Dios habla Hoy (DHH)
43

El Señor es el único Salvador

431Pero ahora, Israel, pueblo de Jacob,

el Señor que te creó te dice:

«No temas, que yo te he libertado;

yo te llamé por tu nombre, tú eres mío.

2Si tienes que pasar por el agua, yo estaré contigo,

si tienes que cruzar ríos, no te ahogarás;

si tienes que pasar por el fuego, no te quemarás,

las llamas no arderán en ti.

3Pues yo soy tu Señor, tu salvador,

el Dios Santo de Israel.

Yo te he adquirido;

he dado como precio de rescate

a Egipto, a Etiopía y a Sabá,43.3 He dado como precio de rescate a Egipto, a Etiopía y a Sabá: No solamente Babilonia, sino también Egipto y la región del alto Nilo cayeron bajo la dominación del Imperio persa, que fue el instrumento utilizado por el Señor para devolver la libertad a su pueblo.

4porque te aprecio,

eres de gran valor y yo te amo.

Para tenerte a ti y para salvar tu vida

entrego hombres y naciones.

5No tengas miedo, pues yo estoy contigo.

Desde oriente y occidente

haré volver a tu gente para reunirla.

6Diré al norte: “Devuélvelos”,

y al sur: “No te quedes con ellos.

Trae a mis hijos y mis hijas

desde lejos, desde el extremo del mundo,

7a todos los que llevan mi nombre,

a los que yo creé y formé,

a los que hice para gloria mía.”

8»Hagan venir a mi pueblo,

que tiene ojos pero está ciego,

y tiene oídos pero está sordo.

9Reúnanse todos los pueblos,

júntense las naciones.

¿Quién entre ellas había predicho esto,

o había anunciado los sucesos pasados?

Que presenten testigos y prueben tener razón,

para que se oiga y se diga que es la verdad.»

10El Señor afirma:

«Ustedes son mis testigos,

mis siervos, que yo elegí

para que me conozcan y confíen en mí

y entiendan quién soy.

Antes de mí no ha existido ningún dios,

ni habrá ninguno después de mí.

11Solo yo soy el Señor;

fuera de mí nadie puede salvar.»

12El Señor afirma:

«Yo lo anuncié y lo proclamé: yo los he salvado;

no lo hizo un dios extraño,

y ustedes son mis testigos.

13Desde siempre, yo soy Dios.

Nadie puede librar de mi poder.

Nadie puede deshacer lo que yo hago.»

14El Señor, el Dios Santo de Israel,

el que les dio la libertad, dice:

«Para salvarlos a ustedes mandaré gente a Babilonia

y haré abrir todas las puertas,

y la alegría de los caldeos se convertirá en dolor.

15Yo soy el Señor, el creador de Israel,

el Dios Santo y rey de ustedes.»

16El Señor abrió un camino a través del mar,

un sendero por entre las aguas impetuosas;

17hizo salir todo un poderoso ejército,

con sus carros y caballos, para destruirlo.

Quedaron derribados y no pudieron levantarse;

se acabaron como mecha que se apaga.

18Ahora dice el Señor a su pueblo:

«Ya no recuerdes el ayer,

no pienses más en cosas del pasado.

19Yo voy a hacer algo nuevo,

y verás que ahora mismo va a aparecer.

Voy a abrir un camino en el desierto

y ríos en la tierra estéril.

20Me honrarán los animales salvajes,

los chacales y los avestruces,

porque hago brotar agua en el desierto,

ríos en la tierra estéril,

para dar de beber a mi pueblo elegido,

21el pueblo que he formado

para que proclame mi alabanza.

22»Pero tú, Israel, pueblo de Jacob,

no me invocaste, sino que te cansaste de mí.

23No me ofreciste holocaustos de ovejas

ni me honraste con sacrificios.

Yo no te cansé pidiéndote ofrendas,

ni te molesté exigiéndote incienso.

24No has tenido que comprar caña aromática

para traérmela como ofrenda,

ni has tenido que complacerme

con la grasa de animales sacrificados.

Por el contrario, me cansaste con tus pecados;

me molestaste con tus maldades.

25»Pero yo, por ser tu Dios, borro tus crímenes

y no me acordaré más de tus pecados.

26Si tienes algo contra mí, sometámoslo a juicio.

Trae tus argumentos, a ver si sales inocente.

27Tu primer antepasado pecó,43.27 Tu primer antepasado pecó: alusión a Jacob, el antepasado de las doce tribus de Israel.

tus maestros se rebelaron contra mí,

28tus gobernantes profanaron mi templo;

por eso dejé que Israel, el pueblo de Jacob,

fuera destruido e insultado.

44

Fidelidad del Señor, único Dios

441»Escúchame ahora, Israel, pueblo de Jacob,

mi siervo, mi elegido.

2Yo soy el Señor, tu creador,

que te formó desde antes de nacer y que te ayuda.

No temas, Jesurún, pueblo de Jacob,

mi siervo, mi elegido,

3porque voy a hacer que corra agua en el desierto,

arroyos en la tierra seca.

Yo daré nueva vida a tus descendientes,

les enviaré mi bendición.

4Y crecerán como hierba bien regada,

como álamos a la orilla de los ríos.

5Uno dirá: “Yo soy del Señor”,

otro se llamará descendiente de Jacob,

y otro se grabará en la mano: “Propiedad del Señor”,

y añadirá el nombre de Israel al suyo propio.»

6El Señor, el rey y redentor de Israel,

el Señor todopoderoso, dice:

«Yo soy el primero y el último;

fuera de mí no hay otro dios.

7¿Quién hay igual a mí?

Que hable y me lo explique.

¿Quién ha anunciado desde el principio el futuro,

y dice lo que está por suceder?

8Pero, ¡ánimo, no tengan miedo!

Yo así lo dije y lo anuncié desde hace mucho,

y ustedes son mis testigos.

¿Hay acaso otro dios fuera de mí?

No hay otro refugio; no conozco ninguno.»

Contra la idolatría

9Ninguno de los que hacen ídolos vale nada, y para nada sirven los ídolos que ellos tanto estiman. Los que les dan culto son ciegos y estúpidos, y por eso quedarán en ridículo. 10El que funde una estatua para adorarla como si ella fuera un dios, pierde su tiempo. 11Todos los que la adoren quedarán en ridículo. Los que fabrican ídolos son simples hombres. Si todos juntos se presentaran a juicio, quedarían humillados y llenos de terror.

12Veamos qué hace el herrero: toma su cincel y, después de calentar el metal entre las brasas, le da forma a golpes de martillo. Lo trabaja con su fuerte brazo. Pero si el herrero no come, se le acaba la fuerza, y si no bebe agua, se cansa.

13O veamos al escultor: toma las medidas con su regla, traza el dibujo con lápiz y compás y luego lo trabaja con escoplo; así hace una estatua dándole la figura de una persona e imitando la belleza humana, y luego la instala en un templo.

14O también, alguien planta cedros y la lluvia los hace crecer; después tendrá cedros para cortar. O si prefiere cipreses o robles, los cuida en el bosque hasta que están bien gruesos. 15Luego la gente los usa para hacer fuego; se llevan unos pedazos para calentarse con ellos; se llevan otros para cocer pan; y otros pedazos los usan para hacer la estatua de un dios, y se inclinan ante ella para adorarla.

16O también: la mitad de la madera la pone uno a arder en el fuego, asa carne, se come el asado y queda satisfecho. También se calienta con ella, y dice: «¡Qué bien se está junto al fuego; ya estoy entrando en calor!» 17Y de la madera sobrante hace la estatua de un dios, se inclina ante ella para adorarla, y suplicante le dice: «¡Sálvame, porque tú eres mi dios!»

18Esa gente no sabe, no entiende; tienen los ojos tan ciegos que no pueden ver, y el entendimiento tan cerrado que no pueden comprender. 19No se ponen a pensar, les falta entendimiento para comprender y decir: «La mitad de la madera la puse a arder y en las brasas cocí pan, asé carne y me la comí; del resto hice esta cosa detestable, ¡y lo que estoy adorando es un pedazo de palo!» 20Verdaderamente, es como comer ceniza. Es dejarse engañar por ideas falsas. Esas personas no podrán salvarse. No serán capaces de entender que lo que tienen en sus manos es pura mentira.

El Señor perdona y salva a Israel

21«Israel, pueblo de Jacob,

recuerda que tú eres mi siervo;

tú eres mi siervo, pues yo te formé.

Israel, no te olvides de mí.

22Yo he hecho desaparecer tus faltas y pecados,

como desaparecen las nubes.

Vuélvete a mí, pues yo te he libertado.»

23¡Cielo, grita de alegría por lo que el Señor ha hecho!

¡Lancen vivas, abismos de la tierra!

¡Montañas y bosques con todos sus árboles,

griten llenos de alegría,

porque el Señor ha mostrado su gloria

libertando a Israel, el pueblo de Jacob!

24Esto dice el Señor, tu redentor,

el que te formó desde antes que nacieras:

«Yo soy el Señor, creador de todas las cosas,

yo extendí el cielo y afirmé la tierra

sin que nadie me ayudara.

25Yo no dejo que se cumplan

las predicciones de los falsos profetas;

yo hago que los adivinos pierdan la razón.

Yo hago que los sabios se contradigan

y que sus conocimientos resulten pura tontería.

26Pero hago que se cumplan las palabras de mis siervos

y que salgan bien los planes de mis enviados.

Yo declaro que Jerusalén volverá a ser habitada

y que las ciudades de Judá serán reconstruidas.

Yo haré que se levanten de sus ruinas.

27Yo puedo ordenar que se seque el océano

y que sus ríos se queden sin agua.

28Yo le digo a Ciro:44.28 Hasta ahora no se había mencionado el nombre de Ciro, rey de Persia, aunque ya se había hablado de él (cf. Is 41.1-5; 41.25—42.9). Ahora se dice su nombre, y más adelante volverá a mencionarse (Is 45.1-13; 46.8-13; 48.12-16). Véase 41.2 n. “Tú eres mi pastor,

tú harás todo lo que yo quiero”;

y le digo a Jerusalén: “Tú serás reconstruida”;

y al templo: “Se pondrán tus cimientos.”»

45

El Señor confía una misión a Ciro

451El Señor consagró a Ciro como rey,

lo tomó de la mano

para que dominara las naciones

y desarmara a los reyes.

El Señor hace que delante de Ciro

se abran las puertas de las ciudades

sin que nadie pueda cerrárselas.

Y ahora le dice:

2«Yo iré delante de ti,

derribaré las alturas,

romperé las puertas de bronce

y haré pedazos las barras de hierro.

3Yo te entregaré tesoros escondidos,

riquezas guardadas en lugares secretos,

para que sepas que yo soy el Señor,

el Dios de Israel, que te llama por tu nombre.

4Por consideración a mi siervo Jacob,

al pueblo de Israel, que he elegido,

te he llamado por tu nombre

y te he dado el título de honor que tienes,

sin que tú me conocieras.

5Yo soy el Señor, no hay otro;

fuera de mí no hay Dios.

Yo te he preparado para la lucha

sin que tú me conocieras,

6para que sepan todos, de oriente a occidente,

que fuera de mí no hay ningún otro.

Yo soy el Señor, no hay otro.

7Yo creo la luz y la oscuridad,

produzco el bienestar y la desgracia.

Yo, el Señor, hago todas estas cosas.

El poder soberano de Dios

8»Yo enviaré de lo alto mi victoria,

como rocío del cielo y lluvia de las nubes,

y la tierra la recibirá;

como fruto producirá la salvación

y a su lado florecerá la justicia.»

9Una vasija de barro, igual a otra cualquiera,

no se pone a discutir con quien la hizo.

El barro no dice al que lo trabaja:

«¿Qué estás haciendo?»,

ni el objeto hecho por él le dice:

«Tú no sabes trabajar.»

10Tampoco puede un hijo reprochar a sus padres

el haberlo traído a este mundo.

11El Señor, el Dios Santo de Israel,

quien lo formó, dice:

«¿Van acaso ustedes a pedirme cuentas de mis hijos,

o a darme lecciones de cómo hacer mis cosas?

12Yo creé la tierra y sus habitantes,

extendí el cielo con mis manos

y mandé que aparecieran todos los astros.

13Yo hice aparecer a Ciro para que triunfe,

y voy a hacerle fáciles todos los caminos;

él reconstruirá mi ciudad45.13 Él reconstruirá mi ciudad: es decir, la ciudad de Jerusalén. Cf. Is 44.28.

y dejará en libertad a mis desterrados,

sin exigir pago ni compensación.»

El Señor todopoderoso ha hablado.

14El Señor dice a Israel:

«Los campesinos de Egipto,

los comerciantes de Etiopía,

y la gente de Sabá, de alta estatura,

se rendirán a ti y serán esclavos tuyos;

irán encadenados detrás de ti,

se arrodillarán delante de ti y te suplicarán:

“Ciertamente que Dios está entre ustedes,

y no hay más, no hay otro dios.”»

15Sin embargo, tú eres un Dios invisible,

Dios salvador de Israel.

16Todos los que hacen ídolos

quedarán avergonzados, humillados y en ridículo.

17Pero a Israel lo salvó el Señor,

lo salvó para siempre,

y jamás quedará avergonzado ni humillado.

18El creador del cielo,

el que es Dios y Señor,

el que hizo la tierra y la formó,

el que la afirmó,

el que la creó, no para que estuviera vacía

sino para que tuviera habitantes, dice:

«Yo soy el Señor, y no hay otro.

19Yo no hablo en secreto ni en lugares oscuros de la tierra.

Yo no digo a los descendientes de Jacob:

“Búsquenme donde no hay nada.”

Yo, el Señor, hablo la verdad,

digo lo que es justo.

El Señor se enfrenta a los ídolos

20»Reúnanse y vengan,

acérquense todos los sobrevivientes de los pueblos.

Son unos ignorantes quienes llevan en procesión

sus ídolos de madera

y se ponen a orar a un dios

que no puede salvarlos.

21Hablen y presenten sus pruebas,

consúltense, si quieren, unos con otros:

¿Quién predijo estas cosas desde el principio?

¿Quién las anunció desde hace tiempo?

¿No fui acaso yo, el Señor?

Y no hay Dios fuera de mí.

Fuera de mí no hay Dios victorioso y salvador.

22»Vengan a mí, que yo los salvaré,

pueblos del extremo de la tierra,

pues yo soy Dios, y no hay otro.

23Yo lo juré por mí mismo,

hice una promesa de triunfo,

y esa promesa se cumplirá:

que ante mí todos doblarán la rodilla,

y por mí jurarán todos

24y dirán: “Solamente en el Señor

están la victoria y el poder.”

Todos los que me odian

quedarán en ridículo.

25Gracias a mí, todo el pueblo de Israel

saldrá triunfante y estará orgulloso de mí.»