Dios habla Hoy (DHH)
40

El Señor consuela a Jerusalén

40140.1 La segunda sección del libro (Is 40—55) se ha llamado «el libro de la consolación», por los temas y el tono que la distinguen de la primera parte.El Dios de ustedes dice:

«Consuelen, consuelen a mi pueblo;

2hablen con cariño a Jerusalén

y díganle que su esclavitud ha terminado,

que ya ha pagado por sus faltas,

que ya ha recibido de mi mano

el doble del castigo por todos sus pecados.»40.2 Ya ha pagado… sus pecados: En esto consiste la novedad del mensaje anunciado en Is 40—55. Los profetas anteriores al exilio habían proclamado que Israel estaba bajo el juicio de Dios y que debía recibir el justo castigo por sus pecados (cf., por ej., Is 5.1-7; Jer 17.1-4; Os 4.1-3; Am 2.6-16). Aquí, en cambio, se anuncia que la deportación a Babilonia ha sido un castigo más que suficiente y que ahora ha comenzado el tiempo del perdón y la restauración. Cf. Is 43.25; 46.13.

3Una voz grita:

«Preparen al Señor un camino en el desierto,40.3 Una voz… en el desierto: La versión griega (LXX) usó una puntuación diferente de esta frase, y es así como se cita en el NT. Cf. Mt 3.3; Mc 1.3; Lc 3.4; Jn 1.23.

tracen para nuestro Dios

una calzada recta en la región estéril.

4Rellenen todas las cañadas,

allanen los cerros y las colinas,

conviertan la región quebrada y montañosa

en llanura completamente lisa.

5Entonces mostrará el Señor su gloria,

y todos los hombres juntos la verán.

El Señor mismo lo ha dicho.»

6Una voz dice: «Grita»,

y yo pregunto: «¿Qué debo gritar?»

«Que todo hombre es como hierba,

¡tan firme como una flor del campo!

7La hierba se seca y la flor se marchita

cuando el soplo del Señor pasa sobre ellas.40.7 El soplo del Señor: es decir, el viento, especialmente el viento caluroso que viene del desierto y marchita la vegetación.

Ciertamente la gente es como hierba.

8La hierba se seca y la flor se marchita,

pero la palabra de nuestro Dios

permanece firme para siempre.»

9Súbete, Sión, a la cumbre de un monte,

levanta con fuerza tu voz

para anunciar una buena noticia.

Levanta sin miedo la voz, Jerusalén,40.9 Jerusalén debe ser el heraldo o mensajero del Señor que anuncia la buena noticia a todas las ciudades de Judá.

y anuncia a las ciudades de Judá:

«¡Aquí está el Dios de ustedes!»

10Llega ya el Señor con poder,

sometiéndolo todo con la fuerza de su brazo.

Trae a su pueblo

después de haberlo rescatado.

11Viene como un pastor que cuida su rebaño;

levanta los corderos en sus brazos,

los lleva junto al pecho

y atiende con cuidado a las recién paridas.

Grandeza del Dios de Israel

12¿Quién ha medido el océano con la palma de la mano,

o calculado con los dedos la extensión del cielo?

¿Quién ha puesto en una medida

todo el polvo de la tierra,

o ha pesado en balanza

las colinas y montañas?

13¿Quién ha corregido al Señor

o quién le ha dado instrucciones?

14¿Quién le dio consejos y entendimiento?

¿Quién le enseñó a juzgar con rectitud?

¿Quién lo instruyó en la ciencia?

¿Quién le dio lecciones de sabiduría?

15Para él las naciones son como una gota de agua,

como un grano de polvo en la balanza;

los países del mar valen lo que un grano de arena.

16En todo el Líbano no hay animales suficientes

para ofrecerle un holocausto,

ni leña suficiente para el fuego.

17Todas las naciones no son nada en su presencia;

para él no tienen absolutamente ningún valor.

18¿Con quién van ustedes a comparar a Dios?

¿Con qué imagen van a representarlo?

19Un escultor funde una estatua,

y un joyero la recubre de oro

y le hace cadenas de plata.

20El que fabrica una estatua

escoge madera que no se pudra,

y busca un hábil artesano

que la afirme, para que no se caiga.

21¿Acaso no lo sabían ustedes?

¿No lo habían oído decir?

¿No se lo contaron desde el principio?

¿No lo han comprendido desde la creación del mundo?

22Dios tiene su trono sobre la bóveda que cubre la tierra,

y ve a los hombres como si fueran saltamontes.

Él extiende el cielo como un toldo,

lo despliega como una tienda de campaña.

23Él convierte en nada a los grandes hombres

y hace desaparecer a los jefes de la tierra.

24Son como plantas tiernas, recién plantadas,

que apenas han echado raíces en la tierra.

Si Dios sopla sobre ellos, se marchitan,

y el huracán se los lleva como a paja.

25El Dios Santo pregunta:

«¿Con quién me van a comparar ustedes?

¿Quién puede ser igual a mí?»

26Levanten los ojos al cielo y miren:

¿Quién creó todo eso?

El que los distribuye uno por uno

y a todos llama por su nombre.

Tan grande es su poder y su fuerza

que ninguno de ellos falta.

27Israel, pueblo de Jacob,

¿por qué te quejas? ¿Por qué dices:

«El Señor no se da cuenta de mi situación;

Dios no se interesa por mí»?

28¿Acaso no lo sabes? ¿No lo has oído?

El Señor, el Dios eterno,

el creador del mundo entero,

no se fatiga ni se cansa;

su inteligencia es infinita.

29Él da fuerzas al cansado,

y al débil le aumenta su vigor.

30Hasta los jóvenes pueden cansarse y fatigarse,

hasta los más fuertes llegan a caer,

31pero los que confían en el Señor

tendrán siempre nuevas fuerzas

y podrán volar como las águilas;

podrán correr sin cansarse

y caminar sin fatigarse.

41

Dios promete la liberación a Israel

411«Callen ante mí, países del mar.

Naciones, ármense de todo su valor.

Vengan, para que hablemos de este asunto;

vamos a reunirnos para discutirlo.

2¿Quién fue el que hizo aparecer en el oriente

a ese rey que siempre sale victorioso?41.2 Alusión a Ciro, rey de los persas, que puso término a la supremacía de Babilonia y autorizó el regreso de los israelitas a Jerusalén (2~Cr 36.22-23; Esd 1.1-4). Cf. Is 41.25; 44.28; 45.1-6,13; 46.11; 48.14-15.

¿Quién le entrega las naciones

y hace que los reyes se le humillen,

para que con su espada y su arco

los triture y los disperse como a paja?

3¿Quién hace que los persiga y que avance tranquilo

como si no tocara el camino con los pies?

4¿Quién ha realizado esta obra?

¿Quién, desde el principio,

ha ordenado el curso de la historia?

Yo, el Señor, el único Dios,

el primero y el último.

5Los países del mar lo vieron

y se llenaron de miedo;

la tierra tembló de un extremo a otro.

Ya se acercan, ya vienen.»

6Cada artesano ayuda

y anima a su compañero.

7El escultor anima al joyero;

el que martilla anima al que golpea el yunque,

y dice si la soldadura es buena,

y luego asegura la estatua con clavos

para que no se tambalee.

8«Escucha, Israel, pueblo de Jacob,

mi siervo, a quien yo he elegido,

pueblo descendiente de mi amigo Abraham:

9Yo te saqué del extremo de la tierra,

te llamé desde el rincón más alejado

y te dije: “Tú eres mi siervo.”

Yo te elegí y no te he rechazado.

10No tengas miedo, pues yo estoy contigo;

no temas, pues yo soy tu Dios.

Yo te doy fuerzas, yo te ayudo,

yo te sostengo con mi mano victoriosa.

11Todos los que te odian

quedarán avergonzados y humillados;

los que luchan contra ti

quedarán completamente exterminados.

12Buscarás a tus enemigos

y no los encontrarás;

los que te hacen la guerra

serán como si no existieran.

13Porque yo, el Señor tu Dios,

te he tomado de la mano;

yo te he dicho: “No tengas miedo, yo te ayudo.”»

14El Señor afirma:

«Israel, pueblo de Jacob,

por pequeño y débil que seas,

no tengas miedo; yo te ayudo.

Yo, el Dios Santo de Israel, soy tu redentor.41.14 El término traducido por redentor, heb. goel, designa en primer lugar al pariente más cercano, que tenía la obligación de socorrer al miembro de su familia que había perdido su libertad o su patrimonio familiar (cf. Lv 25.47-49, y véase Rt 2.20 n.). Al aplicar este vocablo al Dios de Israel, el profeta sugiere que el Señor va a rescatar a su pueblo de la esclavitud y a devolverle la tierra de la que había sido despojado. Cf. Is 54.5-8.

15Haré de ti un instrumento de trillar,

nuevo y con buenos dientes;

trillarás los montes, los harás polvo,

convertirás en paja las colinas.

16Los aventarás y el viento se los llevará;

el huracán los desparramará.

Entonces tú te alegrarás en el Señor,

estarás orgulloso del Dios Santo de Israel.

17»La gente pobre y sin recursos busca agua

y no la encuentra.

Tienen la lengua reseca por la sed;

pero yo, el Señor, los atenderé,

yo, el Dios de Israel, no los abandonaré.

18Haré brotar ríos en los cerros desiertos

y manantiales en medio de los valles;

convertiré el desierto en ciénagas,

haré brotar arroyos en la tierra seca.

19En el desierto plantaré cedros,

acacias, arrayanes y olivos;

en la tierra seca haré crecer pinos

juntamente con abetos y cipreses,

20para que todo el mundo vea y sepa,

y ponga atención y entienda

que yo, el Señor, he hecho esto con mi poder,

que yo, el Dios Santo de Israel, lo he creado.»

Dios desafía a los falsos dioses

21El Señor, el rey de Jacob, dice:

«Vengan, ídolos, a presentar su defensa,

vengan a defender su causa.

22Vengan a anunciarnos el futuro

y a explicarnos el pasado,

y pondremos atención;

anúnciennos las cosas por venir,

para ver en qué terminan;

23dígannos qué va a suceder después,

demuéstrennos que en verdad son dioses.

Hagan lo que puedan, bueno o malo,

algo que nos llene de miedo y de terror.

24¡Pero ustedes no son nada

ni pueden hacer nada!

Despreciable es aquel que los escoge a ustedes.

25»Hice aparecer un hombre en el oriente;41.25 Un hombre en el oriente: Nueva referencia a Ciro, rey de los persas, sin mencionar su nombre. Véase 41.2 n.

lo he llamado por su nombre,

y llega por el norte.

Pisotea a los gobernantes como si fueran barro;

como el alfarero, que amasa el barro con sus pies.

26¿Quién anunció esto desde el comienzo,

para que lo supiéramos?

¿Quién lo predijo desde antes,

para que admitiéramos que tiene la razón?

Ninguno de ustedes lo anunció,

nadie les oyó decir una palabra.

27Yo fui quien lo anunció a Sión desde el principio,

y quien envió a Jerusalén un mensajero

para decirle que su gente pronto volvería.

28Miro, y ninguno de los otros dioses aparece;

nadie que pueda dar consejo,

nadie que responda a mis preguntas.

29¡Ninguno de ellos es nada!

Nada pueden hacer;

no son más que ídolos vacíos.

42

El siervo del Señor42.1-9 En los vv. 1-7 de este cap. se encuentra el primero de los cuatro poemas designados habitualmente con el nombre de «Cantos del Siervo sufriente» (cf. 49.1-6; 50.4-9; 52.13—53.12). En estos poemas se describe al Siervo como un profeta elegido y llamado por el Señor, colmado de su espíritu y enviado a cumplir una misión en beneficio no solo de Israel sino de todas las naciones (cf. vv. 1,4). El NT cita repetidamente estos «Cantos del Siervo sufriente» y los interpreta como una anticipación profética de la persona y la obra de Cristo. Cf. Mt 8.17; Hch 8.32-33; Ro 15.21.

421»Aquí está mi siervo,42.1 Mi siervo: En el AT reciben el título de siervo las personas que cumplen una tarea importante en el servicio del Señor, como Moisés, Josué, David y los profetas. Cf. Jos 1.1-2; 24.29; Sal 89.20; Jer 25.4. En Is 40—55 ese título se aplica con frecuencia al pueblo de Israel. Cf. Is 41.8; 44.2,21; 45.4; 48.20. Cf. también Ro 1.1; Flp 1.1. a quien sostengo,

mi elegido, en quien me deleito.

42.1
Cf.

He puesto en él mi espíritu

para que traiga la justicia a todas las naciones.

2No gritará, no levantará la voz,

no hará oír su voz en las calles,

3no acabará de romper la caña quebrada

ni apagará la mecha que arde débilmente.

Verdaderamente traerá la justicia.

4No descansará ni su ánimo se quebrará,

hasta que establezca la justicia en la tierra.

Los países del mar estarán atentos a sus enseñanzas.»

5Dios, el Señor, que creó el cielo y lo extendió,

que formó la tierra y lo que crece en ella,

que da vida y aliento a los hombres que la habitan,

dice a su siervo:

6«Yo, el Señor, te llamé

y te tomé por la mano,

para que seas instrumento de salvación;

yo te formé, pues quiero que seas

señal de mi alianza con el pueblo,

luz de las naciones.

7Quiero que des vista a los ciegos

y saques a los presos de la cárcel,

del calabozo donde viven en la oscuridad.

8Yo soy el Señor, ese es mi nombre,

y no permitiré que den mi gloria a ningún otro

ni que honren a los ídolos en vez de a mí.

9Miren cómo se cumplió todo lo que antes anuncié,

y ahora voy a anunciar cosas nuevas;

se las hago saber a ustedes antes que aparezcan.»

Himno de alabanza por la acción salvadora de Dios

10Canten al Señor un canto nuevo;

desde lo más lejano de la tierra alábenle

quienes navegan por el mar

y los animales que viven en él,

los países del mar y sus habitantes.

11Que se alegren el desierto y sus ciudades

y los campamentos de la tribu de Quedar.

Que canten de gozo los habitantes de Selá;

que alcen la voz desde las cumbres de los montes.

12Que den gloria al Señor

y proclamen su alabanza en los países del mar.

13El Señor saldrá como un héroe

y luchará con ardor como un guerrero;

alzará la voz, dará el grito de batalla

y derrotará a sus enemigos.

14El Señor dice:

«Por mucho tiempo me quedé callado,

guardé silencio y me contuve;

pero ahora voy a gritar como mujer de parto,

gimiendo y suspirando.

15Voy a destruir montañas y colinas,

y a dejar seca toda su vegetación;

voy a convertir los ríos en desiertos

y a dejar secas las lagunas.

16Llevaré a los ciegos por caminos

y senderos que no conocían.

Convertiré la oscuridad en luz delante de ellos,

y en terreno llano los lugares quebrados.

Estas cosas las haré sin falta.

17Los que confían en un ídolo,

los que a unas estatuas dicen:

“Ustedes son nuestros dioses”,

se alejarán avergonzados.

Ceguera de Israel

18»Sordos, escuchen;

ciegos, fíjense y vean.

19Nadie hay tan ciego ni tan sordo

como mi siervo, mi enviado,

nadie tan ciego ni tan sordo

como mi mensajero, el siervo del Señor.

20Ha visto muchas cosas, pero no se fija en ellas;

puede oír, pero no escucha nada.

21El Señor, por ser un Dios que salva,

quiso hacer grande y gloriosa su enseñanza;

22pero a este pueblo lo roban y saquean,

a todos los han hecho caer presos,

los han encerrado en calabozos;

se apoderan de ellos, y no hay quien los libre;

los secuestran, y no hay quien los rescate.»

23¿Pero quién de ustedes hace caso de esto?

¿Quién está dispuesto a escuchar lo que va a suceder?

24¿Quién permitió que Israel, el pueblo de Jacob,

fuera conquistado y secuestrado?

¿No es verdad que fue el Señor?

Ellos pecaron contra él,

no quisieron seguir por el camino

que él les había señalado,

ni obedecieron su enseñanza.

25Por eso se enojó con ellos y los castigó

con una guerra violenta que los hizo arder en llamas;

mas ni aun así quisieron entender.