Dios habla Hoy (DHH)
4

41¡Ella es el libro de los mandamientos de Dios!

¡Ella es la ley que dura eternamente!

4.1
Cf.

Todos los que sean fieles a ella, vivirán;

pero los que la abandonen, morirán.

2¡Vuelve, Jacob, y consíguela;

iluminado por ella, dirígete a su esplendor!

3¡No cedas a otros tus honores,

ni tus privilegios a naciones extranjeras!

4¡Qué dichosos somos, Israel,

pues conocemos la voluntad de Dios!

Lamentación de Jerusalén por sus hijos

5¡Ánimo, pueblo mío,

tú que guardas vivo el recuerdo de Israel!

6Ustedes fueron vendidos a naciones extranjeras,

pero no serán exterminados.

Por haber hecho enojar a Dios,

fueron entregados a sus enemigos.

7Ustedes ofendieron a su creador

ofreciendo sacrificios a demonios y no a Dios.

4.7
Cf.

8Se olvidaron del Dios eterno, que los alimentó,

y entristecieron a Jerusalén,

que los ha criado;

9al ver venir sobre ustedes el castigo

que Dios iba a enviarles, ella dijo:

«¡Escuchen, ciudades vecinas:

Dios me ha enviado un gran dolor!

10He visto cómo el Dios eterno

ha enviado cautivos a mis hijos y mis hijas.

11Yo los había alimentado llena de alegría,

y luego, con tristeza y lágrimas, los vi partir.

12Que nadie se alegre al ver que estoy viuda

y que me han quitado a tantos hijos.

Desierta estoy por los pecados de mis hijos,

porque se apartaron de la ley de Dios.

13No hicieron caso de los decretos de Dios,

no vivieron de acuerdo con sus mandamientos

ni se dejaron guiar de él por el camino recto.

14¡Vengan, ciudades vecinas;

fíjense cómo el Dios eterno

ha enviado cautivos a mis hijos y mis hijas!

15Trajo desde lejos, contra ellos,

a una nación cruel, de idioma extraño,

que no respetaba a los ancianos

ni tenía compasión de los niños;

4.15
Dt 28.49-50
Jer 5.15-17

16y a mí, viuda y desamparada,

me quitó a mis queridos hijos y a mis hijas.

17¿Y yo, qué ayuda puedo dar a ustedes, hijos míos?

18Dios, que les envió estas calamidades,

es quien los librará de sus enemigos.

19¡Sigan, hijos míos, sigan su camino!

¡Yo me quedo abandonada!

20Me he quitado mis vestidos de los días de paz,

me he puesto ropas ásperas para orar

y clamaré al Dios eterno mientras viva.

21¡Ánimo, hijos, pídanle ayuda a Dios,

y él los librará de la tiranía y del poder de sus enemigos!

22Yo espero que el Dios eterno los salve;

el Señor santo y Dios eterno

me ha dado la alegría de saber

que pronto tendrá compasión de ustedes.

23Yo, con tristeza y lágrimas, los vi partir;

pero Dios me los devolverá

con alegría y gozo eternos.

24Y así como ahora las ciudades vecinas

los han visto salir cautivos,

pronto verán cómo el Dios eterno los salvará

con su gran gloria y esplendor.

25Hijos míos, soporten con paciencia

el castigo que Dios les ha enviado.

Sus enemigos los han perseguido,

pero pronto verán ustedes cómo van a ser ellos destruidos,

y ustedes les pondrán los pies sobre el cuello.

26Mis hijos consentidos han ido por caminos ásperos;

sus enemigos se los llevaron

como las fieras se llevan a las ovejas.

27¡Ánimo, hijos, pidan ayuda a Dios,

y él, que les mandó todo esto, se acordará de ustedes.

28Así como se empeñaron en alejarse de Dios,

vuélvanse ahora y búsquenlo con mucho más empeño.

29Porque él, que les envió estas calamidades,

les dará también alegría eterna

al concederles la salvación.»

Consuelo para Jerusalén

30¡Ánimo, Jerusalén!

Dios, que te dio tu nombre, te consolará.

31¡Ay de los que te afligieron

y se alegraron de tu ruina!

32¡Ay de las ciudades que esclavizaron a tus hijos!

¡Ay de la ciudad adonde fueron deportados!

33Así como ella se alegró de tu caída

y se gozó con tu ruina,

así se entristecerá cuando quede despoblada.

34Dios le quitará las multitudes que tanto la alegran,

y su orgullo se convertirá en dolor.

35El Dios eterno le enviará un incendio por largos días,

y por mucho tiempo solo vivirán allí demonios.

36Jerusalén, mira al oriente

y verás la alegría que Dios te envía.

37Mira, ya vienen los hijos que viste partir;

vienen de oriente y occidente,

reunidos por orden del Dios santo,

alegres al ver la gloria de Dios.

1

Saludo

11Esta es la revelación que Dios hizo a Jesucristo, para que él mostrara a sus siervos lo que pronto ha de suceder. Jesucristo lo ha dado a conocer enviando su ángel a su siervo Juan, 2el cual ha dicho la verdad de todo lo que vio, y es testigo del mensaje de Dios confirmado por Jesucristo.

3Dichoso el que lee y dichosos los que escuchan la lectura de este mensaje profético, y hacen caso de lo que aquí está escrito, porque ya se acerca el tiempo.

4Juan saluda a las siete1.4 Siete: El número siete es símbolo de totalidad y perfección; las siete iglesias representan a todas las iglesias. iglesias de la provincia de Asia. Reciban ustedes gracia y paz de parte del que es y era y ha de venir,1.4 El que es y era y ha de venir: alusión al nombre divino revelado en Ex 3.14-15. y de parte de los siete espíritus1.4 Los siete espíritus: Cf. Ap 3.1; 4.5; 5.6. La mención de los siete espíritus junto con el Padre y con Jesucristo sugiere que estos espíritus simbolizan al Espíritu de Dios en sus múltiples manifestaciones (cf. Is 11.2). que están delante de su trono, 5y también de parte de Jesucristo, testigo fiel, que fue el primero en resucitar y tiene autoridad sobre los reyes de la tierra. Cristo nos ama, y nos ha librado de nuestros pecados derramando su sangre, 6y ha hecho de nosotros un reino; nos ha hecho sacerdotes al servicio de su Dios y Padre. ¡Que la gloria y el poder sean suyos para siempre! Amén.

7¡Cristo viene en las nubes!

Todos lo verán,

incluso los que lo traspasaron;

y todos los pueblos del mundo

harán duelo por él.

1.7
Cf.

Sí, amén.

8«Yo soy el alfa y la omega,»1.8 Alfa y la omega son, respectivamente, la primera y la última letra del alfabeto griego, y la frase equivale a decir el principio y el fin (cf. Ap 21.6; 22.13). dice el Señor, el Dios todopoderoso, el que es y era y ha de venir.

Visión preparatoria

9Yo, Juan, soy hermano de ustedes, y por mi unión con Jesús tengo parte con ustedes en el reino de Dios, en los sufrimientos y en la fortaleza para soportarlos. Por haber anunciado el mensaje de Dios confirmado por Jesús, me encontraba yo en la isla llamada Patmos. 10Y sucedió que en el día del Señor1.10 Día del Señor: el primer día de la semana, es decir, el domingo; cf. Jn 20.19; Hch 20.7. quedé bajo el poder del Espíritu, y oí detrás de mí una fuerte voz, como un toque de trompeta, 11que me decía: «Escribe en un libro lo que ves, y mándalo a las siete iglesias de la provincia de Asia: a Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardes, Filadelfia y Laodicea.»

12Me volví para ver de quién era la voz que me hablaba; y al hacerlo vi siete candelabros de oro, 13y en medio de los siete candelabros vi a alguien que parecía ser un hijo de hombre,1.13 Un hijo de hombre: Ap 14.14; cf. Dn 7.13. Véase Hijo del hombre en el Índice temático. vestido con una ropa que le llegaba hasta los pies y con un cinturón de oro a la altura del pecho. 14Sus cabellos eran blancos como la lana,1.14 Sus cabellos eran blancos como la lana: Cf. Dn 7.9. o como la nieve, y sus ojos parecían llamas de fuego. 15Sus pies brillaban como bronce pulido, fundido en un horno; y su voz era tan fuerte como el ruido de una cascada.

1.13-15
Cf.
16En su mano derecha tenía siete estrellas, y de su boca salía una aguda espada de dos filos. Su cara era como el sol cuando brilla en todo su esplendor.

17Al verlo, caí a sus pies como muerto. Pero él, poniendo su mano derecha sobre mí, me dijo: «No tengas miedo; yo soy el primero y el último,

1.17
Cf.
18y el que vive. Estuve muerto, pero ahora vivo para siempre. Yo tengo las llaves del reino de la muerte. 19Escribe lo que has visto: lo que ahora hay y lo que va a haber después. 20Este es el secreto de las siete estrellas que has visto en mi mano derecha, y de los siete candelabros de oro: las siete estrellas representan a los ángeles de las siete iglesias, y los siete candelabros representan a las siete iglesias.