Dios habla Hoy (DHH)
1

Dios concede un hijo a Ana

11En un lugar de los montes de Efraín, llamado Ramá, vivía un hombre de la familia de Suf, cuyo nombre era Elcaná. Era hijo de Jeroham y nieto de Elihú. Su bisabuelo fue Tohu, hijo de Suf, que pertenecía a la tribu de Efraín. 2Elcaná tenía dos esposas.1.2 Elcaná tenía dos esposas: En el antiguo Israel estaba permitida la poligamia (cf. Dt 21.15-17); pero, de hecho, solo los reyes y príncipes podían darse el lujo de tener un harén numeroso (cf. Jue 8.29-31; 1~R 11.3), porque los medios económicos de que disponía el hombre común le permitían solamente tener una o, a lo sumo, dos mujeres. Cf. Gn 16.1-3; 29.28. Una se llamaba Ana, y la otra Peniná. Peniná tenía hijos, pero Ana no los tenía. 3Todos los años salía Elcaná de su pueblo para rendir culto y ofrecer sacrificios en Siló al Señor todopoderoso. Allí había dos hijos del sacerdote Elí, llamados Hofní y Finees, que también eran sacerdotes del Señor.

4Cuando Elcaná ofrecía el sacrificio, daba su ración correspondiente a Peniná y a todos los hijos e hijas de ella, 5pero a Ana le daba una ración especial, porque la amaba mucho, a pesar de que el Señor le había impedido tener hijos. 6Por esto Peniná, que era su rival, la molestaba y se burlaba de ella, humillándola porque el Señor la había hecho estéril.

7Cada año, cuando iban al templo del Señor, Peniná la molestaba de este modo; por eso Ana lloraba y no comía. 8Entonces le decía Elcaná, su marido: «Ana, ¿por qué lloras? ¿Por qué estás triste y no comes? ¿Acaso no soy para ti mejor que diez hijos?»

9En cierta ocasión, estando en Siló, Ana se levantó después de la comida. El sacerdote Elí estaba sentado en un sillón, cerca de la puerta de entrada del templo del Señor. 10Y Ana, llorando y con el alma llena de amargura, se puso a orar al Señor 11y le hizo esta promesa: «Señor todopoderoso: Si te dignas contemplar la aflicción de esta sierva tuya, y te acuerdas de mí y me concedes un hijo, yo lo dedicaré toda su vida a tu servicio, y en señal de esa dedicación no se le cortará el pelo.»

1.11
Nm 6.2
Jue 13.4-5

12Como Ana estuvo orando largo rato ante el Señor, Elí se fijó en su boca; 13pero ella oraba mentalmente. No se escuchaba su voz; solo se movían sus labios. Elí creyó entonces que estaba borracha, 14y le dijo:

—¿Hasta cuándo vas a estar borracha? ¡Deja ya el vino!

15—No es eso, señor —contestó Ana—. No es que haya bebido vino ni ninguna bebida fuerte, sino que me siento angustiada y estoy desahogando mi pena delante del Señor. 16No piense usted que soy una mala mujer, sino que he estado orando todo este tiempo porque estoy preocupada y afligida.

17—Vete en paz —le contestó Elí—, y que el Dios de Israel te conceda lo que le has pedido.

18—Muchísimas gracias —contestó ella.

Luego Ana regresó por donde había venido, y fue a comer, y nunca más volvió a estar triste. 19A la mañana siguiente madrugaron y, después de adorar al Señor, regresaron a su casa en Ramá. Después Elcaná se unió con su esposa Ana, y el Señor tuvo presente la petición que ella le había hecho. 20Así Ana quedó embarazada, y cuando se cumplió el tiempo dio a luz un hijo y le puso por nombre Samuel, porque se lo había pedido al Señor.

21Luego fue Elcaná con toda su familia a Siló, para cumplir su promesa y ofrecer el sacrificio anual; 22pero Ana no fue, porque le dijo a su marido:

—No iré hasta que destete al niño. Entonces lo llevaré para dedicárselo al Señor y que se quede allá para siempre.

23Elcaná, su marido, le respondió:

—Haz lo que mejor te parezca. Quédate hasta que lo hayas destetado. Y que el Señor cumpla su promesa.

Así ella se quedó y crió a su hijo hasta que lo destetó. 24Y cuando le quitó el pecho, y siendo todavía él un niño pequeño, lo llevó consigo al templo del Señor en Siló. También llevó tres becerros,1.24 Tres becerros: según el hebreo. Otras versiones antiguas dicen, en cambio, un becerro de tres años, forma que parece más adaptada al contexto (cf. v. 25). veintidós litros de trigo y un cuero de vino. 25Entonces sacrificaron un becerro y presentaron el niño a Elí. 26Y Ana le dijo:

—Perdone usted, señor, pero tan cierto como que usted vive es que yo soy aquella mujer que estuvo orando al Señor aquí, cerca de usted. 27Le pedí al Señor que me diera este hijo, y él me lo concedió. 28Yo, por mi parte, lo he dedicado al Señor, y mientras viva estará dedicado a él.

Entonces Elí se inclinó hasta tocar el suelo con la frente, delante del Señor.

2

Cántico de Ana

21Y Ana oró de esta manera:

«Señor, yo me alegro en ti de corazón

porque tú me das nuevas fuerzas.

Puedo hablar contra mis enemigos

porque tú me has ayudado.

¡Estoy alegre!

2¡Nadie es santo como tú, Señor!

¡Nadie protege como tú, Dios nuestro!

¡Nadie hay fuera de ti!

3Que nadie hable con orgullo,

que nadie se jacte demasiado,

porque el Señor es el Dios que todo lo sabe,

y él pesa y juzga lo que hace el hombre.

4Él destruye los arcos de los poderosos,

y reviste de poder a los débiles;

5los que antes tenían de sobra,

ahora se alquilan por un pedazo de pan;

pero los que tenían hambre,

ahora ya no la tienen.

La mujer que no podía tener hijos,

ha dado a luz siete veces;2.5 El número siete, símbolo de perfección y plenitud, sugiere aquí la idea de un logro completo (cf. v. 21).

pero la que tenía muchos hijos,

ahora está completamente marchita.

6El Señor quita la vida y la da;

nos hace bajar al sepulcro

y de él nos hace subir.

7El Señor nos hace pobres o ricos;

nos hace caer y nos levanta.

8Dios levanta del suelo al pobre

y saca del basurero al mendigo,

para sentarlo entre grandes hombres

y hacerle ocupar un lugar de honor;

porque el Señor es el dueño

de las bases de la tierra,

y sobre ellas colocó el mundo.

9Él cuida los pasos de sus fieles,

pero los malvados mueren en la oscuridad,

porque nadie triunfa por la fuerza.

10El Señor hará pedazos a sus enemigos,

y desde el cielo enviará truenos contra ellos.

El Señor juzgará al mundo entero;

dará poder al rey que ha escogido

y hará crecer su poder.»

11Luego regresó Elcaná a su casa, en Ramá, pero el niño se quedó sirviendo al Señor bajo las órdenes del sacerdote Elí.

La maldad de los hijos de Elí

12Los hijos de Elí eran unos malvados, y no les importaba el Señor 13ni los deberes de los sacerdotes para con el pueblo; pues cuando alguien ofrecía un sacrificio, llegaba un criado del sacerdote con un tenedor en la mano y, mientras la carne estaba cociéndose, 14metía el tenedor en el perol, en la olla, en el caldero o en la cazuela, y todo lo que sacaba con el tenedor era para el sacerdote. Así hacían con todo israelita que llegaba a Siló. 15Además, antes de que quemaran la grasa en el altar, llegaba el criado del sacerdote y decía al que iba a ofrecer el sacrificio: «Dame carne para asársela al sacerdote; porque no te va a aceptar la carne ya cocida, sino cruda.» 16Y si la persona le respondía que primero tenían que quemar la grasa, y que luego él podría tomar lo que quisiera, el criado contestaba: «¡No, me la tienes que dar ahora! De lo contrario, te la quitaré a la fuerza.» 17Así pues, el pecado que estos jóvenes cometían ante el Señor era gravísimo, porque trataban con desprecio las ofrendas que pertenecían al Señor.

18Mientras tanto, el joven Samuel, vestido con un efod de lino,2.18 El efod de lino era una especie de túnica que usaban los sacerdotes para las ceremonias religiosas (cf. 2~S 6.14). No debe confundirse con la insignia del sumo sacerdote descrita en Ex 28.6-14. continuaba al servicio del Señor. 19Y cada año, cuando su madre iba al templo con su marido para ofrecer el sacrificio anual, le llevaba una capa pequeña que le había hecho. 20Entonces Elí bendecía a Elcaná y a su esposa, diciendo: «Que el Señor te recompense dándote hijos de esta mujer, a cambio del que ella le ha dedicado.» Después de esto regresaban a su hogar, 21y el Señor bendecía a Ana, la cual quedaba embarazada. De esa manera, Ana dio a luz tres hijos y dos hijas, y el niño Samuel seguía creciendo ante el Señor.

22En cuanto a Elí, era ya muy viejo, pero estaba enterado de todo lo que sus hijos les hacían a los israelitas, y que hasta se acostaban con las mujeres que estaban de servicio a la entrada de la tienda del encuentro con Dios. 23Por tanto les dijo: «Todo el mundo me habla de las malas acciones de ustedes. ¿Por qué se portan así? 24No, hijos míos, no es nada bueno lo que sé que el pueblo del Señor anda contando acerca de ustedes. 25Si una persona comete una falta contra otra, el Señor puede intervenir en su favor; pero si una persona ofende al Señor, ¿quién la defenderá?» Pero ellos no hicieron caso de lo que su padre les dijo, porque el Señor había decidido quitarles la vida.

26Mientras tanto, el joven Samuel seguía creciendo, y su conducta agradaba tanto al Señor como a los hombres.

27Por ese tiempo llegó un profeta a visitar a Elí, y le dijo: «El Señor ha declarado lo siguiente: “Cuando tus antepasados estaban en Egipto al servicio del faraón, claramente me manifesté a ellos. 28Y de entre todas las tribus de Israel los escogí para que fueran mis sacerdotes, para que ofrecieran holocaustos sobre mi altar, y quemaran incienso, y llevaran el efod en mi presencia.

2.28
Ex 28.1-4
Además concedí a tus antepasados todas las ofrendas que los israelitas queman en honor del Señor.
2.28
Lv 7.35-36
29¿Por qué, pues, han despreciado los sacrificios y ofrendas que yo he ordenado realizar? ¿Por qué das más preferencia a tus hijos que a mí, engordándolos con lo mejor de todas las ofrendas de Israel, mi pueblo?” 30Por lo tanto, el Señor, el Dios de Israel, que había dicho que tú y tu familia le servirían siempre, ahora declara: “Jamás permitiré tal cosa, sino que honraré a los que me honren, y los que me desprecien serán puestos en ridículo. Yo, el Señor, lo afirmo. 31Ya se acerca el momento en que voy a destruir tu poder y el de tus antepasados, y ninguno de tu familia llegará a viejo. 32Contemplarás con angustia y envidia2.32 Contemplarás con angustia y envidia: traducción poco segura de un texto oscuro. Otra posible traducción: Verás un rival en la Morada, mientras que todo andará bien en Israel. El término Morada es una designación poética del templo. todo el bien que yo haré en Israel, y jamás nadie en tu familia llegará a viejo. 33Pero dejaré a alguno de tus parientes cerca de mi altar, para que se consuman de envidia sus ojos y de dolor su alma,2.33 Sus ojos… su alma: según la versión griega (LXX). Heb. tus ojos… tu alma. y todos tus otros descendientes serán asesinados.
2.33
1~S 22.6-23
34Te servirá de muestra lo que ocurrirá a tus dos hijos, Hofní y Finees: los dos morirán el mismo día. 35Luego pondré un sacerdote digno de confianza y que actúe de acuerdo con mi voluntad y criterio, al que le daré una descendencia continua y le haré estar siempre al servicio del rey que yo haya escogido. 36Entonces, todo el que haya quedado vivo en tu familia vendrá a inclinarse ante él a cambio de una moneda de plata o un trozo de pan, rogándole que le dé algún trabajo entre los sacerdotes para poder ganarse el alimento.”»

3

El Señor llama a Samuel

31El joven Samuel seguía sirviendo al Señor bajo las órdenes de Elí. En aquella época era muy raro que el Señor comunicara a alguien un mensaje; no era frecuente que alguien tuviera una visión. 2Pero un día Elí, que había comenzado a quedarse ciego y no podía ver bien, estaba durmiendo en su habitación. 3Samuel estaba acostado en el templo del Señor, donde se encontraba el arca de Dios. La lámpara del santuario seguía encendida. 4Entonces el Señor lo llamó:

—¡Samuel!

—¡Aquí estoy! —contestó él.

5Luego corrió adonde estaba Elí, y le dijo:

—Aquí me tiene usted; ¿para qué me quería?

—Yo no te he llamado —contestó Elí—. Vuelve a acostarte.

Entonces Samuel fue y se acostó. 6Pero el Señor llamó otra vez:

—¡Samuel!

Y Samuel se levantó y fue junto a Elí, diciendo:

—Aquí me tiene usted; ¿para qué me quería?

—Yo no te he llamado, hijo mío —respondió Elí—. Vuelve a acostarte.

7Samuel no conocía al Señor todavía, pues él aún no le había manifestado nada. 8Pero por tercera vez llamó el Señor a Samuel, y este se levantó y fue a decirle a Elí:

—Aquí me tiene usted; ¿para qué me quería?

Elí, comprendiendo entonces que era el Señor quien llamaba al joven, 9dijo a este:

—Ve a acostarte; y si el Señor te llama, respóndele: “Habla, que tu siervo escucha.”

Entonces Samuel se fue y se acostó en su sitio. 10Después llegó el Señor, se detuvo y lo llamó igual que antes:

—¡Samuel! ¡Samuel!

—Habla, que tu siervo escucha —contestó Samuel.

11Y el Señor le dijo:

—Voy a hacer algo en Israel que hasta los oídos le dolerán a todo el que lo oiga. 12Ese día, sin falta, cumpliré a Elí todo lo que le he dicho respecto a su familia. 13Le he anunciado que voy a castigar a los suyos para siempre, por la maldad que él ya sabe; pues sus hijos me han maldecido3.13 Me han maldecido: según la versión griega (LXX). Heb. los han maldecido. Esta última es una corrección introducida en el texto por los copistas de los mss. con el fin de evitar la expresión maldecir a Dios, que les parecía una intolerable blasfemia. y él no los ha reprendido. 14Por tanto, he jurado contra la familia de Elí que su maldad no se borrará jamás, ni con sacrificios ni con ofrendas.

15Después de esto, Samuel se acostó hasta la mañana siguiente, y entonces abrió las puertas del templo del Señor. Samuel tenía miedo de contarle a Elí la visión que había tenido, 16pero Elí lo llamó y le dijo:

—¡Samuel, hijo mío!

—Aquí estoy —respondió él.

17Y Elí le preguntó:

—¿Qué es lo que te ha dicho el Señor? Te ruego que no me ocultes nada. ¡Que Dios te castigue duramente si me ocultas algo de todo lo que él te ha dicho!

18Samuel le declaró todo el asunto, sin ocultarle nada, y Elí exclamó:

—¡Él es el Señor! ¡Hágase lo que a él le parezca mejor!

19Samuel creció, y el Señor lo ayudó y no dejó de cumplir ninguna de sus promesas. 20Y todo Israel, desde Dan hasta Beerseba,3.20 Desde Dan hasta Beerseba: Con esta expresión se suele designar la totalidad del territorio israelita, desde el extremo norte hasta el extremo sur. reconoció que Samuel era un verdadero profeta del Señor. 21Y el Señor volvió a revelarse en Siló, pues allí era donde él daba a conocer a Samuel su mensaje;