Dios habla Hoy (DHH)
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Visión de las cosas detestables que se cometían en Jerusalén

81El día cinco del mes sexto del año sexto, estaba yo sentado en mi casa en compañía de los ancianos de Judá. De repente el Señor puso su mano sobre mí, 2y vi algo que parecía un hombre. De lo que parecía ser su cintura para abajo, vi algo semejante al fuego, y de allí para arriba brillaba como metal bruñido. 3El hombre extendió lo que parecía ser una mano y me agarró por el pelo. Entonces el poder de Dios me levantó por los aires y, en visiones producidas por Dios, me llevó a Jerusalén8.3 El espíritu del Señor… me llevó a Jerusalén: Esta expresión alude claramente a un estado de trance, es decir, a una experiencia de tipo extático. y me colocó a la entrada de la puerta interior de la ciudad, que da hacia el norte, donde se encuentra el ídolo que provoca la ira del Señor. 4Allí estaba la gloria del Dios de Israel, como yo la había visto en la visión que tuve en la llanura.

8.4
Ez 1.28
5Entonces me dijo: «Dirige tu vista hacia el norte.»

Dirigí mi vista hacia el norte y, en la entrada, junto a la puerta del altar, vi el ídolo que provoca la ira del Señor.8.5 En el antiguo Oriente solían ponerse estatuas de divinidades protectoras a la entrada de los templos, de los palacios y de las ciudades. Este ídolo se parecía probablemente a una de esas estatuas.

6Luego me dijo: «¿Ves las cosas tan detestables que hacen los israelitas, con las cuales me alejan de mi santo templo? Pues todavía verás otras peores.»

7Luego me llevó a la entrada del atrio. En el muro se veía un boquete. 8Entonces me dijo: «Agranda el boquete del muro.»

Yo agrandé el boquete y encontré una entrada. 9Entonces me dijo: «Entra y verás las cosas tan horribles que hacen allí.» 10Entré y, a todo lo largo del muro, vi pintadas toda clase de figuras de reptiles y de otros animales impuros, y toda clase de ídolos del pueblo de Israel. 11Setenta ancianos8.11 Setenta es una cifra que sugiere la idea de algo completo. Cf. Gn 46.27; Ex 24.1; Nm 11.16; Jue 1.7. israelitas, entre los que se encontraba Jaazanías, hijo de Safán, rendían culto a esos ídolos. Cada uno tenía un incensario en la mano, del cual subía una espesa nube de incienso.

12Y me dijo: «¿Ves lo que hacen en secreto los ancianos israelitas, cada uno en el nicho de su ídolo? Piensan que yo no los veo, que he abandonado el país.» 13Y añadió: «Todavía los verás hacer cosas peores.»

14Y me llevó a la puerta de entrada del templo del Señor, que da hacia el norte. Allí estaban sentadas unas mujeres, llorando por el dios Tamuz.8.14 Tamuz era un dios de la vegetación, venerado en la antigua Mesopotamia. Según la mitología asirio-babilónica, cuando el fuerte sol del verano secaba las plantas, ese dios bajaba al mundo subterráneo y se celebraba su «muerte» con ritos especiales, como el llanto de las mujeres, que aquí se menciona. 15Entonces me dijo: «¿Ves esto? Pues todavía verás cosas peores.»

16Entonces me llevó al atrio interior del templo del Señor y, a la entrada del santuario, entre el vestíbulo y el altar, unos veinticinco hombres estaban de espaldas al santuario; inclinados hacia el oriente, y con la frente en el suelo, adoraban al sol. 17Entonces el Señor me dijo: «¿Lo ves? ¡No le ha bastado al pueblo de Judá con hacer aquí estas cosas tan detestables, que además ha llenado el país de actos de violencia! Una y otra vez provocan mi ira, y hacen que su pestilencia me llegue a la nariz. 18Pero yo voy a actuar con ira. No tendré ninguna compasión de ellos. Aunque me llamen a gritos, no los escucharé.»

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Visión del castigo de Jerusalén

91Después oí una voz muy fuerte, que me gritó al oído: «¡Ya llegan los que van a castigar la ciudad, cada uno con su arma de destrucción en la mano!»

2Vi entonces que seis hombres entraban por la puerta superior que da al norte, cada uno con un mazo en la mano. En medio de ellos venía un hombre vestido de lino, que llevaba a la cintura instrumentos de escribir.9.2 Los instrumentos de escribir caracterizan la misión asignada a este hombre. A diferencia de los exterminadores, él debía trazar una señal salvadora en todos aquellos que no habían caído en la idolatría ni se habían contaminado con las cosas detestables que se cometían en Jerusalén (cf. v. 4). Entraron y se detuvieron junto al altar de bronce. 3Entonces la gloria del Dios de Israel se elevó de encima de los seres alados, donde había estado, y se dirigió a la entrada del templo. El Señor llamó al hombre vestido de lino que llevaba a la cintura instrumentos de escribir, 4y le dijo: «Recorre la ciudad de Jerusalén, y pon una señal9.4 Una señal: lit. una taw, la última letra del alfabeto hebreo, que en la antigua escritura hebrea tenía forma de + o de x. en la frente de los que sientan tristeza y pesar por todas las cosas detestables que se hacen en ella.»

5-6Luego oí que les decía a los otros hombres: «Vayan tras él a recorrer la ciudad y, comenzando por mi templo, maten sin ninguna compasión a ancianos, jóvenes, muchachas, niños y mujeres. Pero no toquen a nadie que tenga la señal.» Ellos, entonces, comenzaron por los ancianos que estaban delante del templo.

7Después les dijo: «Vayan al templo, y profánenlo; y llenen de cadáveres sus atrios.»

Ellos salieron y comenzaron a matar gente en la ciudad. 8Y mientras lo hacían, yo me quedé solo. Entonces me incliné hasta tocar el suelo con la frente, y lleno de dolor grité: «Señor, ¿vas a descargar tu ira sobre Jerusalén hasta destruir lo poco que queda de Israel?»

9El Señor me respondió: «El pecado del pueblo de Israel y de Judá es muy grande. El país está lleno de crímenes; la ciudad está llena de injusticia. Piensan que yo he abandonado al país y que no veo lo que hacen. 10Pues no voy a tener ninguna compasión de ellos, sino que les voy a pedir cuentas de su conducta.»

11Entonces el hombre vestido de lino que llevaba a la cintura instrumentos de escribir, volvió y dijo: «Ya he cumplido la orden que me diste.»

10

La gloria del Señor abandona el templo

101Luego vi que, encima de la bóveda que estaba sobre las cabezas de los seres alados,10.1 Seres alados: lit. querubines. Véase 1~R 6.23 n. apareció algo así como un trono que parecía de zafiro. 2Y el Señor dijo al hombre vestido de lino: «Métete entre las ruedas del carro, debajo de los seres alados, y toma un puñado de brasas encendidas, de esas que están en medio de los seres alados, y espárcelas sobre la ciudad.»

Y vi cómo el hombre se metió. 3En ese momento los seres alados estaban al sur del templo, y una nube llenaba el atrio interior. 4Entonces la gloria del Señor se elevó de encima de los seres alados y se dirigió a la entrada del templo; y la nube llenó el templo, y el atrio se iluminó con el resplandor de la gloria del Señor. 5El ruido que hacían las alas de los seres alados se oía hasta en el atrio exterior. Era como si el Dios todopoderoso estuviera hablando. 6Entonces el Señor ordenó al hombre vestido de lino que tomara fuego de entre las ruedas del carro, de en medio de los seres alados. El hombre fue y se puso junto a una de las ruedas. 7-8Debajo de las alas de los seres alados se veía algo así como una mano de hombre. Uno de ellos extendió la mano hacia el fuego que estaba en medio y, tomando un poco, se lo puso en las manos al hombre vestido de lino, el cual lo tomó y se fue. 9Junto a los seres alados vi cuatro ruedas, una junto a cada uno de ellos. Las ruedas brillaban como si fueran de topacio. 10Las cuatro ruedas eran iguales y parecían estar una dentro de la otra. 11Cuando los seres alados avanzaban en una de las cuatro direcciones, no tenían que volverse, sino que avanzaban en la dirección en que iba el de adelante. 12Su cuerpo, sus espaldas, sus manos y sus alas estaban llenos de reflejos por todos lados, lo mismo que las cuatro ruedas. 13Yo mismo oí que a las ruedas también les daban el nombre de «carro».

10.9-13
Ez 1.15-21
14Cada ser alado tenía cuatro caras: la primera cara era la de un toro; la segunda, la de un hombre; la tercera, la de un león; y la cuarta, la de un águila.
10.14
Cf.
15Estos seres son los mismos que yo había visto junto al río Quebar.

Los seres alados se levantaron, 16y cuando ellos avanzaban, también avanzaban las ruedas; y cuando alzaban las alas para levantarse del suelo, las ruedas no se apartaban de su lado; 17cuando se detenían, se detenían también las ruedas; y cuando se levantaban, se levantaban también las ruedas, porque las ruedas formaban parte viva de ellos.

18Entonces la gloria del Señor se elevó de encima del templo y se colocó sobre los seres alados. 19Estos alzaron las alas y se levantaron del suelo. Yo vi cómo se levantaron, con las ruedas a su lado, y cómo se detuvieron en la puerta oriental del templo del Señor. La gloria del Dios de Israel estaba encima de ellos. 20Eran los mismos seres alados que yo había visto debajo del Dios de Israel, junto al río Quebar. Entonces me di cuenta de lo que eran. 21Cada uno de ellos tenía cuatro caras y cuatro alas, y debajo de las alas se veía algo que parecía manos de hombre. 22Las caras tenían la misma apariencia que las de los seres alados que yo había visto junto al río Quebar. Cada uno avanzaba de frente.