Dios habla Hoy (DHH)
22

Crímenes de Jerusalén

221El Señor se dirigió a mí, y me dijo: 2«Tú, hombre, vas a dictar la sentencia contra la ciudad criminal.22.2 La ciudad criminal: es decir, la ciudad de Jerusalén. La acusarás de todas las cosas detestables que ha hecho, 3y le dirás: “Esto dice el Señor: Ciudad que matas a tus habitantes y fabricas ídolos para contaminarte, ¡ya te va a llegar tu hora! 4Con los asesinatos que has cometido te has hecho culpable, y con los ídolos que has fabricado te has contaminado; has hecho que tu hora se acerque y que haya llegado el fin de tus días. Así pues, yo voy a hacer que los pueblos te insulten, que todas las naciones se burlen de ti. 5Los de cerca y los de lejos se burlarán de ti, ciudad famosa por tu idolatría y tu gran desorden. 6Allí están los gobernantes de Israel, que viven en medio de ti y cometen todos los crímenes que pueden. 7Tus habitantes no honran a su padre ni a su madre, maltratan a los extranjeros, explotan a los huérfanos y a las viudas. 8No respetan mis lugares sagrados ni mis sábados. 9Por causa de sus mentiras, algunos de tus habitantes son los culpables de que otros mueran; asisten a los banquetes que se celebran en los montes en honor de los ídolos, y hacen cosas detestables. 10Algunos tienen relaciones sexuales con la esposa de su padre, o abusan de la mujer que está en su período de menstruación. 11Hay quienes cometen adulterio con la mujer de su prójimo, o tienen relaciones vergonzosas con su nuera, o hacen violencia a una medio hermana. 12Algunos de tus habitantes se dejan comprar para matar a otros. Prestan dinero a usura e interés, explotan y hacen violencia a su prójimo, y se olvidan de mí. Yo, el Señor, lo afirmo.

13»”Yo estoy muy enojado por tus explotaciones y asesinatos. 14No pienses que vas a poder hacerme frente cuando yo tome medidas contra ti. Yo, el Señor, lo he dicho y lo voy a cumplir: 15te esparciré por todas las naciones, te dispersaré por todos los países y te limpiaré totalmente de tu impureza; 16me harás quedar mal a los ojos de las demás naciones, pero reconocerás que yo soy el Señor.”»

17El Señor se dirigió a mí, y me dijo: 18«El pueblo de Israel es para mí como el resto inservible que queda cuando se echa cobre, estaño, hierro, plomo o plata en el horno. 19Por eso yo, el Señor, digo: Como todos ustedes se han convertido en un resto inservible, los voy a reunir en medio de Jerusalén. 20Así como la plata, el cobre, el hierro, el plomo y el estaño se echan juntos en un horno, y se atiza el fuego para fundirlos, así yo, en mi ira terrible, los voy a reunir a ustedes y los pondré a fundir. 21Sí, voy a atizar el fuego de mi ira, y los reuniré a ustedes para fundirlos en medio de la ciudad. 22Así como se funde la plata en el horno, así serán fundidos ustedes en medio de la ciudad, y así reconocerán que yo, el Señor, he descargado mi ira contra ustedes.»

23El Señor se dirigió a mí, y me dijo: 24«Tú, hombre, dile a Israel: “Eres un país castigado con falta de lluvias y de agua, 25un país con gobernantes como leones, que rugen y despedazan su presa; que en su territorio devoran a la gente, le roban sus tesoros y riquezas y dejan viudas a muchas mujeres. 26Los sacerdotes de este país tuercen el sentido de mis enseñanzas y profanan las cosas que yo considero sagradas; no hacen ninguna distinción entre lo sagrado y lo profano, ni enseñan a otros a distinguir entre lo puro y lo impuro. No ponen atención a mis sábados, ni me honran. 27Los jefes de este país son como lobos que despedazan su presa, listos a derramar sangre y a matar gente con tal de enriquecerse. 28Los profetas ocultan la verdad, como quien blanquea una pared; dicen tener visiones, y anuncian cosas que resultan falsas. Aseguran que hablan en mi nombre, cuando en realidad yo no he hablado. 29La gente del pueblo se dedica a la violencia y al robo; explotan al pobre y al necesitado, y cometen violencias e injusticias con los extranjeros. 30Yo he buscado entre esa gente a alguien que haga algo en favor del país y que interceda ante mí para que yo no los destruya, pero no lo he encontrado. 31Por eso he descargado mi castigo sobre ellos y los he destruido con el fuego de mi ira, para hacerlos responder por su conducta. Yo, el Señor, lo afirmo.”»

23

Samaria y Jerusalén, dos hermanas pecadoras

231El Señor se dirigió a mí, y me dijo: 2«Había una vez dos mujeres, hijas de la misma madre. 3Desde jóvenes, estas dos mujeres se entregaron a la prostitución; en Egipto dejaron que les manosearan los pechos, y perdieron su virginidad. 4La mayor se llamaba Aholá (que representa a Samaria), y su hermana Oholibá23.4 El nombre simbólico de Samaria, la antigua capital del reino del norte, es Oholá, que en hebreo significa Su tienda de campaña; el de Jerusalén es Oholibá, que quiere decir Mi tienda de campaña (está) en ella. Ambas hermanas se prostituyeron con Egipto, Asiria y Babilonia, y han debido pagar las consecuencias de su infidelidad. (que representa a Jerusalén). Yo las tomé por esposas, y me dieron hijos e hijas. 5Aholá me fue infiel y se apasionó por sus amantes, los guerreros asirios, 6con sus uniformes de púrpura, todos ellos jefes y gobernadores, jóvenes apuestos, jinetes montados en sus caballos, 7¡lo más selecto de los asirios! Aholá se entregó a la prostitución con ellos, y hasta se apasionó por todos sus ídolos y se rebajó adorándolos. 8Desde que estuvo en Egipto se volvió una prostituta, y jamás dejó de serlo. Desde que era joven, muchos se acostaron con ella y le quitaron su virginidad, convirtiéndola en una prostituta. 9Por eso la entregué en manos de sus amantes, los asirios, por quienes ella se había apasionado, 10y ellos la deshonraron; luego le quitaron a sus hijos e hijas, y a ella la mataron a filo de espada, ejecutando así la sentencia contra ella. Y su caso se hizo famoso entre las mujeres.

11»Su hermana Oholibá vio esto, y sin embargo se entregó, más aún que su hermana, a la pasión y la prostitución. 12También ella se apasionó por los asirios, todos ellos jefes y gobernadores, guerreros espléndidamente vestidos, jinetes montados a caballo, jóvenes apuestos. 13Me di cuenta de que también ella se había manchado, y que había seguido el ejemplo de su hermana. 14-15Pero ella fue aún más lejos en sus prostituciones: vio en las paredes imágenes de babilonios, grabadas y pintadas de rojo; todos ellos tenían aspecto de oficiales, a juzgar por sus cinturones y turbantes. 16Al ver a estos babilonios, se apasionó por ellos y envió mensajeros a Babilonia; 17y los babilonios vinieron y se acostaron con ella, y le hicieron el amor, manchándola con sus prostituciones. Tanto la mancharon que al fin sintió asco de ellos. 18Entonces se entregó públicamente a la prostitución, mostrando su cuerpo desnudo, hasta que yo sentí asco de ella como antes lo había sentido de su hermana. 19Pero se entregó más y más a la prostitución, recordando el tiempo de su juventud, cuando se prostituyó en Egipto 20y se apasionó por sus amantes egipcios, que en sus impulsos sexuales se parecen a los asnos y los caballos.

21»Tú, Oholibá, sentías nostalgia del libertinaje de tu juventud, cuando los egipcios te manoseaban los pechos. 22Por eso yo, el Señor, digo: Voy a hacer que esos amantes tuyos, de los que ahora sientes asco, se vuelvan tus enemigos. De todas partes voy a lanzar contra ti 23a los babilonios y a los caldeos, a los de Pecod, Soa y Coa, y a todos los asirios; todos ellos jóvenes apuestos, jefes y gobernadores, oficiales y guerreros; todos ellos gente de a caballo. 24Vendrán contra ti, con gran número de carros y de ejércitos; te rodearán por todas partes, armados y con cascos y escudos, y yo les daré el derecho de juzgarte, y ellos te juzgarán según sus leyes. 25Yo descargaré sobre ti el furor de mi ira, y ellos te tratarán con crueldad; te cortarán la nariz y las orejas, y a los que aún queden vivos los matarán a filo de espada. Te arrebatarán a tus hijos y a tus hijas, y al fin caerás devorada por el fuego. 26Te quitarán tus vestidos y se apoderarán de tus joyas. 27Así pondré fin a tu libertinaje y a la prostitución a que te entregaste en Egipto, y no volverás a ver a los egipcios ni a acordarte de ellos.

28»Esto digo yo, el Señor: Voy a dejar que caigas en poder de las naciones que odias, y por las que sientes asco. 29Ellas te tratarán con odio, se adueñarán de lo que has ganado con tu trabajo y te dejarán completamente desnuda; quedará al descubierto tu cuerpo, el cual entregaste a la prostitución. Tu libertinaje y tu prostitución 30son la causa de lo que hoy te pasa, pues te entregaste a la prostitución con esas naciones y te rebajaste adorando sus ídolos. 31Seguiste los pasos de tu hermana; por eso te daré a beber la misma copa que le di a ella.

32»Esto digo yo, el Señor:

Beberás de la misma copa que tu hermana,

una copa grande, ancha y profunda,

llena de burla y desprecio,

33llena de ruina y destrucción.

Es la copa de tu hermana Samaria,

con la que quedarás borracha y dolorida.

34La beberás hasta el fondo,

y luego la harás pedazos

y te desgarrarás los pechos.

Yo, el Señor, he hablado;

yo he dado mi palabra.

35»Por eso yo, el Señor, digo: Puesto que te has olvidado de mí y me has vuelto la espalda, tendrás que sufrir el castigo de tu libertinaje y de tus prostituciones.»

36El Señor me dijo: «Y tú, hombre, ¿quieres pronunciar la sentencia contra Aholá y Oholibá? Entonces échales en cara sus acciones detestables. 37Ellas me han sido infieles y tienen las manos manchadas de sangre. Me han sido infieles adorando a sus ídolos, y en honor de ellos han sacrificado en el fuego a sus propios hijos, los hijos que yo tuve con ellas. 38Además, han hecho esto contra mí: en un mismo día profanaron mi santo templo y deshonraron mis sábados. 39Y el mismo día que sacrificaron a sus hijos para honrar a sus ídolos, vinieron a mi santo templo y lo profanaron. ¡Esto es lo que han hecho, en mi propia casa!

40»Enviaron mensajeros para hacer venir hombres de lejos, y ellos vinieron. Ellas dos se bañaron, se pintaron los ojos y se pusieron joyas para recibirlos; 41se sentaron en una cama lujosa, con la mesa ya servida, y en ella pusieron el incienso y el aceite consagrados a mi servicio. 42Se escuchaban los gritos de una multitud haciendo fiesta; eran hombres venidos del desierto, que adornaban a las mujeres poniéndoles brazaletes en los brazos y hermosas coronas en la cabeza. 43Yo me decía: “Ahora van a servirse de estas prostitutas gastadas por los adulterios. ¡Nada menos que con ellas! 44Vienen a Aholá y a Oholibá, mujeres libertinas, como quien va a las prostitutas.” 45Pero los hombres justos dictarán contra ellas la sentencia que merecen las adúlteras y las asesinas. Porque adúlteras son, y tienen las manos manchadas de sangre.»

46Esto dice el Señor: «Que se reúna el pueblo contra ellas, que las haga sentir pánico y las robe; 47que el pueblo entero las mate a pedradas y las atraviese con sus espadas; que mate a sus hijos e hijas y queme sus casas. 48Yo haré que desaparezca del país esta conducta infame. Así todas las mujeres aprenderán la lección y no seguirán su ejemplo inmoral. 49En cuanto a esas dos, recibirán el castigo de su conducta inmoral y de sus pecados de idolatría. Y ustedes reconocerán que yo soy el Señor.»

24

Imagen de la olla

241El día diez del mes décimo del año noveno, el Señor se dirigió a mí, y me dijo: 2«Anota esta fecha, la fecha de hoy, porque hoy el rey de Babilonia ha atacado Jerusalén. 3Y recítale a este pueblo rebelde un poema que le sirva de ejemplo. Dile de mi parte:

»“Pon una olla al fuego y échale agua;

4pon en ella pedazos de carne,

buenos pedazos de pierna y de lomo,

y también lo mejor de los huesos.

5Toma luego una de las mejores ovejas,

y amontona leña debajo

para que hierva bien,

hasta que queden cocidos los huesos.

6»”Porque el Señor dice:

¡Ay de la ciudad asesina!

Es como una olla enmohecida,

a la que el moho no se le quita.

Saca tú, uno a uno, los pedazos de carne,

hasta dejar la olla vacía.

7La ciudad está llena de la sangre derramada;

y derramada, no sobre la tierra

para que el polvo la cubriera,

sino sobre la roca desnuda.

8Pues yo voy a dejar la sangre allí,

sobre la roca desnuda,

de manera que no se pueda cubrir,

para que mi ira se encienda

y se haga justicia.

9»”Porque el Señor dice:

¡Ay de la ciudad asesina!

Yo mismo voy a hacer una hoguera.

10Y tú trae mucha leña, enciende el fuego

y cuece bien la carne,

hasta que se acabe el caldo y se quemen los huesos;

11pon luego la olla vacía sobre el fuego,

hasta que el cobre se ponga al rojo vivo

y quede limpio de sus impurezas;

¡hasta que el moho desaparezca!

12Sin embargo, tan enmohecido está

que no se limpia ni con fuego.

13»”Jerusalén, yo he querido limpiarte de la impureza de tu libertinaje, pero no has quedado limpia. Solo quedarás limpia cuando descargue mi ira sobre ti. 14Yo, el Señor, lo he dicho, y así será. Yo mismo voy a hacerlo, y no dejaré de cumplirlo; no tendré compasión ni me arrepentiré. Te castigaré por tu conducta y tus acciones. Yo, el Señor, lo afirmo.”»

Muerte de la esposa de Ezequiel24.15-27 La muerte repentina de la esposa del profeta pasa a ser una nueva profecía en acción. Así como Ezequiel había sido privado de lo que él más quería (v. 16), así también los deportados a Babilonia se verían despojados de lo que era su orgullo y su fuerza: el templo y la ciudad de Jerusalén, cuya caída es inminente (v. 21).

15El Señor se dirigió a mí, y me dijo: 16«Voy a quitarte de un solo golpe a la persona que tú más quieres. Pero no te lamentes ni llores; no derrames lágrimas. 17Sufre en silencio y no guardes luto como se hace por los muertos. No andes con la cabeza descubierta ni vayas descalzo; no te cubras la cara en señal de dolor ni comas el pan que se come en tales casos.»

18Por la mañana estuve hablando con la gente, y por la tarde murió mi esposa; a la mañana siguiente hice lo que el Señor me había ordenado. 19Entonces la gente del pueblo me dijo: «Explícanos qué quiere decir para nosotros eso que estás haciendo.»

20Yo les dije: «El Señor se dirigió a mí, y me dijo: 21“Dile al pueblo de Israel: Esto dice el Señor: Voy a profanar mi templo, que a ustedes tanto les gusta mirar y tanto quieren, y que es su orgullo y su fuerza; los hijos e hijas que ustedes dejaron en Jerusalén morirán asesinados. 22Y diles: Ustedes harán lo mismo que yo he hecho: no podrán cubrirse la cara en señal de dolor, ni comer el pan que se come en tales casos. 23No podrán llevar la cabeza descubierta ni los pies descalzos. No se lamentarán ni llorarán. Quedarán sin fuerzas por culpa de sus maldades, y se pondrán a lamentarse unos con otros. 24Ezequiel será para ustedes un ejemplo, y todo lo que él hizo lo harán ustedes. Cuando esto suceda, reconocerán que yo soy el Señor.

25»”Y ahora voy a quitarles a los israelitas su fortaleza, que es el templo, con cuya belleza se alegran tanto, y que tanto les gusta mirar y tanto quieren. También les quitaré a sus hijos e hijas. 26Y en ese día, el que pueda escapar vendrá a darte la noticia. 27Ese día dejarás de estar mudo, y podrás hablar con el que haya escapado. Servirás así de ejemplo al pueblo, y ellos reconocerán que yo soy el Señor.”»