Dios habla Hoy (DHH)
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La verdadera fe

41Queridos hermanos, no crean ustedes a todos los que dicen estar inspirados por Dios, sino pónganlos a prueba, a ver si el espíritu que hay en ellos es de Dios o no. Porque el mundo está lleno de falsos profetas. 2De esta manera pueden ustedes saber quién tiene el Espíritu de Dios: todo el que reconoce que Jesucristo vino como hombre verdadero, tiene el Espíritu de Dios. 3El que no reconoce así a Jesús, no tiene el Espíritu de Dios; al contrario, tiene el espíritu del Anticristo.4.3 Anticristo: Véase 2.18 n. Ustedes han oído que ese espíritu ha de venir; pues bien, ya está en el mundo.

4Hijitos, ustedes son de Dios y han vencido a esos mentirosos, porque el que está en ustedes es más poderoso que el que está en el mundo.4.4 El que está en el mundo: es decir, el diablo. 5Ellos son del mundo; por eso hablan de las cosas del mundo, y los que son del mundo los escuchan. 6En cambio, nosotros somos de Dios. El que conoce a Dios nos escucha, pero el que no es de Dios no nos escucha. En esto, pues, podemos conocer quién tiene el espíritu de la verdad4.6 El espíritu de la verdad: Cf. Jn 14.16-17. y quién tiene el espíritu del engaño.

El amor, señal de nuestra comunión con Dios

7Queridos hermanos, debemos amarnos unos a otros, porque el amor viene de Dios. Todo el que ama es hijo de Dios y conoce a Dios. 8El que no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor. 9Dios mostró su amor hacia nosotros al enviar a su Hijo único al mundo para que tengamos vida por él. 10El amor consiste en esto: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros y envió a su Hijo, para que, ofreciéndose en sacrificio, nuestros pecados quedaran perdonados.

4.9-10
Cf.

11Queridos hermanos, si Dios nos ha amado así, nosotros también debemos amarnos unos a otros. 12A Dios nunca lo ha visto nadie;

4.12
Jn 1.18
pero si nos amamos unos a otros, Dios vive en nosotros y su amor se hace realidad en nosotros. 13La prueba de que nosotros vivimos en Dios y de que él vive en nosotros, es que nos ha dado su Espíritu.
4.13
Ro 8.9
1~Jn 3.24
14Y nosotros mismos hemos visto y declaramos que el Padre envió a su Hijo para salvar al mundo. 15Cualquiera que reconoce que Jesús es el Hijo de Dios, vive en Dios y Dios en él.

16Así hemos llegado a saber y creer que Dios nos ama. Dios es amor, y el que vive en el amor, vive en Dios y Dios en él. 17De esta manera se hace realidad el amor en nosotros, para que en el día del juicio tengamos confianza; porque nosotros somos en este mundo tal como es Jesucristo. 18Donde hay amor no hay miedo.

4.18
Ro 8.15
2~Ti 1.7
Al contrario, el amor perfecto echa fuera el miedo, pues el miedo supone el castigo. Por eso, si alguien tiene miedo, es que no ha llegado a amar perfectamente.

19Nosotros amamos porque él nos amó primero. 20Si alguno dice: «Yo amo a Dios», y al mismo tiempo odia a su hermano, es un mentiroso. Pues si uno no ama a su hermano, a quien ve, tampoco puede amar a Dios, a quien no ve.

4.20
1~Jn 2.9-11
21Jesucristo nos ha dado este mandamiento: que el que ama a Dios, ame también a su hermano.
4.21
Cf.

5

La fe, raíz del amor

51Todo el que tiene fe en que Jesús es el Mesías, es hijo de Dios; y el que ama a un padre, ama también a los hijos de ese padre. 2Cuando amamos a Dios y hacemos lo que él manda, sabemos que amamos también a los hijos de Dios. 3El amar a Dios consiste en obedecer sus mandamientos;

5.3
Jn 14.15
2~Jn 6
y sus mandamientos no son una carga, 4porque todo el que es hijo de Dios vence al mundo. Y nuestra fe nos ha dado la victoria sobre el mundo. 5El que cree que Jesús es el Hijo de Dios, vence al mundo.

6La venida de Jesucristo quedó señalada con agua y sangre;5.6 Con agua y sangre: probable alusión al bautismo de Jesús y a su muerte en la cruz. no solo con agua, sino con agua y sangre. El Espíritu mismo es testigo de esto, y el Espíritu es la verdad. 7Tres son los testigos:5.7 Tres son los testigos: Algunos mss. latinos añaden en el cielo: el Padre, la Palabra y el Espíritu Santo, y estos tres son uno. 8 Y tres son los testigos en la tierra. 8el Espíritu, el agua y la sangre;5.8 Continuando con la alusión hecha en el v. 6, el autor ve probablemente en el agua y la sangre un símbolo de la vida eterna que Cristo, por su muerte redentora, comunica por medio del Espíritu Santo. Cf. Jn 7.39; 15.26; 16.13-15; 19.34. y los tres están de acuerdo. 9Aceptamos el testimonio de los hombres, pero el testimonio de Dios es de mucho más valor, porque consiste en el testimonio que Dios ha dado acerca de su Hijo. 10El que cree en el Hijo de Dios, lleva este testimonio en su propio corazón; el que no cree en Dios, lo hace aparecer como mentiroso, porque no cree en el testimonio que Dios ha dado acerca de su Hijo. 11Este testimonio es que Dios nos ha dado vida eterna, y que esta vida está en su Hijo.5.11 Jn 1.4; 14.6. Vida: Véase Jn 3.15 n. 12El que tiene al Hijo de Dios, tiene también esta vida; pero el que no tiene al Hijo de Dios, no la tiene.

13Les escribo esto a ustedes que creen en el Hijo de Dios, para que sepan que tienen vida eterna.

14Tenemos confianza en Dios, porque sabemos que si le pedimos algo conforme a su voluntad, él nos oye. 15Y así como sabemos que Dios oye nuestras oraciones, también sabemos que ya tenemos lo que le hemos pedido.

5.14-15
Cf.

16Si alguno ve que su hermano está cometiendo un pecado que no lleva a la muerte, debe orar, y Dios dará vida al hermano, si se trata de un pecado que no lleva a la muerte. Hay un pecado que lleva a la muerte,5.16 El pecado que lleva a la muerte es, probablemente, el pecado de los que rechazan totalmente a Cristo y su obra redentora. La oración es aquí la expresión de la comunión (véase Jn 17.9 n.). y por ese pecado no digo que se deba orar. 17Toda maldad es pecado; pero hay pecado que no lleva a la muerte.

18Sabemos que el que tiene a Dios como Padre, no sigue pecando, porque el Hijo de Dios lo cuida, y el maligno no lo toca. 19Sabemos que somos de Dios y que el mundo entero está bajo el poder del maligno. 20Sabemos también que el Hijo de Dios ha venido y nos ha dado entendimiento para conocer al Dios verdadero. Vivimos unidos al que es verdadero, es decir, a su Hijo Jesucristo. Este es el Dios verdadero y la vida eterna. 21Hijitos, cuídense de los dioses falsos.