cielo de luto

y lo cubro con vestido de tristeza.»

Confianza del siervo del Señor en medio del sufrimiento50.4-9 Este es el tercero de los Cánticos del Siervo sufriente (véase Is 42.1-9 n.). Aquí se acentúa el aspecto doloroso de la misión que se le ha confiado.

4El Señor me ha instruido

para que yo consuele a los cansados

con palabras de aliento.

Todas las mañanas me hace estar atento

para que escuche dócilmente.

5El Señor me ha dado entendimiento,

y yo no me he resistido

ni le he vuelto las espaldas.

6Ofrecí mis espaldas para que me azotaran

y dejé que me arrancaran la barba.

No retiré la cara

de los que me insultaban y escupían.

7El Señor es quien me ayuda:

por eso no me hieren los insultos;

por eso me mantengo firme como una roca,

pues sé que no quedaré en ridículo.

8A mi lado está mi defensor:

¿Alguien tiene algo en mi contra?

¡Vayamos juntos ante el juez!

¿Alguien se cree con derecho a acusarme?

¡Que venga y me lo diga!

9El Señor es quien me ayuda;

¿quién podrá condenarme?

Todos mis enemigos desaparecerán

como vestido comido por la polilla.

10Ustedes que honran al Señor

y escuchan la voz de su siervo:

si caminan en la oscuridad,

sin un rayo de luz,

pongan su confianza en el Señor;

apóyense en su Dios.

11Pero todos los que prenden fuego

y preparan flechas encendidas,

caerán en las llamas de su propio fuego,

bajo las flechas que ustedes mismos encendieron.

El Señor les enviará este castigo

y quedarán tendidos en medio de tormentos.

51

Palabras de consuelo a Jerusalén

511Óiganme todos los que quieren vivir con rectitud

y me buscan —dice el Señor.

Miren la roca de donde fueron cortados,

la cantera de donde fueron sacados;

2miren a Abraham, su padre,

y a Sara, la que les dio la vida.

Cuando yo lo llamé, era uno solo,

pero lo bendije y le di muchos descendientes.

3Yo seré bondadoso con Sión,

la ciudad que estaba toda en ruinas.

Convertiré las tierras secas del desierto en un jardín,

como el jardín que el Señor plantó en Edén.

Allí habrá felicidad y alegría,

cantos de alabanza y son de música.

4«Pueblos, préstenme atención,

escúchenme, naciones:

yo publicaré mi enseñanza

y mis mandamientos alumbrarán a los pueblos.

5Mi victoria está cercana,

mi acción salvadora está en camino;

con mi poder gobernaré a los pueblos.

Los países del mar esperarán en mí

y confiarán en mi poder.

6»Levanten los ojos al cielo,

y miren abajo, a la tierra:

el cielo se desvanecerá como el humo,

la tierra se gastará como un vestido

y sus habitantes morirán como mosquitos.

Pero mi salvación será eterna,

mi victoria no tendrá fin.

7»Escúchenme, ustedes que saben lo que es justo,

pueblo que toma en serio mi enseñanza.

No teman las injurias de los hombres,

no se dejen deprimir por sus insultos,

8porque perecerán como un vestido apolillado,

como lana roída por gusanos.

Pero mi victoria será eterna,

mi salvación durará por siempre.»

9Despierta, despierta, brazo del Señor,

ármate de fuerza;

despierta como lo hiciste en el pasado,

en tiempos muy lejanos.

Tú despedazaste a Rahab, el monstruo marino;

10secaste el mar,

el agua del profundo abismo,

y convertiste el fondo del mar en camino

para que pasaran los libertados.

11Así también regresarán los rescatados por el Señor,

y entrarán en Sión dando gritos de alegría;

sus rostros estarán siempre alegres;

encontrarán felicidad y dicha,

y el dolor y el llanto desaparecerán.

12«Yo, yo mismo, te doy ánimo.

¿A quién tienes miedo? ¿A los hombres?

¿A los hombres mortales, que no son más que hierba?

13¿Vas a olvidarte del Señor, tu creador,

que extendió el cielo y afirmó la tierra?

¿Vas a temblar continuamente, a todas horas,

por la furia de los opresores,

que están listos para destruirte?

Pero, ¿dónde está esa furia?

14El que sufría la opresión,

pronto quedará libre;

no morirá en el calabozo

ni le faltará su pan.

15»Yo soy el Señor tu Dios,

mi nombre es Señor todopoderoso;

yo agité el mar

y rugieron las olas,

16extendí el cielo

y afirmé la tierra.

Yo puse en tu boca mis palabras

y te protegí al amparo de mi mano.

Yo dije a Sión: “Tú eres mi pueblo.”»

17Despierta, despierta,

Jerusalén, levántate.

Tú sufriste la ira del Señor

como quien bebe una copa,51.17 La copa llena de vino embriagador, que deja postrado, física y mentalmente, al que lo bebe simboliza la ira de Dios y su juicio sobre los malvados. Este símbolo aparece con relativa frecuencia en los profetas y en los Salmos. Cf. Sal 60.3; 75.8; Jer 25.15; Ap 14.10; 16.19.

y la bebe hasta el fondo,

hasta quedar borracho.

18Entre todos los hijos que has tenido,

no hay ninguno que te guíe;

entre todos los hijos que criaste,

no hay ninguno que te lleve de la mano.

19Estas dos desgracias vinieron sobre ti:

tu país fue destruido y saqueado,

y tu gente murió por el hambre y la guerra.

¿Quién tendrá lástima de ti?

¿Quién te consolará?

20Como antílopes atrapados en la red,

tus hijos están sin fuerzas,

tendidos en la esquina de cualquier calle,

heridos por la ira del Señor,

por la corrección de tu Dios.

21Por eso, ciudad desdichada, escucha esto,

tú que estás borracha, pero no de vino;

22tu Señor y tu Dios,

el que defiende la causa de su pueblo, dice:

«Te voy a quitar de la mano

esa copa con que te has emborrachado;

ya no volverás a beber más la copa de mi ira.

23Yo se la daré

a los que te atormentaron,

a los que te decían:

“Échate al suelo, que vamos a pasar sobre ti”;

y tú te tendiste en el suelo

para que te pisotearan como al polvo.»