Dios habla Hoy (DHH)
8

La cesta de fruta madura

81Esto me mostró Dios el Señor: Había una cesta de fruta madura, 2y él me preguntó:

—¿Qué ves, Amós?

—Una cesta de fruta madura —respondí.

Y me dijo el Señor:

—Ya Israel está maduro; no le voy a perdonar ni una vez más. 3Ese día los cantos del palacio se volverán lamentos. Mucha gente morirá, y en silencio serán arrojados fuera sus cadáveres. El Señor lo afirma.

Se acerca el juicio de Israel

4Oigan esto, ustedes que oprimen a los humildes y arruinan a los pobres del país; 5ustedes que dicen: «¿Cuándo pasará la fiesta de la luna nueva,8.5 Luna nueva: El primer día del mes lunar era una fiesta religiosa, en la que se suspendían las actividades comerciales. Cf. Nm 28.11-15; 1~S 20.5; 2~R 4.23; Sal 81.3. para que podamos vender el trigo? ¿Cuándo pasará el sábado, para que vendamos el grano a precios altos y usando medidas con trampa y pesas falsas?8.5 Pesas falsas: Lv 19.35-36; Dt 25.13-16; Pr 11.1; Miq 6.10-11. 6¡Arruinaremos a los pobres hasta que ellos mismos se nos vendan como esclavos para pagar sus deudas, aunque solo deban un par de sandalias! ¡Venderemos hasta el desecho del trigo!» 7El Señor ha jurado por la gloria de Jacob:8.7 La gloria de Jacob es el mismo Señor, de manera que esta expresión tiene aquí el valor de un nombre divino. «Nunca olvidaré lo que han hecho.»

8¿Y no habrá de temblar la tierra por todo esto?

¿No habrán de llorar todos sus habitantes?

¡La tierra subirá y bajará,

como suben y bajan las aguas del Nilo!

9«Ese día —afirma el Señor—,

haré que se oculte el sol al mediodía,8.9 Por las crónicas asirias se sab que en tiempos de Amós, en junio del año 763 a.C., hubo un eclipse de sol visible en todo el Oriente próximo. Para los antiguos, los eclipses eran señal del juicio de Dios. Cf. Jl 2.10.

y en pleno día cubriré de oscuridad la tierra.

10Cambiaré las fiestas en llanto por los muertos,

y los cantos en lamentos fúnebres;

haré que ustedes se vistan de luto,

y que se rapen la cabeza en señal de dolor.

Llorarán como el que ha perdido a su único hijo,

y todo acabará en amargura.

11Vienen días —afirma el Señor—

en los cuales mandaré hambre a la tierra;

no hambre de pan, ni sed de agua,

sino hambre de oír la palabra del Señor.

12La gente andará errante,

buscando la palabra del Señor;

irán de un mar al otro mar,

y desde el norte y hasta el oriente,

pero no podrán encontrarla.

13Hermosas muchachas y valientes muchachos

se desmayarán de sed ese día.

14Los que juran por los ídolos de Samaria;8.14 Los ídolos de Samaria: Algunos intérpretes ven aquí una alusión al becerro de oro instalado en el santuario de Betel por iniciativa de Jeroboam I, rey de Israel (cf. 1~R 12.28-29; Os 8.5-6).

los que dicen: “Por vida de tu dios, oh Dan”,

“Por vida de los dioses de Beerseba”,

caerán para no levantarse más.»

9

Nadie escapa al juicio del Señor

91Vi al Señor, que estaba junto al altar y me decía:

«Golpea los capiteles hasta que tiemblen los umbrales;

¡que caigan hechos pedazos sobre la gente!

A quienes queden vivos, los mataré a filo de espada:

aunque traten de huir, ni uno solo se salvará;

2aunque se escondan en las profundidades de la tierra,

de allí los sacaré;

aunque suban a las alturas de los cielos,

de allí los haré bajar.

3Si se esconden en la cumbre del monte Carmelo,

aun allá los iré a buscar;

si se esconden de mí en el fondo del mar,

mandaré al monstruo marino9.3 Monstruo marino: Los antiguos israelitas creían que en medio del océano había un monstruo enorme (cf. Is 27.1), que estaba al servicio del Señor como todas sus demás criaturas (cf. Gn 1.21; Sal 104.26). que vaya y los destroce;

4y si van al destierro, llevados por sus enemigos,

mandaré a la espada que vaya y los mate.

¡Para mal, y no para bien,

los tendré siempre a la vista!»

5El Señor, el Dios todopoderoso,

toca la tierra, y la tierra se derrite

y lloran todos sus habitantes.

La tierra sube y baja,

como suben y bajan las aguas del Nilo.

6El Señor ha puesto su habitación en el cielo

y la bóveda celeste sobre la tierra;

él llama a las aguas del mar

y las derrama sobre la tierra.

El Señor, ese es su nombre.

7Esto afirma el Señor:

«Israelitas, para mí no hay diferencia

entre ustedes y los etiopes.

Así como los traje a ustedes de Egipto,

así traje también de Creta a los filisteos

y de Quir a los arameos.»

8El Señor mira este reino pecador, y dice:

«Lo voy a borrar de la tierra,

pero no destruiré por completo la casa de Jacob.

Yo, el Señor, lo afirmo.

9Voy a ordenar que la casa de Israel sea zarandeada

como se zarandea el trigo en una criba,

sin que un solo grano caiga a tierra.

10Todos los pecadores de mi pueblo

morirán a filo de espada;

todos los que dicen: “Nada de eso nos pasará;

el mal no va a alcanzarnos.”

Restauración futura de Israel

11»El día viene en que levantaré la caída choza de David. Taparé sus brechas, levantaré sus ruinas y la reconstruiré tal como fue en los tiempos pasados, 12para que lo que quede de Edom y de toda nación que me ha pertenecido vuelva a ser posesión de Israel.» El Señor ha dado su palabra, y la cumplirá.

13«Vienen días en que todavía se estará cosechando el trigo cuando ya será tiempo de arar el campo, y en que aún no se habrá acabado de pisar las uvas cuando ya será tiempo de sembrar el trigo. Por montes y colinas correrá el vino como agua. 14Entonces traeré del destierro a mi pueblo Israel. Reconstruirán las ciudades destruidas, y vivirán en ellas; plantarán viñedos, y beberán su vino; sembrarán huertos, y comerán sus frutos. 15Pues los plantaré en su propia tierra, y nunca más volverán a ser arrancados de la tierra que les di.» Dios el Señor lo afirma.