Dios habla Hoy (DHH)
8

81¿Quién puede compararse al sabio? ¿Quién conoce el sentido de las cosas? La sabiduría ilumina la cara del hombre; hace que cambie su duro semblante.

La obediencia al rey

2Cumple las órdenes del rey, pues así lo has jurado ante Dios. 3No salgas de su presencia con demasiada rapidez. No tomes parte en asuntos malvados, porque él puede hacer lo que se le antoje. 4La palabra del rey tiene autoridad final, y nadie puede pedirle cuenta de sus actos.

5Al que cumple una orden, no le pasará nada malo, y el que es sabio entiende cuándo y cómo debe cumplirla. 6En realidad, hay un momento y un modo de hacer todo lo que se hace, pero el gran problema del hombre 7es que nunca sabe lo que va a suceder, ni hay nadie que se lo pueda advertir.

Nadie tiene poder sobre la vida y la muerte

8No hay quien tenga poder sobre la vida, como para retenerla, ni hay tampoco quien tenga poder sobre la muerte. No hay quien escape de esta batalla. Al malvado no lo salvará su maldad.

9Todo esto he visto al entregarme de lleno a conocer lo que se hace en este mundo y el poder que el hombre tiene de hacer daño a sus semejantes.

Hay cosas que no tienen sentido

10También he visto que a gente malvada, que se mantuvo alejada del lugar santo, la alaban el día de su entierro; y en la ciudad donde cometió su maldad, nadie después lo recuerda. Y esto no tiene sentido, 11porque al no ejecutarse en seguida la sentencia para castigar la maldad, se provoca que el hombre sólo piense en hacer lo malo. 12¡Así resulta que el que peca y sigue pecando vive muchos años! (Lo que yo sabía es que a los que honran a Dios y guardan reverencia ante él, les va bien; 13y que, por el contrario, a los malvados les va mal y su vida pasa como una sombra porque no muestran reverencia ante Dios.) 14Y así se da en este mundo el caso sin sentido de hombres buenos que sufren como si fueran malos, y de hombres malos que gozan como si fueran buenos. ¡Yo digo que tampoco esto tiene sentido!

15Por eso, me declaro en favor de la alegría. Y lo mejor que puede hacer el hombre en este mundo es comer, beber y divertirse, porque eso es lo único que le queda de su trabajo en los días de vida que Dios le da en este mundo.

16Mientras más me entregué a aprender y a saber y a observar todo lo que se hace en este mundo —llega un momento en que no puede uno dormir a ninguna hora—, 17más cuenta me di de que el hombre no puede comprender lo que Dios hace ni lo que ocurre en este mundo. Por más que luche buscando la respuesta, no la encontrará; aun cuando el sabio diga conocerla, en realidad no ha podido encontrarla.

9

Consideraciones sobre la vida y la muerte

91A todo esto me he entregado de lleno, tan solo para descubrir que las obras de buenos y de sabios están en las manos de Dios. Nada sabe el hombre del amor ni del odio, aun cuando los tenga ante sus ojos. 2Al fin y al cabo, a todos les espera lo mismo: al justo y al injusto, al bueno y al malo, al puro y al impuro, al que ofrece sacrificios y al que no los ofrece; lo mismo al bueno que al pecador, al que hace juramentos y al que no los hace.

3Esto es lo malo de todo lo que pasa en este mundo: que a todos les espera lo mismo. Por otra parte, el pensamiento del hombre está lleno de maldad; la estupidez domina su mente durante toda su vida; y al fin de cuentas, ¡al cementerio!

4Tiene más esperanza aquel a quien se concede seguir viviendo, pues vale más perro vivo que león muerto. 5Además, los que viven saben que han de morir, pero los muertos ni saben nada ni ganan nada, porque se les echa al olvido. 6Allí terminan su amor, su odio y sus pasiones, y nunca más vuelven a tomar parte en nada de lo que se hace en este mundo.

7¡Vamos, pues! Disfruta del pan que comes; goza del vino que bebes, porque a Dios le han agradado tus acciones. 8Vístete siempre con ropas blancas; ponte siempre perfume en la cabeza. 9Goza de la vida con la mujer amada, cada instante de esta vida sin sentido que Dios te ha dado en este mundo; eso es lo único que sacarás de tanto trabajar en este mundo. 10Y todo lo que esté en tu mano hacer, hazlo con todo empeño; porque en el sepulcro, que es donde irás a parar, no se hace nada ni se piensa nada, ni hay conocimientos ni sabiduría.

Injusticias de la vida

11En este mundo he visto algo más: que no son los veloces los que ganan la carrera, ni los valientes los que ganan la batalla; que no siempre los sabios tienen pan, ni los inteligentes son ricos, ni los instruidos son bien recibidos; todos ellos dependen de un momento de suerte. 12Por otra parte, nunca sabe nadie cuándo le llegará su hora: así como los peces quedan atrapados en la red y las aves en la trampa, así también el hombre, cuando menos lo espera, se ve atrapado en un mal momento.

13También he visto en este mundo algo que me parece encerrar una gran enseñanza: 14una ciudad pequeña, con pocos habitantes, es atacada por un rey poderoso que levanta alrededor de ella una gran maquinaria de ataque. 15Y en la ciudad vive un hombre pobre, pero sabio, que con su sabiduría podría salvar a la ciudad, ¡y nadie se acuerda de él!

Por sobre todas las cosas, sabiduría

16Sin embargo, yo afirmo que vale más ser sabio que valiente, aun cuando la sabiduría del hombre pobre no sea tomada en cuenta ni se preste atención a lo que dice.

17Más se oyen las palabras tranquilas de los sabios

que el griterío del rey de los necios.

18Vale más la sabiduría

que las armas de guerra.

Un solo error

causa grandes destrozos.

10

101Una mosca muerta apesta

y echa a perder el buen perfume.

Cuenta más la tontería más ligera

que la sabiduría más respetable.

2La mente del sabio se inclina al bien,

pero la del necio se inclina al mal.

3El necio, en todo lo que hace,

muestra la pobreza de sus ideas,

aun cuando vaya diciendo

que los necios son los demás.

4Si el que gobierna se enoja contigo,

no pierdas la cabeza;

el remedio para los grandes errores

es tomar las cosas con calma.

5Me he dado cuenta de un error que se comete en este mundo, y que tiene su origen en los propios gobernantes: 6que al necio se le da un alto cargo, mientras que la gente que vale ocupa puestos humildes. 7He visto esclavos andar a caballo, y príncipes andar a pie como si fueran esclavos.

8El que hace el hoyo,

en él se cae.

Al que rompe el muro,

la serpiente lo muerde.

9El que labra piedras,

se lastima con ellas.

El que parte leña,

corre el riesgo de cortarse.

10Si el hacha se desafila

y no se la vuelve a afilar,

habrá que golpear con más fuerza.

Vale más hacer las cosas bien y con sabiduría.

11¿De qué sirve un encantador,

si la serpiente muerde antes de ser encantada?

12Las palabras del sabio le atraen simpatías,

pero las del necio son su propia ruina:

13comienza diciendo puras tonterías,

y acaba diciendo las peores estupideces.

14¡Al necio no le faltan las palabras!

¿Quién puede decir lo que ha de suceder,

si nadie sabe nada del futuro?

15Tanto se mata el necio trabajando,

que no sabe ni el camino a la ciudad.

16¡Ay del país que tiene por rey a un chiquillo,

y en el que sus príncipes

amanecen en banquetes!

17¡Dichoso el país que tiene un rey honorable,

y en el que los gobernantes

comen a la hora debida,

para reponer sus fuerzas

y no para emborracharse!

18Al holgazán se le cae el techo;

al que no hace nada, toda la casa.

19El pan es para disfrutarlo,

y el vino para gozar de la vida;

mas para eso hace falta dinero.

20No critiques al rey

ni siquiera con el pensamiento.

No hables mal del rico, aunque estés a solas,

porque las aves vuelan y pueden ir a contárselo.