Dios habla Hoy (DHH)
4

Victoria en Emaús

(2~Mac 8.24-29,34-36)

41Gorgias tomó una tropa de cinco mil soldados de infantería y mil de caballería, los más escogidos, y por la noche se pusieron en marcha 2para caer sobre el campamento judío y atacarlo de improviso. Le sirvieron de guías hombres de la ciudadela de Jerusalén. 3Sin embargo, Judas tuvo noticia de esto, y él y sus valientes soldados se pusieron en marcha para atacar al ejército del rey, que estaba en Emaús, 4mientras sus fuerzas se hallaban divididas. 5Gorgias llegó de noche al campamento de Judas, pero no encontró a nadie. Entonces los buscó por las montañas, pues pensó que habían huido por miedo a ellos.

6Pero muy de mañana se presentó Judas en la llanura con tres mil hombres, aunque no tenían las armaduras ni las espadas que hubieran querido. 7Vieron el poderoso ejército de los paganos, con sus buenas corazas, rodeado de la caballería, todos ellos expertos en la guerra. 8Entonces dijo Judas a sus hombres: «No tengan miedo al ver tanta gente, ni se dejen dominar por el pánico cuando ellos los ataquen. 9Acuérdense de cómo se salvaron nuestros antepasados en el Mar Rojo, cuando el faraón con su ejército los perseguía.

4.9
Ex 14
10Clamemos ahora a Dios para que nos favorezca, para que se acuerde de la alianza que hizo con nuestros antepasados, y haga pedazos a este ejército que está hoy ante nuestra vista. 11Así sabrán todas las naciones que hay uno que libra y salva a Israel.»

12Cuando los extranjeros miraron y vieron que los israelitas venían contra ellos, 13salieron del campamento para comenzar la batalla. Los soldados de Judas tocaron las trompetas 14y atacaron. Los paganos fueron derrotados y huyeron hacia la llanura. 15Todos los que iban a la retaguardia cayeron a filo de espada. Los israelitas persiguieron a los otros hasta Guézer y las llanuras de Idumea, de Azoto y de Jabnia. Las bajas de los enemigos llegaron a unos tres mil soldados.

16Cuando Judas volvió con su ejército, después de haber perseguido a los enemigos, 17dijo al pueblo: «No se preocupen por el botín, pues todavía hay más batallas por delante: 18Gorgias con su ejército está en la montaña, cerca de nosotros. Manténganse firmes frente a sus enemigos, y denles batalla. Después podrán apoderarse tranquilamente del botín.»

19No había terminado Judas de decir estas palabras, cuando apareció una patrulla que estaba espiando desde la montaña. 20Estos soldados se dieron cuenta de que sus compañeros habían tenido que huir y que su campamento había sido incendiado: el humo que salía indicaba claramente lo que había pasado. 21Al ver esto, se llenaron de pánico; y cuando distinguieron al ejército de Judas en la llanura, listo para la batalla, 22huyeron todos al país de los filisteos.

23Judas volvió entonces para recoger el botín del campamento enemigo, y se apoderaron de mucho oro y plata, y de telas teñidas de morado y de púrpura, y de muchas otras riquezas. 24Al regresar, los israelitas cantaban salmos y daban gracias a Dios, porque él es bueno, porque su amor es eterno.

4.24
2~Cr 5.13
Sal 136.1-26
Jer 33.11
25Fue una gran victoria para Israel en aquel día.

26Los extranjeros que lograron salir con vida fueron a contar a Lisias todo lo que había pasado. 27Y él, al oírlo, quedó terriblemente contrariado, pues las cosas con Israel no habían salido como él lo hubiera querido ni como el rey se lo había ordenado.

Primera campaña de Lisias

(2~Mac 11.1-12)

28El año siguiente, Lisias reunió sesenta mil soldados escogidos de infantería y cinco mil de caballería para luchar con los israelitas. 29Llegaron a Idumea y acamparon en Bet-sur. Judas le salió al encuentro con diez mil hombres. 30Al ver aquel ejército tan poderoso, oró diciendo: «Bendito eres tú, salvador de Israel, que deshiciste el ataque del gigante Goliat por mano de tu siervo David y entregaste el ejército de los filisteos en manos de Jonatán, el hijo de Saúl, y de su ayudante de armas.

4.30
1~S 14.1-5
31De la misma manera, entrega este ejército en manos de tu pueblo Israel, para que ellos, con todo su poder y sus caballos, queden en ridículo. 32Llénalos de terror, destruye el orgullo que les da su fuerza, y que queden derrotados sin poder levantarse. 33Derríbalos con la espada de los que te aman, para que todos los que te conocen te canten himnos de alabanza.»

34Así pues, trabaron batalla, y como cinco mil soldados del ejército de Lisias cayeron en la lucha con los israelitas. 35Al ver Lisias la derrota de su ejército y la intrepidez de Judas y sus soldados, que estaban dispuestos a vivir o a morir con valentía, se fue a Antioquía a reclutar un número mayor de mercenarios para volver a Judea.

Se restablece el culto en el templo

(2~Mac 10.1-8)

36Judas y sus hermanos dijeron entonces: «Ahora que nuestros enemigos han sido derrotados, vayamos a purificar y a consagrar el templo.» 37Todo el ejército se reunió y subió al monte Sión. 38Allí vieron el templo en ruinas, el altar profanado, las puertas incendiadas; en los atrios crecía la maleza, como en el bosque o en el monte; las habitaciones estaban destruidas.

4.38
Sal 74
39Entonces se rasgaron la ropa, dieron muestras de intenso dolor, se cubrieron de ceniza 40y se inclinaron hasta tocar el suelo con la frente. Luego, al toque de las trompetas, clamaron a Dios.

41En seguida Judas dio a sus soldados la orden de atacar la ciudadela, mientras él purificaba el templo. 42Escogió sacerdotes de conducta intachable, cumplidores de la ley, 43para que purificaran el templo y llevaran las piedras profanadas a un lugar no sagrado. 44Estuvieron pensando qué hacer con el altar de los holocaustos, que había sido profanado, 45y por fin se les ocurrió la buena idea de destruirlo, para que no fuera una continua acusación contra ellos, puesto que los paganos lo habían profanado. Así pues, demolieron el altar 46y colocaron las piedras en la colina del templo, en lugar apropiado, hasta que viniera un profeta que les indicara lo que debían hacer con ellas. 47Luego tomaron piedras sin tallar, según lo ordena la ley,

4.47
Ex 20.25
Dt 27.5-6
y construyeron un nuevo altar igual al anterior. 48Reconstruyeron el templo, restauraron su interior y purificaron los atrios. 49Hicieron nuevos utensilios sagrados y volvieron a instalar en el santuario el candelabro, el altar del incienso y la mesa para los panes sagrados.
4.49
Ex 25.23-39
30.1-5
50Quemaron incienso sobre el altar y encendieron las lámparas del candelabro
4.50
Ex 30.7-8
para que alumbraran en el santuario. 51Pusieron panes
4.51
Ex 25.30
sobre la mesa y colgaron las cortinas, y así terminaron todo su trabajo.

52El día veinticinco del noveno mes (es decir, el mes llamado Quisleu) del año ciento cuarenta y ocho,4.52 Corresponde a mediados de diciembre del año 164 a.C. se levantaron muy temprano 53y ofrecieron, de acuerdo con la ley,

4.53
Lv 1
un sacrificio sobre el nuevo altar de los holocaustos que habían construido. 54En el aniversario del día en que los paganos habían profanado el altar, en ese mismo día, lo consagraron con cantos y música de cítaras, arpas y platillos.
4.52-54
55Todo el pueblo cayó de rodillas y se inclinó hasta el suelo para adorar a Dios y darle gracias por el éxito que les había concedido. 56Durante ocho días celebraron la consagración del altar y ofrecieron con alegría holocaustos y sacrificios de reconciliación y de acción de gracias. 57Adornaron la fachada del santuario con coronas de oro y escudos decorativos,
4.57
repararon las entradas y las habitaciones, y les pusieron puertas. 58Hubo gran alegría en el pueblo, porque se veían libres de la humillación que les habían causado los paganos. 59Judas con sus hermanos y con todo el pueblo de Israel reunido determinaron que la consagración del nuevo altar se debía celebrar cada año con gozo y alegría durante ocho días, a partir del día veinticinco del mes de Quisleu.4.52-59 Esta es la fiesta de la dedicación (heb. hanuká), que desde entonces se celebra en el judaísmo durante ocho días, en el mes de diciembre. Cf. 2~Mac 10.1-8; y véase Jn 10.22 n.

60Por aquel tiempo construyeron alrededor del monte Sión una alta muralla con torres fortificadas, para que no vinieran los paganos a profanar esos lugares, como lo habían hecho antes. 61Judas puso allí una guarnición para defender el monte Sión, y fortificó a Bet-sur para que el país tuviera una defensa hacia el lado de Idumea.

1

Saludo

11Esta es la revelación que Dios hizo a Jesucristo, para que él mostrara a sus siervos lo que pronto ha de suceder. Jesucristo lo ha dado a conocer enviando su ángel a su siervo Juan, 2el cual ha dicho la verdad de todo lo que vio, y es testigo del mensaje de Dios confirmado por Jesucristo.

3Dichoso el que lee y dichosos los que escuchan la lectura de este mensaje profético, y hacen caso de lo que aquí está escrito, porque ya se acerca el tiempo.

4Juan saluda a las siete1.4 Siete: El número siete es símbolo de totalidad y perfección; las siete iglesias representan a todas las iglesias. iglesias de la provincia de Asia. Reciban ustedes gracia y paz de parte del que es y era y ha de venir,1.4 El que es y era y ha de venir: alusión al nombre divino revelado en Ex 3.14-15. y de parte de los siete espíritus1.4 Los siete espíritus: Cf. Ap 3.1; 4.5; 5.6. La mención de los siete espíritus junto con el Padre y con Jesucristo sugiere que estos espíritus simbolizan al Espíritu de Dios en sus múltiples manifestaciones (cf. Is 11.2). que están delante de su trono, 5y también de parte de Jesucristo, testigo fiel, que fue el primero en resucitar y tiene autoridad sobre los reyes de la tierra. Cristo nos ama, y nos ha librado de nuestros pecados derramando su sangre, 6y ha hecho de nosotros un reino; nos ha hecho sacerdotes al servicio de su Dios y Padre. ¡Que la gloria y el poder sean suyos para siempre! Amén.

7¡Cristo viene en las nubes!

Todos lo verán,

incluso los que lo traspasaron;

y todos los pueblos del mundo

harán duelo por él.

1.7
Cf.

Sí, amén.

8«Yo soy el alfa y la omega,»1.8 Alfa y la omega son, respectivamente, la primera y la última letra del alfabeto griego, y la frase equivale a decir el principio y el fin (cf. Ap 21.6; 22.13). dice el Señor, el Dios todopoderoso, el que es y era y ha de venir.

Visión preparatoria

9Yo, Juan, soy hermano de ustedes, y por mi unión con Jesús tengo parte con ustedes en el reino de Dios, en los sufrimientos y en la fortaleza para soportarlos. Por haber anunciado el mensaje de Dios confirmado por Jesús, me encontraba yo en la isla llamada Patmos. 10Y sucedió que en el día del Señor1.10 Día del Señor: el primer día de la semana, es decir, el domingo; cf. Jn 20.19; Hch 20.7. quedé bajo el poder del Espíritu, y oí detrás de mí una fuerte voz, como un toque de trompeta, 11que me decía: «Escribe en un libro lo que ves, y mándalo a las siete iglesias de la provincia de Asia: a Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardes, Filadelfia y Laodicea.»

12Me volví para ver de quién era la voz que me hablaba; y al hacerlo vi siete candelabros de oro, 13y en medio de los siete candelabros vi a alguien que parecía ser un hijo de hombre,1.13 Un hijo de hombre: Ap 14.14; cf. Dn 7.13. Véase Hijo del hombre en el Índice temático. vestido con una ropa que le llegaba hasta los pies y con un cinturón de oro a la altura del pecho. 14Sus cabellos eran blancos como la lana,1.14 Sus cabellos eran blancos como la lana: Cf. Dn 7.9. o como la nieve, y sus ojos parecían llamas de fuego. 15Sus pies brillaban como bronce pulido, fundido en un horno; y su voz era tan fuerte como el ruido de una cascada.

1.13-15
Cf.
16En su mano derecha tenía siete estrellas, y de su boca salía una aguda espada de dos filos. Su cara era como el sol cuando brilla en todo su esplendor.

17Al verlo, caí a sus pies como muerto. Pero él, poniendo su mano derecha sobre mí, me dijo: «No tengas miedo; yo soy el primero y el último,

1.17
Cf.
18y el que vive. Estuve muerto, pero ahora vivo para siempre. Yo tengo las llaves del reino de la muerte. 19Escribe lo que has visto: lo que ahora hay y lo que va a haber después. 20Este es el secreto de las siete estrellas que has visto en mi mano derecha, y de los siete candelabros de oro: las siete estrellas representan a los ángeles de las siete iglesias, y los siete candelabros representan a las siete iglesias.