Dios habla Hoy (DHH)
7

El fin está cerca

71El Señor se dirigió a mí, y me dijo: 2«Yo, el Señor, digo al país de Israel: Ya llega el fin, ya llega el fin de la tierra entera. 3Ya llega tu fin, Israel. Voy a descargar mi ira contra ti; voy a pedirte cuentas de tu conducta y a castigarte por todas tus acciones detestables. 4No te voy a tratar con misericordia; voy a castigarte por tu conducta y a hacerte pagar las consecuencias de tus acciones detestables. Y reconocerán ustedes que yo soy el Señor.

5-6»Yo, el Señor, digo: Mira, ya se acerca el fin, y va a venir desgracia tras desgracia; ya está cerca el fin para ti. 7Llega la destrucción, habitantes del país. El momento ha llegado; se acerca el día7.7 El día: Se trata, evidentemente, de una referencia al día del Señor. Cf. Am 5.18. en que solo habrá confusión. Se acabará la alegría en las montañas. 8Ahora mismo, en seguida, descargaré mi ira contra ti hasta quedar satisfecho, te pediré cuentas de tu conducta y te castigaré por todas tus acciones detestables. 9No te voy a tratar con misericordia; voy a castigarte por tu conducta y a hacerte pagar las consecuencias de tus acciones detestables. Y reconocerán ustedes que yo, el Señor, soy quien los castiga.

10»¡Aquí está el día! ¡Ya llegó! ¡Vino la destrucción! La maldad triunfa por todas partes y es mucha la insolencia. 11La violencia aparece y produce maldad. Pero ellos no lograrán nada con sus riquezas y su griterío. No hay en ellos nada de valor. 12Llegó el momento, vino el día. Ni el vendedor tiene de qué alegrarse, ni el comprador por qué ponerse triste. Voy a castigar con ira el orgullo de Israel. 13El que haya vendido algo no lo recuperará en toda su vida, ni podrá deshacer el negocio que hizo. Los malvados no podrán conservar su vida.

14»Suena la trompeta llamando a la batalla; todos se preparan, pero nadie sale a luchar. Voy a castigar con ira el orgullo de Israel. 15Afuera hay guerra, y adentro enfermedades y hambre. Los que estén en los campos morirán en la guerra, y los que estén en la ciudad morirán de hambre y enfermedad. 16Aunque algunos logren escapar a las montañas, como palomas asustadas, todos morirán por sus pecados. 17Todos dejarán caer los brazos, y les temblarán de miedo las rodillas. 18Se vestirán con ropas ásperas en señal de dolor; todo el cuerpo les temblará, e irán con la cara roja de vergüenza y la cabeza rapada. 19Tirarán su plata a la calle; tirarán su oro como si fuera basura. Ni su oro ni su plata podrá salvarlos en el día de la ira del Señor. No podrán calmar el hambre ni llenar el estómago, porque el oro fue la causa de que cayeran en la maldad. 20Por la belleza de sus joyas se llenaron de vanidad, y con ellas hicieron las detestables imágenes de sus ídolos. Por eso yo convertiré esas joyas suyas en basura. 21Haré que vengan extranjeros y se las roben, que venga la gente más despreciable de la tierra y se las quite, y las trate como cosa impura. 22Yo me apartaré de este país y dejaré que profanen mi templo, que era mi tesoro. Vendrán bandidos y lo profanarán.

23»Prepara una cadena, porque en el país se condena a muchos por asesinato y la ciudad está llena de violencia. 24Yo voy a hacer que venga gente malvada y se apodere de las casas de la ciudad. Pondré fin al orgullo de los poderosos; haré que sus lugares sagrados sean profanados. 25El terror se apoderará de ellos; buscarán la paz, y no la encontrarán. 26Vendrá desgracia tras desgracia; malas noticias, una tras otra. En vano buscarán algún profeta que les haga una revelación; no habrá sacerdotes que los instruyan ni ancianos que les den consejos. 27El rey se pondrá de luto, el gobernante caerá en la tristeza y el pueblo se pondrá a temblar. Los trataré según su conducta y los juzgaré según su manera de juzgar. Así reconocerán que yo soy el Señor.»

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Visión de las cosas detestables que se cometían en Jerusalén

81El día cinco del mes sexto del año sexto, estaba yo sentado en mi casa en compañía de los ancianos de Judá. De repente el Señor puso su mano sobre mí, 2y vi algo que parecía un hombre. De lo que parecía ser su cintura para abajo, vi algo semejante al fuego, y de allí para arriba brillaba como metal bruñido. 3El hombre extendió lo que parecía ser una mano y me agarró por el pelo. Entonces el poder de Dios me levantó por los aires y, en visiones producidas por Dios, me llevó a Jerusalén8.3 El espíritu del Señor… me llevó a Jerusalén: Esta expresión alude claramente a un estado de trance, es decir, a una experiencia de tipo extático. y me colocó a la entrada de la puerta interior de la ciudad, que da hacia el norte, donde se encuentra el ídolo que provoca la ira del Señor. 4Allí estaba la gloria del Dios de Israel, como yo la había visto en la visión que tuve en la llanura.

8.4
Ez 1.28
5Entonces me dijo: «Dirige tu vista hacia el norte.»

Dirigí mi vista hacia el norte y, en la entrada, junto a la puerta del altar, vi el ídolo que provoca la ira del Señor.8.5 En el antiguo Oriente solían ponerse estatuas de divinidades protectoras a la entrada de los templos, de los palacios y de las ciudades. Este ídolo se parecía probablemente a una de esas estatuas.

6Luego me dijo: «¿Ves las cosas tan detestables que hacen los israelitas, con las cuales me alejan de mi santo templo? Pues todavía verás otras peores.»

7Luego me llevó a la entrada del atrio. En el muro se veía un boquete. 8Entonces me dijo: «Agranda el boquete del muro.»

Yo agrandé el boquete y encontré una entrada. 9Entonces me dijo: «Entra y verás las cosas tan horribles que hacen allí.» 10Entré y, a todo lo largo del muro, vi pintadas toda clase de figuras de reptiles y de otros animales impuros, y toda clase de ídolos del pueblo de Israel. 11Setenta ancianos8.11 Setenta es una cifra que sugiere la idea de algo completo. Cf. Gn 46.27; Ex 24.1; Nm 11.16; Jue 1.7. israelitas, entre los que se encontraba Jaazanías, hijo de Safán, rendían culto a esos ídolos. Cada uno tenía un incensario en la mano, del cual subía una espesa nube de incienso.

12Y me dijo: «¿Ves lo que hacen en secreto los ancianos israelitas, cada uno en el nicho de su ídolo? Piensan que yo no los veo, que he abandonado el país.» 13Y añadió: «Todavía los verás hacer cosas peores.»

14Y me llevó a la puerta de entrada del templo del Señor, que da hacia el norte. Allí estaban sentadas unas mujeres, llorando por el dios Tamuz.8.14 Tamuz era un dios de la vegetación, venerado en la antigua Mesopotamia. Según la mitología asirio-babilónica, cuando el fuerte sol del verano secaba las plantas, ese dios bajaba al mundo subterráneo y se celebraba su «muerte» con ritos especiales, como el llanto de las mujeres, que aquí se menciona. 15Entonces me dijo: «¿Ves esto? Pues todavía verás cosas peores.»

16Entonces me llevó al atrio interior del templo del Señor y, a la entrada del santuario, entre el vestíbulo y el altar, unos veinticinco hombres estaban de espaldas al santuario; inclinados hacia el oriente, y con la frente en el suelo, adoraban al sol. 17Entonces el Señor me dijo: «¿Lo ves? ¡No le ha bastado al pueblo de Judá con hacer aquí estas cosas tan detestables, que además ha llenado el país de actos de violencia! Una y otra vez provocan mi ira, y hacen que su pestilencia me llegue a la nariz. 18Pero yo voy a actuar con ira. No tendré ninguna compasión de ellos. Aunque me llamen a gritos, no los escucharé.»

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Visión del castigo de Jerusalén

91Después oí una voz muy fuerte, que me gritó al oído: «¡Ya llegan los que van a castigar la ciudad, cada uno con su arma de destrucción en la mano!»

2Vi entonces que seis hombres entraban por la puerta superior que da al norte, cada uno con un mazo en la mano. En medio de ellos venía un hombre vestido de lino, que llevaba a la cintura instrumentos de escribir.9.2 Los instrumentos de escribir caracterizan la misión asignada a este hombre. A diferencia de los exterminadores, él debía trazar una señal salvadora en todos aquellos que no habían caído en la idolatría ni se habían contaminado con las cosas detestables que se cometían en Jerusalén (cf. v. 4). Entraron y se detuvieron junto al altar de bronce. 3Entonces la gloria del Dios de Israel se elevó de encima de los seres alados, donde había estado, y se dirigió a la entrada del templo. El Señor llamó al hombre vestido de lino que llevaba a la cintura instrumentos de escribir, 4y le dijo: «Recorre la ciudad de Jerusalén, y pon una señal9.4 Una señal: lit. una taw, la última letra del alfabeto hebreo, que en la antigua escritura hebrea tenía forma de + o de x. en la frente de los que sientan tristeza y pesar por todas las cosas detestables que se hacen en ella.»

5-6Luego oí que les decía a los otros hombres: «Vayan tras él a recorrer la ciudad y, comenzando por mi templo, maten sin ninguna compasión a ancianos, jóvenes, muchachas, niños y mujeres. Pero no toquen a nadie que tenga la señal.» Ellos, entonces, comenzaron por los ancianos que estaban delante del templo.

7Después les dijo: «Vayan al templo, y profánenlo; y llenen de cadáveres sus atrios.»

Ellos salieron y comenzaron a matar gente en la ciudad. 8Y mientras lo hacían, yo me quedé solo. Entonces me incliné hasta tocar el suelo con la frente, y lleno de dolor grité: «Señor, ¿vas a descargar tu ira sobre Jerusalén hasta destruir lo poco que queda de Israel?»

9El Señor me respondió: «El pecado del pueblo de Israel y de Judá es muy grande. El país está lleno de crímenes; la ciudad está llena de injusticia. Piensan que yo he abandonado al país y que no veo lo que hacen. 10Pues no voy a tener ninguna compasión de ellos, sino que les voy a pedir cuentas de su conducta.»

11Entonces el hombre vestido de lino que llevaba a la cintura instrumentos de escribir, volvió y dijo: «Ya he cumplido la orden que me diste.»